
Capítulo 16.
Un paladín rojo... casi tan rojo como las mejillas de Eleanor ante algunas situaciones.
Me quedé mirando la puerta, ahora vacía, un lapso indefinido de tiempo.
En mi mente los interrogantes se amontonaron y desperdigaron hacia todos los rincones. Por alguna estúpida razón el momento en el que me quebré en su cocina seguía muy presente en mi sistema. Al igual que la mirada que me dedicó cuando confesó que su peculiar cicatriz era a causa de su padre, pero, ¿en qué sentido?
—Parece que ya respiras mejor —la voz de Derek me arrancó de mi estado pensativo y volví a ser consciente de su presencia a mi lado. Su mano seguía sobre mi muslo y empecé notar como un calor generalizado se extendía a oleadas por mi cuerpo partiendo del punto concreto en el cual sus dedos se posaban sobre la pierna— También has recuperado el color.
Acompañó su oración con un toque en mi mejilla. Y por todos los santos que recuperé el color. Me encendí cual bombilla en el momento que rozó mi rostro. Estábamos muy cerca, tanto que su cuerpo era como un radiador y su perfume me impedía pensar con claridad.
—Antes has dicho que... —carraspeé cuando la voz me falló por el nerviosismo— solían darte ataques de ansiedad por las notas.
Derek asintió con lentitud y miró al frente ofreciéndome la vista de su perfil. Demonios, era tan guapo que parecía casi irreal. La tenue luz del sol me permitía distinguir todas y cada una de sus pestañas, largas, densas y negras. Sus ojos parecían menos oscuros y un tinte ambarino sustituyó en algunas áreas al marrón.
—Era muy exigente conmigo mismo. Bueno, lo sigo siendo, pero ahora trato de controlarme en ese sentido. Llegué a extremos que eran poco sanos —admitió y de sus labios escapó un suspiro— A veces nosotros somos nuestros peores enemigos.
—A veces —coincidí y las comisuras de sus labios se alzaron en una sonrisa encantadora que acentuó el atractivo de sus facciones. Me clavé las uñas en la palma de la mano cuando ésta se convirtió en un puño. Solo me faltaba babear frente a él— ¿Cómo lo hiciste?
Derek alzó una ceja.
—¿Controlarlo? —asentí— Me centré en el deporte. Cuando estoy en el campo me olvido de todo lo demás. Solo me importa el momento, el ahora. Y, ¿sabes? —bajó el tono de voz y sus ojos oscuros centellearon con un brillo interesante. Me sentí como un ratón fascinado por la mirada de una imponente serpiente y me incliné un poco más hacia delante— Cuando juego me centro en el presente y me olvido de mi futuro. De qué carrera escogeré. Que asignaturas debo prepararme. Dejo de pensar en mis problemas y me libero del peso que hunde mis hombros.
Me mordí el labio inferior y los ojos de Derek se movieron hacia abajo. Apenas fue un segundo pero bastó para descontrolarme el pulso. Apenas habría un par de centímetros entre nuestras narices enrojecidas por el frío y el vaho que nuestras respiraciones originaban se entremezclaba en esa diminuta burbuja.
—Que cosas, cuando yo practico un deporte también me olvido del resto pero no por alcanzar un estado de paz. Al contrario, me duele tanto el cuerpo y las articulaciones que jadeo cual podenco hasta que la tortura se acaba. La animadora es Jossie, no yo.
Derek hundió el ceño, pensativo. La mano que tenía sobre mi pierna se movió apenas unos milímetros hacia arriba. Una persona en sus cabales ni siquiera se había percatado pero por alguna razón estaba tan alerta como un Spiderman hiperactivo.
—¿La pelirroja que nos invito al viaje de la playa?
—La misma que viste y calza.
—Parecía... —el chico se detuvo buscando las palabras adecuadas para describirla— apasionada.
Sonreí.
—Puedes decir neurótica. Yo lo sé, ella lo sabe y lleva con orgullo.
Nos quedamos en silencio unos segundos. No sé cuantos, pero se me antojaron eternos. Estaba ansiosa por que continuara hablando mientras él parecía ahondar en sus pensamientos. A diferencia de Kavinsky no tenía ni un solo lunar en el rostro y su tez era más blanca acorde a su color de cabello.
—A ella sí que la había visto con anterioridad —arqueé las cejas con curiosidad y Derek soltó una pequeña risa que me golpeó directa en el rostro. Por mi santa cordura— Sí, fue apenas un par de meses, después de un partido. Perdimos y regresaba abatido del vestuario cuando vi a dos chicas ataviadas con el uniforme de animadora en la entrada de sus baños... una era tu amiga Jossie. No me habría fijado de no ser porque se estaban devorando mutuamente.
Mis labios perfilaron una perfecta mueca de sorpresa y enrojecí por el pensamiento.
Demonios, Jossie.
—Ya... —bajé la vista sacudiendo la cabeza con lentitud— ella... —titubeé. Una parte de mí sabía que no era un problema a la pelirroja y que incluso llevaba su extraña dicotomía con orgullo pero... era un tema algo delicado para el resto de seres humanos— Jossie tiene dos parejas; un chico y una chica. Ambos saben la existencia de otro y están de acuerdo. Tienen un concepto interesante y revolucionario del amor.
Derek parpadeó por la sorpresa pero no detecté ningún sentimiento más allá en sus ojos. Ni desagrado, ni incomprensión, solo pasmo ante la información. En parte fue culpa mía porque lo solté de un tirón tan deprisa como si mentalmente me retase con el propio Eminem.
—¿Cómo se llama el otro chico que va con vosotras?
—¿Isaac? —sonreí de forma inconsciente— Es el redactor del periódico. Te caería bien, es estupendo. Él tiene un concepto más conservador y unipersonal de las relaciones. Y luego estoy yo y mi terrible gusto para los chicos...
El chico se deslizó sutilmente hacia delante y nuestras rodillas se chocaron. Tragué saliva y un escalofrío reptó por mi sistema por culpa del pelirrojo y el frío que había empezado a calar en lo más profundo de mis huesos. Estar en pleno noviembre, sentada sobre el metal frío y sin una mísera capa de abrigo no era la mejor idea.
Aunque no solía ser reconocida por mis buenas ideas.
—¿Y qué gusto es ese? —inquirió con interés.
Estaba tan cerca... tuve que hacer gala de una enorme fuerza de voluntad para no bajar la mirada más allá de su nariz porque sabía que si lo hacía estaría perdida.
—¿Es curiosidad lo que detecto en tu tono? —la broma me salió débil y temblorosa.
Esperaba una respuesta evasiva o incluso sarcástica pero Derek me demostró no ser así.
—Sí.
Directo y confiando.
—Sólo hay que ver a mi ex —al ver su expresión de desconcierto fruncí el ceño— ¿No lo sabes? Kavinsky tuvo que rescatarme de sus garras cuando aquel gorila me arrastró al cuarto de la limpieza. Los gemelos son sus marionetas.
Derek negó con lentitud.
—Luca no ha dicho nada al respecto.
Y de pronto toda la cercanía y tensión que habíamos generado se desintegró. Volví a sentir frío y el resto del mundo se hizo evidente a mi alrededor. Fue como presionar un botón de encendido sin punto de retorno.
Me erguí cargándome de paso la proximidad física cuando la emocional se rompió ante la mención del italiano. Derek pareció desconcertado por mi repentina acción pero no se amedrentó y se puso en pie. Avanzó hasta que quedamos de frente y me tendió una mano.
—Deberíamos volver, empiezas a temblar y no quiero que cojas frío por mi culpa. Ya te rompí una pierna, tan solo falta que te ganes un resfriado —acepté sus cálidos dedos y cuando me tuvo sujeta tiró de mi peso hacia arriba. Sin muletas y apoyada sobre mi único pie estable solo dependía de la estabilidad del pelirrojo— Hablando de la noche de Halloween... te prometí una compensación que aún no ha tenido lugar. Que te parece el sábado, a las ocho.
⚡⚡⚡
—¿¡Qué ese bombón te ha pedido una cita y tú te has quedado en blanco?! ¡Madre mía, Eleanor! ¡Qué voy a hacer contigo! ¡Tendrías que haberte lanzado encima de ese glorioso espécimen en ese preciso momento y comértelo eterno! ¡Con envoltorio incluido!
Isaac tosió con tanta violencia que casi me escupe los restos de su bocadillo.
—Por favor, estoy comiendo —se dio unos toques en el pecho y Anna rió a su lado— ¿Podemos centrarnos en la redacción del artículo?
Anna extendió su libreta sobre la mesa. En la hoja cuadriculada había una serie de nombres acompañados de un número telefónico.
—He indagado un poco y hablado con mis fuentes para rebuscar en el pasado de Cook. Al parecer no eres la única que ha estado en tu situación. En su anterior instituto tres chicas se quejaron de lo mismo —golpeó el cuaderno y me miró con intensidad— Una cuarta nunca se atrevió a hablar pero sí se lo dijo a su mejor amiga que es prima de la vecina de la amiga de mi hermano. Después... fuera del ámbito escolar también ha tenido problemas. Mi primo trabaja como informático en la comisaría y gracias a una serie de favores que me debe a conseguido encontrar hasta dos denuncias interpuestas en su nombre por dos chicas. Una fue en una fiesta y la otra de su gimnasio.
Mis ojos se expandieron de la impresión.
—Perfecto. Así que mi primer novio es un acosador de libro —refunfuñé.
—Oye —Anna me llamó la atención y su tono se suavizó— no podías saberlo, he tenido que investigar muy a fondo para llegar a esto y sabía que buscar. Tú tan solo creíste enamorarte de un compañero de clase. He pensado que podríamos intentar ponernos en contacto con ellas y tomar nota de sus testimonios así todo el mundo te creerá y verá que él es el malo.
Sabía que había un tema que nadie estaba dispuesto a tratar: las fotos.
Viktor tenía en su poder un arma peligrosa y aún no la había usado. La única razón para que siguiese manteniendo aquello en secreto era porque pensaba emplearlo cuando fuera más beneficioso para él. Era una terrible persona, sí, pero también terriblemente astuto.
—Tú no llamarás —Jossie despegó la mirada de su teléfono— no debes centrarte en otra cosa que no sea solucionar los problemas de tu casa y tu cita con Derek. De esto nos encargaremos nosotros.
—No puedes hacer tantas cosas y salir impune —Isaac sonrió mordisqueando el bolígrafo e inmediatamente después frunció el ceño— Ese gilipollas tomará de su propia medicina.
Anna le golpeó el brazo.
—No digas palabrotas.
Kowalski sonrió y posó las manos en las caderas de su novia que alzó las cejas afianzando su postura.
—¿Y quién me lo va a impedir?
—Yo —retó ella y Isaac descendió un poco hasta suspender su rostro muy cerca del suyo.
—Me encantaría verte intentarlo.
Y se besaron. Los dedos de la chica acudieron a la mejilla de mi amigo mientras que Isaac la apretaba más contra sí y giraba el rostro para tener una mejor disposición de la boca de Anna. Aparté la vista cuando vi como sacaba la lengua con el fin de profundizar más en su intercambio de saliva.
¿Por qué todo el mundo se daba el lote a mi alrededor? ¿Acaso tenía un cartel en la frente? Eleanor Cole: soltera y amargada.
Por suerte mi teléfono vibró en la mesa y lo recogí con agradecimiento. Era un mensaje corto y conciso de Robert. Desenchufé el dispositivo del alimentador central de la mesa de la desértica biblioteca y me levanté ganándome la atención del rostro.
—Es mi hermano. Mañana hablamos.
Desde que tenía batería había tenido la oportunidad de resumir la situación a Rob y este para variar se sintió muy culpable por no haber estado. Detestaba que se culpara por todo aquello que era culpa mía o incluso lo que no era culpa de ninguno de ambos, pero así era Robert Jeremy Cole.
El aparcamiento estaba casi vacío a esa hora de la tarde y no tardé en localizar la camioneta oscura de mi hermano estacionada a unos cincuenta metros de distancia.
Allí estaba él, con su cazadora de piloto y las gafas oscuras sobre el puente de la nariz. Llevaba la misma ropa con la que le dejé en apartamento de Noah y Troy y cuando me acerqué más localicé un hematoma oscuro en su cuello con la firma de Rowen.
Ahí estaba el motivo por el cual no soportaba tener que acudir a él: Rob se merecía hacer su propia vida, disfrutar de su época universitaria y de su novia sin tener que pensar en los problemas de su torpe hermana menor.
—No —Rob me señaló con un dedo acusador— Tienes esa cara de: soy una carga, déjame morir tranquila. Eres incorregible —cuando estuve suficientemente cerca me atrapó en un afectuoso abrazo de oso— y tan cabezota.
—Será cosa de familia —deseaba cambiar de tema y tomé la única salida que se me ocurrió— Tengo una cita.
Rob me sujetó de los hombros para mirarme.
—¿Una cita? ¿Con el camarero?
—¿¡Qué?! No, con... con... —bajé la cabeza para mirar a Freddie y me reí. Simplemente me partí el culo por lo absurdo de la realidad— Con el chico que me atropelló, Derek Brown.
Mi hermano resopló y se tragó su molestia como persona inteligente que era. No comentó más al respecto y me ayudó a encararme en el asiento del vehículo. Agradecí la calefacción y no pude evitar sonreír por la música de la radio.
—¿Pasaste buena noche? —inquirí cuando Rob se subió y cerró los dedos entorno al volante.
—¿Acaso me preguntas por mi vida sexual, enana? —mi boca se abrió de la más pura indignación y espanto y el universitario se carcajeó con ganas— Era una broma. No hablaría de ello contigo... y espero que tú tampoco quieras compartir demasiados detalles de la tuya conmigo —se revolvió cuando un escalofrío se apoderó de él— no sería de mi agrado.
La mejor defensa es un buen ataque.
—¿Qué? ¿Acaso te incomodaría saber como un tío me introduce su...?
—¡OH, POR DIOS, CIERRA LA BOCA, ELEANOR!
Su cara de espanto fue tan genuina que me lamenté de no tener una cámara para retratarla y mirarla cada vez que me sintiese decepcionada con el mundo. Tuve que conformarme con el sabor del momento y el estómago me dolió por las carcajadas que me atacaron. Me reí de forma tan inestable que comencé a sonar como una puerta mal engrasada.
—Tranquilo, Robert —me limpié las lágrimas que habían aflorado en mis párpados— a este paso moriré virgen.
—Ojalá sea así. Mierda, ¡ahora no me puedo quitar esa imagen de la cabeza! ¡No volveré a dormir!
Le saqué la lengua.
—Exagerado. Seguro que en tu mente hay imágenes peores... me pregunto cuantas veces habrás sorprendido a Noah introduciendo su coso en situaciones comprometidas.
Rob arrancó y tensó la mandíbula antes de volver a estremecerse de desagrado.
—Más de las que me gustaría —admitió— aunque para ser justos él también me ha pillado in fraganti alguna vez. Bueno —carraspeó— ¿no se ha quedado una tarde estupenda?

AHOY, PRIMORES.
Ya es sábado, la vida pasa, igual que el verano, y no he hecho nada productivo jeje. Bueno, ronda habitual y rutinaria del capítulo, ¿qué os ha parecido? Opinión de Derek Brown, ¿alguno piensa que el tema del artículo puede torcerse? ¿Nadie? Ups.
He visto los nombres del shippeo entre Luca y Eleanor. Je, algún día pondré nombres compatibles a mis personajes, lo prometo, aunque ese día no es hoy xd.
#TeamBella
#TeamPreciosa
#TeamEnana(?
Sigo viciada intensamente a los 100, pero gracias por todas las recomendaciones de series. Ahora me estoy racionando los capítulos para no volverme loca cuando se acaben.
Cualquier cosa podéis mandarme un mensaje directo a mi instagram @comandanteprim así como seguir las cuentas de los personajes.

Larga y próspera vida.
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