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Capítulo 11.

El superhéroe de la cicatriz en la mandíbula.

Hasta ese día no había pisado una comisaría. Lo cierto es que el edificio parecía un poco vacío a aquella hora y solo un par de personas pululaban por la zona. La imagen que me trasmitían las películas y las series encajaba con un lugar en donde se arrastraba a delincuentes convictos esposados que gritaban como posesos.

Pero aquel sitio parecía muerto.

El ambiente estaba saturado de tensión en nuestro pequeño grupo. Robert no se apartó ni un segundo de mi lado después de encontrarme en el baño y sabía que un inconmensurable sentimiento de culpa le corría las entrañas. Por supuesto la responsabilidad tan solo pertenecía al cerdo compulsivo de mi ex pero era inútil interferir en la resolución de conflictos de mi hermano.

Ahora se encontraba en el asiento contiguo al mío y me rodeaba los hombros con un brazo. Mi cabeza reposaba en su pecho y percibía el latir aún acelerado de su corazón. A mi izquierda estaba Rowen quien me sostenía la mano en completo silencio y con la mirada perdida en un punto impreciso de la pared de enfrente.

A su lado Noah tenía el rostro oculto entre las manos y sacudía arriba y abajo su pierna en un tic nervioso que rompía por completo con su coraza de chico despreocupado y burlón. Nunca lo había visto tan sumido en un estado de seriedad y silencio. No había despegado los labios desde que abandonamos el restaurante.

Y luego estaba Luca.

El italiano estaba sentado junto a mi hermano con los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos cerrados. Exhibía una expresión neutra y desde que habíamos llegado había sido incapaz de apartar mi mirada de él.

La penumbra le sentaba bien, marcando las facciones masculinas y atractivas que componían su rostro. Tenía las pestañas tan largas y espesas que casi rozaban sus pómulos y sus rectas cejas oscuras estaban en una posición relajada.

De nuevo aquella sombra de un sentimiento tan potente como indescifrable había cruzado como un relámpago sus ojos en el restaurante.

—Kavinsky.

Volteé en dirección al hombre que había llamado a Luca con una nota de sorpresa en la voz. Era un oficial de policía que se encontraría cerca de agotar la treinta. Tenía un aspecto agotado y unas profundas ojeras enmarcaban sus ojos claros. Miró al moreno con una mezcla de incredulidad y afabilidad.

—Hola, Phil —saludó Luca con tono monótono— No sabía que seguías trabajando aquí.

El policía se rascó la sien ante la frialdad de las palabras del chico.

—Sí. Ha pasado mucho tiempo, Luca... ¿cómo está tu madre? —Kavinsky apretó la mandíbula durante unos instantes y el señor pareció captar su incomodidad— Bueno, podemos hablar de eso más tarde —terció cambiando de tema. Entonces pareció reparar en la devastadora estampa que componíamos— ¿Qué hacéis aquí? ¿Ha pasado algo?

Si hubiera estado de mejor humor me habría atrevido a blanquear los ojos. Dudaba que cualquier persona acudiese a la comisaría por temas alegres.

—Venimos a presentar una denuncia pero su compañero nos ha pedido que esperemos unos minutos —Rob tomó la palabra.

El tal Phil pareció interesarse por momentos.

—¿Una denuncia? ¿Qué ha pasado?

—Su ex la acosa —respondió Luca esta vez y se irguió en la silla.

El policía y Kavinsky mantuvieron un contacto visual durante un par de segundos antes de que este primero suspirase lánguidamente. Hizo un gesto con la mano instándonos a levantarnos.

—Yo puedo tramitar la denuncia. ¿Eres mayor de edad?

Parpadeé cuando se dirigió a mí algo desorientada todavía y acerté a mover la cabeza en un gesto afirmativo.

—Acompáñame. Puede venir alguien, si quieres —pronunció suavizando el tono de voz y su mirada adquirió un matiz afable y cuidadoso.

Aún con la marca de lágrimas en el rostro me levanté con dificultad empleando las muletas y de inmediato todos imitaron mi acción.

—¿Eleanor? —mi hermano apoyó una mano sobre mi hombro y asentí.

Dicen que para todo hay una primera vez. Hace menos de un año no había tenido nunca novio. Después tuve uno, el primero. Y tan acertado había sido mi criterio que ahí me encontraba, rellenando una denuncia contra él con la esperanza de que el asunto se calmara.

Tras unos minutos que se tornaron pesadas horas todo estuvo en orden y pudimos irnos, derrotados, tensos y silenciosos. Había sido un día eterno, eso estaba claro.

Nadie parecía disponer de suficientes ánimos para entablar una conversación y la extensa quietud empezaba a sacarme de quicio.

Cojeé hasta situarme al lado de Luca.

—¿Estás bien?

No me miraba. Tenía la atención puesta en el horizonte como si su cuerpo estuviese a mi lado pero su cabeza trabajase a miles de kilómetros de distancia alejándolo de mí. Apenas conocía a ese chico pero podría asegurar que no solía estar tan serio y abstraído de manera habitual.

—¿La respuesta corta o la respuesta larga y enrevesada?

Una pequeña sonrisa tiró de las comisuras de sus labios pero no alcanzó sus ojos.

—Larga y enrevesada.

Recoloqué mi peso sobre mis tres apoyos y desaceleré el paso. Unos metros por delante Rob se giró pero optó por seguir andando como si hubiese podido leer la situación con una velocidad propia del mismísimo Barry Henry Allen.

—Cuando era pequeña tuve un gato. Un gato arisco y torpe. Robert se lo encontró abandonado en la calle. Ya era bastante viejo y se topó con él cuando estaba en un avanzado estado de desnutrición. No obstante mi hermano lo cogió y se lo llevó a casa. A mi madre no le gustó la idea en absoluto pero a Rob es imposible llevarle la contraria cuando se interesa en algo —tomé aire— Cuidó de ese bicho hasta que se puso sano. Se llamaba Peter. Como Peter Parker. Y me odiaba. Me esforzaba por caerle bien, le daba de comer, le cedía mi sitio, pero esa alimaña no consentía mi presencia. No éramos compatibles, pero aún así lloré mucho el día que falleció.

A estas alturas Luca debía pensar que estaba completamente pirada. Aunque tampoco podía echárselo en cara. Cuando me ponía nerviosa hablaba sin sentido y jamás había sido buena expresando mis emociones a los demás.

—Ahora sientes algo similar que cuando Peter murió. Sabes que Viktor es malo e incluso peligroso pero una parte de ti aún piensa que lo vuestro pudo haber funcionado.

Me frené en seco y mis labios se entreabrieron de la sorpresa. Luca también se detuvo pero de manera mucho más sosegada y elegante. Se giró con lentitud hasta que quedamos enfrentados y por primera vez desde el restaurante me miró directamente a los ojos.

—Exacto —susurré en un hilo de voz— dicen que el primer amor no se olvida.

—Ese bastardo no se merece ser tu primer amor, Eleanor.

Me mordí el labio inferior sin saber que responder a eso.

—¿Sabes? Eres casi como un superhéroe.

Las cejas oscuras de Luca se alzaron con curiosidad y cierto humor. Lentamente la tensión parecía ir aflojando en su interior.

—¿Ah, sí?

—En efecto. Me has salvado dos veces.

Luca ladeó la cabeza y las comisuras de sus labios temblaron como si tratase de enmascarar una sonrisa.

—¿Y esa vez que te atropellamos?

Me golpeé la barbilla con semblante pensativo. Me esmeré mucho en ese gesto tratando de parecer lo más ridícula posible como un dibujo animado.

—Buen punto. Aunque no fuiste tú y recuerdo que ese día me trajiste una silla de ruedas y me dejaste usar tu teléfono móvil.

Sta bene, soy tu héroe particular, me has pillado —al sonreír arrugó la nariz— Así por tu seguridad deberías darme tu número de teléfono, ya sabes, porque aún no has ingeniado ninguna señal para comunicarte conmigo.

En otra ocasión su petición me habría puesto nerviosa pero por una razón que desconocía me sentía cómoda en su presencia.

—De hecho te mandé una solicitud a Instagram y no me la has aceptado.

Che c'e?

Luca frunció las cejas y sacó su teléfono del bolsillo trasero de sus vaqueros. Sus dedos se movieron con agilidad en la pantalla y tras unos segundos mi propio móvil vibró en mi plumas. Sacudí la cabeza y lo cogí con cuidado descubriendo una nueva notificación que ensanchó mi sonrisa.

—Parece que ya estamos en paz —musité y tecleé los dígitos que componían mi número en el apartado de mensajes directos— Ahí lo tienes. Úsalo bien, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Kavinsky me observó unos segundos en silencio antes de desplazar la vista en dirección a la camioneta de Robert. En el interior se distinguían las figuras de dos personas y una tercera estaba fuera. Por el fino hilo de humo que proyectaba en el cielo podía adivinar quien era.

—Creo que te están esperando. Y yo debo volver al restaurante... aún me necesitan allí.

—No tenías porqué haber venido, puedes haberte metido en líos por mi culpa.

Luca negó y resguardó las manos en los amplios bolsillos de su cazadora de pana marrón.

—Ser el hijo de la jefa tiene sus ventajas, además, habría sido un pésimo héroe si no me aseguraba que estabas bien —adoptó una expresión seria de manera repentina—. Simplemente... no podía mantenerme al margen. Yo...

Ese era mi momento para preguntarle acerca de su relación con el policía, pero antes de que pudiese tan siquiera terminar de procesar correctamente las palabras que debían salir de mi boca su dispositivo móvil cobró vida.

Porca miseria! Es mi madre... debo contestar —me lanzó una mirada de angustia como si se hubiese quedado con ganas de decir algo y ahora fuese completamente imposible— Nos vemos, Eleanor. Ciao, bella.

Dicho esto se dio la vuelta y comenzó a correr alejándose de la comisaría. Ni siquiera me dio tiempo a ofrecerme a que le llevásemos de vuelta al local.

Cuando me acerqué al vehículo Noah tiró la colilla al suelo y la pisó con demasiada saña. Se pasó los dedos por su melena rubia y sacudió la cabeza de un lado a otro, perturbado. Sorprendida por su actitud no me subí al coche a pesar de que empezaba a no tener circulación en los dedos.

—¿Estás bien? —tanteé el ambiente con delicadeza.

—Ese tío casi te viola, enana —murmuró y cerró los ojos con fuerza— y ahora está por ahí, a sus anchas. ¿Cómo puedo estar bien después de eso? ¿Cómo puede estar tu hermano tan tranquilo? ¿O incluso tú? Quiero matarlo.

—No merece la pena que malgastes un solo pensamiento en su honor, Noah —dije con dulzura— Sé que estás tenso y que la situación es más seria de lo que me gustaría admitir. Pero todo saldrá bien. Lo prometo, ¿y sabes por qué lo sé? Porque te tengo a ti, tengo a Robert, a Troy, a Rowen, a Isaac y a Jossie. Somos una familia y juntos encontraremos la salida a esto.

Noah se atrapó su labio inferior entre los dientes para que dejase de temblar y me asió de los hombros con rapidez para abrazarme con fuerza.

—No me acuerdo como es mi vida sin Rob y sin ti. Tampoco recuerdo como es ver a mis padres felices. Pero tienes razón, vosotros sois mi familia, ¿cómo puedes ser tan cursi y tener tanta razón al mismo tiempo?

Me encogí de hombros.

—Es un don.

Spellman sonrió y me removió el cabello con las manos.

—Venga. Al final no hemos comido y me muero de hambre. Os invito a mi casa y pedimos comida china. ¡Eh, tú, nenaza! —Noah abrió la puerta y su grito hizo girarse a mi hermano— ¡conduce a mi apartamento, os invito a cenar!

—¿Tú? Pero si eres un muerto de hambre.

—¡Dímelo a la cara si tienes cojones!

A pesar de todo no pude evitar reírme ante su pelea.

A pesar de todo estaba bien.

HE VUELTO, ¿me habéis echado de menos? ¿No? ¿Ni un poquito? ¿Ni a Luca? Je je je. He de admitir que estoy agotada, me duele la cabeza y ando un poco triste por la vuelta a la rutina, but... allí vamos a otra vez.

Bien, bien, dejemos de hablar de mí y de lo genial que es Roma, ¡IMPRESIONANTE!

Hablemos de la historia, ¿tenéis alguna teoría al respecto? ¿Qué pasará a continuación con Viktor? ¿De qué conoce Luca a un oficial de la comisaría y por qué parece que oculta algo?

Ahora vamos a tratar el tema del maratón: puede que haya uno, yasss. Pero necesito que hagáis ruido, comentéis y votéis para demostrarme que de verdad queréis dicho maratón.

OJO: LAS DEDICACIONES LAS HARÉ A LAS PERSONAS QUE MÁS LLAMEN MI ATENCIÓN POR SUS COMENTARIOS, YA SEAN POR CALIDAD O CANTIDAD.

1 de.... (?)

Nos vemos muy pronto, o el martes, je je je

Búscame como @comandanteprim y encuentra los perfiles de los personajes en historias destacadas con el nombre de la novela. 


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