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Capítulo 7: El final del tiempo


Al llegar al final de la sala, y todavía sintiendo el peso de la mirada del recepcionista en la espalda, giró la manilla de la última puerta y al abrirla, ingresó a una habitación pequeñísima, en la que se encontraba un viejecillo vestido con camisa y pantalones de tela. Sobre una mesa cuadrada trabajaba el viejo, arreglando lo que parecía ser un reloj de muñeca. Con un destornillador minúsculo incrustaba las últimas tuercas, mientras se acomodaba las gafas redondas que se le resbalaban por la nariz. Sin embargo, no fue esto lo que capturó por completo la atención de Luca, sino los cientos de relojes que pendían de las paredes. Los había de todos colores y tamaños. Antiguos y modernos. Algunos contaban los segundos en silencio, otros, gritando su tic tac. Los había de madera, de plástico, de cerámica y vidrio. Estaban apretados, casi encima unos de otros. Luca intentó encontrar un espacio entre los relojes. Quizás para saber de qué color eran las paredes, o quizás, para no sentirse ahogado por el paso del tiempo, que en esa habitación se hacía mucho más notorio. Mientras Luca, incómodo y sorprendido, contemplaba su alrededor, el viejo seguía trabajando afanado en el reloj.

-Pásame tu muñeca, hijo –dijo de repente el hombre, sin levantar la vista.

El joven, más sorprendido todavía, se acercó al anciano y le extendió su mano derecha. Este último acomodó en la parte interior de la muñeca de Luca un objeto que parecía ser la mezcla perfecta entre un reloj de pulsera y de bolsillo. Era dorado y tenía sus iniciales grabadas en la parte delantera. Por el otro lado tenía el símbolo de Kancer en relieve, lo que producía que cuando alguien se lo ponía en la muñeca, le quedase la K marcada en las venas.

Mientras le ajustaba la correa metálica, el viecejillo habló:

-Este es el Macchiato. Es nuestro objeto más personal y preciado. Si lo llegas a perder, no te será renovado. Al abrir la tapa encontrarás en el costado derecho una lista con los objetivos que deberás cumplir. Cada vez que duermas, el Macchiato agregará un nuevo día vivido en Kancer. Desde ahora en adelante, cada nuevo día será una oportunidad para empezar de cero y el sueño será el traspaso de tu viejo 'yo' al nuevo. Cuida tu sueño, hijo. Las noches de desvelo no son buenas.

-Disculpe –lo interrumpió Luca- ¿esto es una especie de reloj?

-Verás, el tiempo tal como lo conocías ha terminado. En Kancer no corren los minutos, ni las horas, ni los segundos. Esas no son más que invenciones de sociedades que necesitan unificar los ritmos de las personas. Hijo, nuestra verdadera esencia es atemporal.

Miles de preguntas volvieron a su cabeza, pero ya estaba advertido: "la clave de la coordinación es saber callar para escuchar". Luego de acomodarle el extraño reloj en la muñeca, el hombre le explicó a Luca cómo abrirlo. Le dijo que debía dar vuelta la caja –desde el lado de las iniciales al lado de la K en relieve- y juntar todas las líneas de la K de tal manera que formaran una especie de asterisco de tres líneas.

-¿Por qué se abre así? –fue la pregunta que se le escapó a Luca.

-Ya lo sabrás. Ahora vete –le ordenó el hombre repentinamente molesto e indicó con el dedo hacia la puerta de salida de la pequeña habitación.

El muchacho se sintió avergonzado por no controlar su boca, y peor aún, por no controlar su propia mente. Avanzó, sin dejar de mirar el extraño lugar en el que se encontraba. ¿Por qué una habitación tan absurdamente pequeña? ¿Por qué tantos relojes? Sabía que algo quería decir semejante gesto. Todo en Kancer significaba algo más que lo aparente. Era cosa de abrir bien los ojos y descubrirlo. 

"Abrir los ojos de la cabeza y el corazón"

Pero, ¿eso cómo se hacía? 

Antes de abrir la puerta, sintió un profundo deseo por mirar hacia atrás. Por pedirle disculpas al anciano y registrar la hora exacta en que ingresaría a Kancer. Pero, ¿qué sentido tenía ya saber la hora, si al abrir la puerta dejaría de existir para él el tiempo?  ¿Por qué sentía ahora la necesidad de medir las horas? ¿Para qué quería realmente guardar ese dato en su memoria?¿Para sí mismo o para compartirlo en algún momento con el resto? Y al hacerse esa última pregunta, entendió el significado de la transición por la habitación de los relojes: era una forma de despedirse del tiempo cronometrado; un tiempo ruidoso y generalizado, que no entiende de particularidades ni de ritmos propios. Pasar por esa habitación era despedirse de su antigua vida, de su antiguo 'yo'.

Estiró la mano y miró el Macchiato. Dudó. Giró la manilla sintiendo cómo cientos de punzadas le apretaban el estómago y finalmente estuvo adentro. ¡Kancer apareció frente a él!

Luca quedó atónito. En un pestañeo pasó de estar en un lugar melancólico y de espacio reducido, a un verdadero universo artificial. En frente se topó con una enredadera de metal y cemento, que tardó en descifrar. Había varios pasadizos y rejas metálicas que dividían los sectores y guiaban los caminos. Los edificios –no supo si llamarlos de esa manera, ya que a pesar de parecerse, no eran igual a las construcciones típicas- se alzaban con tal potestad que parecían perderse en las alturas. Pensó en panales de abejas. Muchas, muchas abejas. Y no sólo por el zumbido que hacían las olas que se veían en el suelo chocando con los delgados pasillos, sino porque los edificios estaban formados por miles de habitaciones de tres paredes. ¡Se podía ver todo hacia adentro! Igual que los panales de abejas, parecían ser nada más que huecos. Mientras daba sus primeros pasos en Kancer, y sentía algunas miradas dirigidas hacia él, una vibración en la muñeca lo sobresaltó. El movimiento provenía del Macchiato. Dio vuelta la caja y trató de abrir la tapa, pero no pudo. Fue entonces cuando recordó lo que el anciano le había dicho. Con los dedos de la mano izquierda, y algunos de la derecha unió las líneas de la K en relieve para formar el asterisco y de inmediato, la tapa se abrió. 

¿Qué significaría ese código? ¿Cómo se supone que identificaría su espacio? ¿CONSEGUIR alimento? ¿Tendría que pelear por él? ¿Quién demonios era Samanta Palacios? ¡Y cómo iba a encontrarla en tamaña selva de metal!

Con el corazón sacudiéndosele debajo del polerón y la cara caliente por la vergüenza de ser observado, pensó que avanzando encontraría todas las respuestas a las preguntas que seguían acechándolo.

*****

¡BIENVENIDOS A KANCER! 

ESPERO SU ESTADÍA AQUÍ SEA UN AGRADO (O MEJOR QUE ESO, DE UTILIDAD VITAL). 

Quiero darles las gracias a todos, porque a pesar de que nos tardamos mucho, mucho, pero es que MUCHO TIEMPO en subir este capítulo (por razones de tiempo, siempre) ustedes han seguido ahí, atentos a la actualización. Y por eso merecen grandes premios. Consideren mi amor (y el de Jota) como dos de ellos (no los únicos, ¡atención! Se vienen sorpresas). 

Como dato aparte, quiero decirles que pronto será el lanzamiento de mi novela "Hoja de Otoño". Sí, sí, ya está por salir en las librerías de Chile *se pone a correr en círculos*. Así que gente de Chile, linda y lectora, espero verlos ese día, a esa hora, en ese lugar que pronto avisaré en la novela "Hoja de Otoño" :')

AMOR A USTEDES <3


Cat 

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