3.- Le gustas
—Oye, Lafayette, ¿recuerdas al repartidor del otro día; ese que vino a tomar un café? —le preguntó el pecoso al francés.
—Oui, oui, mon ami.
—Pues me dejó una nota —dijo algo sorprendido John.
—¿De verdad?
—Sí. Tiene su número.
—¡Alguien tiene un pretendiente! —apareció de la nada Mulligan asustando a los dos chicos.
—¡Hercules! —le recriminó Lafayette sorprendido.
—Oh, no te enojes —habló Mulligan divertido por la reacción del francés—. Ten, te compré una baguette —sonrió y le dio una bolsa de plástico.
—Yo no quiero una baguette...
—¡Chicos! —Laurens llamó la atención de los otros dos. —¿Qué debería hacer?
Justo en ese momento la campana del local sonó y ciertas hermanas entraron al local.
—¡Angelica!
—¡Eliza!
—¿Por qué siempre que entramos a un lugar ustedes cantan sus nombres?, ¡¿y por qué siempre quedo al último?! —Peggy volteó la mirada y cruzó los brazos. —Que ridículo.
—Hola chicas —las saludó John riendo por el escándalo que acababan de hacer.
—Heyy, John —Peggy olvidó su enojo en cuanto escuchó la melodiosa voz del pecoso.
—¿Qué hay de nuevo? —preguntó Lafayette.
Y una bombilla se prendió junto a Lurens. Si sus amigos no le decían que podía hacer respecto a ese tal Alexander, seguro una de las Schuyler sí lo haría.
—¿Puedo hablar contigo, Angelica?
Porque para dar consejos Angelica era la mejor.
—Claro John, ¿qué pasa?
—Es sobre un chico...
—Uhh —la mirada de Angelica cambió de inmediato. Insinuaba cosas raras.
—No es lo que crees, sólo... el otro día vino a entregarme un paquete. Pero regresó y me dejó su número.
—Le gustas. —Alardeó.
—Ajá —dijo Laurens volteando la mirada —. Y a Hércules no le gusta Lafayette.
Angelica no pudo evitar reprimir una carcajada.
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