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〔 59 〕

Leongina sabía que eso tarde o temprano debía de ocurrir por lo que era mejor, tener privacidad antes de nada, esas cuestiones no podían enterarse de más entre sus confidentes maternas. Le tenían respeto por Maxam pero no quería más habladurías de mala vibra hacia su persona, demasiado ya le dolía sentir esas miradas de repugnancia.

—Águeda y Evalina, pueden disfrutar de este día libre. Por favor, retirense..—pidió la albina con suma seriedad.

Ambas mujeres vieron como la advertencia estaba en el ambiente y la voz seria, igual en la tensión del omega del alfa. Por lo que asintieron sin problema, después de todo sabrían que la alfa no era floja y podría encargarse de los cubiertos sucios. Ellas estaban por gusto dando sus servicios, por lo que comprendieron que era momento de dar privacidad.

Leongina se quedó con los párpados cerrados por unos breves momentos hasta que ya no pudo escuchar ningún corazón de más, se levantó para ir a cerrar la puerta de cada una, no quería ningún problema o chisme rondar por su manada. Mientras pasaba eso; Bella no sabía que pasaba, la tensión, el miedo, la vergüenza y tristeza sentía en su pecho, sabía que no eran emociones suyas por lo que sin poder evitarlo se tocó la garganta sintiendose agobiada.

Elay y ella se veían enfrentados, parecía que había un ambiente tenso entre ellos, no sabría que decir pero era complicado de expresar el motivo. El rubio platino la miraba como si fuera un cordero apunto de ser degollado, por lo que Bella empezaba a sospechar que no le gustaría lo que podría escuchar.

—¿Que...? —empezó a intentar preguntar Bella.

Sin embargo, enseguida quedó en el camino al escuchar los pasos de su Leona, quien llegó y solo se quedó arrodillada a un costado frente a ella.

—No preguntes, solo escúchame, te lo explicaré cada parte pero no quiero que saques conclusiones equivocadas. Luego podrás... Decirme todo lo que quieras, pero solo... Te pido compasión. —expresa con suma seriedad la albina, el ambiente estaba tenso y esas palabras tan solo hicieron encoger al corazón humano.

—Bien. —expresa Bella intentando mantenerse atenta pero no puede evitar sonar, corta de palabras.

Elay empezó a temblar apenas Leongina lo vio por última vez de reojo, viendo la mezcla de ojos: dorado y celeste albino. Supo que allí habría algo del cual no podrá escapar.

Elay, ni se te ocurra escapar. Tienes igual de culpa que yo. —expresaron Maxam y Leongina.

Bella sentía que cada vez se le dificultaba comprender lo que pasaba entre ellos. Por lo que se quedó sin decir nada, mejor esperar a que le dijeran las respuestas a sus dudas. Por lo que vio como Elay se quedó estático y con la cabeza baja, temblando.

—Cuando cumplí los 18 años, tuve mi primer desliz, no supe controlar mi celo. Mis padres no se enteraron, pero es un hecho que casi nadie sabe y te lo contaré porque nunca he querido mentirte. Todo ha sucedido para aprender de mis errores del pasado. —expresó generalmente Leongina, mirando fielmente a Bella—El celo es una temporada distinta para cada quien, el alfa tiene un aroma que pocos perciben pero cuando uno no sabe controlarse vienen quienes desean ayudar a su alfa. Jonas me enseñó el amor y la amistad, me reconfortó sin llegar a tener relaciones sexuales pero si me enseñó a autosatisfacerme. Pero hace poco, Elay llegó, el es mi ômega desde hace mucho que lo encontré y es mi soulmate en esta vida de categorías. Un alfa casi siempre tiene un omega que lo atrae, y en este caso Elay es parte de mi alma por una historia de vida pasada, debido a esta conexión extraña he tenido un problema hace unas semanas... Yo... Yo estaba esperando que cumpliera usted... Mi luna su edad adulta para entregarnos completamente pero esta vez el celo era más fuerte y Maxam cedió a mi dolor, aunque no estuviera de acuerdo. —expresó avergonzada y bajando la cabeza.

Bella no sabía cómo sentirse, por lo del señor Jonas, no veía problema alguno, era y fue hace mucho tiempo atrás, pero lo que estaba tratando de explicarle que había pasado con Elay, se sintió traicionada.

—Maxam, ¿a que se refiere? —exigió respuestas Bella, con su voz monótona.

Obligué al mocoso a que calmara el dolor de mi querida Yin. Dolió, no niego que me pareció asqueroso, yo solo soy fiel a usted, mi pequeña Luna pero... Le ofrecí ese momento debido a que era un único medio para poder definir el lazo. Si Yin se sentía completamente complacida, Elay sería la Luna... Pero si no ocurría eso, lo cual ocurrió que se quedó insatisfecha, se definía que nuestra vida solo está destinado completamente y exclusivamente para ti, tanto yo como ella. Somos tuyos y sin ti no somos nada. Ellos tuvieron sexo, no sintieron amor. —expresó Maxam lo más sincero posible, igual de dolido ante la postura y tono cortante de su luna. —Debía comprobarlo para así poder tenerte, así poder ser libre de este cargo de doble lazo. El mocoso siempre seguirá siendo alguien importante, un hermano al cual proteger... Pero tu eres nuestra luna, quien nos genera la sensación de amar, excitación, deseo y posesividad. Alguna vez espero que nos proclame usted, suyos completamente y si nos quiere castigar, castigue a este cavernicola tonto, y eventualmente que soy yo.

Bella tras cada palabra dicha, se quedaba cada vez más incomoda de seguir viendo al rubio en la misma sala que ella, sentía traición y dolor de que este hubiera estado con su leona, pero de cierta manera se sintió poderosa al saber que su primera vez no habría sido del todo una pérdida. Porque tras ello, pudo ver cómo su albina era totalmente complacida, cansada y comprendida. Ella sentía que por ese lado había ganado, pero su duda estaba en:

—¿Cómo puedo calmar el dolor de la traición que has causado, Maxam? —pregunta con voz quebrada, no sabía que así sonaría. Pero sabía que el dolor era más porque ella se había entregado completamente virgen, y ella no la había esperado.

Maxam sintió un dolor incrustar se en su alma, como una lanza incrustar se varias veces en su corazón. Sabía que iba a doler, lo sabía pero no estaba listo para volver a sentir ese dolor. Por lo que, del ojo dorado empezó a caer una lagrima negra, con aroma a sangre metálico. Mientras que Leongina seguía sintiendo pena ante lo sucedido.

—Tal vez no te haga sentir mejor, pero eres la única mujer a la que desvirginé y me entregué en cuerpo y alma. Eres mi luna, soy tu alfa y esto... Esto no es nada, fui débil al deseo carnal y me lo castigo continuamente. A mi pequeño Elay siempre lo he visto como hermano, el incesto que se ha hecho no ha sido consentimiento mío. Estoy en contra de ello... En verdad he buscado evitarlo pero no pude, realmente lamento dañarla pero prometo que una vez Elay reclama su pareja... Nunca más este conflicto se verá reflejado. —expresó buscando perdón Leongina.

—Si buscas que los perdone, me deberán disculpar. Es algo que digerir, y soy humana. No puedo perdonar esto como un golpe al dedo meñique, el perdón se gana con acciones así que... Espero ver eso aquí de ahora en adelante. —expresó Bella bastante séria, estaba muy dolida y no sabía si podría perdonarlo, pero era algo que había sucedido antes de siquiera formalizar algo con ella.

—Luna... Yo me hago responsable del castigo que quiera realizar en mi, pero... No podía evitar calmar el dolor que mi alfa sentía, por mas que me odie lo haría hasta el fin de mis días. Porque ella, Yin, merece mucho amor... Si usted la daña, mi deber es ofrecer mi alma a mi alfa. Soy su propiedad, y siempre lo fui desde que me salvó. Así que, si le soy petulante, bienvenido sea pero quiero dejarle algo en claro, si no disfruta de ella. Di no la ama de verdad, no la merece. —expresa con total madurez y seriedad. El castigo llegaría, dolería pero estaba listo para ello.

Bella al escuchar eso, sin dudar empujó la silla con molestia, estaba roja de vergüenza y enojo. Que subestimaran sus sentimientos había sido como una cachetada directa a sus narices por lo que, se alejó de Leongina quien por algún motivo no supo reaccionar a la situación, solo quedó estática. Bella caminó hasta Elay y sin vergüenza alguna dio un buen palmazo en la mejilla del rubio.

—Nunca te atrevas a faltar el respeto a mis sentimientos. Yo amo a Leona, desde que tengo uso de razón, ella es mía y la cuidaré, no hace falta que me lo digan. —siseó con ira y molestia la castaña, sin embargo el calor palpitante en sus manos se hizo presente. Llevó la mirada a su mano derecha y está estaba ligeramente roja.

—T-tien.... Cof cof... Tienes agallas, Luna. Espero así sea para siempre. —dijo Elay con cierto desafío infantil, escupiendo algo de sangre. Si que le había dolido el golpe. —La marca te hace fuerte, no te rompiste la mano gracias a la magia que las conecta. Sino, estoy... Seguro que tendrías un esguince por dos semanas por golpear a un lobo.

Bella cruzó miradas con Elay, y seguía sintiendo molestias con su presencia.

—Quién... —empezó a decir a castaña.

—¿Qué? —enseguida confundió a Elay, tras esa frase.

—Quién te preguntó. —espetó con molestia. Aún sentía ardiendo su piel de la mano pero eso no le impidió encarar a Elay. —Te prohíbo pisar casas donde yo esté, o Leona hasta que soluciones los temas con Jacob, y si lo lastimas, haré lo que sea podible o este en mis manos para castigarte. —expresó y sin mas, se retiró escaleras arriba. No quería estar más allí, en el mismo lugar.

Claramente cuando cruzó la puerta y la cerró, cayó al suelo sintiendo punzadas en su zona íntima, se había olvidado de ello por un momento tras la adrenalina y enojo.

Y tras ello, tanto Leongina y Elay se quedaron un momento en silencio. Maxam y Leongina estaban dolidos, Leongina había recibido el cacheteo directo a su alma, según ella se lo merecía, mientras que Maxam aún dolido de igual manera, se sentía muy orgulloso de su pequeña Luna.

—¿Dejarás... Que nos separe? —preguntó Elay incapaz de evitar el dolor cruel que su luna sentenció.

—En esta vida somos hermanos, te amo pero no voy a ir en contra de los deseos de mi luna. No es una sentencia eterna, solo debes cumplirla. —expresó intentando levantarse y limpiar la lagrima de sangre. Esto le daba escalofríos, recuerdo de un trauma lejano, temblorosa lo consiguió.

—Leo... —susurra dolido el pequeño omega, sin embargo, es allí cae en cuenta con la sangre de su ojo dorado. —¡estas sangrando! Dejame curarte, yo... —empezó a decir preocupado.

Pero el clima se tensó, y Elay no pudo moverse en dirección a la albina, pero si en dirección a la puerta.

Vete. Cumple el castigo y no vuelvas hasta completarlo. —ordenó con la voz alfa, logrando estremecer al omega que sin poder evitarlo empezó a llorar por ello.

Obligado a salir, obligado a alejarse de su refugio, y negado a cuidarla cuando necesitase su alfa, su soulmate. Eso era el peor castigo para un omega del elegido.

Tras ello, Leongina sólo decidió ignorar las lágrimas de sangre y limpiar el desorden del desayuno. Dejar un poco libre a su Luna, lo vio oportuno, más que nada porque se sentía incapaz de mirarse y limpiar esas lágrimas que hacían recordar un pasado traumático.

━━━━━━━━━━━━❦hellou~
¿Qué les pareció el capítulo? ¿Todo bien? Dudas?

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