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Capítulo 6.


En la Escuela Celestial, las sesiones de estudio eran momentos de paz y tranquilidad, donde los ángeles se reunían armoniosamente en la biblioteca o las aulas para leer, tomar apuntes, preparar sus clases y practicar hechizos. En la Escuela Infernal hacían las mismas cosas, pero lo que menos había era paz y tranquilidad.

Aziraphale se sintió agradecido de ir acompañado de Crowley y sus amigos: a donde quiera que fueran notaba las miradas punzantes de los demonios sobre él, miradas que iban entre la curiosidad y la hostilidad reprimida. No los culpaba: podía imaginar lo que despertaría un demonio en el cielo, incluso sabiendo que se trataba de un intercambio estudiantil. Los ángeles no dirían nada, pero tampoco recibirían con los brazos abiertos al susodicho, en este caso al príncipe Beelzebub. En su caso, había tenido una suerte extraordinaria al encontrar un compañero que lo tomara bajo su ala desde el momento uno como Crowley. El pelirrojo tomó el mando del grupo y los condujo hasta la biblioteca con todo y almuerzos, algo que en el Cielo no habría sido admitido jamás. Allí, los cinco ocuparon dos mesas para poder poner todos sus libros y platos, como si en vez de estudiar fueran a hacer una fiesta.

-¿Seguro que está bien que entremos con comida?- preguntó tragando saliva. Dagon, con una pieza gigante de pollo ante ella, aseguró que eso no era problema.

-¡En tanto no rompamos los libros no pasa nada! Además las bibliotecarias son estúpidas. No te dicen nada porque ellas también comen aquí.

-Miren, le compré gusanos ácidos a Tartine- dijo Hastur orgulloso señalando a su rana, que bajó a la mesa a comer como si nada. Aziraphale sonrió un poco y se animó a ofrecer él también comida a su mascota; Crepa pareció encantada con el trozo de tarta de frutilla rellena de jalea, y comió con apetito mientras él se conformaba con una bebida de yogur que le había comprado Crowley.

-Eres muy tímido, ángel, tienes que soltarte más si quieres encajar- le aconsejó.- Si quieres te puedo ir a buscar una pizza, un poco de estofado de calabaza...

-No hace falta, pero gracias por tu amabilidad...

-Oigan, ¿alguien tiene kétchup?- pidió Dagon con la boca llena de pollo. Ligur, con los ojos en blanco, alzó la voz por sobre los demás.

-¿Qué no habíamos venido a estudiar? Por favor, no puedo desaprobar Posesión este trimestre. 

-Cierto... bueno, a ver, déjenme que ponga las cosas un poco en claro aquí para Zira- intervino Crowley.- Ángel, dijiste que solo los que tienen rango por encima de arcángel pueden poseer humanos. ¿Sabes por qué?

-Porque solo los arcángeles o superiores tienen misiones que involucren al mundo humano, y por lo tanto solo ellos podrían necesitar de la habilidad de posesión- contestó sin vacilar.- Nosotros los ángeles rasos, los estudiantes, nos conformamos con aprender la teoría, y solo cuando llegamos al último año empezamos con las prácticas.

-Correcto. Bueno, aquí abajo las cosas son diferentes. Nosotros desde el tercer año aprendemos a poseer otros seres, empezamos entre nosotros, seguimos con los profesores, después sube la dificultad hasta brujas (son aliadas nuestras) y por último humanos comunes.

-Ya veo... ¿puedo anotarlo?

-Claro, anota todo.- Le dió un sorbo a su propia bebida y continuó, mientras los demás sacaban sus cuadernos.- Nosotros estamos aprendiendo el nivel de humanos, lo cual es delicado. Poseer a las brujas no, porque ellas están al corriente y nos apoyan, y si el experimento sale mal no es tan riesgoso para ninguno. Pero poseer humanos comunes puede salirse de control. ¿Verdad, Ligur?

-Por favor, no me lo recuerdes.

-Ya, te tardas mucho- intervino Hastur mirándolo con el ceño fruncido y volviéndose hacia Aziraphale.- Para decirlo en fácil, el examen consistirá en subir al mundo humano y poseer a uno. Ellos no lo sabrán, así que será cuestión de pura habilidad nuestra.

-Oh, cielos... ¿y una vez que estén poseídos...?

-Bueno, no vamos a matarlos si eso es lo que temes- terció Dagon divertida.- Debemos asegurarnos de causar un poco de problemas, como para que quede constancia que la posesión fue exitosa, y luego los dejamos ir. Eso es todo.

-Sí, ángel, no tengas miedo por las almas de los mortales- se apresuró a tranquilizarlo Crowley.- Pasarán verguenza como mucho, pero nada de daños graves. Una vez que nosotros regresemos, nuestras aliadas brujas se encargarán de arreglar cualquier problema que haya surgido, y de verificar que los humanos regresen a sus vidas normales.

-De acuerdo, suena... suena bien. Creo. ¿Y cómo nos repartimos el trabajo?

Aziraphale anotó todo por si llegara a olvidarlo: debían subir a la Tierra en grupos de cinco, y atacar por turnos a personas dentro de la misma área, previamente designada por el profesor. Mientras uno poseía al humano, otros dos vigilaban que nadie interfiriese, usando los métodos de su preferencia para mantener la zona despejada; un cuarto se encargaba de ayudar a crear un buen disturbio al poseído, y el quinto debía estar listo con la bruja para ayudar al demonio a regresar de la posesión. La seguridad dependería por entero de ellos, razón de la cual se armaban grupos.

-Nuestra bruja se llama Anathema, ya hemos trabajado con ella en un pueblo de Inglaterra llamado Tadfield- le comentó Crowley al ángel.- Cuando se complete el trabajo, uno de nosotros debe llamarla para que ella limpie la evidencia que pudo quedar en el ambiente.

-De acuerdo. Entonces todos debemos rotarnos los trabajos...

-Mira, este es el hechizo para poseer gente- dijo señalando el capítulo dos del libro de Posesiones Demoníacas.- Se concentra energía oscura (en tu caso será de luz) en todo el cuerpo para poder volvernos etéreos, y luego así de fácil entramos en el cuerpo del humano. Una vez allí dentro, liberamos la energía y eso nos permite fijarnos mejor. 

-La concentración es importante- advirtió Hastur a su amigo Ligur, preocupado de que fallara otra vez.- Porque es lo que nos permite superponer nuestra conciencia a la de la víctima. Si perdemos la concentración podría pasar que el humano recupere el control de su cuerpo y...

Aziraphale se sintió un poco menos nervioso, pues la teoría era igual a la de los ángeles. Salvando algunos detalles, consistía en adquirir forma incorpórea, ingresar a un cuerpo, y a base de concentración mandar sobre los pensamientos del otro. No parecía tan difícil, aunque nunca lo había intentado, y sus compañeros sí. De reojo miró a Crowley  lo vio irradiar tanta seguridad, que se atrevió a jalarle la manga y susurrarle por lo bajo:

-Crowley... ¿me ayudarás a practicar un poco después de clases?

"¿Qué... qué? ¿Zira me está pidiendo de vernos después de clases?" pensó con ilusión infantil y asintiendo sin siquiera dudar.

-Por supuesto, ángel... ¡cuenta conmigo! ¿Te preocupa hacerlo mal en tu primera vez?

-Sí... espero que no pienses que soy cobarde, es que no quiero arruinarlo para todos.

-No lo arruinarás, estoy seguro. Vas a tener una primera vez exitosa. Yo me encargaré de eso- le aseguró guiñándole el ojo.

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Sí, a Crowley le encantan los dobles sentidos 😉

No tengo idea de si las mascotas de Ligur y Hastur tienen nombre, pero por si acaso ya les puse yo: Dark Mint y Tartine. Sí, elegí los primeros nombres que se me vinieron a la cabeza. 

En el próximo capítulo, un nuevo escenario pondrá a prueba a Aziraphale como nunca antes. ¿Podrá ayudar a su grupo y regresar a la escuela infernal como uno más o fracasará estrepitosamente?

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