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Capítulo 2.


La siguiente clase que les tocó fue Invocaciones. A diferencia de las maldiciones, que buscaban crear un daño usando su propio poder interno, las invocaciones consistían en atraer criaturas malévolas externas usando la hechicería. Era como la diferencia entre arrojar una piedra y hacer aparecer una piedra. Aziraphale observó con cuidado el modo en que Crowley preparaba un círculo de invocación en el suelo, en un aula mucho más grande y abovedada que la anterior. La única luz que se colaba provenía de unos oxidados candelabros de plata, cuyas llamas azules parecían envolverlos como agua.

-Y entonces, lo que deben hacer es marcar muy bien su círculo de invocación- explicó la profesora mientras rondaba entre ellos para evaluar sus trabajos.-Un pentagrama mal hecho es una bofetada en la cara de nuestro señor Lucifer, así que procuren trazarlos bien y no perder la concentración.

-Sí... líneas de fuego, azufre de sello, siempre a la izquierda- murmuraba Crowley concentrado al máximo, buscando impresionar al ángel con su capacidad mágica. Aziraphale esta vez sí estaba un poco impresionado, a decir verdad: en su escuela había tenido una clase sobre demonología y había aprendido mucho sobre el poder de los pentagramas, y el que su compañero estaba haciendo se veía ciertamente poderoso. No quiso hablar para no desconcentrarlo, pero echó un vistazo a su alrededor. Nadie había avanzado tanto.

-Dagon, niña, ¡no seas bruta! ¡No utilices sal de cristal oxidado para trazar el círculo, podría explotar!

-¡Ya casi lo tienes, Ligur!- animaba Hastur a su compañero al ver aparecer algunas llamitas en el suelo. Crowley, oyendo todo, frunció el ceño y apresuró el paso, para nada dispuesto a dejar que otro lo aventajara. Extendiendo sus manos y pronunciando un hechizo propio, el pentagrama se prendió fuego y emitió un gran haz de luz roja, que tras brillar con fuerza varios segundos empezó a desdibujarse dejando ver una silueta detrás. La profesora, orgullosa, lo señaló y gritó a la clase:

-¿Lo ven? El señor Crowley lo hizo como se debe, ¡su criatura está por manifestarse! Bien hecho, señor Crowley.

-¡Oh!- exclamó Aziraphale emocionado.- ¿Qué es?

-Je.- Crowley chasqueó los dedos para terminar de despejar el humo y reveló una bella serpiente blanca, con ojos amarillos y fieros y dos pequeñas alas en la espalda. A los murmullos de asombro de la clase se le sumó el del propio Zira, pues la serpiente aleteó y se depositó en sus brazos, cual sumisa mascota. El ángel se puso rojo y lo miró confuso, y él le explicó con cariño:- es mi regalo de bienvenida para ti, ángel. Espero que te guste.

-Uhhh...- los murmullos y las risitas disimuladas pronto llenaron el aula, y la profesora debió poner orden haciendo que su propia criatura rugiera para callarlos. Aziraphale se sentía abochornado por ser el centro de atención de la clase, pero al mismo tiempo apreciaba que su compañero le hubiera hecho un regalo. Mientras los demás retomaban su trabajo la maestra se acercó a ellos y examinó la serpiente alada, haciendo un gesto de aprobación. 

-Este un gran ejemplar, señor Crowley. Híbrido, volador y venenoso, perfectas escamas. Tiene un diez.

-Gracias, profesora.

-Señor Aziraphale, espero que haya aprovechado el trabajo de su compañero para tomar nota y hacerse una idea de lo que deberá practicar para la próxima clase. No espero que invoque una criatura en su primer intento, pero debe esforzarse de todas formas.

-Sí, profesora. Hoy mismo me pondré a estudiar. Y... Crowley...

-¿Sí, ángel?

-Si te sobra tiempo, ¿podrías ayudarme a repasar?

"Bebé, te ayudaría a invocar a un dragón si me lo pides" pensó con una sonrisa complaciente, asintiendo. Zira suspiró con alivio y observó cómo la serpiente se enroscaba en su cabeza, como un grotesco sombrero. No era una sensación fea, pero mientras recogían sus cosas al término de la clase se dio cuenta que se había dormido y preguntó desconcertado:

-¿Es normal que se duerma en la cabeza, Crowley? 

-Oh, sí, no te preocupes. Debe estar cansada, y como verás es muy común para nosotros llevar criaturas en la cabeza.- Le señaló a varios alumnos que portaban animales igual que él, como Hastur y Ligur.- No será difícil de cuidar, porque es un ser demoníaco y no precisa ni alimento ni agua, a menos que sea por capricho. Tampoco tienes que limpiarla porque lo hará sola mudando de piel. Lo que puedes hacer es limpiar sus alas y ver que tenga un sitio donde dormir, como un tronco o algo así.

-Recordaré todo eso, y por cierto, gracias por regalarme a esta pequeña. La verdad que yo no sabía que los demonios podían ser tan gentiles con un forastero, hace que me sienta más seguro.

"Como se lo explico..." pensó rodando los ojos y decidiendo distraerlo con otro recorrido por las instalaciones, algo con lo que de toda forma se había comprometido. La biblioteca estaba demasiado llena por ser época de exámenes, pero a Zira le fascinó igual. Crowley hubiera considerado quedarse y ayudarlo a estudiar sobre sus primeras clases, pero advirtió que había un par de demonios del sexto año mirándolos fijo y decidió sacar al ángel de allí, solo por las dudas. Al percatarse de la hora, sugirió con entusiasmo:

-Se me ocurre algo, Aziraphale: ¿por qué no vamos a conocer la cafetería? Podemos comer algo y de paso te cuento más cosas sobre la serpiente. 

-¿Eh? No tengo problemas, pero... la verdad es que los ángeles no comemos. No sabía que los demonios sí lo hacían.

-Bueno, no lo necesitamos tampoco, pero es placentero. Ven; te prometo que será divertido.

(...)

La cafetería de la Escuela Infernal era justamente eso: infernal. Las paredes negras y rojas producían una sensación de peligro inminente, los alumnos eran bulliciosos al extremo y algunas decoraciones eran material de pesadillas, como el esqueleto colgando en la puerta que llevaba a la cocina y que sostenía un cartel sobre qué podía pasarle a los que quisieran robar allí. Crowley notó enseguida su tensión y se atrevió a rodearlo por los hombros en plan amistoso, diciéndole que no se preocupara por el ruido porque era igual siempre y no pasaba nada malo.

-Los demonios no somos muy educados como podrás ver, pero respetamos la hora de comer y no causamos peleas aquí. Pide tranquilo algo, lo que quieras, que yo lo pagaré. Después iremos a sentarnos a aquella mesa, es la que uso siempre.

-Es que nunca comí, sabes- dijo sintiéndose un poco tonto. -No tengo idea de que pedir.

-En ese caso... ¿Quieres que elija por ti?- inquirió con la cabeza ladeada.- Se me ocurre que a un chico tan suave como tú le iría bien algo dulce.

Aziraphale no supo por qué pero la palabra "suave" en boca de Crowley lo puso como la grana, así que asintió sin mirarlo y lo siguió por toda la cafetería hasta su mesa, donde le presentó a dos demonios amigos suyos. Se llamaban Hastur y Ligur, y aunque al principio lo miraron con desconfianza se relajaron de inmediato al ver cómo la pequeña serpiente despertaba y bostezaba, batiendo delicadamente sus alas al olfatear la comida.

-Es un precioso animal, como todo reptil- afirmó Ligur con orgullo, señalando su camaleón.- A ellos les gusta comer insectos, ratones y ese tipo de bichos. ¿Tienen criaturas así allá arriba?

-Bueno, no exactamente... tenemos aves y criaturas aladas de todo tipo, pero reptiles no- contó Zira mirando su propio plato con duda antes de engullir un bocado: su rostro se iluminó y se lamió de forma instintiva  al descubrir la deliciosa mezcla de masa, crema y frutas, ignorando por completo lo sensual que se veía a los ojos de Crowley. El que si lo notó fue Hastur, que lo pateó por debajo de la mesa para que disimulara antes que Aziraphale retornara a la realidad con una exclamación gozosa:

-¡Por todos los ángeles, está riquísimo! Nunca pensé que la comida fuera así... ¡qué manjar más bueno, Crowley! ¿Cómo se llama?

-Crepas, ángel. ¿Lo estás disfrutando?

Zira asintió con la boca llena, feliz, y mientras él comía su serpiente voló hasta la mesa y se irguió frente a él. Parecía ansiosa, y con gran contento le preguntó:

-¿Quieres un poco, amiguita?

-¿Qué te parece? Le gustan las crepas- comentó Ligur riendo al ver a la serpiente recién nacida engullir una frutilla con crema entera. Crowley sentenció, sin apartar la vista de la inocente sonrisa de Aziraphale:

-Las criaturas se parecen a sus dueños. Así que creo que será una mascota de lo más adorable... ¡Auch!- se quejó al sentir otra patada de Hastur en los tobillos. 

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Crowley es el demonio de la tentación, así que me pareció lógico que fuera él quien introdujera a Zira al mundo de los placeres culinarios. Me imagino una cafetería llena de chicos malos, oscura y ruidosa, pero de cierta forma alegre y aceptando con normalidad la presencia de un ángel entre ellos. Obviamente el que Crowley le haya ofrecido su amistad tiene mucho que ver con esto. 

En el próximo capítulo, nuestra pequeña serpiente alada pasará a la acción. Y Aziraphale, al igual que Adam en la serie, no va a ser muy imaginativo para elegirle nombre a su mascota. Pero lo importante es que va a cuidarla con mucho cariño, por ser un regalo de su primer amigo demonio.


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