Capítulo 15.
-Ángel...
-¿Sí?
-¿Qué piensas hacer con ese pato?- preguntó Crowley, totalmente tenso, mientras observaba al ave de Aziraphale deambular por todo el patio. Aziraphale levantó la vista de su libro y contestó sin la menor duda:
-Pues quedármelo, claro está. ¿Acaso no fui yo quién lo invocó en clases? Por lo tanto, me corresponde cuidar de él al igual que cuido de Crepa. Ambos son mis animales.
-Ya. Te lo vas a quedar- finalizó el pelirrojo con un estremecimiento que preocupó a Aziraphale, pero causó risa al resto de los demonios presentes. Ante la cara de desconcierto del rubio Dagon se encargó de aclararle el por qué la actitud extraña de su amigo, mientras se esforzaba por no reír a carcajadas en el proceso.
-Lo que pasa, Zira, es que Crow-Crow aquí presente le tiene miedo a los patos. Y no solo a los infernales, también a los patos comunes. ¿No te lo había dicho?
-¡Cállate, engendro apestoso!- gritó Crowley furioso.- No me llames Crow-Crow en primer lugar, y en segundo lugar no digas estupideces. No le tengo miedo a los patos, solo desconfío de ellos porque son traicioneros. Escuchan lo que dices y son siniestros... y defecan mucho por todas partes. ¿Habías pensado en eso, ángel? No quieres una mascota que defeque sobre tus sábanas, ¡mejor deshazte de él pronto!
La excusa de Crowley solo provocó más risotadas entre sus amigos, que se habían reunido en la residencia de estudiantes para ayudar a Aziraphale a ponerse al día con la lista de maldiciones para el examen trimestral. El ángel sin embargo no consideró que el miedo de su amigo fuera motivo para reírse, y con bondad se acercó a él para darle unas palabras de aliento.
-No tienes por qué ponerte nervioso, Crowley. Todos le tememos a algo, en mayor o menor medida. Eso no te hace más débil que otros demonios, te lo aseguro, así que...
-¡Que no tengo miedo!
-Sí, sí, te creo, te creo... pero mira, puedo hacer esto si quieres. Puedo enviar al pato al Cielo, para que lo cuide Gabriel por mí. De todas formas me lo llevaré conmigo cuando tenga que volver, así que bien podría anticiparme y pedirle a mi superior que lo acomode en mi habitación y lo vigile un poco. No será problema.
Crowley se quedó inmóvil ante aquellas palabras. Pero no de alivio, porque fuera a dejar de ver al pato, o de gratitud con Aziraphale, por hacer el sacrificio de separarse de su mascota para que no pasara miedo al visitarlo; se quedó duro porque Zira había mencionado su regreso al Cielo, y eso le recordó el hecho de que su estancia allí abajo era temporal. Hacía rato que no pensaba en Zira como en un estudiante de intercambio, si no que lo veía como uno más de ellos, un compañero, amigo y un amor al que no deseaba perder nunca. Para ahuyentar aquella temible idea de su cabeza, se paró de golpe y le apoyó ambas manos en los hombros a Aziraphale, endureciendo sus ojos serpentinos para hacerle una afirmación que todos pudieron escuchar.
-No tienes que deshacerte de tu pato por mí, ¿me oíste? No podría volver a mirar a los demás a la cara si me dejara amedrentar por una cochina ave. Y menos podría mirarte a ti, si tuvieras que dejar tu mascota por mi culpa. Así que olvida eso de mandarlo al Cielo, ¡que el pato se queda aquí con nosotros! ¿Y dónde está ahora mismo por cierto, que no lo veo desde hace un rato?
-Está a tus pies, picoteando los cordones de tus zapatos- informó Ligur tentado antes que todos rieran por su grito de horror y sus posteriores intentos de quitarse al animal de encima. Aziraphale, sin embargo, no rió. Las palabras determinadas y valientes de Crowley le dieron la pauta de lo mucho que el pelirrojo lo valoraba, y eso era motivo de una gran alegría para él.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro