Capítulo 11.
Anteriormente en Intercambio : Aziraphale, un ángel que estudia en la Escuela Celestial, es transferido a la Escuela Infernal debido a un intercambio estudiantil. Aunque al principio está lleno de miedos y dudas, la amistad del demonio Crowley lo ayuda a integrarse mejor tanto en las clases como fuera de ellas. Después de un examen grupal de Posesión durante el cual Aziraphale logra el cometido de poseer a un humano y causar problemas en la Tierra, los demás estudiantes demoníacos parecen tener más respeto por él.
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Apenas se levantó aquella mañana en la residencia de estudiantes, Aziraphale supo que había algo diferente en el ambiente. Mientras se preparaba un té en la cocina pudo sentir a los otros alumnos cuchicheando y mirándolo de reojo, y los nervios le hicieron derramar algo de té en la mesada. Luego camino al aula se intensificó su sensación de que hablaban de él: era demasiado notorio como le sonreían o lo miraban con incredulidad, como si hubiera hecho algo muy gracioso, y no fue hasta llegar a su aula y sentarse en su banco que pudo respirar hondo y calmarse. Crowley aún no había llegado, pero Ligur y Hastur no dudaron en acercársele y palmearle la espalda.
-Pero miren nada más, ¡si es el ángel con más pelotas que ha pisado esta escuela! Bueno, es el único ángel que lo ha hecho, pero de todas formas.
-Si hubieran venido aquí cien ángeles, éste habría sido el más osado de todas formas- completó Ligur la oración de su amigo Hastur.- ¿Qué hay, Zira? ¿Qué se siente saber que eres todo un demonio ahora?
-¿Eh? No sé... No sé a qué te refieres, Ligur.
-¿Cómo que no? Ayer te convertiste en leyenda, amigo. Te forjaste toda una reputación en el examen de Posesión, ¡toda la escuela lo sabe!
-¿Pero por qué...?
-Hay que ver lo lentos que son los ángeles a veces- se burló Hastur.- ¿Qué no recuerdas que ayer sacamos la nota más alta del curso en el examen de Posesión? Y aunque todos hicimos nuestra parte, lo sabemos, sacamos mejor nota gracias a tu trabajo. ¡Fue increíble!
-Tengo que admitir que me sorprendiste- agregó Dagon llegando desde su banco, con una sonrisa de profunda satisfacción.- No solo te salió bien la posesión del humano, si no que avergonzaste a una bruja y la hiciste perder los estribos. ¡Eso no se ve todos los días!
-Oh, no... ¿Quieres decir que toda la escuela supo de eso?
-¡Claro! Aquí somos todos chismosos, y además fue algo realmente inusual. ¡Las brujas suelen ser nuestro soporte, no nuestras víctimas! Mataría por ver de nuevo la cara furiosa de Anathema- soltó Dagon tan tentada de risa que tuvo que sentarse y respirar hondo varias veces.- ¡Apuesto a que no se esperaba que un humano se le confesara delante de todos, jajajaja!
Aziraphale se sintió mortificado por la forma en que todos, indirectamente, se burlaban de Anathema. Había leído que las brujas no solían ser propensas al amor, y por lo tanto una confesión romántica era algo que las incomodaba en grado sumo. Cuando él entrara en esa casa de videncia su intención había sido poseer a la vidente y dejarla expuesta como un fraude, pero por error terminó poseyendo a un joven cliente de nombre Newton y, para disimular, comenzó a decirle disparates románticos a la sorprendida Anathema (quien, al terminar el examen, se marchara dirigiéndole una clara mirada de odio por haber avergonzado en público). Y ese hecho que no había sido más que un error, era lo que al parecer había cambiado la opinión de todos con respecto a él.
-¡Oye, Crowley! Ven, le estábamos aclarando a Aziraphale por qué es que de repente todos lo miran- gritó Ligur al ver llegar al pelirrojo. Crowley, sentándose junto a Zira y notando su tensión, frunció el ceño.
-¿Te están molestando, ángel?
-No, no... solo me felicitan por lo de ayer. Ya sabes. La nota más alta en el examen de Posesión.
Después del examen Crowley había acompañado a Zira de vuelta a la residencia de estudiantes, y por lo tanto habían hablado un poco del asunto. Sabía que Zira no había disfrutado del mismo, porque su naturaleza angelical lo hacía sentir la vergüenza de las víctimas. Sabía también que Aziraphale no había tenido la intención de burlarse de Anathema, y en razón de eso miró a sus amigos con dureza.
-Si ya terminaron de hacer barullo, ¿por qué no se largan de una vez? El examen ya pasó, ahora tenemos que prepararnos para la clase de Transformación. ¡Shu, shu, a sus bancos!
-¿A quien espantas como si fuera un perro?- exclamó Dagon mostrando sus filosos dientes demoníacos.- ¡No vuelvas a hacerlo o ya verás lo que es bueno!
-Por favor, no se peleen... Crowley, en serio, no me estaban diciendo nada malo, al contrario. Me estaban halagando...
Crowley no dijo más nada pero Ligur, Hastur y la propia Dagon entendieron su mirada, y volvieron a sus asientos tras palmear otra vez a Aziraphale como muestra de aprecio. El rubio, después de unos segundos, preguntó:
-¿Pudiste hablar con Anathema como dijiste ayer?
-En eso me entretuve hasta recién, ángel. Le expliqué a ella por qué tuviste que hacer que ese humano le dijera cosas vergonzosas delante de todos, y aunque no le gustó no te guarda rencor.
-¿En serio? ¡Dios mío, qué alivio!
-Ah, sí, Ana es buena chica, además como eres un ángel sabe que eres incapaz de hacer algo por malicia. Conque todo está perdonado, y no tienes por qué sentir más culpa de nada.
-Es una pena que no pueda disculparme también con ese chico, Newton. Pero supongo que no fue tan grave, y podrá recuperarse del papelón en casa de esa vidente.
-Los humanos se hacen problema por tonterías, ángel, no te preocupes por él que estará bien. Además, ¿quieres saber una cosa?
-¿Qué cosa?
-A Anathema le gustó un poco- susurró Crowley la mar de divertido.- No lo admitirá jamás porque se supone que las brujas no son románticas, pero yo me di cuenta. Parte de esa vergüenza que sintió fue porque el tal Newton le pareció atractivo. ¿Qué te parece? En una de esas actuaste como el ángel del amor sin saberlo.
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