Epílogo (parte 2)
(Música instrumental en multimedia: Rememberable - While You Were Sleeping OST.)
n.a: Esta segunda parte tiene casi 6000 palabras pero creo que este final vale la pena, y espero les guste en verdad. Si es así, por favor háganmelo saber, quiero saber su opinión de todo <3 Son 21,321 palabras en total :0
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Siempre habría historias que se rehusarían a quedarse dentro de los libros. Jamás era una simple historia. Yo debería saberlo: una historia se había tragado mi vida entera.
Ransom Riggs, Library of souls.
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Después de caminar varias cuadras, Cora le señala a lo lejos la casa en la que encontrarían a Ian.
—Oh, Ian. Y pensar en verla después de todo este tiempo... Aún conservo el brazalete —dice Jazz mostrando su muñeca—. Todos estos años siempre lo mantuve guardado para no perderlo, pero al regresar a Marjorie me pareció correcto usarlo.
Cora asiente, sin decir nada. Juntas caminan hasta llegar al portón y Cora lo abre diciendo "Pues... aquí es". Para cuando Cora está buscando sus llaves, se ve innecesario sacarlas al momento en que su madre abre la puerta. La mirada de Ian va directo a su amiga Jazz, con la boca abierta de la sorpresa.
Cora observa el reencuentro de las dos mujeres sonriendo, casi tanto como lo hace Jazz con un calor de gran cariño en su pecho. De un momento a otro están abrazadas, y su llanto de felicidad no les permite hablar hasta que Ian deja salir de su boca las palaras "No puede ser", repetidas variadas veces antes de soltarse y verse a los húmedos rostros.
—No puedo creer que estás aquí. ¡Amiga mía, ¿cómo has estado?! ¡Pasa, por favor! Ésta es tu casa —dice Ian, sin soltarla mientras caminan juntas dentro, seguidas de Cora.
Las dos amigas se sientan en el sofá, y Cora cierra la puerta y se sienta en el sillón individual frente a ellas. Recordándolo, Ian se levanta, y dice:
—Estaba a punto de preparar la cena, y ahora que estás aquí tenemos un motivo aún mejor para sentarnos con una buena comida, ¿por qué no me acompañan en la cocina mientras me pongo manos a la obra?
—Oh, pues hagámoslo todas. Te ayudamos, ¿verdad...? Vaya, no sé tu nombre, querida...
—Oh, me llamo Cora. Así nada más. Y me gusta.
—Por supuesto —asiente Jazz—. Es bonito. Pues Cora, ¿qué te parece si las dos ayudamos a tu madre? Así nos ponemos al día mientras cocinamos todas juntas.
Cora asiente, y las tres se dirigen a la cocina.
Cora y Jazz a cargo de la pasta con atún, e Ian cortando los vegetales para la sopa, ésta última deja a un lado el cuchillo cuando Jazz le dice que Tyler había muerto. Es como si ese cuchillo se haya transportado a su pecho con tales noticias; un dolor se asienta allí, casi tan profundo como el que sintió cuando murió su esposo. Mira a Jazz a la cara para ver la verdad en sus ojos, pero no hay manera de que Jazz pudiera hacer una broma así. ¿Quién haría una crueldad como esa? Las lágrimas se asientan en sus ojos y cuando se lanza a abrazar a Jazz, puede escuchar sus propios sollozos combinados con los de su amiga. Se estrujan y lloran como nunca antes. Sus amigos.
Cora les da su privacidad moviendo la pasta en el agua, y checando si está lista ya. De reojo ve a las dos mujeres separarse, secarse las lágrimas y soltar unas risas flojas.
—Bueno, pues ojalá esa pasta esté lista ya para ponerle el atún y servirla, que a la sopa ya solo le falta la zanahoria. Las cosas siempre se ven mejores cuando se ha comido —dice Ian. Le acaricia la mejilla a su hija con una sonrisa y la cara húmeda, y Cora toma su mano, la aprieta y le devuelve la sonrisa. Después de ese cariñoso intercambio, todas vuelven a la tarea predispuesta.
Ya sentadas en la mesa, mientras comen y platican, Jazz frunce el ceño en una pausa.
—Jazz, ¿reconociste a Cora de redes sociales, o cómo terminó Cora trayéndote aquí? ¿La encontraste de camino a la casa?
—En realidad... ella me reconoció a mí —responde Jazz, mirando a Cora como diciendo "será mejor que seas tú quien lo diga y no yo, querida".
—Mamá... encontré la caja en tu armario. Perdona, no debí violar así tu privacidad. Sé que estuvo mal, pero honestamente no me arrepiento de haber leído todo lo hermosamente escrito por Jazz. Y de no haber visto las fotos, no habría reconocido a Jazz y no estaría aquí contigo.
Terminando de masticar un bocado, Ian suspira, deja el tenedor sobre su plato, toma la mano de su hija sobre la mesa, y le dice:
—No importa, no te preocupes. Tienes toda la razón. Gracias por traerme a Jazz, preciosa.
Como una mariposa revoloteando en su pecho, Cora puede sentir el vivo cariño por su madre, y le sonríe sin poder hacer más que asentir. Hablar para decirle "De nada", "No es nada", "Es un placer"... o cualquier parecido, habría dado como resultado una voz entrecortada por las ganas de llorar de felicidad. Hace mucho que no se le veía así a su madre. Había algo nuevo en sus ojos desde que vio a Jazz tan solo un par de horas antes, y le alegraba. "Preciosa" era la forma en que su padre y ella siempre le llamaban a Cora, como un cariñoso apodo que sobrepasaba a cualquier otra forma en que le pudieran llamar; le decían así en ocasiones en las que ella menos capaz era de dudar siquiera de su amor.
La primera vez de pequeña, en que se aventuró a nadar sola en la zona profunda de la alberca: "¡Muy bien, preciosa!", le había dicho su padre aplaudiendo. Su primera voltereta perfecta: "Mi preciosa hija, estoy tan orgullosa de ti", le había dicho su madre un día. Encontrándose con sus padres después de su graduación de secundaria: "Preciosa hija mía, qué hermosa te veías allá enfrente", le dijo su madre casi llorando, a lo que su padre asintió y sonriendo la levantó en su brazos y le dio vueltas por el aire antes de abrazarla fuerte, tras lo que Ian se unió y se abrazaron los tres.
Pensando en todo esto, ya no seguía el hilo de la conversación que llevaban Jazz y su madre. Frunce el ceño y sin pensárselo dice:
—P-perdonen que interrumpa, pero hay algo que me pregunto, madre. ¿Cómo acabaste con la caja de Jazz?
—Cuando murió tu abuela siendo tú muy joven para recordarla, vine a Marjorie y después de todo el asunto, fui a casa de Jazz con pocas esperanzas de encontrarla. La casa estaba vacía, pero todos los recuerdos que me traía no me dejaron siquiera pensar en que sería allanamiento entrar. Siempre fui bienvenida a esa casa al fin y al cabo —dice tomando la mano de Jazz y apretándola—, así que entré y lo único que encontré fue la caja. Me la llevé sin pensarlo, y ha estado en mi armario hasta ahora que lo encontraste tú, Cora.
—Oh, Ian, debí estar aquí para ti cuando murió tu madre, y Luke... Y hacerte saber que Tyler había muer...
—No, Jazz, no te hagas esto. No quiero nada de culpas cuando después de tanto tiempo vuelvo a verte —interrumpe Ian a Jazz. Hay un silencio incómodo por unos segundos hasta que Ian vuelve a hablar con dificultad—. Podrías... ¿d-decirme qué sucedió con Tyler?
Jazz asiente. Le cuenta a Ian todo lo que le había contado a su hija.
Dolorosos minutos después, Ian y Jazz están fuertemente abrazadas llorando. Cora también está llorando en su lugar, porque su madre está llorando. La escena que presencia pudo con ella. Había pensado abrazar a Ian ella también, pero algo le dijo que este era un momento privado de las dos mujeres, así que se quedó en su lugar. Cuando las dos amigas se separan, sueltan unas entrecortadas risas nerviosas. Las tres se limpian las lágrimas.
—Suficientes lágrimas por un día —dice Ian.
—Oh, pero las lágrimas son un profundo lenguaje del alma, no las reprimas. Yo lloré mucho por Tyler, y me hizo bien...
Ian sonríe. —Decir eso es muy tú, Jazz. Y-y tienes razón. También me ha ayudado con Luke, supongo...
Cora alcanza la mano de su madre, la aprieta, y las dos comparten una sonrisa cargada con unas pizcas de tristeza.
Jazz asiente y dice: —Eso es bueno.
Al terminar de comer, Ian levanta los platos y Cora y Jazz la ayudan.
Cuando Jazz se dirige a la cocina con la jarra vacía, Ian le pregunta: —Y, ¿sigues en contacto con Dominic?
—No, solo sé de él por el éxito que está teniendo en Facebook.
—Oh, claro, toda una celebridad, ¿quién lo diría?
—Sí, me alegro mucho por él... Pero si te soy honesta tengo algo de miedo por él, quién sabe qué suceda con nuestro amigo detrás de esa fama, ¿sabes? Lo extraño.
—Yo también.
Cora interviene.
—Deberían contactarlo. Me encantaría conocerlo así como pude conocerte a ti, Jazz. Me encantaría verlos a los tres juntos.
Ian y Jazz intercambian miradas pensativas. Ian argumenta lo difícil que debe ser contactarlo de por sí.
—Déjenme eso a mí —dice Cora.
Se pone a la tarea de usar las cuentas de Facebook de Ian y Jazz para mandar de parte de ambas un mensaje a Dominic explicando aquél día y aquél reencuentro y que tienen ganas de verlo a él también. Desde la propia cuenta de Cora, en Instagram y Twitter, explica lo mismo, añadiendo al principio que es hija de Ian y Luke y que a ella también le gustaría conocerlo. Espera llamar la atención de Dominic de aquellos múltiples modos, pero también espera que tarde en obtener respuesta.
Les explica a su madre y a Jazz lo que hizo esperando que de resultado en no demasiado tiempo. Salen las tres a visitar la tumba de Luke las tres juntas, resultando en otra sesión de lágrimas, tras lo cual van a tomar un helado. Entonces Jazz pretende despedirse a ir al hotel en el que se está hospedando, pero Ian dice que son tonterías y no dice que no quiere separarse de ella aún. Ian y Cora llevan a a Jazz a recoger sus cosas al hotel y ya en casa Cora la deja instalarse en su cuarto insistiendo que no será problema para ella dormir en el sofá que es de hecho muy cómodo. Ian propone ver una película, e insta a Cora que sabe más de buenas películas, a que escoja una buena película cómica para reírse un rato. Al terminar la película las tres se preparan para dormir y cuando Cora ya está acostada en pijama en el sillón, antes de dormir escucha el casete de la canción "Después de esta vida" y llora una vez más en aquél emotivo día; escuchando la armónica, el ukelele, la flauta, y las voces de cinco amigos que eran, y son ahora tres.
Al siguiente día desayunan y poco después de mediodía Cora recibe respuesta de Dominic desde su cuenta de Instagram, donde con muchas palabras y emoción evidente, le pide un número telefónico por el cual contactarlas, y Cora corre a mostrarle a su madre y a Jazz, y no tardan en contactarse con Dominic en alta voz, y la mezcla de emociones de las cuatro partes es tal y tan variada que explicarla llevaría mucho tiempo. Después de una larga conversación que supera los sesenta minutos, Dominic las invita a las tres a su casa y les ofrece pagar los vuelos de avión sin darles realmente oportunidad de negarse.
El día de la llamada fue en sábado, y para el lunes en la tarde ya están en el avión.
Su madre dormida y Jazz mirando por la ventana escuchando con audífonos la canción Hit The Road Jack, Cora interrumpe la lectura del libro Memorias de una Geisha para interrumpir a Jazz con una ocurrencia.
—Jazz, tengo una idea.
—¿Sí?
—Siento que la historia de ustedes cinco debería de ser compartida, a mí ciertamente me conmovió. Eres una gran escritora y aunque no era tu intención compartir las cartas en un principio, creo que habiendo pasado todo este tiempo sería una forma de... mantener a Tyler y a Luke con vida, supongo. Sería como un libro epistolar, de los que están escritos mediante cartas. Podrías elegir nombres diferentes para todos si no quieres que todo cuanto lo lea sepa que es una historia real y si hay algo que no quieres que se comparta puedes no incluirlo, pero creo que aportar a la literatura de este mundo, tan conmovedora historia de una amistad como la que tuvieron, aunque tuviera un final amargo, sería espectacular. Se me ocurre escribir un prólogo de cuando yo lo encontré, y un epílogo de cómo después de leerlo me encontré contigo y las reuní a ti y a mi madre, y de cómo después nos encontramos con Dominic, para que esa reunión de ustedes tres sea el final feliz que los lectores esperan. No sé, creo que sería buena idea —Cora suelta una risa nerviosa—. Perdón, me emocioné demasiado... P-por supuesto que si no estás de acuerdo entenderé... es sólo una propuesta.
Jazz le sonríe y regresa la mirada a la ventanilla, por lo cual Cora piensa que su idea está descartada, pero entonces Jazz asiente tres veces lentas todavía mirando por la ventana, y vuelve a dirigirse a ella para contestarle.
—Sí, creo que sería buena idea. Como amante de la literatura, siempre fue mi sueño publicar un libro, y creo que nunca he escrito algo tan bueno como esas cartas. Doy mi ayuda a otros escritores con todo entusiasmo en mi trabajo como editora y traductora, pero nunca he terminado ninguna de las novelas que he empezado por tantas ideas que tengo sin concluir y que siguen viniendo. Tengo ideas para novelas románticas, de misterio, de fantasía, de tantas cosas, pero creo que la mejor historia que tengo para contar fue esa que escribí hace mucho tiempo sin necesidad de ideas sino de aquello que viví. Si lo hiciéramos, sí cambiaría los nombres, y me encantaría lo que propones de que escribas un prólogo y un epílogo, y que compartamos la autoría, tú como mi colaboradora. Así puedo ayudarte con tus ingresos, para que así antes o poco después de que empieces tu vida adulta en la universidad ya tengas tu propio dinero de lo que ganemos con las ventas. Me encantaría que la hija de mi mejor amiga colaborara conmigo en una historia a la que le tengo tanto cariño, viendo además tu propio entusiasmo por ella. Solo habría de proponerles a Dominic y a tu madre la idea y ver si ellos también están de acuerdo, ya que forman parte de la historia. "Escrito por Jazz Eline y Cora Martin", me agrada cómo suena.
—Wow, Jazz, por un momento pensé que dirías que no... Gracias. Me encantaría colaborar contigo. Sería un honor.
La hora de bajar del avión llega, y tras recoger sus maletas y ser recibidas por un hombre que sostiene un cartel con sus nombres, las tres fueron incapaces de contener su emoción cuando éste les dijo que su nombre era Johan y que Dominic las esperaba en el auto y que las llevaría con él. El hombre lleva sus maletas y las dirige a una camioneta grande, donde solo pueden ver a Dominic sentado en el asiento de copiloto, cuando ya están sentadas las tres en los asientos traseros.
Él les sonríe y ellas a él, en un silencio con solo una pizca de incomodidad y mucha emoción precedida por la anticipación alargada por horas y cortada en ese instante lleno de nostalgia. Dominic es el primero en hablar, soltando antes una risa emocionada y positivamente incrédula.
—En cuanto lleguemos a mi casa les daré un fuerte abrazo a todas, chicas; no pude salir del auto para no llenarme de fans emocionados en este encuentro personal. ¡Estoy tan emocionado de verlas! Cora, es un placer conocerte.
—Para mí también —responde Cora sonriéndole y estrechando su mano cuando él se la ofrece.
—Chicas, están muy crecidas, claro está. Me alegro mucho de volver a verlas después de tanto tiempo —dice Dominic dirigiéndose a sus dos amigas adultas.
Ian y Jazz responden con argumentos similares, mencionando la vida y el éxito de Dominic y otras cosas faltas en tristeza, sin tocar aun los temas dolorosos que vendrían después. Alrededor de veinte minutos después, llegan a la considerablemente grande casa de Dominic.
Tan pronto como se detiene el auto, Dominic se apresura a salir y abraza a Jazz con fuerza, dándole un giro en el aire. Después siguió Ian, y tras alargar su abrazo, toma uno de sus mechones de cabello largo mirándola larga y directamente a los ojos.
—Está largo. Se te ve bien.
Ian suelta una risa nerviosa y agradece. —Me lo dejé crecer cuando nació Cora y me lo he dejado así desde entonces.
Dominic asiente aprobatoriamente y se dirige a la mencionada.
—Te pareces mucho a Ian y Luke. Más a Ian, claro. Y eres igual de hermosa. Tienes una buena madre. Pero qué gusto conocerte, ¡dame un abrazo!
Cora se ve sorprendida al ser suspendida en el aire como a Jazz, cuando Dominic la abraza, y ríe en el aire.
—Gusto... conocerte a ti también.
Dominic ayuda a llevar la maleta de Cora y Johan lleva las otras dos. Dominic abre la puerta de su casa y las deja pasar a ellas primero.
—Véanse en libertad de disfrutar de las comodidades, nadar en la alberca si quieren, asaltar lo que sea de lo cocina... Cuanto necesiten o deseen, ésta es su casa. Tengo dos dormitorios para las visitas, pónganse cómodas. Le pedí a mi cocinera Marisa que hiciera una cena de bienvenida para ustedes, así que ¿qué les parece si se instalan mientras yo preparo la mesa, y mientras comemos nos ponemos al día? No sé ustedes, pero yo tengo hambre.
—Tú siempre tienes hambre —dice Jazz juguetonamente.
—Oh, eso sigue siendo cierto.
Cora toma su maleta de manos de Dominic y sube las escaleras, tras lo cual Johan la sigue con las otras maletas y Jazz toma a Ian de la mano para subir juntas.
Cora no tarda en elegir el primer cuarto porque tiene un escritorio, y supone que lo compartirá con su madre. Pero Ian y Jazz terminan compartiendo ellas el otro cuarto, y Cora supone que tiene sentido tras todo el tiempo que llevaban sin verse. No importa, porque lo primero que hace en el cuarto es sacar su laptop y empezar el prólogo de las cartas. Para cuando su madre la llama porque ya está lista la cena, ya había acabado el prólogo y empezado el primer intermedio, que empezó recordando sus pensamientos, preguntas y emociones al encontrar y leer las cartas, sin darse cuenta de la necesidad de intermedios hasta que había empezado a escribirlos.
Ya sentados a la mesa, llega el momento en que Dominic pregunta por Tyler, y se entera que está muerto.
—¿Los dos están muertos? —pregunta borrándosele la sonrisa del rostro y soltando los cubiertos, mirando con súplica en los ojos, a los tristes de sus dos amigas. Suelta un suspiro y sus siguientes palabras salen entrecortadas con el rostro contraído de agobio—. Oh, mis amigos —recarga los brazos en la mesa y la cabeza en las manos, ocultando su rostro y conteniendo las lágrimas, hasta que logra calmar sus emociones lo suficiente para levantar de nuevo el rostro y preguntar susurrando—: ¿Cómo?
Jazz cuenta por tercera vez en aquella mesa lo que le contó primera a Cora en la cafetería y segunda a Ian en su casa. Ninguno de los reunidos en la mesa escapa de las lágrimas.
Sintiéndose un poco fuera de lugar, Cora sube por la caja que empezó todo, y la lleva abajo a la mesa. Para entonces ya los tres amigos están recuperándose y ella capta su atención.
—Traje la caja. Supuse que valía la pena dárselas estando los tres reunidos —saca unas cuantas fotos y mira la primera, que muestra al grupo en el Tejo Magnus—. Sería una linda manera de recordarlos... creo.
Sin saber qué más hacer o decir, acerca la caja a Dominic. Sin Dominic estar enterado de la existencia de aquella caja, revuelve el contenido en ella y encuentra su antiguo dado. Lo levanta entre sus dedos y tras tres segundos de mirarlo fijamente, las lágrimas se le vuelven a acumular en los ojos y soltando un sollozo suelta el dado y busca la mano de Jazz con una suya, y con la otra la de Ian.
Llorando, dice: —Chicas, las extrañé tanto.
Las dos amigas dicen que ellas también, y vuelven a sucumbir al llanto silencioso también, agarrados los tres fuertemente de la mano, hasta que vuelven a vaciarse mutua y conciliadoramente.
—Te di esto la última vez que nos vimos —dice Dominic como un hecho volviendo a tomar el dado. — ¿Hace tanto fue de verdad? —pregunta sin esperar respuesta—. Cómo pasa el tiempo...
Ian toma de la caja, y le muestra a Dominic, la foto en la que sale él de joven.
—Oh vaya... qué joven estaba.
—¡Hey! —replica Jazz—. No me ofendas, que yo no estoy vieja y tengo tu edad. Aún soy una jovencita —dice con aire de broma, a lo cual todos ríen.
Jazz saca de la caja la foto en la que sale Tyler y la observa detenidamente con un nudo en la garganta. Por su parte, Cora saca de su bolsillo la armónica de su padre y el casete con la canción. Le pregunta a Dominic si de casualidad tiene por ahí dónde pueda reproducir el casete para escucharlo todos y él le indica donde. Cuando Cora está buscando el aparato, Ian sostiene la foto de Luke, con un nudo en la garganta. Por su parte, Dominic compara la foto de la joven Ian con la Ian actual, sentada a su lado, y decide que la belleza sigue siendo la misma a pesar del pasar del tiempo.
Cuando se escucha la canción Después de ésta vida, los tres amigos cantan la letra a la par de sus voces del pasado, recordándolo como si fuera ayer. Cora trata de seguir ella misma la melodía de la armónica en la canción, con la armónica que tocaba su padre en ese lejano entonces. No le sale tan bien porque la armónica está desafinada por el tiempo y porque es solo la segunda vez que escucha la melodía. Había tratado de mejorar la vieja armónica de la forma en que su padre le había enseñado a mantener el instrumento, pero no sirvió de mucho. Al terminar la canción, el aire parece suspirar por el silencio.
Para darle fin a tal escena nostálgica, Dominic se pone de pie y con un único aplauso propone servirles el postre, que es un delicioso pay de manzana casero hecho por Marisa, el cual es su especialidad en postres. Se dirige a la cocina y poco después regresa con el pay, seguido por Marisa con platos pequeños y tenedores. El aspecto del pay no deja lugar a dudas, y al probarlo alaban a Marisa, tal como hace el propio Dominic siempre que lo come. Marisa agradece y regresa a la cocina. Ian, Cora y Dominic se sirven otro pedazo pero Jazz dice estar satisfecha. Mientras comen el postre, Cora menciona el manuscrito de Jazz a Dominic y a su madre, para ver si están de acuerdo con la idea que le presentó antes a Jazz en el avión. Ambos dicen estar encantados, y de acuerdo con la idea.
Cuando Dominic le lleva los platos a Marisa en la cocina así como el pay al refrigerador, al regresar al comedor les propone a sus invitadas disfrutar de la alberca. Hace mucho calor, así que en poco tiempo los cuatro están dentro de la alberca gozando de la frescura.
Nadan un poco, no nadan un poco, conversan mucho. Hablan de lo atlética y sana que está Jazz, aunque no significa que fuera menos hermosa antes. Hablan de lo orgullosos que están de que Ian dejara de fumar, y ella dice que fue gracias a la insistencia de Luke, y gracias a Cora que le hizo abrir los ojos cuando se embarazó de ella. Dominic menciona también que a pesar de lo que pudieran pensar considerando su fama como modelo, su atractivo, y sus propuestas constantes, ya no sentía la necesidad de tener relaciones sexuales como cuando era joven; y que a pesar de las personas que pudieran diferir en opiniones o experiencias, él sí se sentía, de alguna forma, más libre sin hacerlo, habiéndose dado cuenta que en su caso aceptaba las propuestas cuando era joven, como una irónica escapatoria de su familia y de las circunstancias y de la vida. Pero ya no es así, y le gusta. Los tres están satisfechos con sus cambios y con sus vidas actuales.
Bastante tiempo después de que anochece, observan las estrellas dentro de la alberca, hasta que Jazz dice que empieza a tener frío y sueño así que se retira. Cora sigue su ejemplo no por las mismas razones, sino porque quiere continuar escribiendo su aporte al manuscrito de Jazz. Antes de irse, les dice a Dominic y a su madre que se pondrá manos a la obra porque quiere mostrarles lo que escriba y saber su opinión. Los dos asienten, y se quedan solos cuando Cora se va, rememorando su pasado de chico enamorado de chica.
Cora no duerme hasta las dos de la mañana terminando de escribir los intermedios y el epílogo, y tan pronto despierta sigue los sonidos del comedor, donde todos están desayunando y Dominic se disculpa con ella por empezar a desayunar sin ella para no despertarla y dejarla dormir. Ella responde que no importa y le pregunta si tiene impresora.
Imprime tres veces todo lo que escribió y les da una copia a cada uno, tras lo que entonces se permite acompañarlos a la mesa para comer su desayuno. Mientras terminan de desayunar, Ian y Jazz leen lo que Cora escribió, pero Dominic se toma hasta varias horas después en leer también las cartas escritas por Jazz, ya que no sabía de su existencia hasta su visita y no las había leído hasta ese momento. Cora recibe la aprobación de Jazz y de Ian tan pronto terminan de leer.
Cuando Dominic termina de leer todo, llora océanos de lágrimas, y al consolarlo, las otras le hacen coro a las olas.
Dominic ofrece su apoyo a Jazz y Cora para la publicación y promoción del libro con los contactos y recursos que tiene como celebridad, sumado a los que tiene Jazz como editora. Se quedan en casa de Dominic por una semana, y al despedirse prometen mantenerse en contacto.
Es tanto el apremio que tiene Dominic de volver a ver a Ian aun teniéndola cerca, ya inminente la separación, preparando las tres visitantes sus maletas para irse... que sin pensarlo le propone a Ian buscar en la ciudad un buen trabajo para ella en la ciudad y una universidad para Cora, valiéndose de sus contactos.
—Siento como un error separarme de ti después de tanto tiempo sin vernos... y de Cora, ahora que la conozco.
—Lo pensaré... Es mucho qué considerar. Estaremos en contacto, lo prometo. Te daré una respuesta.
Ellos dos se dan el más largo de los abrazos cuando todos se despiden. Jazz toma un vuelo diferente al de Ian y Cora, de regreso a su ciudad y a su hogar, pero promete estar en contacto para la publicación del libro y demás.
Ya de vuelta en Marjorie, Cora va de compras con Rachel para comprar el vestido que había necesitado y la había hecho encontrar la caja de Jazz; va al baile usando la máscara que le había comprado Rachel y se gradúa de la preparatoria, lo cual Jazz usa de excusa para volver a visitarlas y asistir.
Cora, su madre, y Jazz, visitan el Tejo Magnus adentrándose al bosque desde la antigua casa de Jazz, después de la graduación de Cora. Ian y Jazz recuerdan, y recuerdan, y recuerdan; y Cora, se imagina sentados en las grandes raíces del árbol magnífico, a cinco jóvenes de su edad disfrutando de su amistad, amándose unos a otros, rodeados de amada naturaleza.
El día en que Jazz se va, en la cena, Ian le cuenta a Cora la propuesta de Dominic, ya habiendo decidido ella misma después de meditarlo todos los días anteriores, que le agradaba la idea. Le agradaba la idea de mudarse de la casa que le traía demasiados recuerdos de Luke, empezar de nuevo una vida de viuda, aprovechando las oportunidades que Dominic ofrecía, viviendo en la misma ciudad que él y pudiéndolo ver constantemente. Cora duda un poco pero la convence una buena universidad con carrera de literatura, que está en la ciudad en la que vive Dominic. Extrañaría a sus amigos, pero sabe que a su madre le haría bien el cambio, y a ella la oportunidad de estudiar en la Universidad Tintero, donde se conoce que conocidos artistas de todo tipo estudiaron su carrera.
Ian responde positivamente a la propuesta de Dominic, y en menos de un mes él consigue un lugar donde puedan vivir, donde Ian pueda trabajar, y el lugar de Cora en la Universidad Tintero. Johan las vuelve a recibir con sus múltiples maletas, y cuando llegan a la casa donde vivirían, Dominic se apresura a ayudarlas a salir del auto para saludarlas con total entusiasmo, igual que la vez pasada. Después de saludarse, Ian se queda atónita al ver que la casa es solo un poco menos grande que la de Dominic, y se queja con él por gastar tanto en ellas, pero Dominic dice que no es nada y que algún día se lo pagará.
Meten las maletas dentro de la casa y se toman el resto del día paseando y disfrutando de la ciudad, buena comida y buena compañía. Al siguiente día Jazz va al trabajo que le consiguió Dominic para establecerse y Cora se toma el tiempo para instalarse completamente en su cuarto, ir a comprar comida a la que luego le da lugar en la alacena y refrigerador, y continuar escribiendo una novela que hace tiempo había empezado. Ese día Jazz la contacta para ponerse de acuerdo en cuanto al nombre que le pondrán al libro, y después de muchas ideas, Cora opina que la mejor idea es una de las que dio Jazz: "Inmarcesibles Memorias".
Una semana después, se publica Inmarcesibles Memorias, con los nombres de los personajes cambiados, y Dominic no tarda en promocionarlo como su libro favorito, escrito por una de sus mejores amigas, y la hija de su otra mejor amiga. Una semana después de la publicación del libro, es que empiezan las clases en la Universidad Tintero, y para entonces las ventas y la popularidad del libro eran ya muy altas, lo cual le consiguió en la escuela una beca y admiradores que no había esperado o imaginado nunca. Durante esa semana, la anterior y la siguiente, continuamente sabe que su madre está saliendo con Dominic, y se alegra por ella de corazón.
El fin de semana siguiente Dominic invita a Ian y Cora a cenar en un restaurante elegante con vista al mar, que previamente se encargó de reservar para tener privacidad. Después de comer de postre un pastel en celebración del éxito de Cora, Dominic le da a Cora de regalo, en una pequeña cajita, una pluma Mont Blanc.
—Jazz me dijo que como escritora apreciarías mucho una pluma elegante como esta.
—Sí, es verdad. Wow. Muchas gracias, Dominic —dice Cora sinceramente.
—Es todo un gusto —responde Dominic sonriéndole. Después se dirige a Ian. —También tengo algo para ti.
Entonces, Dominic se pone en pie, saca una cajita negra de su bolsillo, y se arrodilla.
—Sé que después de tres semanas de salir casi todos los días tras no vernos en años, es probablemente alocado pedirte que te cases conmigo. Pero sabes que desde adolescentes me enamoré de ti, y ahora no te amo menos. También cuenta la semana que estuvieron de visita en mi casa y el contacto continuo que mantuvimos a la distancia después; espero que eso sea considerable para no verme tan desesperado —suelta una risa nerviosa e Ian lo imita—. Pero no importa. Te pido que te cases conmigo con Cora como testigo porque también quiero su aprobación, y porque quiero que ambas sepan que si accedes a ser mi esposa, la trataría como mi hija. ¿Quieres casarte conmigo, Ian Visser?
—Sí, quiero —contesta Ian, con una lágrima fugitiva.
Cora mira conmovida a su feliz madre besándose con Dominic, solo por un momento, tras el cual desvía la mirada para darles la privacidad en su beso de cinco segundos. Vuelve a mirar cuando Dominic le pone el hermoso anillo a Ian, y después Dominic se sienta en su lugar otra vez, sin soltar la mano de Ian.
—¿Quién lo hubiera pensado? Que llegarías a casarte con el mejor amigo del que estabas enamorada, y del que estaba enamorado de ti... Si no hubiera sido así, Cora no hubiera existido para encontrar la caja y reconocer a Jazz y conseguir reunirnos... y no estaríamos aquí. Me doy cuenta de muchas cosas ahora. Cómo nos da lecciones el tiempo. Y oportunidades —dice Dominic, intercambiando con Ian una sonrisa cariñosa—. Pero si resulta que sí me apresuré y algo te hace arrepentirte en los meses que nos tome hacer los arreglos de la boda, por más que me duela dímelo y cancelamos todo —dice Dominic con una risa nerviosa, volviendo a pensar en que en solo un mes de haberse vuelto a ver se apresurara a proponerle matrimonio.
—Dominic, no creo que eso pase —contesta Ian.
—Bueno, pues nombra lo que quieras en la boda y será como tú digas, quiero que tengas la boda de tus sueños.
Ocho meses después, después de no solo preparar la boda sino de también pasar tiempo juntos para fortalecer su conexión, su amistad, su amor, y la convicción de sus deseos de casarse sin lugar a dudas, Ian y Dominic se casan en la playa, con privacidad asegurada y la presencia de familiares de ambos; de Jazz como dama de honor junto con Cora; y de otras amistades de ambos, incluidos unas cuantas celebridades.
En el baile después de la boda, Jazz, Ian y Dominic están sentados descansando de bailar, viendo a Cora bailar con su novio, que resultó llamarse Tyler, y a Muna bailando con su pequeño hijo Buckley. Ian en medio, tomada de la mano de sus dos amigos, está unida a ellos en ese momento, no sólo físicamente sino también en mente, sin saberlo... pensando en las buenas vidas que sus dos amigos fallecidos tuvieron antes de que concluyeran. Incluso los últimos días de su amigo perdido Tyler Cameron fueron felices, deshaciéndose de una adicción que lo agobiaba, reencontrándose con su amada novia embarazada que lo esperaba sano, y con su inesperada querida amiga Jazz, en sus últimos momentos.
Tres amigos reunidos, unidos en mente, recordando las inmarcesibles memorias de su adolescencia con una tremenda mezcla de emociones.
Un par de días después, ya viviendo sola en la casa de la que se había mudado su madre para vivir con Dominic, Cora cierra la ventanilla del documento de su propia novela, ya terminada en su laptop. Toma de su estante de libros su copia personal de Inmarcesibles Memorias y se acuesta en su cama a leer otra vez el libro que había empezado todo.
Ellos cinco no eran algo que verías todos los días. Ellos eran extraordinarios juntos. Y ¿por qué no?, separados también. Pero el destino habría de hacerlos encontrarse.
Estaba escrito. Su historia lo estaba literalmente. Cora la habría de leer y cambiaría su vida.
Cuatro cositas:
1. ¿Qué les parece este finaaaaal? Por favor en esta parte sí no se vayan sin comentar su opinión. Me encantaría saber su opinión global de toda la historia, mis ozesnos <3
2. ¿Qué opinan de #Domian como nombre del ship? 7u7
Fue propuesto por Ari-Blue, no lo había pensado y me encantó. ¿A ustedes? Ari también propuso que escribiera un Extra con el punto de vista de Tyler, para saber si correspondía a Jazz o no. Desde que pensé la historia, el personaje de Ty no me dejó saber eso; ni siquiera yo lo sé. Y se supone que sea un misterio para Jazz hasta el final.
3. Pero he decidido algo:
Escribiré ese Extra, como agradecimiento por apoyarme como lectores. Pero será hasta diciembre, que es el aniversario de la primera publicación de la historia. Escribiré el Extra de Tyler, y el del reencuentro de Ian y Luke años después de separarse. Si hay algo más que quieran que escriba, díganmelo y lo consideraré. Pero por ahora serán esas dos cosas, ¡así que no eliminen esta historia de sus bibliotecas! :D
4. Una última bella pregunta: ¿Cuál es tu color favorito? No es secreto que el mío es el naranja; lo amo porque es el mejor color que puede llegar a tener el cielo en los atardeceres, y porque es un color más inusual, y hermoso cuando lo encuentras (no es como el verde o el azul, que suele estar muy presente en nuestro entorno).
ESTE ES EL FINAL. NO LO PROCESO :0
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