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Numerales/Cosas que solo suceden en Galicia

Los numerales indican cantidad en relación con el substantivo que acompañan. Pueden ser cardinales, ordinales, multiplicativos y partitivos.

El cardinal indica el número o cantidad de elementos de un conjunto, sea esta cantidad finita o infinita.

0. Cero
1. Un
2. Dous
3. Tres
4. Catro
5. Cinco
6. Seis
7. Sete
8. Oito
9. Nove
10. Dez
11. Once
12. Doce
13. Trece
14. Catorce
15. Quince
16. Dezaseis
17. Dezasete
18. Dezaoito
19. Dezanove
20. Vinte
21. Vinteún
22. Vintedous
23. Vinte e tres
30. Trinta
40. Corenta
50. Cincuenta
60. Sesenta
70. Setenta
80. Oitenta
90. Noventa
100. cen
200. Douscentos
300. Trescentos
400. Catrocentos
500. Cincocentos
600. Seiscentos
700. Setecentos
800. Oitocentos
900. Novecentos
1.000. Mil
1.000.000. Un millón

Fíjate que hay alguna excepción al construir números grandes pero en general se escriben un "e" por el medio (cincuenta e cinco).

📝 Después de examinar el cuadro anterior sobre los números en gallego, intenta crear otros ejemplos usando las mismas palabras que has aprendido de esta lista. Siempre es útil saber cómo jugar con estas palabras en una oración.

22

37

44

73

89

152

177

581

1.111

Un número ordinal es un número que denota la posición de un elemento perteneciente a una sucesión ordenada.
Por ejemplo, soy el primero, ella es la segunda.

primeiro
2° segundo
terceiro
4° cuarto
5° quinto
6° sexto
sétimo
oitavo
9° noveno
10° décimo
11° décimo primeiro
12° duodécimo
13° décimo terceiro
14° décimo cuarto
15° décimo quinto
16° décimo sexto
17° décimo sétimo
18° décimo oitavo
19° décimo noveno
20° vixésimo
30° trixésimo
40° cuadraxésimo
50° quincuaxésimo
60° sesaxésimo
70° septuaxésimo
80° octoxésimo
90° nonaxésimo
100° centésimo
1.000° milésimo
1.000.000° millonésimo

Multiplicativos. Estos no se utilizan mucho así que os dejo algunos ejemplos.

Dobre/duplo
Triple
Cuádruple
Quintuplo
Séxtuplo
Décuplo

Partitivos. Está 1/2 (medio) y 1/3 (tercio). El resto se diría igual que los ordinales.

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Cosas Que Solo Pueden Suceder En Galicia (Por Manuel De Lorenzo)

«Y tú, anda a tu casa y ármate, porque te voy a matar», le dijo José Arcadio Buendía a Prudencio Aguilar el domingo que por fin le ganó una pelea de gallos. La amenaza, que terminó en tormento y este en huida, serviría al autor de Cien años de soledad para fundar Macondo varias páginas más tarde. «Diez minutos después volvió con la lanza cebada de su abuelo. En la puerta de la gallera, donde se había concentrado medio pueblo, Prudencio Aguilar lo esperaba. No tuvo tiempo de defenderse».

No sabría decir qué es lo que más me atrae de la prosa de García Márquez. Tono, estilo y ritmo se confunden en ese costumbrismo insoportable del que nacen paisajes pegajosos y anacrónicos como pozos de brea, de los que es imposible escapar. Sus personajes, inalcanzables, sumidos para siempre en ambientes enrarecidos y gobernados por rutinas distorsionadas y códigos caóticos, se normalizan sin embargo a lo largo del relato hasta que uno siente que ha sido profundamente derrotado y que solo volverá a cruzarse con ellos en el universo del escritor colombiano… Pero no es así. Existe un lugar más allá de los libros en el que también se ignora lo ordinario. Un pequeño territorio confuso y descentrado, ajeno al orden y acaso detenido en el tiempo, donde la realidad hace trizas la ficción. Su nombre es Galicia y, háganme caso, habelas hailas.

Discute en un bar, se va, vuelve vestido de buzo y dispara con un arpón (La Voz de Galicia).

Lo típico que te encaras con alguien, te vas un momento a ponerte la escafandra y sin darte cuenta te has metido en una pelea. ¡En menudo lugar deja esto a la bravata de José Arcadio Buendía! Nuestro protagonista, natural de Moraña, provincia de Pontevedra, y cuyas iniciales son L.S.D. porque a veces solo hace falta un buen nombre para construir un destino, se percató tras la riña de que únicamente tenía a mano un arpón, y en un ejercicio de coherencia formal se tomó la molestia de vestirse en consonancia con su arma y presentarse en el bar vestido de buzo. «No vayan a decir en Moraña que no sé combinar atuendo y complementos», debió de pensar L.S.D., quien tenía que estar realmente cabreado para continuar queriendo agredir a alguien después de ir hasta su casa, quitarse la ropa, buscar el traje de submarinismo, enfundarse en él y volver hasta el bar. Eso es tenacidad, sí señor.

Detenido por pinchar las ruedas a 70 coches porque «hay poco aire en el mundo» (Antena3).

Otro pontevedrés, pero esta vez de Vigo —el único barrio de Ourense que da al mar—. Se ve que al cumplir los veinte años tuvo una epifanía gracias a la cual comprendió que «hay poco aire en el mundo y las ruedas tienen mucho». O al menos eso es lo que declaró ante la policía tras ser detenido.
Menos mal que hay gente que piensa en el bienestar de los demás. Sus vecinos sabrán recompensárselo.

Luego os extrañáis de que en Galicia os contestemos «depende» cuando nos preguntáis por dónde se va a algún sitio.

Poco antes de asesinar a Stephen Albert, Jorge Luis Borges escribía: «A diferencia de Newton y de Schopenhauer, su antepasado no creía en un tiempo uniforme, absoluto. Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas la posibilidades». En algún punto cerca de Ourense y Monforte, los más ancianos cuentan que El jardín de senderos que se bifurcan comenzó a adquirir forma en la mente de Borges tras saber de este lugar. Tal vez en alguno de esos senderos, Ourense aún conserve la U de su nomenclatura oficial. Quién sabe.

Acuchilla a un informático que le estaba «hartando con sus tonterías».

Veamos. Por un lado está F.G., el típico gracioso sin gracia —algo extraño, habida cuenta de que se trata de un informático y además es pontevedrés—. Por otro lado tenemos a J.L., un hombre cansado, muy cansado, de las bromas de F.G. Una mañana, recién llegados a la oficina, F.G. preguntó a J.L. si sabía dónde estaba la calculadora, a lo que este contestó que buscase en los cajones. «¡Pues agárrame los cojones!», respondió el astuto F.G., quien había urdido un complejo y diabólico plan de manipulación dialéctica para llevar a J.L. a donde él quería y poder mofarse así mediante una rima soez que probablemente, y siempre según fuentes policiales, habría llevado preparada de casa. J.L., en un acto lógico y necesario, sacó entonces un abrecartas y se lo clavó doce veces a F.G, quien terminó hospitalizado pero fuera de peligro. A día de hoy todavía no comprendo por qué fue noticia la reacción del bueno de J.L.

El fiscal dice que un hombre pegó a otro «porque le llamó Melendi» (La Región).

Hace varias décadas, en plena orgía después de un concierto, Mick Jagger echó de menos a Charlie Watts. A su alrededor, en una suite insomne dominada por las drogas y el alcohol, estaban los demás miembros de su banda, algunos amigos, parte del personal técnico y docenas de chicas desnudas follando con cualquiera que se abriese la bragueta ilusionadas con caer, entre polvo y polvo, en la entrepierna de algún Rolling Stone. Watts sació sus diferentes apetitos antes que los demás y se marchó a su habitación, cosa que disgustó a Jagger. Levantó el teléfono, pidió a recepción que le pusiesen con Charlie y cuando este contestó le dijo: «¿Dónde está mi pequeño batería?». Al cabo de un rato, Watts entró en la suite y le noqueó de un puñetazo. «Yo no soy tu pequeño batería —sentenció—. Tú eres mi maldito cantante».

Cualquier motivo es bueno para tumbar a otro hombre de un derechazo. Qué clase de seres civilizados seríamos si no. No está muy claro por qué Vargas Llosa mandó al suelo a García Márquez, aunque las malas lenguas dicen que el colombiano se beneficiaba a la esposa —y prima— del peruano con la excusa de ayudarla a vengarse de su marido por sus continuas infidelidades. Pasión de gavilanes. Tampoco si la frase con la que Materazzi puso fin a la carrera de Zidane después de que este intentase detener los agarrones del italiano ofreciéndole la camiseta al final del partido fue «prefiero a la puta de tu hermana», como al parecer confesó en 2007. Lo que es seguro es que Julio Mario S.C., de treinta y ocho años de edad, en la madrugada del día 18 de enero de 2009 agredió a E.B.F. porque este último se dirigió a él llamándole «Melendi». Nada que objetar.

Regálase can bravo como a puta co pariu, ou págase pra que o leven.

La traducción exacta de este cartel es: «Se regala perro bravo como la puta que lo parió, o se paga para que se lo lleven». Qué angustia. Ese texto solo puede ser fruto de la frustración y el odio. Un odio inmediato. Instantáneo. Propio de quien lo redacta apenas unos segundos después de ser mordido por el animal, como un acto reflejo. Nótese que se describe un perro bravo «como la puta que lo parió», lo que indica una aversión manifiesta e insana. Además se ofrece la opción de pagar a alguien para que se lleve a la bestia si nadie la quiere regalada, posibilidad que debe de considerarse muy probable para contemplarla desde el principio, a la desesperada. Como el seguro de vida que firmas antes de escalar el Everest.

Para ilustrar su anuncio, y a pesar de lo instintivo de su reacción, el dueño tuvo a bien insertar la imagen de un monstruo canino que después de saltar más de metro y medio está a punto de mutilar la cara de una sonriente señorita a lo Luis Suárez. Un crack, el tío.

Desahuciado del Land Rover en el que vivía en Xinzo de Limia (La voz de Galicia).

Si hay un lugar en el que te pueden desahuciar de un Land Rover, es Galicia. Qué orgulloso estaría de sus compatriotas don Ramón María del Valle-Inclán.

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