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NAVIDAD pt 2
White había salido con Tonks, Bill y Fleur una noche antes de que los chicos regresaran de Hogwarts por vacaciones de invierno.
— ¡Ay, no sé! — se quejó, rodeada de la risa de sus amigos, especialmente de la de Fleur, que echó su magnífico cabello platinado detrás de su espalda y trató de encubrir la sonrisa, fallando miserablemente y solo consiguiendo la atención de la mayoría de muggles presentes en aquella cafetería nocturna — Tu mamá está loca, Bill. Si Charlie me la hubiera presentado mientras saliamos, seguramente pensaría que estaba llevando a su hijo por el camino del mal.
— ¿Y no lo hacías? — bromeó Tonks, burlándose del puchero de White.
White abrió la boca, ofendida. Por supuesto, se recuperó de la sorpresa rápidamente, componiendo una expresión socarrona al tomar el vaso de capuccino y apuntar con él a Tonks.
— Pues contigo sí logré llevarte al camino del mal — decidió, recostándose contra la silla para disfrutar mejor el sonrojo extremo de la cara de Tonks, alentando las risas de Bill y Fleur — Porque ¿Qué era lo que me decías? Señorita no entiendo cómo gustas de los mayores todos son viejos verdes.
— Sí, bueno — Tonks carraspeó, aún sonrojada — eso fue antes de conocer a Remus.
— Eso es adogable — dijo Fleur, haciendo presente su marcado acento francés. Ella aplaudió y dio un suspiro enamorado, recostando su cabeza contra el hombro de Bill que estiró su brazo y lo envolvió alrededor de la cintura de la veela — ¿Y no piensas decigle, Tonks?
Tonks negó de inmediato.
— No soy White, Fleur, yo no tengo la suerte de que me correspondan al instante — sacudió la mano, provocando con sus palabras que la mencionada se atragantara con el capuccino. Bill ahogó la risa, procurando que Fleur no lo viera para evitarse un reproche.
— ¡Te gusta! — Fleur se oía muy emocionada — ¿Eso no es lo impogtante?
— Para nosotros los mortales, cariño — dijo Bill, señalándose y a Tonks — No nos funciona solo con eso. Tendríamos que ser White para que sea recíproco.
— Lo nuestgo lo fue — Fleur lo miró confundida.
— Y sigo preguntándome qué Felix Felicis bebí para merecerlo — respondió, besando la mejilla de Fleur que se sonrojó satisfecha. Tonks y White abuchearon, Tonks aprovechando para tomar algunas papitas del plato y lanzarlas a la cara de Bill, que atrapó una entre sus dientes — De todas formas — Bill tomó su vaso lleno de soda y lo llevó a sus labios, ladeando la cabeza — Siempre creí que Remus era...
— ¿Era? — preguntó Tonks, expectante ante el repentino silencio de Bill.
— No te quiero bajar de tu nube de amor, Dora — comentó Bill, acomodándose mejor. Fleur se enderezó, dejando al pobre pelirrojo bajo la atenta mirada de las tres mujeres. Eso incomodaría a cualquiera, por supuesto, así que no pudo evitar carraspear y sentirse más avergonzado — Pero no creía que estarías en el... bueno, en el mismo carril de Remus.
Se quedaron en silencio unos segundos, tanto que volvieron a llamar la atención del resto de clientes de la cafetería. Desde que llegaron no pararon la conversación.
— ¿Estás diciendo que Remus es gay? — White lo captó a la primera, sus labios abriéndose ligeramente de la impresión.
— ¿Lo es? — preguntó Fleur.
— ¿Lo es? — repitió Tonks, en un hilo de voz.
— ¡Es la impresión que tenía! — se defendió Bill, dándole un último trago a la soda.
La mesera se acercó a la mesa y preguntó si querían rellenar, recibiendo una respuesta positiva de los cuatro. La chica, tal vez de la edad de White, sonrió a Bill con especial coquetería, lo que se llevó de inmediato la atención enfurecida de Fleur. A White le preocupó un poco la pobre chica, Fleur podía ser muy amable, pero era una veela. Las veelas se caracterizaban por ser celosas, posesivas y territoriales, casi igualando a los hombres lobo. Bill, al notarlo, le acarició la mejilla a Fleur y le besó la sien, logrando que quitara su expresión al instante.
White no entendía en qué mundo o universo, Molly Weasley (o Ginny, según escuchó a Roselyn en verano, a Ginny tampoco le agradaba mucho Fleur), podía creer que esos dos no durarían para nada. A White, solo viéndolos mirarse de esa manera, le aseguró lo enamorados que estaban el uno del otro. Se alegró por su amigo, no era tonta para no saber que Bill nunca pudo olvidar a White completamente desde que eran adolescentes. Ahora había encontrado a una mujer que sí lo quería de la misma manera que él a ella y, la felicidad de ambos involucrados, era lo único por lo que White se preocupaba de esa relación.
— ¿Cómo que impresión? — Tonks insistió cuando los tortolos dejaron de mirarse, llevando a su boca una papita frita que mordisqueó con nerviosismo — ¿Qué impresión?
Bill arrugó el ceño.
— Es él — dijo Fleur de pronto. Bill, Tonks y White la miraron, confundidos por la realización repentina de la veela — Sí, el que siempge está junto a él. No el novio de White ¿cómo se llamaba? James. El, uhm... El que usaba esta camisa de una banda muggle dugante la geunión de la Ogden.
— ¿Sirius? — White parpadeó incrédula — ¿Creen que Remus es gay? ¿Y por mi hermano?
— En Grimmauld Place parecían tener algo, White — dijo Bill, asintiendo de acuerdo con su novia. White seguía sin procesarlo, y Tonks estaba cada vez más paniqueada.
— Espera, espera — White alzó su mano, dejando la taza de capuccino sobre la mesa — Sirius y Remus no están juntos. Se los digo porque prácticamente viven con nosotros. Además, James ya hubiera dicho algo, James no es nada discreto cuando se trata de esos dos...
— ¡Te digo que es mi impresión! — protestó Bill.
— ¡Tiene sentido! — concordó Fleur.
— Me enamoré del novio de mi tío — Tonks se lamentó, escondiendo el rostro tras sus manos y dejándose hundir en la silla — Oh, debería escribir un libro.
White se estiró y palmeó el hombro de Tonks.
— Si te sirve de consuelo — comenzó, quedándose sin ideas a mitad de la oración. Tonks la veía con ojos de esperanza. Si White le decía que no tenía nada que ofrecerle, se sentiría peor. Y como no le gustaba ver a su mejor amiga en ese estado, menos por un hombre, se encontró a si misma bromeando lo que siempre le recordó a Tonks como su mayor error adolescente — podrías ver esto como una señal, aceptar que te gustaba esa chica de Slytherin que Charlie tenía de compañera en Pociones y empezar una nueva vida en el lesbianismo.
— ¡Altair! — chilló Tonks, aún más avergonzada, intentando hacerse oír sobre las risotadas de Bill — ¡Ya te dije que no me gustaba esa chica!
— Tus sueños sexuales decían otra cosa.
— ¿Tenías sueños sexuales con la chica? — preguntó Fleur, encantada de conocer esa información. Bill siguió riéndose y Tonks negó apresuradamente, sus labios temblando como una clara indicación de su mentira— Siempge quise sabeg qué segía haceglo con una chica.
Bill se atragantó, lo que solo provocó que Tonks se sintiera un poco mejor y White casi se orinara encima de la risa.
— Lo que yo quiero que digas — cambió de tema Bill, ignorando completamente la repentina insinuación de su novia. Fleur no lo notó y solo se encogió de hombros, sonriendo de forma inocente. Oh, White ya sabía que salir con esa chica era la mejor decisión que habría tomado Bill en su vida entera — Es ¿Cómo sabes de los sueños sexuales de Dora?
— Me quedaba en los veranos con los Tonks, Bill — White se encogió de hombros — Y en esa habitación hacía mucho calor.
— ¡Altair! — volvió a protestar la metamorfomaga.
Tuvieron un buen rato, molestando un poco más a Tonks respecto al tema de la chica Slytherin de la que nunca aceptó gustar. Fue una noche tranquila, comparada al resto que estaban teniendo últimamente con la guerra. Los tiempos que vivían eran cada vez más oscuros y solo eran momentos como ese en los que estaban tan pacíficos, disfrutando de la compañía de todos sin detenerse a pensar que alguno de ellos podría estar trabajando para el lado contrario.
James, Remus y Sirius le habían advertido a White que, inevitablemente, llegaría el momento en que ya no podrían confiar ni en sus propias sombras. James se lo explicó a White más a fondo, contándole todo lo que sucedió entre Remus y Sirius a finales de la primera guerra mágica, porque ninguno de los dos podía estar en la misma habitación que el otro sin empezar a discutir o intentar hechizarse. James se vio muy trastornado diciéndolo, por lo que ella le creyó a la primera, no queriendo que se dejara hundir en esos pensamientos otra vez.
— Tendremos que volver a la Madriguera — dijo Bill, dejando unos cuantas libras para pagar la cuenta sobre la mesa. Fleur estaba arreglándose el cabello, despidiéndose de ella y Tonks con un beso en cada lado de la mejilla — Mamá está muy paranoica. No quiere ni que salgamos.
— Sinceramente — dijo Tonks, tomando lo que quedaba de su soda — con lo que sucedió con los chicos y el ministerio, no me sorprende la actitud de Molly.
— Ron le dejó muy en claro en verano que seguiría arriesgando la vida por Harry si era necesario — Bill se estremeció, que a su hermano menor le resultara tan fácil decidir que llegaría el momento en que moriría por permanecer con su mejor amigo lo tenía bastante perturbado — Él y Hermione. Ginny tampoco se lo está dejando fácil.
White bebió del capuccino. Esto de tener hijos sonaba demasiado difícil. Por esto es que ella no quería ser madre, nunca.
— ¿También te vas? — preguntó, mirando a Tonks.
Ella asintió.
— Mamá está como Molly — anunció, sacudiendo la cabeza — Papá la puede calmar, pero no siempre. Me hizo prometer que volvería temprano.
— Bah — White bufó — parecemos adolescentes con toques de queda. Pensé que esa etapa quedaría atrás.
— Familia, Altair — dijo Tonks, sacudiendo la cabeza — Nos preocupamos a extremos por la familia.
Tonks siguió el camino de Bill y Fleur, dejando a White sola, con los vasos vacíos y la mitad de las papas fritas. Se llevó una a la boca, decidiendo que rompería su estricta dieta por una noche. Le rugía el estómago, debería ingerir un poco de comida. Se preguntó si aún quedarían hamburguesas o los de la mesa de las esquina se las comieron todas.
— White Black.
White se estremeció, girándose alerta y encontrando con unos encendidos ojos verdes que le generaron desconfianza. Lily Evans se hallaba de pie frente a ella, con ropa muggle. A White le dió la impresión que a ella no le preocupaba en absoluto su aspecto, porque seguía pareciendo como si hubiera tomado lo primero que vio en el armario, al igual que esa vez que provocó que James casi matara a White.
Frunció el ceño.
— ¿Te escapaste del manicomio? — ironizó.
— Eres igual a Black — decidió Lily, con desagrado. Ocupó el asiento en el que minutos antes estaba Fleur y la miró fijamente, esperando alguna reacción. White prefirió ignorarla, comiendo las papitas.
El silencio fue tan incómodo y largo que White comenzó a removerse nerviosa.
— Mira, tengo hambre y quiero una hamburguesa — decidió, llamando la atención de la mesera. Lily la miró pedir la orden, confundida de la normalidad y aburrimiento con el que estaba manejando la situación — ¿Quieres una? Aprovecha que estoy de buenas — Lily negó — Hamburguesa doble y papas. Y soda dietética, gracias. Por Salazar — masculló, viendo a la mesera alejarse — me dará algo luego de tanto capuccino.
— Me sorprende que dejen salir a las niñas pequeñas tan tarde.
— Sí, a mi no me sorprende que estés rondando por aquí — White entrecerró los ojos — a las 10 salen los locos.
Lily la miró con más desagrado del de antes.
— Parece que soy la única adulta aquí — comentó, dejando caer su mano contra la mesa. White se mordió la lengua para no soltar un comentario sarcástico y aguardó — Quiero ver a Roselyn.
— ¿Y a Harry no?
— No — Lily parpadeó, se veía muy dolida de repente — Harry... Él nunca quiere verme.
— Me preguntó por qué — escupió.
Lily la ignoró, perdida en sus pensamientos como estaba. White volvió a removerse, teniendo presente la discusión que tuvo con James. Lily escogió un extremo respecto a protegerlos, pero White podía entender la razón. Lo único que ella realmente había querido era mantenerlos a salvo, y si eso significaba ponerlos en una piña debajo del mar, Lily estaba muy dispuesta a hacerlo.
Extremista, pero entendible.
White definitivamente debe dejar de sentir compasión por las personas. ¿En qué momento cambió tanto?
La voz de Galatea se burló en su mente. Por supuesto, se enamoró de James Potter. Esperó que solo fuera su imaginación y Galatea no estuviera realmente en su mente, eso sería aterrador. Pero si lo estaba... ¿Podía verla recordando la vez que folló con James en la cocina? White sonrió ante la perspectiva, Galatea le debía muchas explicaciones respecto a su recuerdo perdido y si podía molestarla un poco al rememorar la sensación que le dejaba la lengua de su novio recorriendo toda su parte íntima, mejor, White ganaba puntos con eso.
— White — Lily chasqueó los dedos frente a su cara.
— Ah — White sacudió la cabeza — ¿Qué decías?
Lily rodó los ojos.
— Necesito que me ayudes a ver a Roselyn — pidió, sus manos temblando. White notó que sus ojos verdes se veían muy tristes — Quiero explicarle porqué no fui a King Cross. James no me dejará hacerlo si se lo pido a él.
— ¿No te has detenido a pensar que James tal vez no quiera que Roselyn sepa que su mami no está haciendo nada para que le permita pasar tiempo con ella? — ironizó White, arrugando la nariz.
— No lo entiendes — Lily suspiró, comenzando a verse derrotada — Ninguno me cree. Pensé que Remus al menos lo intentaría, pero no. Las medicinas no funcionan.
White tuvo la sensación de que Lily estaba diciendo la verdad.
Solo por eso, accedió a dejarla hablar con Roselyn. Hacía días le dijo a James que quería llevar a Roselyn a un spa, su último y desesperado intento de llevarse mejor, de dejarla que la conociera y viera que en realidad White no estaba allí para reemplazar a nadie. Sabía lo que Roselyn sentía respecto a su relación con James y no la culpaba, por eso hacía sus esfuerzos por ganarse a la niña. Quería que esto funcionara como no había querido algo antes y eso involucraba a Harry y Roselyn.
Al día siguiente, fue ella quien los fue a buscar en King Cross.
— ¡Hola, Rose, nena! — la saludó White cuando la vio bajar del tren al andén 9¾. White estaba vestida de invierno y tenía una expresión de entusiasmo gigante en el rostro. Roselyn se veía algo desconcertada, pero le regaló una sonrisa y se quitó un mechón de cabello de la cara — Cómo fue... ¿¡Qué te ocurrió ahí!?
Roselyn se tocó el rostro. White miraba boquiabierta el acné que tenía en la frente. No había visto algo tan feo en años, y se sintió mal porque Roselyn lo estaba pasando. El acné era una maldición.
— La suerte Potter me odia — declaró, algo cohibida.
White chasqueó la lengua.
— Necesitamos sacar esa cosa de ahí enseguida — decidió, cruzándose de brazos — Tengo unas mascarillas y cremas increíbles contra el acné y los poros abiertos. Te encantará. El efecto tarda más que las pociones, pero te dejan la piel suavecita y como de bebé.
— ¿Tú... qué? — parpadeó incrédula.
— Las conseguí cuando tuve mi primer brote de acné — explicó, haciendo un ademán de mano para quitarle importancia.
— ¿A ti te salía acné?
— A todos nos sale acné, Rose.
— A Harry no — refunfuñó, colocando los ojos en blanco.
— Eso es porque los Potter hombre tienen piel perfecta — White se rió divertida — Lo comprobé con James.
— ¿Y por qué no le puede suceder a las mujeres?
— Porque nos llega la menstruación — colocó una mueca, sacudiendo la cabeza — Y es más normal de lo que crees tener un brote de acné antes del período del mes ¡Pero! Tengo dos entradas a un spa con descuento de un cincuenta por ciento y creí que podríamos ir juntas.
— ¿Usas descuentos?
— Tu padre y yo vimos los asuntos financieros en casa y me recortó el presupuesto de mis tratamientos de belleza — White rodó lo ojos — Y somos ricos. Sé que Atenea le dijo que lo hiciera, ella dice que nunca los necesité. Pero ¿Tú ves esta cara? — señaló su rostro, viéndose escéptica — Por supuesto que los necesito.
— Lo dudo — murmuró Roselyn.
White fingió no escucharla.
— ¿Dónde está Harry? — estiró un poco el cuello, buscando a su hermano entre la multitud.
— Creo que está despidiéndose de Morrigan — informó Roselyn, rascándose la nuca con nerviosismo.
— Morrigan pasará vacaciones en casa — dijo White, extrañada. William había interrumpido su revolcón con James anoche para pedirles que cuidaran de Morrigan, porque tendría que salir del país por unos días para hacer White no sabía qué y no volvería hasta que empezara el curso escolar otra vez. Roselyn parpadeó sorprendida. White negó sonriendo al entenderlo— Esos niños de hoy en día, me llenan de orgullo.
— ¿A qué te refieres?
— Si te digo, James me dejará en abstinencia.
— ¿Qué es la abstinencia?
— ¿Qué le estás diciendo a Rose, White? — preguntó Harry, que acababa de llegar junto a ellas con uno de sus brazos alrededor de la cintura de Morrigan, que se mordía el labio para no reírse. — ¿Sabes qué? Mejor no me digas. No me quiero traumar también.
El viaje a casa no tuvo demasiado complicaciones, White los llevó en el preciado auto de James hasta Wiltshire. Colocó la radio y dejó que escucharan lo que llamó como el arte de Spice Girls, una canción divertida de la que Bill se quejaba porque no tenía sentido, pero de igual manera, ella, Morrigan, Roselyn y Harry berrearon la letra todo el camino.
Los problemas no llegaron hasta que fueron al spa, dos días después del regreso de los chicos de Hogwarts.
— ¿Papá no te recortó el presupuesto? — preguntó Roselyn, con la boca abierta al ver el precio de la ropa. White la había convencido de renovar el armario, y luego del spa y las mascarillas, la arrastró al centro comercial con ella.
— Quiero a James, Rose, pero nadie, nadie — recalcó, entrecerrando los ojos — me recorta a mí el presupuesto de compras. Además, tengo mis ahorros.
— ¿Cómo es que te manejas tan bien en el mundo muggle?
— Fui a un campamento hippie cuando tenía 16 — narró, colocando un vestido frente a Roselyn y dejando que se observara al espejo — allí me encontré a alguien que me enseñó la vida loca y desenfrenada de la adolescencia.
— ¿Quién era?
— Mi profesor de Estudios Muggles — se rió, sin darle importancia a la mirada incrédula que le daba Roselyn. — Vamos, pagaremos porque hay otra cosa qué hacer.
— ¿Otra?
White le guiñó el ojo.
Su caminata por el centro comercial se desvió un poco. Lily le había dicho que estaría en la plaza esperándolas. White se replanteó dar media vuelta y volver a Potter Manor antes de ponerse de cabeza en la línea de fuego entre su novio y la loca.
— Oye, White — llamó Roselyn, cargada de bolsas — ¿Qué sabes de Armarios Evanescentes?
La voz de la niña le recordó la razón de lo que estaba haciendo. Lily era importante para Roselyn, sin importar cuánto quisiera White simplemente advertirle que la mujer estaba loca y no lograba nada mendigando el amor de alguien que, era claro, necesitaba más ayuda de la que recibía.
— ¿Armarios Evanescentes? — repitió, distraída. Sus ojos grises seguían buscando a Lily — Se requieren dos para formar un pasaje y aparecerse en distintos lugares. Se usaron bastante durante la guerra contra Grindelwald. Esa guerra fue más por supremacía a los muggles que supremacía de sangre, pero estaban a disposición de mestizos e hijos de muggles si pasaba que quisieran tomar represalias por sus antepasados. ¿Por qué?
— Tengo un amigo — Roselyn arrugó la nariz — Él... podría estar necesitando estos armarios. Porque la guerra es horrible, ya sabes — se rió nerviosamente, aunque White no estaba del todo prestándole atención — Pero uno está dañado y necesita arreglarlo.
— ¿Puedes recordarme esta conversación después, Rose?
— ¿A qué te refieres?
— Hola, Roselyn.
Roselyn se quedó de piedra al escuchar esa voz. Habían llegado a la plaza del centro comercial, no muy concurrida a esa hora y gracias al clima que quitaba el encanto del lugar. Frente a ellas, vestida de muggle y sonriéndole maternalmente, se encontraba Lily Evans, los intensos ojos verdes llenos de lágrimas al mirar a Roselyn a la cara.
— Mamá... — balbuceó.
White soltó un suspiro de irritación. Ya no podía dar vuelta atrás. Acababa de meterse en la boca del león. Esperaba que James la perdonara si llegaba a enterarse.
— Agradece, Evans, que sé que Rose quería verte — casi escupió, enfurecida con Lily, consigo misma y con los malditos medicamentos que al parecer no estaban funcionado. Todo sería más fácil si James viera avances en Lily y le permitiera ver a Roselyn, y no hacer que White traicione la confianza de su novio como lo estaba haciendo — James no quiere que te les acerques luego de que no aparecieras en King Cross.
— No me sorprende, White — dijo su madre, analizándola de pies a cabeza — Él no piensa las cosas desde que está contigo. Dejar a Roselyn a cargo de una niña tan irresponsable en estos tiempos...
White se mantuvo en su lugar. La consciencia estaba carcomiéndola. Irresponsable, por supuesto que era una irresponsable. Lily Evans estaba fuera de sus cabales, ella misma la vio en uno de sus arranques. Joder, James la iba a odiar.
— Soy más mujer que tú — declaró, sin titubear. Por dentro, solo quería sentirse un poco mejor. Por dentro, White tenía una batalla interna entre soltar las bolsas y desaparecerse de allí o simplemente dejar a Roselyn tener la conversación que quería con Lily. Roselyn le colocó una mano sobre el antebrazo. White suspiró y le quitó las bolsas, tratando de sonreírle con confianza — Iré a comprar algo de chocolate. La tienda de la esquina en diagonal a tu derecha. Las dejaré solas, para que hablen o lo que sea— miró a su madre de nuevo — Te daré 10 minutos y eso es más de lo que mereces, Evans.
White se alejó, sus manos temblando y una sensación de opresión en el pecho, lanzando un hechizo de protección y repelente muggle sobre ambas.
Este día no debía ser así. Debía ser muy diferente. Completamente diferente. James realmente la odiaría, y tenía todas las razones para hacerlo, porque White acababa de traicionar la confianza que le tenía. Su deseo era mantener a Lily alejada de sus hijos mientras no estuviera bien, y White hizo exactamente lo contrario.
Le dieron ganas de llorar.
Estaba haciendo la fila para el chocolate cuando lo escuchó.
— Mamá, suéltame, por favor.
Dejó de inmediato su lugar y corrió hacía ambas. Lily tenía su mano encima del brazo de Roselyn y la niña parecía a punto de hiperventilar.
White le colocó la punta de la varita bajo el mentón a Lily, logrando que soltara a Roselyn de inmediato. Roselyn retrocedió, y White se colocó frente a ella, sin alejar su varita del rostro de Lily.
— Puse un encanto protector y repelente muggle cuando las dejé aquí — dijo White, oyéndose más seria de lo que pensó alguna vez — Recoge las bolsas, Rose. Nos vamos ya.
— Déjame salvarla — sollozó Lily, se veía desesperada. — ¡No sabes lo que vendrá, White! ¡Ninguno está a salvo!
— Rose, ya toma las bolsas.
White la agarró del brazo y comenzó a caminar, alejándola de la plaza. White ignoró todo, incluso el llanto de Lily en medio de todos los muggles, que ya la notaban allí y la veían, sin saber lo que ocurría.
Ella y Roselyn no hablaron hasta que estacionaron en la entrada de Potter Manor. White fruncía el ceño preocupada.
— Lamento que hayas tenido que verla así — se disculpó, apagando el motor. Roselyn no la miró — James no quería que la vieran por eso. Yo... Ella me contactó hace unos días y quería hablar contigo, dijo que se disculparía porque no fue a despedirte en King Cross. Aproveché que ya le había dicho a tu padre que quería llevarte al spa para que pudieras hablarle. No pensé que se saliera de control...
Roselyn la miró. White enterró el rostro en las manos y se apoyó al volante.
— Soy un desastre en esto — susurró — Lo siento, Roselyn.
— Hoy fue un día genial, White — trató de sonreír — Nunca tuve un día de chicas antes.
White le sonrió. Ella llamó el día como día de chicas antes de partir.
— Tengo un par de libros de los Armarios Evanescentes, en alguno de esos debe haber la manera de repararlo — comentó, abriendo la puerta del auto — Hay que entrar, James tendrá la cena lista.
Decirlo le dejó un mal sabor de boca, sin poder borrar el pensamiento incluso cuando James ya comenzaba a notar que algo sucedía, mirándola sin entender la razón de su silencio durante la cena, respondiendo con monosílabas, sonrisas fingidas y asentimientos a cada pregunta que Harry y Morrigan le hacían.
Estaba a punto de irse a la cama cuando James entró a la habitación como un huracán.
White estaba segura de que la temperatura subió. Él no solo estaba molesto, estaba furioso. Y esa furia que destellaba entre el avellana natural y el azul de las mismísimas llamas del diablo, era dirigida a White.
— ¿Llevaste a Roselyn con Lily?
Sí, estaba jodida.
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