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BETH

Algunos días después llegó el momento de asistir al baile de fin de curso. Tyler pasó a recogerme a casa; al entrar, saludó a mis padres y ellos no perdieron la oportunidad de tomarnos fotos con la cámara. A mi parecer, él les caía muy bien porque lo recibieron con mucha amabilidad.

Nos fuimos en su auto y, de camino al baile, estuvimos conversando acerca de la primera noche que nos conocimos. Ese primer encuentro, para ser exactos, fue en el baile con temática de invierno. Tyler también me habló de que estaría pendiente de mí cuando comenzáramos el primer curso de la universidad. Ambos sabíamos que no sería fácil seguir saliendo y viéndonos porque viviríamos en lugares diferentes y asistiríamos a universidades distintas, pero yo tenía claro que quería seguir con él a pesar de la distancia y sabía que Tyler también deseaba estar conmigo.

Una vez que llegamos, Tyler aparcó el auto en el área de estacionamiento. Mientras examinaba mi maquillaje en el espejo retrovisor, él se bajó del auto y fue a abrirme la puerta como todo un caballero. Cuando me tendió su mano, yo le di la mía y bajé del auto sintiéndome como una verdadera princesa. Sonreí y me sonrojé cuando me dijo que estaba preciosa con ese vestido.

Le rodeé el brazo con delicadeza y él colocó el suyo alrededor de mi cintura. Nos adentramos en el salón de baile luciendo como una verdadera pareja. Muchas miradas se posaron sobre nosotros al vernos entrar con tanta elegancia, sujetos el uno del otro, indudablemente cercanos.

El reluciente salón de baile estaba bañado por luces que se desplazaban de un lado a otro. Había adornos dorados que colgaban de las paredes y grandiosos ramos florales que decoraban todos los espacios libres. El lugar estaba repleto de estudiantes que formaban parte de nuestra generación; también vi a algunos profesores, al director de la academia y a algunas personas desconocidas que acompañaban a los recién graduados. Entre la multitud, logré localizar a Melissa, quien no me sorprendió que tuviera los brazos entrelazados tras el cuello de Max.

Ellos comenzaron a salir el mes anterior y ahora eran novios. Me sentía muy feliz por ellos, porque su amor se había ido fortaleciendo poco a poco hasta haberles hecho imposible seguir ocultando que se querían.

A los ojos de los demás, era algo impresionante que estuvieran juntos, porque en tres años de conocerse, nadie habría sospechado que se habían enamorado en secreto. No dudaba que lo de ellos dos era real, sobre todo después de haber presenciado con mis propios ojos que no soportaban siquiera verse. Verlos juntos como pareja era la demostración perfecta de que se puede sentir amor por las personas que menos esperamos.

Cuando los veía, me invadía una nostalgia profunda que me era imposible reprimir. Sabía que ese sentimiento indefinido se debía a que ellos eran todo lo que Asher y yo nunca pudimos ser, y me destruía darme cuenta de que nunca tuvimos la oportunidad de amarnos. La amistad que tuvimos desde niños era inalterable y especial, y tenía claro desde lo más profundo de mi corazón que jamás querría perder esa conexión que nos mantenía enlazados a la vida del otro. Pero también sentía melancolía porque la misma amistad que nos unía siempre sería un impedimento para estar juntos.

Tuve que luchar contra la parte más sensible de mis emociones para desprenderme de esa revolución de sentimientos. Cuando me sentí más centrada, le dije a Tyler que fuéramos a saludarlos.

Cuando llegamos con ellos, se quedaron anonadados al vernos tan próximos. Ellos dos llevaban semanas sospechando que les ocultábamos nuestro noviazgo, pero la verdad era que Tyler todavía no me había pedido que fuéramos una pareja formal. Si hubiera sido elección suya, probablemente me lo habría preguntado desde hacía tiempo, pero sabía que se abstenía solamente porque yo le había pedido que nos conociéramos sin prisa.

Tras saludarnos, nos dirigimos juntos a la mesa de aperitivos y bebidas. Todos tomamos copas de sangría y nos sumergimos en una entretenida conversación. Pasamos un gran rato riéndonos, bromeando y comentando sobre lo que haríamos ahora que cada uno había decidido estudiar una carrera.

Llegado cierto momento, le pregunté a Max si sabía algo de Asher, quien hasta el momento permanecía ausente. Su amigo me dijo que él le había asegurado que vendría, lo convenció después de haberle estado insistiendo toda la semana para que no se perdiera esa celebración que solo ocurriría una vez en su vida.

La curiosidad fue más fuerte que yo y, sin darme cuenta, le terminé preguntando si Asher vendría con alguien. Él me dijo que había visto a distintas chicas pidiéndole que fuera su pareja, pero que él rechazó sus peticiones en cada una de las ocasiones. En mi mente se desató un mar de dudas en el que me disolví mientras avanzaba la noche.

Salí a bailar a la pista en un par de ocasiones, me reí con mis amigos y disfruté del enérgico entusiasmo que nos envolvía. Era la gran fiesta de graduación que toda la generación llevaba meses esperando, así que, por primera vez, me permití divertirme como nunca. Sin embargo, dentro de mí permanecía un vacío profundo que no se podría llenar hasta ver aparecer al chico que enloquecía mis latidos con solo una mirada.

Cuando lo vi llegar, ya había perdido la esperanza de que apareciera. Mis ojos examinaron hasta el último detalle de su aspecto: llevaba un esmoquin azul que se ajustaba adecuadamente a su imponente figura; además, se había peinado el cabello hacia atrás y las facciones de su rostro destacaban bajo las sombras que proporcionaba la luz de los reflectores. Bajo aquella colorida iluminación, vi centellear sus ojos pálidos y los vi traslucir con el efecto y la intensidad de un diamante a contraluz. Quedé hipnotizada cuando lo observé acercarse.

A pesar de que el salón estaba repleto de una multitud de gente, yo solamente pude enfocarlo a él y vi desvanecerse todo lo que nos rodeaba. A los pocos segundos, solamente pude escuchar el ruido de sus pasos firmes y decididos. Dentro de mí vibró el ritmo acelerado de la música y pude oír a la distancia la melodía que sonaba, pero no escuché voces ni vi nada más allá de él.

Saludó a todos cuando llegó a nuestro lado. Me dio la impresión de que Max le dijo algo cuando se le acercó y le dio en la espalda una de esas palmadas varoniles que solamente comprenden los chicos. Tyler lo miró con mucha atención y, apenas sus miradas se encontraron, el ambiente se sumió en una espesa neblina de tensión.

Asher se separó de Max con la intención de acercarse a saludarme, pero se detuvo cuando Tyler me rodeó los hombros con su brazo y me atrajo hacia su costado. Mi amigo le dirigió una expresión seria que simulaba ser agradable y luego se volvió para decirle algo a su amigo Max.

Mientras la fiesta se fundía con el anochecer, Asher y yo nos seguimos dirigiendo miradas fugaces, intercambiando ligeras sonrisas que decían más de lo que podíamos expresar con palabras. Era una buena manera de comunicarnos, compartiendo nuestras emociones a través de miradas fugaces y discretas.

En cuanto Tyler se separó de mí para ir a buscar algo de beber, Asher aprovechó su descuido para acercarse y hablarme con su irresistible voz ronca.

—¿Te gustaría que bailáramos esta pieza juntos? —preguntó apresuradamente.

Se le veía impaciente, como si tuviera el presentimiento de que esa era la única oportunidad de estar juntos y solos por dos pequeños minutos.

Al agudizar el oído, logré reconocer la canción que sonaba en las bocinas; era la misma que bailamos meses atrás en su habitación. Nunca olvidaría la melodía con la que tuvimos nuestro primer baile.

—Tyler querrá que bailemos cuando regrese y... —intenté excusarme.

—Beth, no te estoy preguntando qué es lo que Tyler quiere, sino si a ti te gustaría bailar.

Su tono sonó tenso, pero suave. Me dirigió una expresión abatida, dándome a entender que si no me decidía se acabaría el tiempo y se esfumaría esa oportunidad. Ambos sabíamos que con Tyler de por medio no podríamos estar cerca.

—Es nuestra graduación, me gustaría llevarme un bonito recuerdo de nosotros, así que te pido que lo reconsideres y vengas conmigo —una sonrisa anhelante apareció en su rostro. A continuación, extendió su mano y tomó la mía con delicadeza—. Bailemos por el tiempo perdido, una última vez.

Mis ojos se perdieron en los suyos, tan profundos y brillantes como el universo y las constelaciones. No pude ocultar mi sonrisa cuando aferré mi mano a la suya y mis ojos reflejaron todo el cariño que le tenía.

Avanzamos juntos hacia la pista de baile y nos detuvimos cerca del escenario brillante en el que más tarde se anunciarían al rey y la reina del baile. Me volví hacia él y le pasé los brazos alrededor del cuello, uniendo mis manos en su nuca. Asher envolvió sus brazos en mi cintura e inclinó su cabeza para apoyar su frente contra la mía. Sus ojos azules traspasaron los míos. Nos miramos directo al alma y comenzamos a bailar al ritmo lento y suave de la melodía.

Nuestro baile no era romántico, pero, visto desde fuera, debió ser conmovedor para cualquier espectador, porque el acercamiento de mi cuerpo al suyo, la conexión de miradas, las expresiones de nuestros rostros, nada de eso era común entre amigos. Pero para mí, ninguna opinión importaba, porque lo quería de forma incondicional y lo adoraba por ser quien era, así de imperfecto e incomprensible, así de encantador y amoroso.

—Recordaré este momento cuando me vaya —susurré con suavidad.

—Y yo te extrañaré cada segundo, Bethy —confesó en un murmullo suave que me acarició la piel de la mejilla.

Ninguno de los dos pudo soportarlo, terminamos desviando nuestras miradas y, sin darnos cuenta, acabamos abrazados, dando vueltas con movimientos lentos, aferrados a los brazos del otro como si esa fuera nuestra última noche juntos.

Apoyé mi cabeza en su pecho y él hundió el rostro junto a mi sien. Noté que inspiraba profundamente el aroma de mi cabello; después sentí sus manos subir por mi espalda hasta quedar suspendidas en mi nuca, con sus dedos enredados en los mechones más largos de mi cabello. Su aliento caliente acarició mi oído cuando respiró hondo y me sujetó con todo el anhelo que guardaba su alma dentro.

—No quiero volver a soltarte nunca, Beth, porque cuando lo haga, te irás y me dejarás, y junto a mí... ya no estarás.

Sabía que trataba de transmitirme un mensaje importante con sus palabras, porque en ellas expresaba lo que más lo atormentaba y agobiaba. Me di cuenta de algo que aceleró los latidos de mi corazón. Fue como si el tiempo se detuviera allí, estando entre sus brazos, porque finalmente entendí que yo tenía su corazón y su alma, y que su amor incondicional hacia mí lo era todo para él. Al irme, dejaría un gran vacío en su vida, y ni una pequeña parte de mí deseaba dañarlo.

Él me amaba, claro que me amaba, pero su amor iba mucho más allá de los sentimientos y de sus pensamientos. No era solo atracción, compatibilidad y química; era un amor puro que vivía como una esencia permanente y formaba parte de su alma.

Me puse de puntillas y lo sujeté más fuerte, hundiendo los dedos en su cabello suave y rizado. Él apoyó su mentón en mi cuello y yo cerré los ojos al oír su voz ronca y profunda junto a mi oído.

—Recuerda que te quiero, aunque no esté contigo, tenlo muy presente.

Mi corazón quería gritar que lo amaba con locura, que todo de él enloquecía mis sentidos. Habría estado dispuesta a todo por estar con él, pero ya todo era diferente; tenía claro que nos queríamos de maneras muy distintas, por eso no iba a ilusionarme de nuevo. No podía quedarme, no podía arriesgarme a perderlo, mi corazón no lo soportaría.

—Tú tampoco olvides que te quiero —murmuré tan cerca de su cuello que mis labios acariciaron su pálida piel.

Su cuerpo se estremeció y su respiración se detuvo, pero lo suyo no fue nada comparado a lo que sentí yo, porque un cosquilleo se quedó en mis labios, el corazón me latió muy fuerte y mi alma no solo se estremeció, se iluminó e hizo brillar al universo entero con el sentimiento más cálido que existe: el de un amor sincero y verdadero.

****

Cuando se hizo tarde, decidimos que ya era hora de irnos. Salimos los cinco juntos del gran salón de fiestas, llegamos al aparcamiento y nos detuvimos en una zona despejada mientras nos despedíamos.

—Lo he pasado increíble con todos ustedes, espero que esta no sea la única ocasión en que nos reunamos —comentó Max, enérgico.

Todos sonreímos, nos reímos y quedamos en reunirnos siempre que todos estuviéramos disponibles. Mi amiga y yo nos dimos un abrazo amistoso cuando nos despedimos.

Max y Mel acababan de marcharse; todavía distinguía a la distancia las luces del auto que Max conducía cuando el timbre de un celular me hizo volver la atención hacia los chicos que mantenían una conversación en voz baja.

—Disculpen, mi madre me está llamando, tengo que contestar —dijo él antes de separar su mano de la mía y alejarse un par de pasos más allá de nosotros.

Lo observé mientras se llevaba el celular al oído para atender la llamada. Me mordí el labio inferior al darme cuenta de que me había quedado sola con Asher por primera vez en toda la noche, sin tomar en cuenta la pieza de baile que compartimos a escondidas de nuestros amigos y de Tyler.

—No había podido decírtelo, pero quiero que sepas que me gusta cómo te ves; esta noche luces maravillosa con ese vestido —expresó Asher al tiempo que se paraba delante de mí, dejando a Tyler fuera de mi vista.

Una leve sonrisa curvó las comisuras de mis labios.

—Muchas gracias —detecté muy tarde el rubor en mis mejillas—. Me halaga que me digas esto.

Asher metió las manos en los bolsillos de su pantalón oscuro y permaneció impasible mientras sus pupilas profundizaban en las mías.

—Realmente te ves muy hermosa —el tono de su voz fue dulce—. ¿Sabes? Es un poco desalentador no ser el único que se haya fijado en ese detalle. Seguramente tu cita de esta noche fue el primero en quedar hipnotizado con tu encanto.

—¿Encanto? —mis cejas se arquearon mientras reprimía una sonrisa—. ¿Te parece que luzco encantadora?

Repentinamente, Asher acortó el espacio que nos separaba, sonrió y, mirándome fijamente, dijo:

—Me parece que toda tú eres un encanto de mujer —expresó con su voz ronca y profunda.

Su comentario logró voltear mis emociones de cabeza. Su mirada atenta y dulce aceleró los latidos de mi corazón, y su voz sincera y clara resonó en lo más hondo de mi ser.

Esa era la primera vez que veía un brillo diferente en sus pupilas. Me invadió la sensación de que se había quebrado la barrera entre nosotros y, justo allí, en medio de ese cielo nocturno plagado de estrellas lejanas, me estaba mirando con un anhelo y una intensidad que me traspasaban la piel.

«Todavía te sigo amando, nunca he dejado de amarte», quise decirle en ese preciso instante, pero no me atreví, ya que me aterraba hacerme ilusiones de nuevo con algo que no podía suceder.

—Linda, perdóname por la demora, era muy importante que hablara con mi mamá.

Tyler apareció de la nada y se interpuso entre nosotros como un muro infranqueable e indestructible.

—No pasa nada —le dirigí una expresión tranquilizadora. Al fijarme en su semblante neutral, me pareció inevitable no sentirme preocupada—. ¿Está todo bien?

—No ocurre nada grave, solo que sucedió algo inesperado... mi madre dice que los hombres de la empresa fueron a casa a buscar a mi padre por el asunto del préstamo. La he notado intranquila y preocupada porque ellos le dijeron que hasta no hablar con él, no piensan irse —un resoplido pesado escapó de sus labios—. Tengo que ir a buscarlo a la agencia ya mismo para resolver todo este asunto.

Le coloqué las manos en los hombros y le acaricié la nuca con los dedos, haciendo caricias delicadas sobre su piel. Percibía su nerviosismo y la tensión de su cuerpo. Sabía que la preocupación no lo abandonaría hasta haber solucionado el problema.

—Tranquilízate, todo va a salir bien, verás que sí —le sonreí y me puse de puntillas para depositar un delicado beso en su mejilla—. Ve a buscar a tu padre, no te preocupes por mí. —Cruzamos miradas y sentí que por dentro me recorría un choque emocional—. Asher está aquí, él puede acompañarme a casa. Te enviaré un mensaje cuando llegue para que estés tranquilo.

—No quiero dejarte, Eli —dijo, sonando afectado. Sentí la suave presión de sus manos cuando las colocó sobre mis mejillas—. Les prometí a tus padres que te llevaría. No quiero fallar; esta es la primera impresión que tendrán de mí.

Inspiré hondo para mantenerme calmada.

—Ellos comprenderán que debías encargarte de algo importante. Yo estaré bien, de verdad. El que me preocupa eres tú, y no voy a sentirme tranquila hasta que la situación se resuelva.

Tyler me dirigió una mirada indescriptible antes de mirar por encima de mi hombro al chico que esperaba que tomáramos una decisión. Sus ojos regresaron a los míos casi de inmediato.

—Está bien, linda.

Tyler me acarició la mejilla con uno de sus dedos. Yo cerré los ojos instintivamente y aprecié su caricia como una promesa de confianza.

—Me iré solamente porque confío en que estarás en buenas manos —le echó un fugaz vistazo a la silueta de Asher—. Tan pronto como llegue a casa, te mantendré al tanto de todo.

—Vale —asentí con suavidad.

Él clavó sus ojos azules en los míos y apoyó su frente contra la mía sin romper el contacto visual.

—¿Te he dicho ya que por motivos como este es que te quiero tanto? Siempre piensas en el bienestar de los demás y buscas soluciones para ayudar.

—No puedo evitarlo, simplemente soy así.

—Y me encanta cómo eres.

La cabeza me dio vueltas cuando su fragancia impregnó el aire que nos rodeaba. De pronto, lo sentí inclinarse y percibí su aliento cálido rozándome los labios.

Como si hubiera imaginado lo que estaba a punto de suceder, Asher intervino antes de que pudiéramos besarnos.

—Todo estará bien, Tyler —le oí decir a nuestro lado—. Cuidaré bien de ella, lo prometo.

Tyler se separó de mí y enfocó su mirada inexpresiva en Asher.

—Sé que lo harás.

Apartó la vista de él como si le desagradara tener que intercambiar palabras.

—Ya me tengo que ir —me dijo, justo antes de entrelazar sus brazos alrededor de mi cuerpo para abrazarme. Correspondí a su abrazo, posando con suavidad mis manos en su espalda.

Al cabo de varios segundos, nos separamos. Se despidió diciéndome que me llamaría, y lo vi alejarse por la acera en dirección a su coche.

—He aparcado el auto en esa dirección —dijo Asher a mi espalda.

Me volví y vi que apuntaba en una dirección distinta a la que Tyler se había dirigido.

—¿Vamos? —inquirió con seriedad.

Lo miré con los nervios a flor de piel y di un paso hacia adelante, luchando contra las olas de emociones que me atravesaban el pecho. Únicamente conseguí decirle:

—Vamos.

****

De camino a casa no dijimos nada; pasamos más de media hora sin cruzar palabras ni miradas. Yo estaba sumida en la oscuridad de la noche, contemplando la luna a través de la ventanilla, mientras en la radio del auto sonaba una canción instrumental.

En un momento dado, cuando las gotas de lluvia comenzaron a repiquetear en el parabrisas y en las ventanillas del auto, él rompió ese sepulcral silencio.

—¿Está todo bien entre ustedes?

No me atreví a ladear la cabeza. Asentí distraídamente, con los ojos fijos en el camino.

—Estamos bien, ¿por qué lo preguntas?

—No, por nada. Es que cuando se estaban despidiendo, me ha parecido que me estaba perdiendo de algo, no sé —encogió los hombros sin despegar los ojos de la carretera—. ¿Su familia tiene problemas financieros?

Su cuestionamiento me dejó desconcertada.

—Puede parecer que es así, pero no es verdad; sus padres están pasando por una complicación financiera en su empresa, pero no es nada que no tenga arreglo.

—Oh, ya entiendo.

Los dos volvimos a quedarnos callados y nos sumergimos en un silencio pesado. Me sentí un poco más tranquila cuando Asher giró el auto hacia la desviación que conducía a nuestro vecindario. Ya faltaba poco para llegar a casa y yo necesitaba bajarme de allí con urgencia antes de soltar algo que él no tenía que escuchar.

Él se aclaró la garganta y tomó una bocanada de aire antes de decirme:

—Beth, respecto a lo del otro día, me preguntaba si podíamos aclarar lo que pasó.

—No comprendo a qué te refieres —me mordí el labio inferior y una oleada de nervios me invadió el cuerpo.

—Yo creo que sí lo sabes, pero quieres evitar esta conversación —expresó él, muy convencido de su afirmación.

—Siendo honesta, no le encuentro sentido a hablar de algo que no significó nada.

Crucé los brazos sobre mi pecho sintiendo el repentino deseo de volverme invisible.

—Dime la verdad, ¿por qué no quieres hablar de lo que sucedió en el centro comercial? No podemos fingir que no estuvo a punto de pasar algo, Beth, y creo que no hay duda de que los dos sentimos lo mismo.

—No tiene sentido hablarlo, ya no —dije yo, esquivando su mirada.

Asher puso los ojos en blanco y luego volvió a mirarme mientras reducía la velocidad del auto.

—Dame una razón válida para que pueda creer que ya no tiene ningún sentido.

Me volví, fijé mis ojos en su perfil y lo solté antes de perder el valor que me había costado reunir.

—Voy a darle una oportunidad a Tyler, seré su novia.

Mi confesión hizo que al fin me mirara. Los ojos de Asher volaron hacia mí de improviso y me sentí culpable de inmediato al ver cómo se ensombrecían sus rasgos.

Él me observó con el ceño fruncido y sacudió ligeramente la cabeza.

—Tienes que estar bromeando, no puedes estar diciéndome esto en serio —dijo. Noté lo dura y distante que había sonado su voz.

—Tal vez no lo creas, pero hablo completamente en serio. Antes de irme a la universidad, hablaré con él y aceptaré que seamos pareja, como él me pidió.

La amargura cruzó sus facciones y todo rastro de esperanza se esfumó de sus ojos cuando los desvió hacia el camino. Al ladear la cabeza, me fijé en que acababa de estacionar el auto delante del patio de mi casa.

Él aferró sus manos al volante y contrajo la mandíbula, contrariado. Vi que cerró los ojos, intentando calmarse, y cuando los abrió, su mirada se posó en mí, haciéndome sentir débil y vulnerable.

—No, aguarda un segundo —musitó con la voz ronca—. ¿Sabes lo que implica que te vuelvas su novia?

—Créeme que lo sé, y me ha tomado mucho tiempo decidirme a darle esta oportunidad.

Asher me observó con incredulidad. Vi cómo sus ojos se apagaron y perdieron hasta el más mínimo destello de su brillo. De repente, sacudió la cabeza, indispuesto a aceptar mi decisión.

Vino directamente hacia mí, se me acercó tanto que terminó dejándome sin respiración. Sentí la presión de sus palmas en mis hombros. Mis ojos leyeron la aflicción en sus iris claros.

—Pero tú no quieres estar con él, me quieres a mí —susurró a milímetros de mis labios.

Cuando una de sus manos empezó a acariciarme el cabello, sostuve su muñeca y lo forcé a apartarse. Me apoyé contra la puerta del copiloto para mantenerme lo más lejos posible de él.

—Te quería, claro que sí, pero justo ahora busco algo diferente; quiero conocer a fondo a alguien que sea... distinto a ti.

Mis palabras recayeron sobre él como una cubetada de agua helada. Noté que fruncía el ceño profundamente y me observaba de forma inescrutable.

—No te creo —refutó.

Sin más que hacer, me dispuse a bajar del auto, sin despedidas y sin darle largas al asunto, pero antes de que pudiera lograrlo, su mano firme se aferró a mi brazo e hizo que me volviera hacia él.

—Piensas que lo quieres, crees estar convencida de que estás haciendo lo correcto, pero debes comprender que si te vas con él te estarías engañando, porque lo nuestro es lo que verdaderamente vale la pena.

Su mano libre se levantó y me rozó la mejilla con sus dedos. Me sentí derretir ante su frágil contacto.

—Lo que tú sientes por mí y lo que yo siento por ti no es igual a lo que tienes con él, y lo sabes, Bethy.

Se me cortó el aliento al detectar la sinceridad en su voz. Sus manos me acunaron el rostro y luego me miró a los ojos con un brillo especial. Mi cerebro estaba únicamente concentrado en la leve caricia de sus dedos. No era capaz de moverme y no podía pensar en nada que no fuera el aroma que emanaba de su piel.

—No entiendo por qué estás con él si me quieres a mí. ¿Por qué no dejas de salir con él y te quedas aquí para estar conmigo? —su voz salió en un murmullo.

Mis emociones se desequilibraron; casi pude verme a mí misma sucumbiendo a la ternura de sus palabras, pero una parte de mí no se dejó llevar por el efecto adormecedor de su voz.

—Mis sentimientos hacia ti ya se han apagado desde hace tiempo, Asher —me limité a responder con sequedad, pero no me creyó.

—Pues yo noto que esos sentimientos están ardiendo más que nunca. No puedes evitar demostrar esa inquietud cuando me tienes cerca porque me quieres, y yo también te quiero. Debes darte cuenta de que no miento.

Habría deseado oírle pronunciar esas palabras tiempo atrás, cuando aún creía en la posibilidad de llegar a su corazón, pero ahora esas simples palabras eran un tormento constante.

No le respondí y fijé mis ojos en su rostro, con un semblante inexpresivo.

—Asher, déjame bajar del auto o comenzaré a gritar —le advertí.

—Solo tienes que decirme por qué no te decides por mí, si me has amado en secreto durante años.

Me costó asimilar que me estuviera diciendo todo eso. Me dejó sin aliento entender que me estaba pidiendo que lo eligiera porque no podía aceptar mi relación con Tyler.

—Porque ya lo he elegido a él, ¿puedes entenderlo? Es así de simple, me iré con él porque no puedo estar contigo.

Sus iris reflejaron un tono helado.

—Es que no entiendo por qué haces esto —sacudió la cabeza frenéticamente y, a continuación, clavó sus ojos en los míos—. Sé que he dejado pasar mil oportunidades de demostrarte lo mucho que me importas, pero...

—No sigas —le exigí con severidad. Un nudo me bloqueó la garganta y una espina se me incrustó en el corazón cuando me forcé a mantenerle la mirada fija—. Asher, ahora soy yo la que necesita y te pide que seamos solo amigos. Compréndelo, no espero más de ti, ya no.

Al pronunciar esas palabras, supe que se quedaría callado. Supe que le había herido y que acababa de causarle un daño irremediable.

Él todavía seguía tenso cuando desvió la mirada hacia el otro lado. Vi sus facciones contraídas en el reflejo del cristal.

—Tienes que entender que necesito irme un tiempo, seguir mis sueños para ir olvidando poco a poco lo que ha pasado —exhalé con lentitud—. Necesito alejarme porque, de otra forma, nunca podré terminar de sanar.

Mi mirada se quedó fija en el parabrisas empañado por las gotas de lluvia.

—Pero nosotros ya estamos bien, puedes estudiar cerca de aquí, en alguna otra universidad que ofrezca cursos de música y...

—No voy a quedarme —declaré, tajante.

Mis ojos se fijaron en él para que me viera decidida.

—Asher, yo siempre estaré ahí para ti, nunca estaré fuera de tu vida, pero necesito que entiendas que, para vivir mi vida y superar esto que ya no quiero sentir, tengo que tomar distancia de ti, alejarme un tiempo, estar con alguien más.

Al escucharme decir eso, él se quedó allí suspendido, totalmente inexpresivo.

Aproveché su silencio para bajarme del auto y alejarme lo más pronto posible porque él era mi mayor debilidad y podía hacerme caer si así lo deseaba.

Apresuré mis pasos bajo la llovizna y corrí a casa para refugiarme bajo el techado del porche. Oí cómo se azotaba una puerta y sentí su presencia a pocos pasos detrás de mí.

Asher me interceptó justo cuando llegaba al último escalón del porche.

Antes de que pudiera escapar de su lado, estiró el brazo para retenerme. Su mano tocó mi barbilla y me obligó a mirarlo a la cara.

—Tienes que saber que para mí tampoco es fácil dejarte ir.

Él presionó mis manos contra su pecho y su rostro se detuvo a unos centímetros del mío.

—Yo nunca voy a dejar de necesitarte, Beth, irremediablemente te necesito aquí, a mi lado.

Sentí que las lágrimas escocían en mis ojos y, al poco tiempo, descubrí que me humedecían las mejillas. Me fue inevitable contener ese llanto desgarrador.

—Necesito tenerte conmigo, Elizabeth Hayes, pero sé que no tengo derecho a retenerte cuando solo te he causado daño —su voz era un susurro ronco y profundo que me absorbía los sentidos.

Levantó su mano y la deslizó sobre mi piel hasta borrarme de la cara las lágrimas que seguían cayendo lentamente por mis mejillas.

—Eres y siempre serás imprescindible en mi vida, por favor, no lo olvides.

Su aliento se mezcló con el mío y me dejó una quemazón latente en el pecho.

Tomándome desprevenida, me rodeó el cuerpo y me abrazó con cariño. Su calor se extendió por mi espalda, su aliento me rozó la nuca y su cabello me acarició la sien.

Cerré los ojos un instante e inspiré el familiar olor de su fragancia. Deseé poder quedarme en ese momento para siempre porque, en el fondo, no quería verme forzada a dejarlo de aquella manera tan destructiva.

Cuando se separó de mí, los ojos se me empañaron de melancolía. Asher me miró como si su corazón se estuviera rompiendo irremediablemente por mi causa.

—Sé que te hice daño y que no te merezco, así que si lo eliges a él, me quedaré a un lado y no intervendré en su relación, pero Bethy... solamente te pido que lo elijas porque lo sientas así, no porque lo necesites para olvidarte de nosotros.

Con la voz entrecortada, le respondí:

—Siento que debo estar con él; quiero encontrar mi felicidad estando a su lado. —Sus ojos se apagaron de tristeza, pero yo seguí sincerándome—. Esto que nos une a nosotros es demasiado importante y no podemos arriesgarlo. Ya es tiempo de aceptar que debemos ser solamente amigos. A ti no quiero perderte jamás.

—No vas a perder nunca al único hombre que te ha querido, apreciado, adorado y cuidado durante toda tu vida —sentí la presión de sus labios en mi frente.

Apenas se apartó cuando me susurró:

—Si algún día decides intentarlo... aún habrá una oportunidad de que nos convirtamos en algo más que amigos.

Mis ojos se encontraron con los suyos y me quedé sin habla. Él sonrió de una manera que me cortó la respiración; fue una sonrisa triste, melancólica, dolida, pero comprensiva.

—Cuando te vayas, recuerda que aquí siempre estaré yo esperándote.

Mi mundo entero se sacudió. Me sentí desvanecer de amor. La parte que se había apagado en mí se volvió a iluminar y resplandeció con vitalidad.

Sentí el vacío que me dejó cuando rompió su agarre y retrocedió. Intercambiamos una mirada fugaz e indescifrable antes de que él finalmente se diera la vuelta y se llevara mi alma consigo.

No aparté la vista ni un solo segundo, lo vi subir al coche, las luces se encendieron y el sonido del motor rasgó el aire. En cuestión de segundos, pude ver el auto desvaneciéndose en la lejanía de la calle.

Al verlo yéndose, suspiré profundamente, sintiéndome más perdida que en toda mi vida.

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