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Capítulo Único

Despertó... 

Y desde ahí sintió que algo iba mal.

Se removió en la cama, grande y cómoda como siempre, y sintió... ¿cabellos?

Miró el lado de su mano, y vio que una mata de cabellos castaños se enredaban entre sus dedos. Sin embargo, le pertenecían  a él .

¿No se había cortado el pelo precisamente ayer?

Apoyó las palmas contra la cama y se incorporó levemente. Frunció el ceño al ver un bulto en su pecho y ladeó la cabeza.

Lo tocó, y sintió que era  su piel . En forma de pecho... de mujer.

Sintió algo mojado en sus piernas, y alzó la manta para mirar qué era.

—¡HIEEEE!

Estaba en pánico, ¡¿qué mierda era eso?!

No acabó de procesarlo cuando la puerta de su habitación se abrió de golpe y por ella ingresaron siete personas armadas.

—¡Juudaime! —Exclamó el primero en entrar—. ¡¿Qué ha pasad...?!

—¿Qué sucede, Hayato? —cuestionó el segundo al notar la perplejidad de su pareja—. ¿Tan mal está Tsun...?

—¡¿Por qué se detienen?! —Y ahí el tercero—. Seguro no es nada tan extr...

—Kufufufu —cuarto—. Quítense del camino, ¿qué sucede Tsunay...?

—Menudos inútiles —quinto—. Seguro es otro drama de Dame-T...

—¡Son los zombis—sexto—. ¡Han venido a por Tsuna y los caramelos de uv...!

—¿Y ahora qué, herbív...?

Le miraban, Tsuna sintió la misma perplejidad que ellos. Ninguno entendía nada, hasta que una octava persona ingreso.

Una sonrisa adornaba su rostro femenino y su mirada sólo reflejaba algo, venganza.

—Boss, ¿sucede algo malo? —contuvo la risa.

—¡Salid todos de aquí! ¡Ahora, si no queréis ser congelados!

Todos salieron escopetados, menos Chrome, quien sonrió y cerró la puerta.

Tsuna se obligó a calmarse. Cerró los ojos, respiró profundamente... y miró de nuevo ahí.

Una mancha rojiza manchaba sus pantalones y sus sábanas.

Qué. Demonios. Era. Eso.

Decidió que lo averiguaría más tarde. Necesitaba una ducha, urgente.

Se dirigió al baño —afortunadamente privado— y se miró en el espejo.

Mejillas sonrosadas, ojos castaños almendra grandes, cabello largo hasta los hombros, cintura marcada... y un busto no muy grande que tenía en el pecho.

—Esto no puede ser real...

Decidió no mirarse más y se deshizo de su pijama y su manchada ropa interior...

Oh, Dios, no.

Reprimió otro grito, se sonrojó y se introdujo en la ducha.

Quería llorar.

Se aseó lo más rápido que pudo, lavó sus dientes, se vistió, peinó y salió rumbo al comedor.

Aquello. Tenía. Que. Ser. Una. Puta. Broma.

Se detuvo frente a las puertas del comedor y admiró el silencio que se escuchaba, abrió de un portazo y sin pensárselo mucho se dirigió al que, creía, sería el causante de aquella mala situación.

—Arregla esta mierda, ahora.

Mukuro le miró como si le faltara un tornillo.

—Tsunayoshi-kun... ¿qué se supone que he hecho aho...?

—¡Joder, arréglalo! —le agarró por el cuello de la camisa—. ¡Hazlo o te juro que te quedarás como un puto cubo de hielo por el resto de tu vida!

—Oya, oya, qué agresividad. Yo no soy el responsable de tu...

—Atrévete a decir algo y te juro que te rebano aquí mismo como si fueras una barra de pan. Y lo mismo va para todos —miró a su alrededor—. Como digáis algo, una sola palabra, os congelo. Va para ti también, Reborn.

Había adoptado la faceta sádica de la que el ex-arcobaleno del sol estaba tan orgulloso, pero que daba tanto o más miedo que el mismo rey demonio.

Algunos tragaron en seco pero decidieron no comentar. Mukuro levantó los brazos e intentó justificar su inocencia.

—Mira Tsunayoshi-kun, sabes que jamás haría algo tan desquiciado como provocarte, no estoy tan loco. No he sido yo.

Tsuna lo miró fijamente y miró al suelo mientras caminaba a la mesa. Se sentó y, tapando sus ojos con sus manos, comenzó a sollozar.

—Yo no quería... No sé qué he hecho, necesito ayuda...

De nuevo los guardianes estaban confusos. ¿No se suponía que estaba enfadado? O... ¿enfadada?

—J... Juudaime —llamó el valiente Gokudera—. ¿S... Se encuentra bien?

Y los sollozos cesaron, Sawada le miraba nuevamente furioso como si aquella pregunta hubiera tocado algún punto sensible en él... ¿Ella? Chrome sonrió.

—¡¿A ti te parece que estoy bien?! —exclamó preso de furia—. ¡¡Este no es mi maldito cuerpo y me estoy desangrando como si me hubieran metido una estaca en mis partes!!

—Tsuna...

—¡Cállate, Yamamoto! —chilló mirándole a él—. ¡¡Esta mierda es horrible!! ¡¡Además de que me duele el cuerpo!!

Y volvió a llorar desconsoladamente cubriendo su rostro.

—Dame-Tsuna, que te calles.

—¡¡Cállate tú!! ¡Tú no sabes lo que siento!

Reborn suspiró. ¿Qué iba a hacer con una Dame-Alumna? No era lo suyo pegar a mujeres, aunque fuera su alumno convertido.

—¡Maldición, ayudadme y traedme un puto helado de chocolate!

Todos se miraron entre sí. ¿Qué demonios era eso?

—¿Me habéis escuchado? ¡Lo quiero para ayer, venga!

—Dame-Tsuna, lo del helado...

—¡Quiero un mísero helado de chocolate! —exclamó—. ¿Por qué nadie lo entiende...?

Sollozó y se llevó las manos a la cara, sorprendiendo a todos. Kyoya le miró y se acercó a abrazarlo... abrazarla.

—Traed un helado, no cuesta nada —bufó.

—Y un atún con limón...

—Y un atún con limón —transmitió el mensaje a todos.

Los antojos del castaño fueron preparados en un abrir y cerrar de ojos. El helado fue lo primero en llegar a la mesa. Tsuna, feliz, comenzó a comerlo pero se detuvo de repente.

—¡Está malditamente frío! ¿¡A quién demonios se le ocurre ponerme helado frío!?

Todos lo miraban incrédulos.

—El helado es...

—¡Qué te calles!

Lo siguiente fue el atún con limón. Esta vez todos estaban convencidos de que estaba en su punto, ni demasiado frío ni demasiado caliente.

—¡Qué bueno está! —Exclamó feliz aliviando a los presentes— Creo que ya se me ha quitado el hambre.

Y tan solo le había dado un mordisco al atún.

El chico... Sawada se levantó con la intención de salir cuando sintió algo grotesco pasar entre sus piernas y miró hacia abajo.

Se le fue el color de la cara.

Miró durante un rato más antes de girar el rostro lentamente hacia la silla y sus ojos se llenaron de lágrimas momentos antes de que saliera corriendo a su habitación.

Los guardianes y el asesino no entendían de qué iba todo eso y se acercaron a mirar la silla, una mancha roja les saludó.

—Vale, Mukuro —Suspiró Reborn—. No ha sido tan divertido así que haz que vuelva a ser el anormal que conocemos.

La piña parpadeó presa de incredulidad y se indignó.

—¡¿Crees que yo haría algo tan vil?!

—Eres tú —Señaló Lambo con obviedad—. Harías lo que sea para molestar a Tsuna.

—¡Pues esta vez no he sido yo!

—¿No?

—¡No!

Gokudera rodó los ojos.

—Ajá, si no fuiste tú entonces quien...

—Con su permiso.

Los seis hombres miraron a la relajada guardiana salir tan campante y recordaron la discusión que ella y el décimo había tenido la semana anterior.

Maldijeron.

Mientras tanto, Hibari caminaba inquieto hacia la habitación de su pareja, si bien seguía un poco traumado ante la repentina transformación del chico, sabía que era su deber el consolarle.

Es así como sin tocar ni nada, ingresó a la habitación y se acercó al bulto sobre la cama.

—¡Vete!

—No me voy a ir.

—¡Pues deberías!

—Pero no lo haré.

—¡Te odio!

—Te amo.

Unos orbes llorosos le miraron mientras en jefe mafioso salía de su escondite, lo abrazó.

—¿Me amas aunque estoy gorda?

Perturbador.

—Sí, te amo aunque estés gorda.

—¡¿Estás diciendo que estoy gorda?!

Kyōya se sorprendió al ser empujado y miró los ojos furiosos de Tsuna, suspiró.

—No estás gorda.

—¡Acabas de decirlo!

—Imaginaciones tuyas.

—¡¿Ahora estoy loca?!

—En primer lugar, eres un chico... Bueno, hasta que solucionemos esto —suspiró—. Haré que el herbívoro piña solucione esto, o lo morderé hasta la muerte.

—¿No me quieres porque ahora parezco una chica...? ¿No te gusto...?

—No seas tonto, claro que me gustas.

—Pero no lo suficiente... ¡No lo suficiente! ¡No me has dicho que me amas!

—Te amo, ¿de acuerdo?

—¡Ahora no me vale!

—¿Y por qué?

—¡Pues porque yo lo digo!

Hibari suspiró y Tsuna tomó esa acción como su señal para estallar en llanto.

Kyōya entró en pánico.

—Omnívoro, no llor...

—¡Sólo me quieres por mi cuerpo!

Vale... ¿Qué?

—¿De qué estás...?

—¡Eso! ¡Sólo me quieres por mi cuerpo! —repitió entre chillidos—. ¡De seguro si Adelheid viniera a ti me dejarías! ¡Claro! Como ella tiene el busto grande y yo no...

—Tsuna, en serio —suspiró—. Eres un chico, en primera no tenías busto.

—¡Es por eso que no me amas!

—¿Qué clase de lógica es...?

—¡Vete, olvida mi nombre, mi cara...!

—¿Esa no es una canción?

Tsuna le miró mal –dejando de llorar–, le miró tan mal que el azabache sólo se levantó y se dispuso a irse para darle privacidad.

—¡Eso, vete con tu amante!

—Tsunayoshi, basta.

La castaña lo miró fijamente, como si estuviera poseída, se levantó y le plantó cara.

—A mi no me grites.

Kyoya habló en un tono de voz lo suficientemente bajo.

—No te he gritado, escúchame, encontraremos una solución a esto juntos, ¿vale?

Tsuna se dejó acariciar por el azabache pero de pronto le dio un manotazo y se separó de él.

—Ya no hay escusas que valgan, Hibari Kyoya. Pero que sepas que la custodia de nuestro hijo será mía, ¡de la madre que lo parió!

La nube lo miró aún más incrédulo.

—¿Hijo?

Y vio que su jefa señalaba al osito de peluche que había sobre su cama.

—¡Mi hijo! —exclamó—. Que te quede bien claro. ¡No pienso dejar que me lo quites! ¡Antes te mato!

Y abrazó al osito de peluche.

—Tsunayoshi...

—¡Y que sepas que Enma y su familia se enterarán de esto! ¡Julie incluido!

—¿De qué demonios hablas?

—¡De tu aventura con Adelheid!

—Te lo acabas de inventar.

—¿Ah, ahora miento? ¿Me estás diciendo que miento?

—No es...

—¡Hibari Kyoya, hasta aquí hemos llegado! —exclamó—. ¡Y yo que te quería tanto...! ¿¡Cómo pudiste hacerme esto!?

Se tiró en la cama en plancha y sollozó en la almohada.
Hibari sólo suspiró y decidió salir, Tsuna tendría que aprender a calmarse.

Una vez a solas Sawada detuvo los sollozos y miró incrédulo la puerta, ¿en serio ese ingrato se había ido? ¡¿En serio?!

—¡Ese maldito! —exclamó sentándose de golpe, miró el oso y lo abrazó—. Tranquilo, Lucifer, yo mismo mataré a tu padre.

Y se rió como si le faltará un tornillo, Gokudera tembló tras la puerta y miró a sus compañeros.

—¿Y si lo dejamos estar? —sugirió en voz baja—. Se nota tan feliz.

Todos iban a acceder a la grandiosa idea pero no, alguien tenía que ser quien se negara.

—¡Tsuna-nii! ¡Quiero caramelos de u...!

Se detuvo al ver la risa diabólica que salía de la ahora castaña.

—Lambo —sonrió al verle—. Ven, ven aquí.

El niño parpadeó y se acercó con cautela.

Y ese fue su primer error.

—¿Qué sucede, Tsuna-nii? —indagó nervioso—. ¿Ha pasado algo malo?

Sawada negó con una sonrisa, el resto de los guardianes y Reborn le miraban –Nagi había decidido unirse y miraba con curiosidad–, todos estaba a la expectativa.

—No ha sucedido nada de gran importancia, Lambo —sonrió más ampliamente—. Venías a pedir caramelos, ¿no?

El niño asintió viendo raro el extraño oso de peluche que abrazaba Tsuna.

—¿Qué es eso, Tsuna-nii?

Señaló el adefesio y ese fue su segundo error.

—¿Esto? —miró el peluche—. Es un regalo de Xanxus.

—Ah... Es muy feo.

La sonrisa de Tsuna se hizo una amplia y tenebrosa, y quizá fue la casualidad (tan terrorífica) la que hizo que el viento cerrase la puerta.

Gritos se escucharon de dentro, y nadie se atrevió a abrir de nuevo. Escucharon diez minutos de total tortura hasta que se callaron.

Reborn tomó el pomo y abrió levemente la puerta. Veía un pequeño bulto en la cama, tapado por las sábanas, y supuso que sería el cadáver de Lambo.

Tsuna sonreía mientras peinaba a su peluche.

—Tranquilo, Lucifer —le dijo al peluche antes de mirar a través del espejo a sus guardianes—. No dejaré que nadie te insulte ni te separe de mí, voy a matarlos a todos.

A todos, incluidos Mukuro y Reborn, se les fue el alma al suelo y huyeron despavoridos.

Chrome se preguntaba qué estaba mal en la cabeza de su jefe, ¡así no actuaba Nana cuando le bajaba la regla!

Tsuna salió de su habitación, y miró a sus lados. No había nadie.

Abrazó al peluche contra sí y empezó a caminar con una gran sonrisa en su rostro.

Los sirvientes no se atrevían a meterse en su camino.

—Kyoya~, Reborn~, Mukuro~ —llamaba con un tono dulzón, a leguas engañoso—. ¿Dónde estáis~? ¡Salid a jugar!

Los tres temblaron y miraron a Chrome con súplica, ella s encogió ligeramente.

—Jamás pensé que tendría un muñeco poseído —bufo cruzándose de brazos—. No me echen la culpa de su inestabilidad mental.

—¡Es que es cosa tuya! —explotó Mukuro—. ¡¿Para qué le has convertido?!

—¡Para que aprendiera!

—¿Aprender? —fue la pregunta masculina común.

—¡Sí, dijo que no era normal mis cambios de humor en  mis días !

La mayoría se sonrojó al comprender lo que había dicho el insensato chico que tenían por cielo.

—¡Así que ahora que se aguante!

—¿Y cuánto va a durar esto?

—Lo que le dure la regla. Osea, puede ir de tres días a una semana.

—¿¡Una semana!?

La chica asintió.

—Nagi, creo que Tsunayoshi-kun ya ha escarmentado, deberías...

Chrome se encogió de hombros y negó con la cabeza.

—Una semana, he dicho.

Los hombres, rendidos, se sentaron para debatir.

—Debemos hacer algo para conseguir... librarnos de Juudaime hasta que esto termine.

—Deberíamos encerrarla. —Propuso Yamamoto— Le daremos de comer lo suficiente para que pueda sobrevivir y ya está.

Reborn negó.

—Desgraciadamente yo soy su tutor, saldrá de cualquier lugar fácilmente, como le he enseñado.

Todos callaron, Reborn tenía razón. Habían visto a Tsuna hacer escapes como si fuera el mismísimo Houdini y unas cadenas en una habitación cerrada no van a ser nada para él.

—Chicos~ —seguía diciendo aquella tenebrosa y afeminada voz—. Venid a jugar~.

No querían ni saber qué clase de juego quería que hicieran, pero seguramente no sería nada bueno.

—Alguien tiene que detener esto —dijo Kyoya.

—Hazlo tú, valiente —contestó Mukuro.

El azabache hizo una mueca. Había intentado tranquilizarla pero no había servido de demasiado...

—¿Por qué no lo intentas tú? Si eres tan poderoso deberías ser capaz de devolverlo a la normalidad.

—Créeme, Nagi no es una ilusionista de cuarta, ha sido bien entrenada.

Suspiraron de nuevo, habían vuelto al principio, sin soluciones.

—Chicos~ Tengo una misión para ustedes~

—Que vaya Gokudera.

El peli-plata miró incrédulo a su pareja y todos asintieron. Un buen sacrificio.

—Pero, yo...

—Siempre te amaré, Gokudera, siempre...

Y echaron a patadas a la tormenta de la habitación.

Para la mala suerte del de ojos verdes, Tsuna lo encontró.

—¡Gokudera-kun! —exclamó alegre.

—Juudaime... —sonrió con nerviosismo.

—Justo te estaba buscando, ¡vamos a jugar un juego!

Y al más puro estilo Saw, el muchacho fue arrastrado a la habitación más cercana.

Gritos fue lo único que escucharon los demás, esta vez durante quince minutos, hasta que cesaron y se creó un tenebroso silencio.

Entreabrieron la puerta y vieron que, en la habitación de en frente, Tsuna tapaba con una sábana blanca lo que parecía ser un cuerpo.

Cerraron inmediatamente cuando vieron que su cielo giraba rápidamente la cabeza hacia atrás, e hicieron fuerza contra la puerta por si les había visto.

Desde dentro, Tsuna forcejeó la puerta.

—Chicos~ En el pilla pilla esto no se vale~ Pero no os preocupéis, os daré ventaja... 1, 2, 3...

Entonces Hibari se arrepintió de haber ido con el castaño al cine para ver Expediente Warren. Podía ser miedoso, pero ese tipo de pelis le encantaban, y ahora se había metido demasiado en el papel.

—¡50! Allá voy~

Y como alma que lleva al diablo, cada uno corrió por una dirección rezando por no ser el siguiente.

—¡Te encontré!

Yamamoto tragó en seco cuando oyó la voz de Tsuna junto a él, pero no dejó de correr hasta que sintió algo tirando de su camisa.

—Te tengo~.

Y cuando se escuchó un grito por toda la mansión, supieron que habían perdido a otro más.

Iban tres.

—Bien, ¿quién es el siguiente~?

Tsuna sonrió y volvió a buscar a sus queridos amigos que no parecían dispuestos a dejarse encontrar fácilmente.

Llevaban un rato escondidos, pero no se oía nada más. ¿Sería que el depredador no encontraba a sus presas? ¿Estaría dándoles una tregua?

Reborn se atrevió a salir, los demás supervivientes también lo hicieron.

—¿Dónde está? —Preguntó el asesino a una de las sirvientas que quedaban.

La mujer señaló a un salón. Entraron con cuidado y ahí estaba, viendo una película. En cuanto los vio, se abalanzó sobre ellos.

—Chicos... ¡Os amooooooo!
Reborn tuvo que cogerla en brazos, con el cuidado de no caerse para atrás por la repentina fuerza.

—Dame-Tsuna, ¿qué...?

De repente, se había puesto a llorar.

—Es que... pensé que me estabais evitando... ¡y yo...! —sollozó—. ¡Yo me sentía muy triste!

El ex-arcobaleno le dio unas palmaditas en la espalda, y los demás suspiraron aliviados. Parecía haberse pasado su faceta sádica-terrorífica.

—Reborn...

El de patillas rizadas tragó en seco mientras la llevaba al sofá.

—¿Sí?

—¡Eres el mejor papá del mundo!

La castaña se aferró con más fuerza a su tutor y miró a Kyoya. Sin previo aviso saltó en sus brazos.

—¡Kyo-chan! ¡Eres el mejor novio del mundo!

Luego miró a Mukuro.

—Tú no eres nada, que me debes la vida y sólo te burlas de mí —le sacó la lengua—. Malagradecido.

Por las puerta detrás de ellos se cruzó entonces, Nagi con un bol de palomitas bajo el brazo y un paquete de tampones.

Que es que Tsuna iba a lo liberal y la mansión a esas alturas parecía haber sido visitaba por el propio satanás –aunque tomando en cuenta la face sádica del cielo...—, en cuando los ojos de las dos chicas se encontraron algo extraño pasó.

Chrome retrocedió dos pasos.

—Chrome... ¿qué llevas ahí?

—¿Ah...? Palomitas...

En un abrir y cerrar de ojos, Tsuna había desaparecido como si de un ninja se tratase, y Chrome ya no tenía la caja de tampones.

En cambio, Tsuna tenía un gran dilema una vez en el baño.

¿Cómo demonios se ponía eso?
Nagi suspiró y se llevó una mano al pecho. Se había dado un susto de muerte.

—¿Qué ha...?

—¡Chrome, ayudaaaaaaaa!

La guardiana maldijo el tener que hacer aquello, ¡Por Dios, que había aprendido sola cómo mierda se ponía eso! ¿Por qué Tsuna no podía?

Caminó a pasos lentos hacia el baño, los guardianes y Reborn le seguían intrigados.

Los miró antes de entrar.

—¿Estáis completa y absolutamente seguros de que queréis entrar ahí?

La mirada de Chrome lo decía todo, y los demás se lo pensaron mejor.

—Kufufu, no, muchas gracias.

El inteligente Mukuro retrocedió.

—Hm, creo que mejor dejaré al herbívoro... O lo que sea ahora contigo.

Kyoya quería vivir.

—Dame-Tsuna se las puede apañar, es mi alumno.

Reborn sabía que no era conveniente. Otro inteligente.

Dokuro sonrió divertida e ingresó a la habitación.

No pasaron ni dos minutos cuando se escuchó un grito de horror.

Los chicos se miraron, aquella había sido la voz de Tsuna. ¿Qué demonios había hecho Chrome?

—¡No voy a meter esa cosa es mi...!

—Pues desángrate, no es mi problema.

Sawada miró a la ilusionista con súplica, estaba bastante cansada de la situación.

—Haz que vuelva a ser un chico —rogó con los ojos cristalizados—. ¡No puedo seguir así!

—Ah, ¿qué se siente? —preguntó divertida.

—¡Es horrible! ¡No sé cómo lo soportas! ¡Me siento sucio cada rato!

—¿Ves que sí que es para tanto?

—¡Sí! ¡Es una mierda absoluta!

—¿Te volverás a burlar de mí?

—¡No, lo juro!

—Bueno, pues te quedarás así un poquito más, hasta que se te pase.

—¿Y cuándo será eso...?

—Depende de tu cuerpo.

—¿Eh?

—Puede que pasado mañana... Puede que dentro de una semana.

—¡¿Qué?!

Tsuna se horrorizó ante la idea de tener que vivir esos cambios toda una semana, ¡las mujeres tenían que ser cosa del diablo!

Ahora entendía porque su madre se encerraba durante seis días una vez al mes.

—Lo siento, pero no creo totalmente en usted, boss.

—¡Pero...!

—¿Vas a ponerte el tampón o qué?

—Pero...

—¿Quieres que me lo lleve?

—No, pero...

—Voy saliendo...

—¡Espera! —dijo con desesperación.

Y la muchacha de cabello violáceo sonrió.

—¿Sí?

—Me lo pondré... —se sonrojó—. ¿Pero no hay otra manera...?

—Vamos, no te va a doler más que las cosas que haces con Hibari por las noches.

Y la cara de Tsuna fue un poema.

—¿¡Qué quieres decir con eso?!

—Que gritas mucho.

Nota mental; Insonorizar las paredes.

—¡Chrome!

—Venga, va —suspiró—. Está bien, ya te traigo unas compresas, maldito malagradecido.

Y Tsuna no refutó porque ella salió y le dejó nuevamente a solas, se sintió morir.

—¿Por qué nadie me quiere? —se lamentó frente al espejo—. ¡El único que me quiere es Lucifer!

Por cierto. Ahora que lo pensaba...

¿¡Y Lucifer!?

La puerta se abrió con un aura más negra que el carbón y encontró a Reborn más que dispuesto a librarse del peluche que, a vista de todos menos Tsuna, se veía diabólico.

—¿¡Qué le haces a mi hijo, desgraciado!?

El hitman le lanzó el muñeco del infierno a Mukuro.

—¡Yo lo estaba salvando! —exclamó la piña al verse atrapado en aquella mirada de odio—. ¡Esos dos querían matar a... A tu hijo!

Señaló a los azabaches y sonrió inocente, Tsunayoshi se calmó y le miró con adoración.

—¡Lamento haber pensado que era una piña podrida y maldita! —se abalanzó a abrazarle—. ¡Eres el mejor, Mu-chan!

Sonrió nervioso mientras atrapaba al cielo, y esta vez recibió una mirada azul grisácea asesina.

—¿«Mu-chan»?

—¿Tienes algún problema, alondra? —sonrió burlón.

—¡Tú querías matar a mi hijo! ¡Yo te quería, Kyoya! ¿¡Cómo pudiste!?

—Tsuna, no sigas...

—¡Ah! ¡Pero si Lucifer fuera hijo de Adelheid fijo que sí lo querrías! —se aferró más fuerte a la piña—. Pues... Pues... ¡Si tu me engañas con esa, yo me quedaré con Mu-chan!

Y se lo llevo arrastrado, para cuando Chrome volvió sólo encontró a dos azabaches en un profundo shock.

Mukuro se estaba prácticamente descojonando de la cara de su querida alondra cuando Tsuna se lo llevó de la sala. No podía con el cielo femenino.

—Ne, Mu-chan, ¿a que es lindo? —dijo con una sonrisa, acunando al peluche.

—Sí, mucho.

Mentía, obviamente. Eso era lo más horrible que había visto en la Tierra y en el Inframundo. Era feo, pero feo, feo.

Tenía un color castaño muy dañado, le faltaba un ojo de botón, al que sustituyeron con una cosida mal hecha en cruz, una oreja estaba rota, y por el agujero se salía el relleno de algodón del oso. Además, tenía varios parches de diversos colores en todos los huecos que se había ido rompiendo.

Era feo de narices.

—Me lo regaló Xanxus cuando cumplí los dieciocho —sonrió—. Recuerdo que Belphegor me miró con lástima y Squalo intentó quitármelo.

Rokudo ya podía imaginarse la brujería que tendría esa cosa encima.

—Ah... Jamás lo había visto antes —comentó con una sonrisa forzada—. ¿Lo tenías escondido?

—Sí, mamá intentó quemarlo una vez —frunció el ceño—. Iemitsu también lo intentó.

Miró el muñeco, por más feo que fuera no lucía chamuscado por ningún lado. Tuvo un mal presentimiento.

—¿El fuego no llegó a él?

Tsuna dejó de ver al vacía y le miró, la sonrisa burlona en su rostro no le hizo gracia.

Se acojonó bastante al ver que el adefesio también parecía mirarle y sonreír.

Que puto miedo.

—Uff, el fuego lo envolvió —aseguró el castaño—. Lo envolvió las diez veces que lo intentaron, pero jamás logró quemarlo.

—¿No has... considerado la idea de volver a esconderlo?

—¡Es que Lucifer tiene que respirar! Ha pasado mucho tiempo sin poder salir.

—Piensa en su... seguridad.

Y en la de todos, y que estaba.

Tsuna miró con pena al peluche, su querido Lucifer estaría de nuevo en ese espacio oscuro, solo...

—¡No! Me niego. Si alguien quiere atacarlo, será sobre mi cadáver.

—Pero... Si lo escondes nadie tendrá que atacarlo —insistió—. ¿No sería eso mejor? Podrías... Ya sabes, traumarlo de tanta discordia en la familia.

Tsuna le miró, luego miró intrigado a Lucifer.

Uno de los cuadros de la estantería se cayó muy cerca de Mukuro, el ilusionista se asustó más aún.

Tsuna sonrió.

—No voy a esconderlo —acercó el demonio a su rostro—. No quieres eso, ¿verdad?

—¡Por supuesto que no!

Rokudo palideció, Sawada sonrió más ampliamente y la piña decidió desmayarse.

—Eres muy malo, Fran.

—Lo siento Tsuna-senpai~ No era mi intención.

El castaño sonrió y le enseñó el peluche.

—¡Mira! ¿Lo recuerdas? ¡Es Lucifer!

Fran sonrió a la chica mientras acariciaba al osito.

—Claro que lo recuerdo. Lo maldecimos entre Mammon y yo.

—¿Mal... qué?

—Que lo bendecimos, ¿te acuerdas de su bautizo?

Tsuna asentía con la cabeza eufóricamente.

—Por cierto, Tsuna-senpai, ¿qué le ha pasado? Nunca creí en su virilidad pero esto me sorprende.

—¡Es culpa de Chrome! Me volvió así por decirle... Bueno, una cosa.

—Debiste enfadarla mucho~.

—Y tanto. No volveré a opinar acerca de estas cosas en mi vida.

—¿Tan malo es ser una chica?

—¡Es horrible! ¡Me alegro haber nacido como chico!

Fran no dijo nada y se sentó junto a él –echando a un lado el cuerpo de su difunto maestro–, miró a Lucifer.

En serio que ese muñeco era feo y estaba maldito incluso antes de que Mammon y él lo tocaran.

¿Dónde lo habría encontrado el jefe?

Fijo era el hermano perdido de Anabelle.

—¿Y cuándo volverás a ser un chico?

Tsuna también miraba a Lucifer, no entendía porque le había dado tanto miedo antes.

¡Aquello era una monada!

—Chrome dijo que... ¡que podría ser una semana!

—Bueno, una semana tampoco es tanto.

Tsuna fulminó a Fran con la mirada.

—Era broma, senpai~ No me mires así.

La rana suspiró con alivio cuando vio que había conseguido arreglar aquella metida de pata.

—Por cierto, ¿no faltan algunos de tus guardianes? ¿Los has mandado de misión?

La sonrisa de Vongola era siniestra, mucho más que la de Mukuro.

—Claro que no~ Están cansados porque nos llevamos toda la mañana jugando al pilla pilla~ Obviamente yo gané.

Fran parpadeó con el extraño presentimiento de que no era un juego tan inofensivo como el «pilla pilla».

Pero Fran era inteligente, y no se atrevería a decir nada que pudiera molestar a Tsuna y que este le hiciera probar su juego.

Si todos fueran como Fran, habría menos muertes en el mundo.

—Entiendo~.

—Oye, rana —llamó Mukuro, y se acercó al oído del chico—. ¿Cómo le quitamos la maldición a ese endemoniado peluche?

—No se puede~. Antes de que lo  bautizáramos  ya estaba así.

—¿De dónde lo sacó ese loco?

—Quién sabe.

Sawada miró interesada a Rokudo, sonrió.

—¡Por cierto, Fran! —se abalanzó sobre la piña—. ¡Mu-chan es el nuevo padre de Lucifer!
El francés miró a la japonesa y al italiano, luego pensó en el caos que encontró cuando se infiltró en la mansión y suspiró.

¿Para qué estaba allí?

¡Ah, es verdad!

—Oye, Tsuna-senpai —la chica seguía mirándole el alma—. ¿Todavía quieres que me lleve a Lucifer?

La castaña lo pensó, ¿en serio el lindo Luci le daba tanto miedo antes?

¡Venga, que el muñeco había intentado matarlo sólo diez veces y se había negado a arder en la hoguera otras diez!

Es que era una criatura inocente.

—Nah, me lo quedaré y será mi heredero —le sonrió a su guardián mientras seguía abrazándolo—. Nuestro heredero.

Mukuro no sabía dónde meterse. No era la primera vez que sentía miedo, de hecho, la inmensa mayoría de las veces que eso sucedía eran provocadas por su jefe. Sin embargo, jamás había visto algo tan siniestro como aquella situación.

—Tsunayoshi-kun, ¿por qué no volvemos al salón?

Tsuna ignoró la propuesta.

—Fran es un ilusionista como tú... ¡Lo vamos a adoptar!

Así, y ya está.

—No quiero que me adopten dos psicópatas~

—¡Calla!

El castaño le dio un "golpe amoroso" que casi dejó inconsciente a la rana, y lo abrazó.

—A partir de ahora serás mi Fracchan... —Tiró de Mukuro hacia él y lo metió en el abrazo— Nuestro Fracchan.

—Oya, ¿Alondra-kun no se enfadará?

—Contigo. Conmigo no —sonrió Tsuna.

—Ah, ya veo —Mukuro tenía un tic en el ojo.

—¡Y si se enfada conmigo pues que le den! ¡No ha querido a mi Luci! ¡Y yo que pensaba que podríamos tener otro hijo...!

Empezó a llorar, y Mukuro junto a Fran no sabían que hacer.

—¡Maldito Kyoya! ¡Maldito este desangramiento! ¡Y jodido gobierno que no sabe poner cosas menos incómodas! ¡Puto calentamiento global!

Hibari se sintió tentado a entrar y consolar a su pareja, estuvo por hacerlo cuando una mano tomó su hombro y le jaló hacia atrás.

—Si no quieres morir desaparece —sugirió una voz amable mientras ingresaba a la habitación—. Venga, está bien, ¿sí? Te regresaré a la normalidad mañana a primera hora.

Tsuna miró ilusionada a la guardiana, los ilusionistas también la vieron con adoración.

Reborn sólo la miró con sospecha detrás de la alondra.

Y es que esa chica jamás tendría un cambio de corazón así como así.

—¡Con mañana me basta! —la abrazó—. ¡Eres lo máximo, Chrome! ¡Te amoooooo!

Dokuro sonrió y su molestia menguó un poco.

La maldita de su jefa se había atragantado con su estúpido helado. ¡¿Pero qué se creía?!

Comenzó a tramar un plan, un malvado plan que haría que su jefe no volviera a acercarse a una mujer en toda su vida.

Alguien se aclaró la garganta junto a ella. Miró a Mukuro y cambió su rostro a uno inocente.

—Eh... Nagi...

—¿Sí, Mukuro-sama?

Definitivamente las mujeres eran realmente temibles...

—¿Estás bien?

—Perfectamente.

—¿Seguro?

—¿No me crees? —sonrió  inocentemente .

—Sí, te creo, te creo.

La chica le miró con sospecha y soltó el agarre de su jefa sobre ella, miró a Lucifer.

Se extrañó.

—¿Qué hace Beelzebub aquí?

Tsuna miró en su misma dirección, los chicos tuvieron un mal presentimiento.

—¿Beelzebub? Ese es Lucifer.

Nagi la vio como si estuviera loca.

—No, no —negó y señaló el muñeco—. Ese es Beelzebub.

—Lucifer.

—Beelzebub.

Tsuna apretó el peluche contra sí.

—Es Lucifer, es mi hijo.

—¿De qué hablas? ¡Ese es Beelzebub!

—¡Es mío, y no me lo vas a quitar!

—¡Es mío!

—¡Que no!

—¡Que sí!

La cara de Tsuna era un poema. Como si el mismísimo diablo la hubiera poseído, tiró de Lucifer con todas sus fuerzas. Ambas tiraban como si fuera la única camisa que quedaba en las rebajas.

—¡Tú no tienes hijo! ¡Tú no tienes novio!

—¿Y tú que sabes?

—¡Sueeeeelt...!

Y crujió.

No les sorprendió tanto la caída del relleno del muñeco diabólico tanto como lo hizo el sonido metálico que le siguió.

Miraron al suelo.

Reborn abrió los ojos como platos y sonrió.

—¡Satanás!

Tsuna y Chrome se miraron y decidieron olvidarse de la figura diabólica a sus pies.

Esa cosa era fea.

Reborn lo recogió del suelo. Era un objeto metálico muy raro que tenía una inscripción de estrella de seis puntas en el centro.

Daba. Miedo.

—Lo llevo buscando mucho tiempo. Me cargaré al que sea que ha escondido a Satanás dentro de un feo peluche.

Miró asesinamente a los presentes, analizando cuál de ellos habría podido ser.

—Creo que lo de satánico viene de familia... —murmuró Mukuro.

—¡Hey! —se quejaron las chicas—. ¡Lucifer/Beelzebub no es feo!

Ambas miraron mal al asesino, Reborn sólo fulminaba con la mirada a la piña.

Hibari reconsideró aquello de si casarse o no con Tsuna, aquella era una familia de locos.

—Chrome —Tsuna volvió a mirar a la niebla femenina.—, ¿me volverás hombre ya?

La chica negó.

—He decidido que mejor te dejaré así hasta que tu periodo termine.

La castaña miró a su guardiana y cogió los restos del peluche.

—¡Pues ya no serás tía de Lucifer!

Y salió corriendo.

Sin embargo, al llegar a una de las habitaciones, sintió una incomodidad muy... extraña en su interior.

Supuso que sería lo que pensaba que era, y fue directamente al baño.

Sin embargo, el dilema se hacía presente de nuevo.

¿Cómo demonios se quitaba esa mierda que tenía metida de ahí?

No quería tentar a su suerte, podría acabar rasgando algún órgano o desangrándose por completo.

Suspiró decidiendo dejar de lado su orgullo y volvió a salir.

Chrome le espera con una sonrisa.

—¿Vas a decirlo? —sonrió más ampliamente—. Puedo reconsiderar si convertirte ahora o en una semana.

Lo pensó, ¿lo decía o no lo decía?

Estaba muy consciente de lo que ella quería.

Volvió a suspirar.

—Lamento haber dicho que tus cambios de humor eran injustificados y que tenías prohibido el consumo de chocolate por un mes —tembló—. También lamento haberme comido el último helado y haberme olvidado de nuestra promesa de ver películas, así como haberle prohibido a Ken y Chikusa venir.

—¿No te falta nada?

La miró mal.

—También prometo no quejarme ni hacer ruido a mitad de la noche nunca más.

La ilusionista la miró con satisfacción.

—Y te falta algo más.

—¿El qué?

—Promete que dejarás a Beelzebub.

—¡Ni muerta!

En una crisis nerviosa, Tsuna salió corriendo de nuevo, olvidando por completo que aún no había podido quitarse "eso".

Chrome rió. Obviamente no lo decía en serio pero era divertido ver a su jefe perder los nervios.

—Y encima ya habla como chica...

Se apiadaría de él. Ya le había hecho sufrir lo suficiente

Se escondió en una de las habitaciones con los restos del peluche entre sus brazos, sin embargo seguía estorbándole aquella cosa en su interior.

—¿Cómo demonios se saca esto...? —se preguntó con una mueca.

Que fuera lo que el Señor quisiera. Se sacó esa cosa de dentro y vio que, al menos, no se desangraba.

Definitivamente, ser una mujer era una auténtica mierda.

Dios, gracias por hacerle un hombre, aunque fuera torpe.

Se miró en el espejo que había en la habitación y vio que su cabello se iba encogiendo y su rostro iba adquiendo su poca masculinidad.

Quiso llorar.

Gracias a Dios, al fin volvía ser un hombre...

Y estaba seguro que nunca más volvería a burlarse del tal Andrés.

Fin... ¿O no?

Notas de autoras

Notas de Ale-chan Salut lectores~.

TERCERA VEZ QUE INTENTO PUBLICAR. WHY WATTPAD.

Bueno, lo que iba diciendo. Esta story nació un poco de la idea de la incomprensión de los tíos a las mujeres por la regla. ES. UNA. MIERDA.

Por eso hicimos esto. ¡La primera story aquí! Toy emocionada. ¡Espero que os haya gustado pese a lo loco que es!

Nota de Barbie; ¡Heeeeeeeeeeeyyyy! Jamás dejen que piense demasiado :v que vamos de una cosa a otra a otra, ¡Pero es que el período no debería llamarse Andrés! ¡DEBERÍA LLAMARSE SATANÁS! :v #RIPLucifer/Beelzebub. ¡Esta es la primera historia interminable que se publicará aquí! :D 💕💕💕💕💕

Ama-kun: Nota de Hikaru: ME OBLIGARON A ESCRIBIR ESTO MIENTRAS ESCRIBÍA LO OTRO!

Es que estas dos nunca duermen ni nada, tienen todo el tiempo libre del mundo...

Y cuando Hikaru se va a la playa... ¡Se vuelven todos locos!

Definitivamente necesito unas vacaciones...

Pd: A mi aún no me ha llegado Andrés, por lo que esto son los relatos de las irritantes Barbie-chan y Ale-chan amargadas una vez al mes con un poco del sadismo natural de Hikaru 😌

Se despide #FamilyBaHiAl

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