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Capitulo 2

Cuando despertó eran aproximadamente las dos de la tarde, así que decidió almorzar algo liviano, solo una ensalada y un refresco.

Respondió algunos mensajes en su móvil y encendió la televisión para distraerse un poco. Pasó los canales de noticias, de deportes, de dibujos animados, hasta que llegó a los canales de películas. Dejó una al azar, pues siempre eran las mismas, pero prefería eso a nada.

Su gatita tomó asiento frente a él, pues se encontraba en el sofá de la sala. Esta le pedía mimos y atención, solo tenía un año y era muy pequeña y apegada a él. Tenía un color cobrizo brilloso y unos ojos verdes que podían perforar el alma de piedra de hasta el ser más maligno. Era hermosa.

— ¿Qué sucede pequeña? ¿Tienes hambre? Aún no es tu hora de comer...— Le decía mientras dejaba unas caricias sobre su cabecita.

Más esta lo único que hizo fue soltar un largo maullido para saltar sobre él y robarle la porción de comida que mantenía en su tenedor. Jeon abrió los ojos sorprendido y fue detrás del animal que había corrido hacia la cocina. Nunca antes había hecho algo así.

— ¡Hey! ¡Daisy, devuelve eso! ¡No puedes comer eso, pequeña demonio!— La reprendió mientras intentaba alcanzarla, algo totalmente en vano porque ella era increíblemente escurridiza. — Maldición... Espero que no le haga daño, tal vez luego deba llevarla a un veterinario para que la revise.

Con resignación de no poder atrapar a su mascota, volvió a su sala donde encontró el televisor apagado.

Frunció el ceño, extrañado.

¿Lo había apagado? ¿Se habría roto o desconectado?

Se acercó al artefacto notando que estaba en perfectas condiciones, solo estaba apagado. Sin embargo seguía extrañado, pues el control remoto estaba sobre la mesa, y en ningún momento lo había tocado.

— Okay, eso es raro...— Intento alcanzar el control para volver a encenderla, más un golpe en su cuarto llamó su atención. — ¿Qué carajos?

Caminó lentamente hacia su habitación, notando que Daisy estaba sobre su rascador limpiando sus patas, así que un poco más nervioso al ver que no había sido ella, siguió su camino hacia el cuarto.

Al asomarse dentro notó todo como lo había dejado, un poco más tranquilo al respecto, abrió las cortinas de la ventana para dejar entrar más luz y se volvió a la sala, cerrando la puerta detrás de él está vez.

Pero al momento de volver sintió su corazón acelerarse y su alma en el subsuelo. Su rostro se tornó pálido y su respiración se volvió pesada y dificultosa.

Una persona estaba frente a la puerta de su entrada, la luz natural de las ventanas no llegaba a iluminar bien esa parte de la casa, y lo único que le podia ayudar a distinguir la figura era la luz que entraba desde la cocina.

—¡¿QUIÉN ERES?! ¡¿QUE HACES EN MI CASA?!— Gritó alterado, intentando moverse de su lugar, pero estaba congelado, como si sus pies no quisieran moverse.— ¡LLAMARÉ A LA POLICÍA SI NO TE VAS EN ESTE MOMENTO!— No siquiera tenía mucho sentido estar diciendo eso, si era un ladrón o asesino podría matarlo sin problemas ya que ni siquiera había podido salir de su trance por completo.

La figura se acercó un poco más a él, dejando ver a un hombre más bajo que él, más delgado y con una complexión más delicada. Más lo que le sorprendió fue que parecía reconocerlo de algun lado.

Este lo miraba confundido y parecía algo perdido.

—Tú... Tu puedes verme...— Habló el hombre por primera vez con una voz suave y aterciopelada, bastante tranquila a pesar de la situación.

— ¡Por supuesto! ¡¿Qué haces en mi casa y que quieres?! Si quieres dinero llevatelo, o lo que quieras, pero vete antes de que llame a la policía.— Intentaba sonar un poco más calmado, intentando comprender quien era esa persona y porqué actuaba así. Ni siquiera sabía como había logrado entrar a su hogar teniendo todas las puertas y ventanas cerradas.

— Espera, por favor... Yo- yo no entiendo nada, ¿Como puede ser que me veas? Esto... No lo entiendo.— El hombre bajo la mirada y abrió los ojos al parecer recordar algo.— No me conoces y yo no te conozco, pero déjame hablar, por favor.

Jungkook solo quería enterrar su cabeza bajo la tierra ante tal extraña situación.

¿Realmente el ladrón que había entrado a la fuerza a su casa quería hablar con él? ¿Acaso era un enfermo mental que había escapado de un hospital psiquiátrico? ¿O era alguien drogado?

— Bien... ¿De qué quieres hablar?— Dijo intentando no parecer dudoso, intentaría llegar a su teléfono para marcar a la policía.

— Oh cielos, gracias por oírme, se que esto es extraño, pero para mi también lo es... ¿Como me has liberado?— Decía el hombre con un tono esperanzado y sus ojos algo brillosos gracias a la luz.

¿Liberado? ¿De donde?, Jungkook no podía preguntar en voz alta pero no entendía nada.

— ¿Yo te he liberado?

— ¿No lo sabes? Por algo estoy aquí, tu me has liberado... ¿Puedo saber tu nombre?, Necesito agradecerte.

Ay Dios, que alguien lo ayude.

— Jungkook... Solo Jungkook .

El desconocido se arrodilló frente a él, inclinándose con respeto y agradecimiento.

— Muchas gracias Jungkook, me has liberado de mi prisión y castigo, te debo mi vida entera y mi eternidad, por favor déjame agradecerte y compensarte, puedes pedirme lo que sea, intentaré ayudarte en lo que necesites.— El hombre aún no levantaba la vista.

Si, definitivamente Kook no entendía nada.

— Y-yo... Oye, levántate, no entiendo de que hablas, lo siento. ¿Como has entrado a mi hogar? ¿Qué es lo que quieres?— Jungkook intentaba hablar mientras organizaba sus propios pensamientos.

— ¿No lo sabes?— Los ojos frente a él lo miraron confundidos y preocupados.

Jeon solo negó sin saber que decir o hacer a continuación.

Todo quedó en silencio por unos instantes.

— Bien, yo... Me presentaré entonces, Jungkook.— El hombre dio un paso atrás y dio una pequeña reverencia para luego pararse firmemente frente a él.— Mi nombre es Park Jimin, serafín de los cielos y nacido de luz. Tu me has liberado del castigo que se me ha impuesto, y ahora debo pagarte por ello.

¿Qué?

— Lo siento, me perdí, ¿Qué cosa de los cielos y nacido de donde? ¿Castigo?

Jimin lo miro atento y al notar la real confusión de Jeon volvió a hablar.

— Soy un ángel Jungkook, me has liberado de mi castigo y ahora debo ayudarte a ti, ese es el trato.

Jungkook solo quedó en silencio otro par de segundos para luego comenzar a reír a carcajadas.

— Oh dios, si esto es una broma por favor para, no he dormido bien y siento que me estoy volviendo loco. ¿Puedes decirme que quieres y dejar las bromas?

El hombre frunció levemente el ceño.

Retrocedió unos pasos y sin esfuerzo alguno hizo aparecer unas alas detrás de él.

Jungkook se asustó y calló al suelo por el susto. Otra vez estaba asustado y sorprendido. ¿Acaso era real o había caído de cabeza desmayado en algún momento y ahora estaba soñando o alucinando?

— U-un ángel, tu eres un a-angel... ¿Como... como es eso posible? ¿Q-qué...?— No podía decir una oración completa sin trabarse y perderse en su mente.

— Por favor, no temas, no te haré daño, puedo explicarlo, o bueno, lo que sé... Jungkook, todo esto es verdad, pero necesito que te tranquilises para que puedas entenderlo.— El supuesto ángel se arrodilló frente a Jungkook, tomando una de sus manos.

El toque fue cálido y suave, los nervios y miedos de Jungkook desaparecieron al instante. Todo lo que podía sentir en ese momento fue paz.

Frente a él, pudo ver mejor al chico arrodillado.

Era bellísimo.

Su cabello era tan rubio que parecía llegar a un tono blanco, sus ojos eran de un color especial, parecían un agua marina, tan brillosos y dulces que le hacían tener escalofríos. Su piel era pálida y tersa como la porcelana, sus labios eran rosados, gruesos y suaves, como algodones. Su vestimenta parecía ser solo una túnica blanca, e iba descalzo. Lo único que no parecía hacer juego con su belleza etérea y angelical eran sus alas.

Eran hermosas, si que lo eran, pero eran negras, tan oscuras que contrataban con todo su ser. Y eran enormes, incluso cuando estaba parado llegaban al suelo, y sabía que si las extendía podían medir mínimamente dos metros de largo.

El ángel lo ayudó a levantarse y lo acercó al sofá, ayudándolo a tomar asiento y luego sentarse a su lado.

— ¿Ahora me crees Jungkook?

El castaño solo asintió.

— Te contaré lo que quieras, pero por favor no temas ni dudes de mi, tu me has ayudado y te estaré eternamente agradecido.

—¿Como es posible? ¿Qué he hecho?

Jimin se tomó un tiempo para pensar y responder.

— No lo sé con certeza, yo solo sabía que mi castigo sería roto solo cuando alguien me amara de manera correcta y sin romper las reglas de los cielos. Tu no me conoces, yo tampoco, y ciertamente nunca podrías amarme de esa manera.— Dijo con algo de dolor y nostalgia en su voz.

— ¿Cual era tu castigo? Si puedo saber, claro.

— Mi castigo era estar encerrado, poder oír, ver, sentir lo que sucedia a mi alrededor, pero nunca podría interactuar con mi entorno... He estado encerrado en ese pequeño lugar por demasiado tiempo, apenas recuerdo por tantos lugares donde pasé, pero el último fue uno de los más bonitos, por lo menos las personas me miraban y me sentía menos solo.

Jungkook lo observó con confusión.

— ¿Cual fue el último lugar donde estuviste?

— Donde has estado anoche, tu chocaste conmigo y desde ese momento te he seguido.

Y en ese momento Jeon comprendió, reconocía al chico frente a el porqué era la viva imagen de la escultura que había tirado la noche anterior.

— La escultura...— Susurró.

Jimin solo asintió.

— Tú estabas encerrado en la escultura...— Comenzó a hilar todo en su mente, intentando comprender. Hasta que noto algo.— Por lo que llegué a leer esa escultura tiene casi cuatrocientos años... Tú... ¿Has estado allí siempre?

Jimin asintió con pesadez.

— Recuerdo haber pasado por lugares con lo que creo que era la realeza, incluso por lugares viejos y abandonados, pero casi en todos los lugares me ignoraban... Este último lugar fue uno de los más lindos.

Jungkook sonrió un poco.

— Lamento mucho que hayas estado tanto tiempo allí, y con respecto al último lugar, estabas en un museo, por eso todos te veían, te contemplaban porque era una escultura muy bella.

Jimin abrió la boca entendiendo por fin donde había estado.

A Jungkook le pareció tierno.

— ¿Y ahora qué?— Preguntó Kook, intentando saber que sucedería luego.

— Yo... No sé, nunca creí que la maldición se rompería, así que solo se que debo compensarte, o eso creo.

— ¿Y luego que harás?

— No lo sé... Como dije, realmente no esperaba romper la maldición, así que no sé qué haré o donde iré luego.

Jungkook suspiró y luego volvió a hablar.

— Mira, aun sigo intentando entender, esto es nuevo y raro para mi, pero mientras tanto puedes quedarte aquí, esta noche tengo trabajo en el museo, tal vez allí encuentres algo de información o algo que nos ayude. ¿Qué te parece?

— ¿Realmente me dejas quedarme aquí?— Preguntó Jimin con un deje de entusiasmo.

Jeon asintió.

Y la sonrisa del contrario hacia la simple respuesta pudo haberlo dejado sin aire por unos instantes.

Si, estaba loco.

(...)

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