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Seungkwan rió desde el otro extremo de la sala de ensayos. Chan no lo había visto, pero podía reconocer su risa a kilómetros de distancia incluso con un océano entre ellos.

Ignoró la marea de risas de los demás miembros seguida de la de Seungkwan, y continuó con sus estiramientos rutinarios.

Volteó ligeramente para encontrarse a Soonyoung a su lado, tomando asiento en el piso y copiando sus ejercicios al poco tiempo. Estaban aprendiendo una nueva coreografía para una de las canciones de Going Seventeen, y aunque era complicada a Chan le gustaba mucho.

Después de todo Chan amaba bailar.

—¿Crees que hoy podamos sincronizarnos todos? —le preguntó Soonyoung.

Chan masajeó su pierna después de haber terminado sus estiramientos. Miró a Soonyoung, apenas comenzando y una sonrisa se instaló en su rostro.

—Sí. Si todo sale bien, sí.

Soonyoung no lo volteo a ver, demasiado concentrado en hacer que su pie llegara a su hombro. Chan no estaba seguro de que eso fuera parte de la rutina usual.

—¿Qué es "todo bien"?

Había una parte en particular, una en la que Seungkwan cantaba y lideraba la coreografía al centro de todos. Chan creía que Seungkwan debía pulir un poco más sus pasos ahí.

—Ya sabes...

—No. No sé —admitió Soonyoung, acomodando la bandana que se le comenzaba a resbalar por el sudor de su frente.

Chan examinó la sala con detenimiento. Todos parecían ocupados. Minghao y Jihoon trataban de huir de las cosquillas de Jun; Seungcheol, Jeonghan y Joshua parecían cuchichear algo entre ellos; Wonwoo y Mingyu parecían simplemente estar existiendo juntos; y Seungkwan y Hansol— ellos estaban ahí, en una esquina, juntos. Hablando de cerca y riendo ante cada palabra.

Chan ya debería de estar acostumbrado a verlos así. Seungkwan había admitido hace poco, sin quererlo, que Hansol era su mejor amigo— Hansol. Chwe Hansol y no él. ¿Qué tenía Hansol que no tuviera Chan? Chan aún recordaba las mejillas de Seungkwan arder ante la declaración y la horrible sensación de su estómago estrujándose. Él había fingido que estaba bien. "Yo también tengo un mejor amigo, Seungkwan," había dicho. Había omitido mencionar que, de hecho, Seungkwan era ese mejor amigo de Chan. O al menos lo había sido.

—La parte de Seungkwan.

Soonyoung pareció meditar las palabras de Chan un momento. Dejó de hacer lo-que-sea-que-estuviera-haciendo y concentró su atención en Chan.

—¿Crees? —preguntó. Chan mordió su labio antes de asentir—. Quizá tengas razón. Ya sabía que algo no cuadraba, pero no había podido averiguar qué era. —Guardó silencio un segundo, como formulando su siguiente oración. Chan pudo ver su vista desviándose hacia dónde Seungkwan y Hansol charlaban animados—. ¿Pero tú y él no estaban ensayando juntos?

—No. Empezó a ensayar con Hansol desde la semana pasada.

—Que raro —murmuró Soonyoung, quizá más para él mismo que para Chan—. Pensé que tú y Seungkwan eran mejores amigos.

Chan se mordió la lengua para no maldecir. —¿Por qué creerías algo así? —indagó, su voz más áspera de lo que había planeado y definitivamente sonando demasiado a la defensiva.

Soonyoung se alzó de hombros, ignorando el tono grosero de Chan. —Siempre estaban juntos. Ensayaban juntos, dormían juntos... ¿Ustedes se pelearon o algo así?

—Claro que no. ¿Por qué pelearíamos?

—No sé. Por lo que sea.

Chan jamás pelearía con Seungkwan por algo tan absurdo como mendigar la atención de él. Honestamente, a Chan aún le quedaba algo de dignidad. Y si, la verdad que jamás admitiría era que extrañaba a Seungkwan, pero Chan no había pensando que había sido tan obvio con su disgusto.

—Seungkwan y yo no somos del tipo de pelear —alegó Chan.

Soonyoung no le dio la razón, pero tampoco negó la declaración.

Durante el ensayo Chan trató de no mirar a Seungkwan equivocándose a través del espejo y a Soonyoung ayudándolo a corregir sus pasos inestables.

—¿Recuerdas que tú y Jihoon eran muy unidos en el predebut? —preguntó Chan, y Seungcheol dejó de lado la lata de refresco que estaba tomando.

—Aún somos unidos —explicó Seugcheol con la voz cansada. Habían ensayado todo el día, y aunque algunos miembros aún estaban en la sala de prácticas, Chan había sido el primero en seguir a Seungcheol en cuanto este dio por terminado el día—. Seguimos siendo amigos.

—Si, ya sé. Pero antes eran más amigos, ¿no?

Seungcheol recargó la cabeza en el respaldo del sillón y por fin volteó a ver a Chan. Mantuvo su boca cerrada mientras Chan trataba de descifrar su rostro, una tarea que dio por fallida al poco tiempo al percatarse de que no era tan fácil leer a los demás— a cualquiera que no fuera Seungkwan.

—¿Seungcheol?

El mayor suspiró. Chan observó la forma en la que las comisuras de sus labios bajaban, formando algo cercano a una mueca de tristeza. —Es algo complicado, Chan.

—¿Por qué?

—Porque las personas cambian. Y aunque Jihoon y yo aún somos amigos y lo quiero como si fuera de mi familia, simplemente dejamos de ser tan cercanos como lo fuimos de más pequeños. —Seungcheol hizo una pausa para recomponer su postura—. Pero eso está bien, no hay nada de malo. ¿Por qué estás tan interesado de repente?

Chan se aseguró de que nadie más estuviera en la sala. Si se concentraba lo suficiente podía escuchar un par de voces fuera del dormitorio, pero nadie parecía estar muy enfocado en husmear entre su conversación y la de Seungcheol.

—Nada más —respondió, arrepintiéndose un poco a último momento. ¿En verdad estaba a punto de admitir que extrañaba a Seungkwan frente a su líder? Eso era ridículo. Honestamente, Chan sabía que él estaba siendo un poco exagerado.

—¿Seguro? —indagó Seucheol, seguramente percibiendo la incertidumbre de Chan—. Porque sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea. Yo y todos los demás siempre vamos a estar aquí para ti.

Que mentira más grande. Seungkwan lo había dejado de lado a la primera oportunidad que tuvo, ¿qué le garantizaba a Chan que los demás miembros no le harían lo mismo?

Tuvo ganas de llorar de pronto. Chan no lloraba desde la vez que la maldita secadora no funcionaba y— Oh. Chan realmente extrañaba a Seungkwan, ¿no es así?

—Creo que Seungkwan ya no me quiere —admitió entonces, con la voz tan baja que si Seungcheol no hubiera estado pegado a él seguramente no habría entendido.

Seungcheol se apresuró a abrazar a Chan, su corazón sonaba un poco inestable en el odio de Chan, pero Chan no alejó su rostro del pecho contrario.

—¿Por qué crees eso?

—Porque ahora solo pasa tiempo con Hansol.

Seguramente su nariz estaba roja y su rostro ya estaba hinchado por llorar, pero a Seucheol parecía no importarle que su camisa se ensuciara de lágrimas y mocos, lo que honestamente debía de ser desagradable. Quizá Chan le compraría una camisa nueva para navidad o algo así.

—Bueno... —Seungcheol dudó antes de continuar. Chan lo entendió, porque seguramente no sabía qué decir. Chan había dicho la verdad, aunque su corazón se hundiera ante la confrontación de la misma. Seungkwan ya no lo quería como solía hacerlo—. Hansol y Seungkwan son de la edad. Quizá apenas descubrieron que tienen más cosas en común de las que pensaban antes. —Seungcheol pasó un mechón del cabello de Chan detrás de su oreja y Chan no pudo evitar pegarse más al calor que le proporcionaba el cuerpo de su líder—. Si te molesta deberías hablarlo con Seungkwan, estoy seguro de que él entenderá cómo te sientes.

—¿Y cómo me siento? —preguntó Chan, genuinamente interesado en saber la respuesta.

Seungcheol acarició su cabello con delicadeza, tan suave como Seungkwan solía hacerlo en las noches frías en las que Chan no podía dormir en el predebut por extrañar su hogar.

—Triste.

Cuando las estrellas asomaron, Chan se dio por vencido. No podía encontrar a Seungkwan.

Había buscado en todos los lugares que se le habían ocurrido, pero no había tenido éxito. Jeonghan le había dicho que quizá había salido junto a Mingyu y Jun (y Hansol, por supuesto), porque ellos tampoco estaban, y Chan había decidido creerle.

Pero cuando subió a la azotea los escuchó reír. Seungkwan y Hansol estaban ahí, y parecían tan ocupados riéndose juntos que ni siquiera notaron la presencia de Chan.

Chan solo se fue. Regresó a su cama y se tiró sobre el colchón. Ya tendría más oportunidades de conversar con Seungkwan después.

...

—¿Puedes dejar de pisarme por tan solo un minuto? —se quejó con la voz tan dura que todos en la sala de ensayos voltearon a verlo.

Seungkwan tragó en seco, Chan miró su manzana de Adán subir y bajar con nerviosismo. Pero Chan ya había aguantado los suficiente los pisotones, la manera en la que Seungkwan lo parecía ignorar y su falta de compromiso en los ensayos por meses. Realmente se sentía enfadado, más allá de la ausencia que sentía, estaba harto de tener que soportar los errores de Seungkwan una, y otra, y otra, y otra vez.

—Lo siento —dijo Seungkwan en una voz que parecía sinceramente apenada.

Chan dejó escapar todo el aire que retenía en un suspiro pesado. Sobó el puente de su nariz con más fuerza de la necesaria, tratando de mantener la compostura, y después cruzó sus brazos sobre su pecho.

—Si nada más estás aquí para quitarnos tiempo y hacer todo mal, te felicito, Seungkwan, porque estás logrando que no podamos avanzar nada de la coreografía.

—Ya dije que lo siento. Solo estoy un poco distraído. He tenido muchas cosas que hacer.

—Pues parece que has estado distraído por meses —debatió Chan, sin poder evitar mirar a Hansol por el rabillo de su ojo, quien sinceramente no parecía nada alterado—. Estás siendo un estorbo.

—¡Chan! —escuchó a Seungcheol junto a sus pasos apresurados acercándose a ellos.

—No quisiste decir eso —dijo Seungkwan, en un hilillo de voz apenas audible.

Chan junto sus cejas y dio un paso hacia adelante, más cerca de Seungkwan, tan cerca que podía escuchar su respiración desprolija y podía ver sus ojos aguarse de a poco.

—Sí lo quise decir —murmuró.

Entonces Seungcheol por fin llegó y se interpuso entre ambos. Chan se zafó cómo pudo del agarre de Soonyoung, quien lo intentaba alejar de ahí, y observo la cara de Seungkwan enrojecer.

—Discúlpate —le demandó Seungcheol, en esa voz fuerte que no solía usar a menos que fuera realmente necesario.

—No.

—Chan —le advirtió Jeonghan desde atrás—, creo que Seungcheol tiene razón.

—No. No me voy a disculpar. Es la verdad, Seungkwan. En los últimos días no haces nada más que...

—¡Ya basta! —lo interrumpió Seungcheol. Apenas en ese momento Chan notó las lágrimas resbalando por las mejillas de Seungkwan, sus ojeras remarcadas en el contorno de sus ojos y su cabello despeinado y pegado a su frente por el sudor.

Sintió que sus piernas se debilitaron un poco cuando trató de volver a acercarse a Seungkwan y fue detenido por la mano de Mingyu.

—Ya sé que últimamente todo me sale mal, ¿está bien? ¡Ya lo sé! —Seungkwan pasó el dorso de su mano por su cara, tan fuerte que la marca del suéter largo que usaba quedó dibujada en sus mejillas y Chan se preguntó si no le habría dolido—. ¿Puedes simplemente dejar de echármelo a la cara y ser mi amigo por una vez en tu vida?

—¿Yo, "ser tu amigo"? —Chan empujó a Mingyu para dar el paso que antes no pudo. Trató de ignorar la forma en la que Seungkwan se alejó hacia atrás de inmediato—. Eres un idiota. Yo jamás voy a volver a querer ser tu amigo.

El silencio que se formó en la sala de prácticas se volvió abrumador, y Chan tuvo la necesidad de simplemente salir de ahí. Así que lo hizo, se fue dando un portazo y con la vista nublada.

Era injusto— tan injusto. ¿Cómo se atrevía Seungkwan a reclamarle algo así cuando había sido él quien se había alejado en primer lugar? Chan había tratado de hablar con él hace meses— meses, y Seungkwan no había hecho nada más que ignorarlo y seguir pasando todo su tiempo libre con su nuevo mejor amigo para toda la vida Hansol.

Y si, Chan entendía que quizá Seungkwan también estaba tan cansado como él, que se había estado esforzado todo lo que podía en las prácticas. Pero ya no era suficiente. Al menos no lo era para Chan.

Se metió al cuarto de servicio del dormitorio en cuanto llegó y se encerró junto a la vieja lavadora y la secadora. Se dejó caer el piso y abrazó sus rodillas, escondiendo su rostro y las estúpidas lágrimas que habían comenzado a caer de sus ojos. Se sentía como el mismo niño de 15 años que lloraba porque no entendía su futuro y estaba perdido porque no sabía qué hacer. La única diferencia era que sabía que esta vez nadie lo consolaría. Al menos sabía que Seungkwan no iba a hacerlo.

Chan mordió su labio para ignorar el malestar en su estómago al pensarlo.

Odiaba a Seungkwan. Y odiaba odiarlo. Porque sabía que Seungkwan no lo merecía, y que quizá después de todo el verdadero problema era él mismo y su incapacidad para no depender de él, de su voz suave cantándole canciones dulces al oído, de sus manos acariciando su piel con delicadeza, de sus ojos mirándolo a él y solo a él.

No notó el tiempo pasar, pero supo que la noche se aproximaba cuando, a través de la ventana alta del cuarto, comenzó a colarse la tenue luz de las primera estrellas asomándose en el cielo. Trató de recomponer la compostura. No quería que los demás supieran que había estado llorando, no por algo tan tonto al menos.

Esperó que el dormitorio estuviera vacío. No parecía ser tan tarde como para que los demás ya hubieran regresado, por eso se sorprendió cuando abrió la puerta y Seungkwan cayó de espaldas hacia él.

No dijo nada mientras Seungkwan se levantaba y sacudía sus pantalones, con las mejillas teñidas en carmín y la cara pálida.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí? —le exigió saber, pero no en un tono brusco, no. Chan trató de ser suave. Estaba cansado y ya no quería seguir discutiendo.

—Te seguí después de que te fuiste —le admitió Seungkwan. Con la cabeza gacha parecía ser incluso un poco más bajo que Chan.

—¿Por qué?

Chan no lo incitó a hablar más. Permaneció en silencio, esperando con paciencia a que Seungkwan respondiera.

—¿Subimos? —sugirió entonces Seungkwan, y Chan ya sabía que se refería a la azotea del edificio—. No creo que los demás tarden mucho en llegar.

Chan vaciló, no estaba seguro de que ya estuviera preparado para confrontar a Seungkwan, para afrontar de una vez por todas lo mucho que su corazón dolía cada que Seungkwan lo ignoraba por preferir a Hansol.

—¿Si?

Chan suspiró. Estaba perdido. Seungkwan lo miraba a los ojos, con sus orbes tan obscuros y sus pestañas lacias. Chan no podía decirle que no.

—Sí. Vamos.

Siguió a Seungkwan hasta que el aire gélido golpeó contra su cara y sintió sus manos comenzar a congelarse. Era invierno, después de todo, y Chan solo llevaba una camisa sin mangas. En su defensa, había esperado pasar la noche dentro del edificio, no fuera.

Imitó la acción de Seungkwan cuando este se recargó en el barandal de metal oxidado que daba hacía la calle. Desde ahí Chan podía ver los autos pasar debajo, las luces encendidas de la fila de edificios interminables a lo lejos y la neblina cubriendo las partes bajas de la ciudad.

—Quería decirte que...

—No era mi intención...

Chan cerró la boca cuando Seungkwan habló a la par que él. Desvió la mirada y trató de no hacerse a la idea de que, a pesar de todo, de alguna forma seguían compartiendo la misma neurona tonta.

—Tú primero —le dijo Seungkwan, quizá porque era el mayor, o quizá solo porque prefería que Chan se humillara antes o algo así. Chan no estaba muy seguro.

—No era mi intención decir lo que dije en la sala de prácticas —admitió, evitando a toda costa el contacto visual y concentrándose en la sensación de hormigueo en los dedos de sus manos—. En verdad no creo que tú... No estaba pensando cuando dije eso. Y lo lamento.

Escuchó él suspiró de Seungkwan y alcanzó a ver el vaho escapando de su boca cuando se giró a mirarlo.

—No importa. Creo que me lo merecía —le dijo Seungkwan, y Chan estaba a punto de protestar cuando Seungkwan lo calló colocando un dedo en su boca. A pesar del frío Chan sintió el calor esparcirse por su cuello por la acción tan repentina—. Tenías razón. No le estoy dando todo lo que prometí al grupo, y no es justo para nadie que tengamos que ensayar hasta desfallecer solo por mi culpa.

—No es tu culpa. Entiendo que hayas estado más ocupado y distraído... Yo realmente te agradezco por llenar tu agenda de citas en programas de variedades para promocionarnos. —Sonrió al decir eso, una sonrisa sincera pero triste. No quería involucrar a Hansol en el asunto.

Seungkwan agitó su cabeza de un lado a otro, como si no deseara escuchar a Chan. —No es una excusa. Ustedes... Todo el grupo debería de ser mi prioridad ahora, las prácticas y los ensayos, no las promociones. Al menos no justo ahora.

Una ola de viento hizo que la piel de Chan se erizara y que un escalofrío recorriera cada uno de sus huesos. Seungkwan lo notó, porque no tardó demasiado en pegarse un poco más al costado de Chan.

—Perdón por decir que no quería ser tu amigo —dijo Chan.

—Perdón por no haber sido un buen amigo en todo este tiempo —dijo Seungkwan.

Chan se tragó el nudo que se formó en su garganta ante la disculpa. Eso significaba que Seungkwan lo sabía, que lo había sabido todo este tiempo, ¿verdad? Que Chan se había sentido abandonado, y que estaba triste— tan malditamente triste que había decidido liberar su frustración en una pelea absurda que todos tuvieron que presenciar.

Sintió sus ojos volver a escocer. Y, ah, Chan ya estaba cansado de llorar, pero no pudo evitar que su labio inferior temblara y su nariz comenzara a gotear. Debía de ser asqueroso, pero Seungkwan no hacía nada para alejarse, y Chan de pronto se sintió querido de nuevo.

—¿Podemos ser amigos por mucho tiempo más? —preguntó, dudoso de la respuesta.

Seungkwan posó su mano en la espalda de Chan, dibujando pequeños circulitos para reconfortarlo un poco.

—Para siempre —dijo Seungkwan en esa voz tan delicada que tanto le gustaba a Chan escuchar. Y después—, si quieres.

Chan asintió de inmediato. —Sí quiero.

—¿Volvemos ahora? —preguntó Seungkwan después de un rato observando el anochecer. Su cabeza estaba recargada sobre el hombro de Chan, y honestamente, Chan no había estado tan cómodo desde hace mucho tiempo.

—Regresa tú. Creo que me quedaré un rato más aquí. La vista es linda.

Sintió la pesada mirada de Seungkwan fija en él, pero trató de ignorar la intensidad que parecía cargar. Mantuvo su atención fija en la luna mientras Seungkwan quitaba su cabeza de su hombro y tampoco volteó cuando sintió el suéter de Seungkwan situarse en su espalda.

—Te espero abajo.

Chan se aferró al suéter cuando la puerta de la azotea se cerró.

Cuando regresó al dormitorio Seungkwan estaba en su cama, pero no estaba dormido. Abrió sus brazos y le hizo un hueco a Chan cuando este fue a acurrucarse a su lado.

Chan durmió mientras Seungkwan tarareaba en su oído y sobaba su piel helada.

...

La primera vez que Chan cuestionó la extraña relación entre Seungkwan y Hansol tenía 18 años.

Él ya sabía que Seungkwan y Hansol eran amigos— "mejores amigos," como solía decir Seungkwan. Con el pasar del tiempo Chan había comenzado a verlo como una evolución natural. Conocidos, después amigos, después mejores amigos. Lo extraño era que de alguna forma, parecía que la cadena no había terminado ahí, o al menos no por completo. Pensar en eso hacia que Chan sintiera malestar estomacal, así que no solía preocuparse demasiado por ello.

Pero aún recordaba las palabras de Jeonghan esa mañana preguntándole a Seungkwan si le daría algo a Hansol por San Valentín. Y si, al comienzo Chan había escuchado la conversación por un descuido, pero la respuesta de Seungkwan, o quizá la carencia de la misma, fue lo que lo obligó a esconderse detrás del muro de la cocina para terminar de oír.

Había aprendido dos cosas al respecto:

1. Que Seungkwan era malísimo para saber que alguien lo espiaba, y que seguramente las sasaengs lo perseguían toda la vida sin que lo notara al salir de sus apariciones en televisión.

2. Y que Jeonghan, por el contrario, debería ser contratado por alguien como detective privado pronto, porque había sabido que Chan había estado escuchando todo y le había advertido que más tarde tendrían una conversación al respecto sobre escuchar pláticas ajenas.

Honestamente, Jeonghan le recordaba un poco a su mamá. Y era escalofriante.

—¿Prefieres el ramen de queso o el picante? —preguntó Jeonghan cargando dos platos de ramen sin molestarse en tocar la puerta de la habitación que ahora Chan compartía con Wonwoo.

Aunque le gustaba que ahora tuvieran espacio, mucho más espacio, a veces Chan solía extrañar la antigua sala de prácticas y el dormitorio donde todos dormían apachurrados. Bueno, quizá lo que más extrañaba de todo eso era la constante presencia de Seungkwan a su lado por las noches. Al menos ahora tenía a Wonwoo, ¿no?

—Queso.

Jeonghan le pasó el ramen picante y se sentó en la cama de Wonwoo mientras le soplaba al ramen de queso que se había quedado. —Tardaste mucho en decidir.

Chan rodó los ojos, pero aceptó el gesto. Creyó que Jeonghan estaría enfadado o algo así, pero no lo estaba. O al menos no parecía estarlo.

—Gracias.

Jeonghan lo ignoró y Chan trató de no reírse de él cuando se quemó la boca con la comida.

—No te rías, no seas grosero —lo reprendió Jeonghan—. Mejor dime, ¿qué se supone que hacías espiando a Seungkwan esta mañana?

Chan comió un poco de ramen después de enfriarlo. Masticó lento, tratando de hacer tiempo para formular una respuesta.

—No lo estaba espiando.

—Y por eso te encontré husmeando justo detrás de dónde estábamos hablando, ¿no? —dijo Jeonghan con una ceja alzada.

—En mi defensa, eso fue una coincidencia. Solo pensé que era raro que le preguntaras a Seungkwan si le daría algo por San Valentín a Hansol.

—¿Por qué raro?

Chan revolvió su ramen. El humo subía con cada movimiento y Chan comenzaba a sentir su nariz picar por el chile.

—Porque nunca nos damos nada de San Valentín entre nosotros.

—¿Entre tú y él?

Por algún motivo las mejillas de Chan enrojecieron un poco. —No. Entre todos nosotros. Todo el grupo —se apresuró a aclarar.

Jeonghan asintió levemente. Hace poco había teñido su cabello de rubio y Chan creía que el color hacía resaltar sus facciones delicadas. Lo hacía ver más lindo de lo que ya era. Chan se preguntó si Seungkwan también se vería así de bien si se tiñera de rubio.

—¿Te digo algo pero no se lo dices a nadie? —Chan no dudó en decir que sí. Se levantó, cerró la puerta y después se sentó junto a Jeonghan en la cama de Wonwoo—. Promételo.

—Lo prometo. Dime.

—Creo que a Seungkwan le gusta Hansol.

Chan dejó de morderse la uña (que no había notado que mordía en primer lugar) y su boca se entreabrió ligeramente.

¿Qué? Su cerebro no podía comprender del todo la información porque para él no tenía sentido. Era imposible. ¿A Seungkwan le gustaba Hansol? Claro que no. Que tontería.

A Seungkwan jamás le gustaría un chico. ¿Y luego Hansol? ¿Qué clase de broma era esa?

Sus cejas se juntaron sin siquiera darse cuenta. Estaba frustrado. ¿Por qué rayos Chan estaba frustrado?

—Claro que no le gusta, no seas tonto. —Jeonghan lo miró indignado—. Lo siento. Pero no tiene sentido. Sabes que no tiene sentido.

—Tiene todo el sentido del mundo. Deja de fingir que no te has dado cuenta.

Chan miró la punta de sus pies descalzos. La habitación se sentía un poco más pequeña de lo que en realidad era y las palabras no dejaban de flotar al rededor de Chan como fantasmas molestos.

Pero no tenía sentido. No lo tenía. No podía tenerlo.

¿O si?

Hansol y Seungkwan eran mejores amigos. Chan los veía reír juntos todo el tiempo, contarse chistes que él no entendía y sentarse juntos mientras todos se reunían a mirar películas. Pero Chan también hacía todo eso junto a Seungkwan. Él también pasaba tiempo a su lado, hacía a Seungkwan reír tan fuerte que terminaba cayendo de rodillas y abrazando su estómago para poder respirar.

¿A Seungkwan realmente le gustaba Hansol? Honestamente Chan seguía sin encontrarle mucha lógica. Si a Seungkwan en realidad le gustaba Hansol por pasar tiempo junto a él, ¿no debería Chan también gustarle entonces?

—¿En serio crees eso? —preguntó, su voz tan silenciosa que si Jeonghan no estuviera pegado a su costado seguramente no lo habría escuchado hablar.

Sintió a Jeonghan alzándose de hombros. —Creo que si Seungkwan en realidad le da algo a Vernon para San Valentín podría ser porque le gusta.

Un par de días después Seungkwan salió de los dormitorios sin decirle a nadie y regresó muy tarde por la noche. Llevaba dos bolsas de papel en sus brazos y su rostro estaba rojo por el esfuerzo cuando Jun le abrió la puerta.

Antes de que Chan pudiera siquiera pensar en levantarse del sillón para ayudarlo, Hansol ya se había acercado a Seungkwan para quitarle las bolsas que cargaba.

—Hoy es San Valentín —dijo Seungkwan para todos, y Chan sintió que su corazón martilleó con violencia dentro de su pecho, tan fuerte que incluso le dolió un poco.

—Buena deducción, Sherlock —se burló Soonyoung de él desde el otro extremo de la sala compartida, continuando el insistente zapping para encontrar un buen canal en la televisión.

Seungkwan rodó sus ojos antes eso. Una de las comisuras de la boca de Chan se alzó al notar la sutil manera en la que el movimiento de Seungkwan hizo que los mechones de su cabello danzaran.

—¿Qué traes aquí? —preguntó Seokmin entonces, quitándole una de las bolsas a Hansol para asomarse dentro.

Seungkwan se quedó callado y el color rojo volvió a colorear sus mejillas de un tono tan bonito que Chan decidió que probablemente ese era su nuevo color favorito.

Seokmin sacó una paleta de fresa de la bolsa cuando Seungkwan abrió la boca para comenzar a hablar.

—Les compré dulces. Solo son paletas pero...

—¡Seungkwan, eso es tan lindo! —chilló Seokmin, atrapando a Seungkwan entre sus brazos y estrujando la bolsa entre sus cuerpos ante la acción.

Seungkwan soltó una risa tímida y Chan sintió que pronto se derretía, como un helado recién servido bajo los rayos del Sol en un día de verano. Seungkwan no le había dado algo solo a Hansol, le había dado algo a todos. Y Chan no conocía a una persona más amable.

Seungkwan estaba rodeado de al menos la
mitad de los miembros para cuando Chan lo notó. Esperó pacientemente a que todos tomaran una de las paletas y después se aseguró de darle una a Hansol personalmente. Cuando terminó se sentó junto a Chan.

—Ten.

Chan dejó que su cabeza cayera en el hombro de Seungkwan y miró la mano contraria extendiéndole una paleta mucho más roja que las demás.

—¿Cereza? —cuestionó Chan en cuanto metió la paleta a su boca.

—Sé que te gusta más que la fresa. La compré solo para ti.

Chan trató de ignorar la manera en la que su pulso pareció apresurarse y sus orejas comenzaron a arder. —Gracias.

Hansol se sentó al otro lado de Seungkwan poco después. A Chan se le quitaron las ganas de seguir ahí.

—¿Te gusta alguien?

Seungkwan dejó de beber su café helado en ese momento, colocó el vaso en el piso junto a sus piernas extendidas y Chan ladeó la cabeza mientras lo observaba.

—No sé —respondió Seungkwan.

—¿Cómo no vas a saber? —medio se burló Chan. Aún tenía el palito de la paleta que había terminado de comer hace mucho en la boca.

Seungkwan se alzó de hombros. —No sé.

Chan hizo una mueca sin poder evitarlo. Era tan tarde que el Sol comenzaba a asomarse a la lejanía. Habían pasado toda la madrugada junto a los demás viendo películas de Wes Anderson y comiendo palomitas y las paletas que Seungkwan les había obsequiado a todos. Eventualmente casi todos habían decidido ir a dormir, pero claro que Seungkwan no había sido uno de ellos después de haber bebido tres tazas de café, y Chan simplemente había optado por quedarse a su lado todo ese tiempo.

—Que raro.

Chan escuchó la risa corta que Seungkwan soltó y se permitió sonreír un poco.

—¿Por qué me preguntas?

—Nada más.

Un pequeño rayo de Sol, radiante y dulce terminó sobre el rostro de Seungkwan. Chan observó la forma en la que su piel parecía incluso más suave ante la luz, la forma en la que los tres lunares junto a su oreja parecían juntarse de a poco y su cabello, alborotado y un poco maltratado, parecía brillar.

—¿A ti te gusta alguien?

—No —dijo Chan, tan rápido que ni siquiera tuvo que pensar la repuesta.

Seungkwan ya lo observaba cuando Chan lo miró de nuevo. Sus pupilas parecían dilatadas por la repentina falta de luz, y Chan deseó poder acariciar las marcas obscuras debajo de sus ojos cansados. Así que lo hizo.

Chan no solía dejarse llevar por sus impulsos. Si lo hiciera seguido seguramente alguien dentro del grupo ya hubiera terminado asesinado. Tantos años creciendo junto a Seventeen, rodeados siempre de la prensa y cámaras, le habían enseñado a tener autocontrol, a qué no podía hacer todo lo que quería cuando lo quería.

Pero solo estaban Seungkwan y él en la azotea pequeña (a veces Chan también extrañaba la azotea del viejo edificio, más grande y con ese barandal oxidado en el que a Chan le gustaba recargarse y mirar las estrellas tintinear). Y Seungkwan se veía lindo, con las facciones suavizadas. Y estaba mirando a Chan, y solo a Chan.

—Te ves cansado.

Las mejillas de Seungkwan se abultaron ligeramente cuando sonrió débilmente. —Estoy cansado —murmuró, llevando su mano hasta la de Chan que estaba sobre su rostro. ¿Seungkwan siempre había sido así de pálido?

—¿Quieres que regresemos ya? Podríamos dormir todo el día. Hoy es domingo —le recordó Chan. Su mano estaba caliente bajo la de Seungkwan. Dudó un segundo antes de llevar la mano de Seungkwan hasta su regazo y entrelazar sus dedos. Seungkwan siguió el movimiento con la mirada, pero no se apartó y la débil sonrisa permaneció en su rostro.

—No tengo ganas de ser silencioso.

Chan tardó un poco en comprenderlo. Pero el compañero de habitación de Seungkwan era Jeonghan, así que a Chan no le tomó tanto tiempo conectar los puntos.

—Puedes quedarte conmigo. Si quieres.

—Pero Wonwoo duerme contigo.

El rostro de Chan se calentó ante la repentina vergüenza. ¿Sería muy raro ofrecerle a Seungkwan volver a dormir juntos? Solían dormir juntos todo el tiempo antes, pero era verdad que había pasado un buen tiempo desde la última vez. Quizá Seungkwan iba a pensar que era incómodo, que era incluso tonto que Chan se atreviera a proponerlo.

Chan ni siquiera tuvo que volver a hablar para que Seungkwan, de alguna forma, comprendiera lo que pensaba. —Bueno. Sí quiero —dijo Seungkwan, y Chan le dio un leve apretón a su mano.

Volvieron a las habitaciones tan rápido que Chan recordó que habían olvidado el café de Seungkwan afuera. Pero después volvería por él. No ahora. Ahora sujetaba la mano de Seungkwan mientras abría su habitación.

Wonwoo no estaba dormido. Tenía la lámpara del costado de su cama prendida y leía un libro que definitivamente parecía muy complicado. Alzó una ceja al verlos entrar, y a pesar de que Chan tuvo el instinto de soltar la mano de Seungkwan, Seungkwan lo sujetó con firmeza.

—Vamos a dormir aquí.

A pesar de todos los escenarios que Chan creó en su cabeza, Wonwoo simplemente asintió. Así nada más, como si nada. Cómo si de alguna manera no viera extraño el hecho de que Chan y Seungkwan dormirían juntos en la misma cama. Cómo si fuera algo de toda la vida.

Y quizá lo era. Quizá Chan se preocupaba demasiado por nada, por cosas absurdas que nunca iban a pasar.

Al final del día era normal. Y si todos los veían a él y a Seungkwan como un paquete, Chan no se iba a quejar. Sabía que Hansol era el mejor amigo de Seungkwan, pero después de todo Seungkwan aún era su mejor amigo, aunque no se atreviera a admitirlo en voz alta.

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