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La primera vez que Chan vio a Seungkwan tenía 13 años, el sueño de convertirse en idol y una gran bocota que no había dudado en reclamar cuando Seungkwan le pisó por error su pie en uno de los tantos ensayos que debían realizar al día.
Él y Seungkwan no eran muy cercanos. Apenas habían hablado un par de veces en las semanas que llevaban conviviendo junto a los demás. Casuales "¿sabes que desayunaremos hoy?," y "no hay más pasta de dientes." Pero Chan no era demasiado cercano a nadie, para ser sinceros.
Él solo sabía que Seungkwan estaba esforzándose tanto como él, que Seungkwan también quería debutar y ser un idol reconocido. Sabía que Seungkwan se debía de sentir tan terrible como él mismo, abandonando su ciudad natal para ir a un lugar desconocido con chicos desconocidos y la incertidumbre de su futuro.
Pero Chan solo tenía 13 años. Estaba cansado y quería que el maldito ensayo les saliera bien para poder regresar a los dormitorios y dormir 3 horas seguidas hasta tener que volver a ir a estudiar y ensayar y repetir todo una vez más.
—Eres muy malo en esto —dijo Chan con la voz más dura que salió de su garganta, con la cara roja de frustración y el sudor escurriendo de su frente.
Seungkwan se había enojado, por supuesto que lo había hecho. Se había enojado tanto que, después de una reprimida de Seungcheol ("No deberías ser tan duro con él. Todos estamos juntos en esto."), Chan había tenido que seguirlo por todo el edificio hasta dar con él en la azotea.
La noche no era particularmente fría, pero su ropa empapada en sudor rápidamente se congeló contra su piel al entrar en contacto con el aire de la noche que ahora parecía helada.
Chan se acercó con cautela a Seungkwan, quien mantenía las rodillas pegadas a su pecho y se abrazaba a sí mismo. Se veía pequeño, quizá incluso más que Chan a pesar de ser un año mayor. Chan se preguntó si no tendría frío, solo llevaba una camiseta sin mangas y un par de shorts desteñidos.
—No creo que debamos estar aquí.
Seungkwan no lo miró, mantuvo su rostro escondido entre sus rodillas y Chan aprovechó el silencio para sentarse a un lado de él. El piso estaba helado, pero desde ese ángulo las luces de la ciudad parecían estrellas a la lejanía. Era una vista linda que hizo que Chan recordara a Iksan instintivamente.
—Sé que soy malo bailando —dijo Seungkwan. Su voz era tenue y triste, como la luna desvaneciéndose detrás de las nubes, y Chan se arrepintió de haberse molestado con él antes—. Sé que no debería estar aquí. No soy ni de lejos tan bueno como Soonyoung o Hansol o tú.
Chan se revolvió un poco, incómodo repentinamente. Seungkwan seguía hecho un ovillo a su lado, pero de alguna forma el frío que calaba su piel había comenzado a desvanecerse al estar junto a él.
—Lamento lo que dije antes —admitió arrepentido.
Seungkwan lo miró en ese momento por fin. Su nariz estaba roja y su rostro estaba hinchado, sus mejillas estaban tintadas de carmín y Chan deseó poder estrujarlas entre sus dedos y sumergirse en lo suaves que precian ser. Era un pensamiento extraño, pero su estómago dio un vuelco mientras lo imaginaba.
—Pero es la verdad. —Seungkwan giró su cuerpo levemente para quedar cara a cara con Chan. Fue una lástima, pensó inevitablemente Chan, porque el perfil de Seungkwan era bastante lindo, con esa nariz abotonada y sus pómulos alzados. —Quizá le estoy quitando la oportunidad a alguien que sí es bueno de...
—Creo que eres muy bueno cantando —lo interrumpió Chan antes de que Seungkwan pudiera continuar diciendo tonterías—. Tú voz me gusta mucho, nunca te lo había dicho, pero nunca había escuchado algo más bonito.
—¿Qué?
—Y sí, quizá no seas el mejor bailarín aún, pero por eso estamos ensayando todos los días. Mejorarás. Todos lo haremos. Y después vamos a debutar y vamos a ser muy famoso y muy ricos. Y también viajaremos por todo el mundo dando conciertos y todos nos van a amar.
Seungkwan permaneció en silencio. Chan dejó de mirarlo para concentrarse en las luces-estrellas a lo lejos. Era una vista preciosa, inigualable. Ojalá su familia estuviera con él para poder ver lo mismo.
—Tú eres muy bueno bailando. —El tren de pensamientos de Chan se vio interrumpido ante la voz de Seungkwan—. Y también eres muy bueno creando coreografías con Soonyoung.
Chan sintió el calor subir lentamente desde su cuello hasta sus orejas. No era muy bueno aceptando cumplidos, pero si Seungkwan le estaba dando uno significaba que no podía seguir tan molesto, ¿no es así?
—Podría ayudarte. Si quieres —agregó de inmediato—. Podríamos ensayar juntos.
Seungkwan medio sonrió. Chan siempre lo observaba cuando sonreía y también cuando reía. Seungkwan casi siempre estaba riendo. Las primeras noches que Chan pasó en el dormitorio con todos los demás, cuando se sentía solo y miserable y extrañaba a su familia, la risa tonta y fuerte de Seungkwan lo hacía sentir un poco mejor de alguna manera, incluso aunque ellos nunca hablaran.
—Si tú me ayudas a mi, yo puedo ayudarte a ti con tu canto. Si quieres —ofreció Seungkwan, imitando de cierta forma a Chan.
"Si quieres."
Chan sí quería. No mintió al decir que la voz de Seungkwan le gustaba. Le recordaba a casa. A cuando su mamá preparaba kimchi en la cocina mientras tarareaba canciones viejas de amor.
Extendió su mano un poco, lo suficiente como para que invadiera el espacio personal de Seungkwan quien lo miró curioso hasta entender el gesto. Seungkwan estrechó su mano, y cuando lo hizo Chan sintió el calor extenderse por su pecho, como si sus ropas mojadas y heladas hubieran dejado de sentirse contra su piel hirviendo.
—Es un trato, Boo Seungkwan.
Seungkwan rió. Chan observó sus ojos hacerse pequeños y sus dientes mostrarse entre sus labios partidos y secos, y después él también se rió.
—No me digas Boo Seungkwan. Solo Seungkwan.
—Es un trato, solo Seungkwan —repitió Chan tratando de que Seungkwan riera una vez más, cosa que consiguió de inmediato—. ¿Ya no estás molesto?
Seungkwan negó. Quizá aún no notaba sus manos que permanecían entrelazadas, o quizá solamente decidió mantenerlas así. A Chan no le importaba mucho de cualquier modo, sostener a Seungkwan se sentía un poco reconfortante después de un día tan largo.
...
La primera vez que Chan se permitió llorar de frustración tenía 15 años, era de noche y estaba tratando de que la secadora funcionara y había mezclado su ropa clara con la obscura, así que ahora tenía calzoncillos rosas y calcetas negras. Su madre le había enseñado a usar la lavadora y la secadora antes de que se marchara, pero Chan parecía haber olvidado todo de un día para otro. Y era frustrante.
Honestamente Chan no estaba seguro de poder seguir haciendo eso. Lo que sea que estuviera haciendo. Quería ser un idol, quería debutar, pero ya no estaba seguro de querer dejar tanto de sí en algo que solamente lo drenaba tanto física como emocionalmente.
Se dejó caer de espaldas contra la lavadora, aún encendida y cubierta de óxido y dejó que las lágrimas resbalaran por sus mejillas una a una hasta llegar al suelo lleno de moho. Era asqueroso, y Chan no quería seguir ahí.
De alguna forma, a través de sus lágrimas y su vista nublaba supo que Seungkwan se acercaba a él. Su presencia era tan distinguible para Chan que podría reconocerlo incluso después de no verlo en años, en la eternidad.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Seungkwan en lugar de preguntarle si estaba bien. Chan agradeció el gesto, porque obviamente no estaba bien. Se sentía patético y como un pedazo de basura.
—Mezclé mi ropa porque soy un idiota, y ahora no puedo usar ni siquiera la secadora —alcanzó a decir en medio de sorbidos y balbuceos sin sentido—. No sé cómo hacerlo, Seungkwan.
Chan alzó la vista cuando Seungkwan se sentó a su lado, en aquel piso asqueroso y lleno de tierra. Chan suspiró y dejó que su cabeza cayera directo en el hombro izquierdo de Seungkwan. La tela de su camisa de dormir, suave y lisa, se sintió como una caricia en su piel, así que Chan restregó un poco su mejilla ahí.
Sintió la mano de Seungkwan colocarse en su muslo, extendido y cubierto por los pantalones más feos que Chan tenía, y después hacer círculos lentamente.
—¿Quieres hablar? —le preguntó Seungkwan, y de alguna forma sonaba más como un ofrecimiento.
—No.
Seungkwan no respondió, continuó acariciando el muslo de Chan por un par de minutos más hasta que Chan dejó de llorar y de temblar como un niño de 5 años. Chan permitió que su cabeza descansara sobre Seungkwan un rato más, cerró sus ojos para poder escuchar a través de la lluvia de afuera la respiración calmada y estable de Seungkwan para terminar de tranquilizarse.
—¿Quieres que te ayude a secar tu ropa?
Chan abrió los ojos de nuevo. Se alejó lo suficiente como para poder mirar a Seungkwan, con su cabello negro despeinado y sus ojos gigantes mirando directo a los de Chan.
—¿Lo harías?
Seungkwan sonrió débilmente y Chan sintió su corazón martillear un poco demasiado fuerte en su pecho.
—Claro que sí —aseguró Seungkwan después de levantarse y ofrecerle ayuda a Chan para hacer lo mismo—. Mi mamá me enseñó muchos trucos para hacer que estas máquinas funcionen antes de que me fuera de Jeju.
Chan imitó a Seungkwan mientras pasaban la ropa de la lavadora a la secadora, y después siguió de cerca todos los movimientos que Seungkwan hizo para que la máquina funcionara.
Cómo que esperó que Seungkwan se fuera después de realizar eso, pero Seungkwan se quedó ahí, junto a él. No volvieron a sentarse en el piso, pero se subieron a la tapa de la lavadora y se quedaron juntos mientras la secadora hacía ruidos graciosos. Estaban tan cerca que las rodillas de Chan rozaban las de Seungkwan, y sus hombros estaban unidos como con pegamento.
—Gracias.
Seungkwan alzó sus hombros, quitándole importancia. —Cuando yo llegué aquí nadie me ayudó jamás a lavar mi ropa. Y fue simplemente porque yo no pedí ayuda, me daba tanta vergüenza que creyeran que no podía hacer nada por mí mismo que prefería hablarle a mamá en la madrugada para preguntarle cómo era que se encendía una lavadora, ¿puedes creerlo?
Chan negó. Seungkwan jamás le había parecido una persona que se avergonzara fácilmente. Seungkwan podía ser muchas cosas, hablador, emocional, torpe, pero jamás un cobarde, y Chan lo sabía.
—¿La extrañas? —preguntó Chan.
Seungkwan suspiró y Chan pudo percibir la tensión creciendo en él, en la forma en la que su bicep endureció un poco y su respiración se cortó. Seungkwan era muy fácil de leer, y Chan amaba poder leerlo tan bien.
—A veces. Pero está bien —admitió Seungkwan—. ¿Tú extrañas a tu mamá?
Chan sonrió nostálgico. Seguramente sus ojos estaban hinchados y feos, y su rostro rojo por la vergüenza.
—Sí, siempre.
Seungkwan asintió comprensivo. Quizá él podía leer a Chan tan fácil como Chan lo leía a él. —Somos un par de bebés.
Chan se rió, tan fuerte que deseó no haber despertado a nadie en el dormitorio, aunque no estaba seguro de que alguno de los chicos estuviera durmiendo ya.
—¿Crees que Jeonghan y Seugcheol también lloraron porque extrañaban a su familia?
—Quien sabe —dijo Seungkwan, mirando a Chan por tanto tiempo que Chan comenzó a ver su reflejo a través de los orbes obscuros de Seungkwan—. Quizá.
—Gracias por estar aquí. No podría estar haciendo esto sin ti —admitió en un arrebato de honestidad.
La piel de Seungkwan contra la suya se sentía tan caliente que Chan quizo alejarse momentáneamente, pero no lo hizo. La secadora seguía sonando y ellos continuaban pegados uno al otro.
—Si, seguramente jamás podrías haber secado tu ropa tú solo —dijo Seungkwan, pero su tono no tenía ni una pizca de burla. Era honesto.
Chan abrió la boca y la cerró un par de veces, inseguro de lo que debía decir. No se refería a la ropa. ¿Seungkwan lo sabría? Chan estaba agradecido con él por ser su compañero, parte de su equipo. Estaba seguro de que sin él no tendría muchos motivos para seguir persiguiendo un sueño que parecía tan lejano y absurdo.
—Tendría que haberla secado al sol —logró articular después de unos momentos en silencio.
Seungkwan rió y le dio un golpe juguetón en el brazo. —Secar al sol es bueno. Ahorra energía, tonto.
Chan también sonrió un poco, sin que las comisuras de sus labios llegaran a sus ojos.
—Pero no me habrías ayudado.
Seungkwan se quedó en silencio, su vista fija en Chan. Quizá estaba a punto de hablar, Chan creyó que tenía intenciones de decir algo. Pero la secadora dejó de trabajar en ese momento, así que ellos solo bajaron de la lavadora y luego Seungkwan ayudó a Chan a doblar toda su ropa, sin comentar nada acerca de los calzoncillos rosados y patéticos de Chan.
Cuando volvieron al dormitorio Chan genuinamente se sorprendió de encontrar a todos dormidos, sin ninguna luz encendida y respiraciones tranquilas llenando todos los huecos de la habitación.
Dejó toda su ropa limpia sobre su cama, pero sin demasiada luz tratar de guardar todo era una causa perdida. Comenzó a considerar sus opciones en ese momento porque, a pesar de que dormir en el suelo no sonaba tan mal, no estaba seguro de poder sobrevivir después de pasar la noche entera en un piso tan sucio.
—Puedes dormir conmigo. —Y, honestamente, de no haber sido porque literalmente vio los labios de Seungkwan pronunciar esas palabras, Chan habría pensado que estaba soñando o algo así—. Si quieres.
Probablemente ya pasaba de media noche. Chan solo quería tirarse en un colchón y dormir, ¿y qué mejor que hacerlo junto a Seungkwan? Sabía que Seungkwan era una persona cariñosa, un poco demasiado. Chan no se iba a negar a la oportunidad de dormir arrullado por suaves caricias de Seungkwan y su voz tarareando alguna melodía antigua.
—Sí quiero.
Seungkwan sonrió solo un poco, pero fue suficiente para que Chan imitara la acción. Se acomodaron como pudieron en el pequeño colchón, las piernas de Chan sobre las de Seungkwan debido al poco espacio y sus cabezas pegadas. Chan podía sentir el cabello de Seungkwan picando contra su frente, pero no se quejó.
Seungkwan era cálido, y a Chan le gustaba estar con él. Cerró sus ojos despacio cuando sintió el gentil toque de Seungkwan sobre su cabello, acariciando los mechones despeinados y con puntas abiertas. Chan sabía que debía cortarse el cabello pronto.
—¿Crees que logremos debutar? —susurró Seungkwan en su oído. Chan sintió un escalofrío recorrer toda su espina dorsal, pero no era una sensación mala, como que le gustó.
—Sí —respondió quedito y sin pensar, en el mismo tono de voz—. Somos demasiado buenos como para no hacerlo.
Sintió a Seungkwan asentir a su lado. Chan tenía razón, seguramente Seungkwan ya lo sabía. Habían llegado demasiado lejos, todos sus esfuerzos iban a ser recompensados, ¿no es así? Chan ya no se iba a permitir sobre pensar en las cosas malas que podrían pasarles en un futuro.
—¿Sabes algo, Lee Chan? —Chan no respondió. Sabía que Seungkwan no preguntaba para qué respondiera, así que se limitó a seguir escuchando su voz dulce—. Creo que tú eres mi favorito.
—¿Tu favorito?
A pesar no verlo, de alguna forma supo que Seungkwan sonreía. —Sí. Mi favorito.
Chan también sonrió. ¿Cómo no iba a hacerlo? Mientras él tuviera a Seungkwan nada podía salir mal.
—Tu también eres mi favorito —susurró.
Sintió a Seungkwan abrazarlo con más fuerza. Chan se permitió relajarse. Después de todo no era tan malo estar ahí.
...
De alguna manera lograron debutar. No, no de alguna manera. Chan sabía que debutaron gracias a Seungkwan, pero Seungkwan continuaba negándolo. "De alguna manera," decía, y Chan tenía que contenerse para no pegarle en la cabeza con un palo y hacerlo entrar en razón. Pero Seungkwan era así, y Chan ya estaba acostumbrado a él.
—¿Ensayamos juntos hoy? —Seungkwan lo miró después de que Chan preguntara y, ante la repentina atención, Chan sintió sus mejillas calentarse un poco.
La habitación estaba fría a pesar de que era verano, y Chan se preguntaba cómo habría hecho la empresa para reparar el aire acondicionado. La verdad era que le gustaba que hiciera frío, era una excusa más que podía usar para tirarse junto a Seungkwan en su cama mientras ambos veían videos en internet y Chan recargaba su cabeza sobre el pecho de Seungkwan.
—No puedo.
Chan juntó sus cejas levemente ante eso. ¿Seungkwan no podía? Eso no tenía sentido. Seungkwan siempre estaba dispuesto a ensayar con Chan. Solían quedarse pasada la media noche en la sala de ensayos entre risas y parloteos, solo ellos. Seungkwan jamás le decía que no.
—¿Qué? ¿Por qué?
Seungkwan se acomodó un poco mejor sobre el colchón y con el movimiento terminó un poco alejado de Chan. No estaban recostados, pero Chan deseó que lo hubieran estado para poder escuchar su latido del corazón, tratando de averiguar si quizá mentía y nada más le estaba jugando una broma pesada.
—Hansol quiere que veamos una película —explicó Seungkwan—. Dijo que lleva esperando mucho para que salga en la televisión.
Chan sintió un nudo en su garganta por algún motivo. —Oh.
Mantuvieron el silencio por un par de segundos que para Chan parecieron eternos.
Hansol le agradaba, lo quería. Chan y él eran unidos, quizá no tanto como él y Seungkwan, pero a Chan le gustaba pasar tiempo con él. Hansol era divertido, tenía un humor extraño y se reía de todo. Se reía cuando Seungkwan le contaba chistes malos. Quizá se reía más fuerte cuando hablaba con Seungkwan que cuando hablaba con Chan.
—¿Quieres verla con nosotros? —De algún modo la invitación se sintió forzada para Chan, como si Seungkwan no hubiera considerado decirle desde el comienzo.
Chan trató de sonreír antes de hablar. —No, está bien. Ensayaré yo solo hoy.
La sala de prácticas se sentía un poco demasiado vacía sin Seungkwan.
Chan se dejó caer en el piso en cuanto entró y dejó su vista fija en el techo amarillento y con manchas de humedad. Ahí no había aire acondicionado, así que Chan sentía que empezaba a sudar incluso sin haberse movido.
Se preguntó si Seungkwan y Hansol ya estarían viendo la película. Se preguntó si quizá debió haber aceptado la invitación forzada de Seungkwan. Se alegró de no haberlo hecho.
Dio una vuelta en el piso y terminó recostado de lado sobre la madera. Ignoró el dolor en sus costillas por la posición en la que se encontraba y trató de respirar profundo.
Sabía que Seungkwan y Hansol se llevaban bien. Todos en Seventeen se llevaban bien. Pero Seungkwan y Hansol habían comenzado a hacerse más unidos últimamente. Quizá ahora se llevaban mejor que cuando apenas se habían conocido.
A Chan no le molestaba mucho eso. Chan también tenía otros amigos además de Seungkwan. Aunque si a él le dieran a elegir entre cualquier persona y Seungkwan estaba seguro de que elegiría a Seungkwan sin dudarlo. Le dolía saber que Seungkwan no lo elegiría a él, al menos no sobre Hansol.
Era un poco injusto si lo pensaba bien. Chan había hablado con Seungkwan primero, él tenía más derecho de ser su amigo que Hansol. Debía ser él con quien Seungkwan estuviera ahora, no con Hansol mirando una película sobre cine de arte. Seungkwan ni siquiera entendía el cine tan complicado, y Hansol seguramente lo sabría si fuera tan amigo de él como lo era Chan.
No le tomó mucho tiempo más comenzar a trabajar en las últimas coreografías que estaban practicando. No quería seguir pensando en cosas absurdas, ni en cómo Seungkwan no lo había acompañado y lo había cambiando por una película tonta.
Esa noche durmió en su propia cama, extrañando un poco las caricias de Seungkwan en su cabello. La verdad era que Seungkwan ni siquiera había estado en el dormitorio cuando Chan regresó. Hansol tampoco había estado.
Chan trató de convencerse de que no le importaba demasiado.
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