Sauce llorón
LYRA
Eran las siete de la mañana cuando recibí una llamada de Mónica.
-Ly, arréglate y en veinte paso por ti.
-¿Qué de qué hablas? ¿sucedió algo? - contesté mientras me incorporaba en mi cama, intentando entender que pasaba.
Silencio.
-No preguntes, sólo arréglate ya. - ordenó ella.
-Bien, bien, dame unos minutos ¿si?
Colgué aún desconcertada, son las siete, es sábado ¿qué podría ser tan importante, solo espero que nada malo haya pasado, entré al baño a lavarme la cara con agua fría, eso me despertaría.
Busqué en mi closet algo para ponerme, tomé una sudadera roja y unos pantalones de mezclilla, no estaba del humor suficiente como para vestirme como suelo hacer.
Justo como había dicho Mónica, en veinte minutos ya se encontraba detrás de mi puerta tocando de forma insistente.
Salí para recibirla, esperando una explicación lo suficientemente buena como para haberse tomado la libertad de despertarme tan temprano, pero lo único que recibí fue un regaño.
-¿No te irás vestida así, verdad?- preguntó ella.
Me encogí de hombros y ella me empujó a un lado para entrar a ver mi closet.
Tomó un vestido verde pistache de tirantes que me quedaba ajustado y un cárdigan blanco.
-¿Me podrías decir a donde iremos?- le cuestioné.
-No, cállate y arréglate. - esbozó ella tono exigente.
Entré al baño con apatía y me cambié con lo que Mónica me había dicho que usara ¿por qué tanto misterio? ¿A dónde tenía que ir tan arreglada? Salí del baño ya arreglada, Moni me vio contenta, tomó mi mano y me llevó arrastrando afuera.
Llegamos a su auto y allí estaba Fred.
-¿Y tú que haces aquí? ¿Qué pasó? Si no me dan respuestas ahora me voy a regresar a dormir, no estoy de humor para sus bromas. - comenté con molestia.
-Es que murió el tío de un primo, del amigo del hermano de mi papá. - dijo Fred serio y Mónica lo pellizco “discretamente” a esto él soltó un quejido.
-No, a ver chicos, no entiendo que sucede aquí, por favor explíquenme.
-Si te subes al auto te vamos a explicar. - aseguró Fred.
Accedí sólo porque me intrigaba lo que estaba pasando, al subir, noté una sonrisita picara proveniente de Mónica a través del espejo retrovisor. Me puse mi cinturón de seguridad un poco desconfiada.
-¿Ya puedo saber a donde iremos?
-Mmm, yo creo que aún no ¿tu que dices Moni?- dijo Fred en complicidad con Mónica.
Su respuesta fue solo encender el coche y arrancar, no tenia ni idea de a donde me estaban llevando, pero los conozco, sé que harán algo cursi para mi porque he estado triste, claro que sí.
Estuve esperando que en algún momento dieran vuelta hacia el camino que llevaba a la ciudad pero ellos no hicieron eso, pasó una hora y solo veía campo y más campo, ¿Qué se tenían entre manos estos dos?
No dije nada más en el camino, ellos tampoco.
Conforme avanzamos el camino se hizo más familiar, sabía hacia donde íbamos, hace mucho que no iba a ese lugar, mi madre solía llevarme de niña.
Era un lugar apartado pero lindo, poco concurrido, antes era mi lugar tranquilo, pero un día simplemente dejamos de ir, yo de vez en cuando lo visitaba, cuando estaba triste, cuando necesitaba paz y espacio, eso lo sabían ellos, supongo que por eso les pareció buena idea traerme.
Supe que llegamos cuando vi a lo lejos un gran sauce llorón, eso era lo que definía el lugar, un gran árbol al lado de un pequeño lago, sentí tanta nostalgia al verlo, seguía igual a como lo recordaba. Nos estacionamos unos metros antes del sauce, no queríamos arruinar el pasto.
-Y bien, llegamos. - Mónica desabrochó su cinturón, Fred hizo lo mismo y yo igual.
Respiré profundo, impregné mi nariz con el aroma a naturaleza tan característico, hacía calor y mucho aire, justo como a mi me gustaba, el problema es que aún no sabía a que veníamos aquí.
-Bueno, ya fue suficiente misterio, ¿Qué ocurre? – mis dos amigos compartieron una mirada de complicidad – ¿Qué pasa? – cuestioné con insistencia.
-Adelantate, vamos a sacar unas cosas y ahorita te decimos.
Hice caso a lo que me decían, al lado del sauce había una manta color café claro y una canasta.
Planearon un picnic, que lindos, me giré para agradecerles, pero escuché el motor del auto, corrí y ellos ¿se estaban yendo? ¿por qué me estaban dejando sola aquí? Estaba a nada de gritarle para que regresaran cuando mis intenciones fueron apagadas por su voz. Él.
-Hola.
Fue lo único que dijo.
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