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¿Esperas a alguien?

MATT

Encontré a Lyra en la cafetería junto a su amiga Mónica.

Ly se veía preciosa, llevaba un vestido verde lima que le quedaba fantástico, jamás pensé que el color verde me llegara a gustar tanto, no hasta que la vi a ella usándolo.

Me acerqué a hablarle, su reacción fue tan divertida, su nerviosismo se notaba a kilómetros ¿debería sentirme halagado por eso?

Al inicio con quien más hablaba era con su amiga, lo cuál no iba en mi plan inicial, pero debo admitir que me cayó bien, sobre todo cuando me “descifró” bastante impresionante.
 Lo mejor comenzó cuando si amiga se fue.

Le hice una pregunta muy sencilla a Ly, lo que desencadenó lo que yo podría describir como una “pelea con coqueteo”

Por dios, tener su cara tan cerca de mi me hacía temblar y no tengo ni una semana de conocerla. Su expresión desafiante al hablar podría poner a cualquiera de rodillas.

En resumen, ella quería saber porque me sentía tan interesado en ella, no pensaba decírselo, lo de la biblioteca solo fue una simple excusa para poder verla de nuevo, pero ella no tendría porque saberlo.

No suelo ser de esos chicos que sonríen mucho, pero ahora no podía evitarlo por más que quisiera, sin conocerla mucho ella me mantenía en estado de ensoñación.

Minutos más tarde de que ella se fuera, llegaron Emma y Colle, se acercaron a saludarme, se veían cansados, seguro durmieron poco por la fiesta.

- ¡Hola extraño! ¿Por qué tan sonriente? – dijo Emma mientras me hacía a un lado para sentarse y Colle hizo lo mismo.

-Luego te explico, pero antes que nada ¿puedo quedarme con las llaves de la biblioteca para cerrar esta noche?

 Emma arqueó una ceja, claramente ya entendía lo que estaba pasando.

-No hace falta que me expliques, ¿Cómo se llama? – dijo ella.

 Odiaba que me conociera tan bien.

-Se llama Lyra.- respondí.

-Uuuu ¿y esa tal Lyra está buena? - dijo Colle codeando a Emma.

Detestaba que hablara de las chicas como si fuesen un objeto.

- ¿Y eso a ti que te importa? – contesté con molestia.

-Pues ya sabes, me quiero asegurar que mi querido Matthew se va a acostar de alguien de calidad.- dijo de una forma que logró que me dieran ganas de vomitar.

-No me pienso acostar con ella.- objeté.

- ¿Ah no? ¿y para qué quieres tener la llave de la biblioteca? No sé tú, pero eso me suena a que por fin vas a perder tu virginidad, pero oye, los moteles no son tan caros.- dijo riendose.

Era tan molesto que siempre buscara humillarme por ser virgen como si eso fuer algo malo y me hiciera menos hombre.

-Simplemente quiero estar a solas con ella, pero no para lo que ustedes creen.- les expliqué.

- ¿Y qué harán? ¿Platicar? – Su voz era burlona y eso me hacía enfurecer.

-Pues sí, de hecho si ¿sabes Colle? No todo en la vida es sexo.

 Justo como lo pensé comenzó a reírse de mí nuevamente.

Emma me defendió y me dejó quedarme con las llaves, ella sabía que si le pedía las llaves no es para algo malo, aparte luego buscaría la forma de compensárselo.

En unos minutos serían las diez así que tenía que irme a mi clase, me despedí de mis amigos y me dirigí al edificio donde tenía clase.

 Todas mis clases las pasé con un increíble humor cosas que como ya mencioné no suele ser tan común en mí.

 Algunos de mis compañeros me veían raro, estoy seguro que me forma de actuar parecía la de alguien que se metió tres rayas de cocaína antes de entrar a el aula, como si ellos no se metieran cosas peores.

Contaba las horas para que terminaran las clases, mientras tanto planeaba todo en mi cabeza, saldría de clase, iría a mi habitación, terminaría algunos pendientes y a eso de las siete y media debería estar en la biblioteca, tal vez era demasiado temprano pero no tenía ni idea si ella pensaba llegar más tarde, o si siquiera pensaba aparecerse.

Terminé de hacer mis deberes mucho antes de lo que había dicho así que me quedé recostado en mi cama un rato en lo que eran las siete.

Me puse a pensar de que cosas podría hablar con ella, no la conocía lo suficiente, no sabía que cosas le agradaban y que no, no tenía la intención de arruinar las cosas.

Empecé a ensayar mentalmente las cosas que debía decir que hacer, paso uno saludarla. ¿Y luego? Ese era el problema.

En la mañana la saludé normal, no tendría porqué ser difícil saludarla ahora, es lo mismo Matt, tranquilo.

Estuve volteando a ver el reloj cada cinco minutos esperando a que fueran las siete, estuve paseándome de un lado a otro en mi habitación como un león enjaulado que quiere salir.  

Justo cuando faltaban quince minutos para las siete comencé a alistarme, preparé mis cosas, técnicamente ya estaba listo pero aun faltaban unos minutos, no me importó y salí casi volando de mi edificio el cuál no quedaba tan lejos de la biblioteca así que en unos cinco minutos ya estaba allí.

No fue una sorpresa que al llegar no la encontré allí, la mitad de mi corazón sentía decepción, pero la otra mitad tenía esperanza.

Entré y acomodé mis cosas en una silla y me fui a buscar algo para leer en lo que ella llegaba, elegí Orgullo y Prejuicio.

Debo de admitir que no soy una persona paciente, pero esta vez no tenía problemas en esperar un poco. Iba pasando el tiempo y la poca gente que estaba allí se fue yendo, llegó el momento donde yo era la única persona ahí.

Pero a pesar de eso esperé un poco más, tal vez y solo tal vez llegaría.

Pasó por mi mente varias veces la posibilidad de que ella no llegara, pero algo me mantuvo allí esperando. Y cuando menos lo esperé alguien gentilmente tocó mi hombro.

-¿Esperas a alguien?- habló una suave voz.

Mi corazón se aceleró, me di la vuelta y justo como lo supuse, esa voz tan suave no podía venir de otra persona que no fuese ella.
 

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