Descanso
MATT
En estos momentos mi vida estaba hecha un lío, mi escritorio tenía papeles por montones, tareas, exámenes, proyectos, elegir mi servicio social, pensar a futuro.
Todo me parecía demasiado para mi, todo el tiempo me sentí muy relajado en la universidad, estudié algo que siempre me llamó la atención ¿pero realmente tengo algo planeado a futuro?
No, esa es la respuesta, no, no, no y no.
Toda la vida me han dicho que debo tener un “plan de vida” ¿Cómo carajos hago uno de esos? Ni siquiera sé que quiero comer hoy.
Me estresa tanto ver a todos con la vista fija hacia un punto exacto, mi vista está en constante movimiento siguiendo a una mosca. No puedo elegir mi futuro en dos meses ¿o si?
Todos lo estás haciendo menos tú, tonto.
Como detesto a la voz dentro de mi cabeza, solo me hace enojarme más y empeora todo, si mi cabeza ya es un enredijo esa maldita voz degenera la poca paciencia que me queda.
Hay una sola cosa que me mantiene aquí y es Lyra, no me gusta decir que es un escape, porque eso sería decir que solo la estoy usando para mantenerme bien. Pero de cierto modo, ella ayuda a que todo en mi ser se calme y pueda ver todo con tanta claridad.
Ella no era un escape, solo era un lugar seguro, ok tal vez suene a lo mismo, pero juro que no es lo mismo, un escape es momentáneo, un lugar seguro está allí siempre.
La verdad fue un respiro que me haya invitado a su casa hace unos día, Ly entiende lo mucho que necesito ese descanso, ¿y que mejor si es a su lado? No hay nadie con quien deseé pasar más el tiempo que con ella.
Las últimas semanas la había descuidado tanto, me sentía horrible por eso, aunque ella decía que la culpa no era de ninguno de los dos, que no debía mortificarme por algo así, agradezco que no sea una de esas chicas a las que tienes que estar prestando atención cada minuto porque si no mueren como campanita cuando no le aplauden.
Ahora tenía un bendito fin de semana para relajarme y compensarle estas semanas a Ly, ya teníamos planeadas algunas cosas, ir al cine, helado, cena romántica, dormir juntos, tal vez algo más.
No sabía realmente si llegara a pasar algo, pero de todos modos iba a estar preparado porque uno nunca sabe, evitaría beber a toda costa, no me gustaría que pasara lo de la última vez, por lo que me contó Ly y lo poco que yo recuerdo, me puse demasiado impertinente, y dije cosas que sobrio ni de chiste diría.
Ly a veces me lo recuerda para molestarme, pero yo le recuerdo la vez de la azotea y se queda callada, me gustó mucho la forma en la que actuó ese día, no parecía la Lyra inocente y delicada que es siempre.
Aún hay noches donde me quedo despierto recordando lo bien que se sintió tenerla arriba de mi, pero también lo asustado que estaba, pero ahora no me siento para nada asustado.
Ella pasaría por mi en un rato, así que ya había armado mi mochila con todo lo necesario, estaba a la expectativa de lo que podría pasar este fin de semana.
Ly tocó la puerta, así que salí para recibirla, como siempre se veía bellísima, llevaba un vestido negro liso que combinaba con su cabello, podría jurar que es mismo tono de negro intenso ya que su cabello bien podría pasar desapercibido con su ropa.
La observé allí parada frente a mi, con una pequeña petunia silvestre entre sus deditos.
–¿Para mi? – cuestioné.
Ella asintió, acercó más la florecilla hacia mi para que la agarrara y eso hice.
–La mayoría de hombres no reciben flores en toda su vida, solo el día de su funeral. – suspiró y continuó. – Quise regalarte una para que sepas lo importante que eres para mi.
Por el tono de su voz deduje que ese tema la ponía sentimental, esa era una increíble cualidad que ella poseía, ser tan sensible me parecía una virtud tan fantástica como peculiar.
–Es hermosa, estoy seguro de que cada vez que la vea me voy a acordar de ti. – Tomé la frágil flor y la puse entre las páginas de mi cuadernillo de poemas.
–¿Sabes? Ese cuaderno me da muchísima curiosidad ¿Qué escribes allí amor? Si puedo saber claro.
–Cosas, las cuales no quiero que leas, por lo menos no ahora.
–¿Qué? ¿acaso escribes la carta con la que me vas a terminar?- preguntó ella.
–Por dios, ¡claro que no! Solo son cosas muy personales, prometo que un día leerás lo que está aquí.
Ella hizo un puchero a modo de suplica mientras se abalanzaba contra el cuadernito en un intento fallido de tomarlo por la fuerza, es obvio que olvidó que soy más alto que ella y que si estiro la mano prácticamente ya no pude alcanzarlo por más que brinque.
–Es muy mal educado de tu parte tomar ventaja de mi por no ser tan alta. – dijo frunciendo el ceño.
–También es mal educado querer husmear que cuadernos ajenos, enana. – Me acerqué a ella dándole unas palmadas en su cabeza, su cara de enojo valía oro. – Anda, ya vámonos, no puedo esperar a descansar.
Tomé su mano que apenas cabía en la mía, pero eso no significaba que no encajaran a la perfección, puede que ya haya pasado tiempo desde que nos tomamos de las manos por primera vez, pero a pesar de eso, aún siento mariposas en el estomago cuando lo hacíamos.
Quiero pensar que eso pasa cuando amas mucho a alguien y estás perdidamente enamorado de esa persona, por semanas, meses, años que pasen, tomar su mano, besar a esa persona o aunque sea abrazarla causará un revuelo en todos tus sentidos.
Así se sentía, como si todo en tu interior decidiera moverse al ritmo del amor, te hace sentir eufórico una y otra vez hasta volverte loco.
Amaba la forma en la que se siente estar con ella.
Nos pusimos en camino hacia su casa, que para mi sorpresa era no muy lejos de donde yo vivía, genial, ahora podría visitarla después de que nos graduemos.
Mientras más nos acercábamos noté que estábamos en uno de los barrios más lindos de la ciudad, casas al puro estilo americano con patios hermosos llenos de flores, y entonces ella aparcó en una casa no muy distinta a las demás, era muy grande, color café pues claro, era una casa hecha de madera.
Alguna vez oí a mi padre decir que era mejor una casa de madera porque mantenían el calor en invierno, y eran frescas en verano.
Al salir del coche vi un rastro de que alguna vez fue un camino lleno de flores, algunas de ellas aún parecían luchar para estar con vida, como las lavandas, eran lo único que resaltaba entre las demás plantas marchitas.
–Mi mamá no cuida mis plantas, dice que no tiene tiempo. – ella se acercó a una de las lavandas para olerla. – Cuando estaba aquí todo esto florecía hermoso, los vecinos estaban celosos de mis margaritas.
Noté el aire de nostalgia en su voz, a veces Ly no hablaba mucho de ella, no quería presionarla, pero aún así me parecía un misterio.
Yo no suelo hablar tanto de mi pasado, pero con Ly tengo confianza de hacerlo, a veces me frustraba que ella no lo hiciera, pero ya me acostumbré y lo respeto mucho.
–Estoy seguro de que se veían fantásticas. – me acerqué con ella para oler la misma lavanda. – ¿Puedo saber porqué te gustan tanto las margaritas?
–Bueno, son muy lindas, simples pero como decía mi abuelito “en la simpleza siempre encontrarás belleza” Puede que no sean hermosas como un rosa, o unas lilas, no son aromáticas como los geranios o la lavanda, pero donde las pongas se ven preciosas.
–Tienes razón, tienen algo que las hace especiales desde que las vez, como tú.
–¿Cómo yo?
–Si, cuando te vi por primera vez supe que eras especial, entonces creo que eres como una margarita, tienes aura de margarita.
–Vaya, creo que nunca nadie me había comparado con una margarita, pero me gustó que tú lo hicieras.
Sonreí y ella hizo lo mismo, no me canso nunca de esa sonrisa suya, tan tierna, alegre, una sonrisa que grita a los siete vientos “enamórate de mi” como una sirena, te envuelve y cuando menos te das cuenta te estás ahogando de amor.
Ella movió la cabeza hacia la puerta, como diciendo “ya hay que entrar” a veces hacíamos eso, no hablábamos pero nos entendíamos bien.
Ly sacó sus llaves de debajo de una maceta que había en la entrada, abrió la puerta y entramos a su casa.
Un gatito color miel se me acercó, restregando su cara en mi pierna.
–Oh, bueno, ya conociste a pollito.
–¿Tu gatito se llama pollito?- pregunté hincándome para acariciarlo.
–Si ¿Qué no vez que se parece a un pollito? – ella me imitó al hincarse para igual acariciar al mimado y gordo gato. – Ay ¿verdad que si pareces un pequeño pollito cosita peluda? ¿verdad que sí?
–¿Por qué a mi no me mimas así?
–Porque no eres un gatito llamado Pollito, aparte, siempre me la paso mimándote.
–No, no es cierto. – dije haciendo puchero.
–¿Quieres ver que si? – enunció ella para después acercarse a mi y comenzar a hacerme caricias en el cabello y en la cara.
Me recosté en su pecho cuando aún estábamos sentados en el piso, pollito se metió entre el espacio que quedó entre nosotros.
–Que bonito, ahora tengo a mis dos amores juntos, más feliz no puedo ser.
–Muy bien, pero dime ¿a quien amas más?
–Matt, no me voy a poner a decidir, los amo por igual. – dijo después de besarme.
Entrecerré los ojos viéndola a ella y viendo a ese gatito que bien podría robarme a mi novia si quisiera.
–Te estaré vigilando, pollito.
Ly puso en blanco los ojos, y se levantó del piso extendiéndome la mano para que yo igual me levantara.
Cuando me adentré más a su casa me di cuenta de que era una casa que se veía genuinamente triste, como si el tiempo se hubiera detenido ahí adentro.
Me detuve a ver algunos retratos que estaban en la pared, la mayoría eran de Lyra, de cuando era pequeña, eran fotos bastante chistosas, había una de ella comiendo un helado sentada y sin uno de sus dientes frontales.
Con disimulo le tomé una foto a ese retrato, se veía adorable. Cuando más caminé encontré fotografías familiares, no sabía exactamente quien era quien, pero Ly notó mi curiosidad y se aproximó para explicarme.
–Bien, la de en medio soy yo, a mi izquierda está mi madre y mi abuelita, a la derecha está mi abuelito y al fondo está él. – dijo lo último con notorio desdén.
–¿Y quien es “él”?- pregunté sin pensar. – No me tienes que contar si no quieres.
–Pues mi madre dice que es mi papá, pero yo estoy segura de que mi papá biológico en Chayanne. – pronunció con una risa que se notaba forzada.
Me parecía rara la forma en la que Ly solía hablar de las cosas que seguramente le dolían, porque primero tocaba el tema, después hacía un chiste del mismo, y era difícil retomar el tema con seriedad.
Por lo que ella me contó alguna vez, sus padres estaban divorciados, pero su madre volvió a casarse, y en cuanto a su padre, no me ha dado mucho información, pero al parecer no fue alguien con quien llegara a convivir.
–Mi madre nunca me habló mucho de él, pero no es como que deseé saber mucho, no es un tema agradable para mi. – suspiró. – Sabes que confió mucho en ti, pero simplemente hay cosas con la que aún no puedo lidiar del todo. – dijo con una sonrisa triste.
–No te preocupes, no hablaremos de eso.
–Gracias. – ella bufó y cambió de tema. –¿no tienes hambre? Yo si, te voy a preparar algo.
Entonces ella fue a la cocina mientras yo me quedé viendo la foto con atención, tenía un poco de cada quien de su familia, me pareció asombroso el parecido entre ella y su madre, en cuanto a su padre, tenían exactamente el mismo color oscuro de ojos, tan llamativos y vibrantes para ser de un color no tan alegre, eso era interesante.
Quite mi vista y vi a Ly de puntillas intentando alcanzar algo de la alacena.
–Oh espera yo te ayudo. – me aproximé a ella para ayudarla. – ¿Qué necesitas que baje?
–El frasco de mayonesa, por favor. – indicó ella.
Tomé el frasco sin mucho esfuerzo, es entendible que Ly no lo alcanzara pues es del tamaño de un tapón de alberca.
–¿Quieres que lo abra?
Ella negó con la cabeza, tomó el frasco, sacó un cuchillo sin filo de uno de los cajones y lo usó como un palanca, yo no sabía que eso se podía hacer.
–Esto es algo que me enseñó mi abue.
Luego le ayudé a armar los sándwiches, yo ponía la mayonesa mientras ella cortaba las verduras, después yo los armaba y ella los ponía en la sandwichera.
Ninguno de los dos había desayunado, así que ambos moríamos de hambre, tal vez hubiéramos roto un record Guinness en la categoría de “comer en menos de dos segundos” pero es que estaban tan deliciosos, resultó que Ly también es de las que ama ponerle papitas a todo al igual que yo.
Nos pusimos a lavar lo que habíamos ensuciado, pero en un intento de hacerme el chistoso con la espuma le aventé jabón en el ojo a Ly, ok puede que si me haya dado mucha risa, demasiada risa.
–Perdón, perdón, no fue mi intención. – dije entre risas.
Ly estaba en el lavabo echándose agua para quitar el jabón, entonces volteó hacia mi, y me asesinó con la mirada en lo que se secaba la cara. Tenía un ojo rojo he hinchado se veía tan graciosa.
–Te pareces a Quasimodo. – no pude aguantar las ganas de decirlo, pero a ella no le dio mucha risa.
Tomó la toalla con la que anteriormente se había secado y comenzó a pegarme con ella, se veía como una caricatura enojada, sus golpes dolían poco, pero su intención era mucha.
Me estaba riendo tanto que caí al suelo, donde aproveché para hincarme y pedirle clemencia a mi amada.
–Ya, ya, ya, discúlpame amor, no lo vuelvo a hacer ¿hay algo que pueda hacer por ti?
Ella lo meditó unos segundos y luego sonrió maliciosamente.
–Veremos la saga completa de Crepúsculo.
En realidad no era algo que me molestara, las llegué a ver con mi hermana hace algunos años, no me parecían fatales, pero Lyra no tenía porque enterarse de eso.
Subimos a su cuarto, el cual estaba muy ordenado, pintado con colores cálidos, algunas fotos en las paredes y posters de bandas que rompían con todo el estilo “tierno” de su habitación.
Ella se tiró a la cama y su vestido se levantó un poco, lo suficiente para que sus muslos pudieran verse, aparté la vista cosa que ella notó.
Entonces se sentó y subió más su vestido, sabía lo que estaba haciendo y me parecía muy cruel.
–Se supone que mi castigo sería ver Crepúsculo. – indiqué tratando de no verla mucho.
–Ajá, eso es lo que vamos a hacer ¿de que hablas?
Ella sabía perfectamente de que estaba hablando.
–Olvídalo, mejor hazme espacio para que pueda acostarme.
Y eso hizo, tomó sus almohadas y se recostó dejándome el lado derecho de la cama.
–¿Y no me vas a dar ninguna almohada preciosa?
–Oh, no te lo dije, tu almohada soy yo, anda acuéstate.
Eso no lo esperaba, pero no me negué, me fascinaba la idea de recostarme en ella, escuchar los latidos de su corazón y el ritmo de su respiración, ¿Qué más podía pedir? Esto definitivamente no se sentía como un castigo.
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Holiii perdón por tardar tanto en subir este capitulo, ya ven, la escuela me esta dando a cogida de mi vida y ni se siente rico unu
En fin, abro debate ¿Lyra quiere más a pollito o a Matt?
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