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Noviembre


Estaba mirando el cielo silencioso

Que se refleja en mi ventana

Entonces, te llamé como de costumbre

Mas no hubo respuesta, no pude verte.


Viernes 23, por la tarde

Universidad de Tokio

Yo soy una sombra.

A través de la ciudad doliente, huyo.

A través de la desdicha eterna, me fugo.

Por la orilla del estanque Sanshiro, avanzo con dificultad, casi sin aliento... tuerzo a la derecha y enfilo hacia el norte, escondido bajo las sombras de los ginkgos.

Pero sigues detrás de mí.

Tus pasos se oyen cada vez más fuertes, me persiguen con implacable determinación.

Desde que te fuiste me acosan. Su persistencia me ha mantenido en la realidad, aunque seas solo una ilusión creada por mí..., obligándome a vivir en este purgatorio..., a vivir solo porque soy capaz de respirar.

Tú eres una sombra.

Ahora, en la superficie, levanto la vista hacia el norte, pero soy incapaz de encontrar un camino que me lleve directo a ti..., pues los ginkgos me impiden ver los últimos rayos de luz.

Pasó por un lado de la puerta de Akomon con un diseño de aguilón arqueado con bargeboards junto con dos puestos de guardia en ambos lados...; me abro paso entre las primeras ráfagas de viento que indican la inminente llegada del invierno. Tras pasar el jardín en miniatura, me dirijo hacia el oeste en dirección de la facultad de medicina.

Aquí ya no hay lugar para nosotros.

Abro la puerta y me adentro en el corredor, obligo a mis pesadas piernas a subir la escalera... cuya espiral asciende en suaves escalones de mármol gastados.

Las voces resuenan por todo el lugar. Indiferentes.

Mientras voy subiendo, acude a mi mente tu visión..., los partidos de basquetbol donde jugábamos juntos, los viajes en la carreta, los días soleados que compartíamos en los parques con mi hermana.

Asciendo los últimos escalones del cuarto piso, tambaleándome y medio muerto, trato de correr hacia el salón de clase, el aire húmedo del anochecer me dificulta respirar. Miro por el ventanal tratando de sostenerme. Abajo veo a los últimos alumnos llegar.

Las voces indiferentes ahora gritan de preocupación.

-¿Te encuentras bien?

-Rápido llamen a un doctor!!

-Hay que llevarlo a la enfermería.

Nuestra separación me llevo al límite.

Me he desmayado, he pasado las últimas noches sin poder conciliar el sueño, días sin apetito, cuando el alma gemela se desvanece se pierde la razón de ser.

Me susurraste al oído que me protegerías,

Y yo te creí.

Pero te has ido sin decir ni una

Sola palabra de despedida.

Ese mismo día

Hospital Midorima

Se podía escuchar una voz a lo lejos, era Miyaji parecía que estaba hablando por teléfono con alguien. Su débil cuerpo no podía moverse, sus párpados se rehusaban a obedecerlo, su mente solo quería un poco de descanso. Sus últimos recuerdos eran en la ambulancia, ni siquiera noto cuando le pusieron la intravenosa. Le pareció ver a su padre en su ingreso en el hospital. La voz permanecía insistente parecía susurrar, que era lo que decía?, aun si estaban en la misma habitación, tendría que poner su máxima esfuerzo para descifrar de que hablaba, no le importaba, sólo quería silencio. Su cerebro clamaba por descanso, pero una sola palabra hizo que dejará eso de lado.

-Takao.... Llegará para su boda?

-...

- En menos de 24 horas serán una familia. Nervioso?

-...

- (risas) No te preocupes, estaré ahí, saldré mañana muy temprano.-

-...

- No manejo tan mal, solo son dos horas-.

-...

- Por nada del mundo me perdería... en vestido de novia-.

-...

-Todo saldrá bien, ustedes planearon.... -.

- ...

- Pronto serán...

No entendía bien que era lo que estaba pasando, su pulso empezó a acelerarse. Era como si su cuerpo estuviera entumecido, pero su mente iba a mil por hora. Escucho como Miyaji llamo a una enfermera. Sabía que le pondrían un sedante, pero no era eso lo que quería, necesitaba que su cuerpo le respondiera. Tenía que saltar de esa cama, el rubio tenía que contestar muchas preguntas.

Pero sus esfuerzos fueron en vano, ni un dedo se movió.

Eres como el fuego

Me siento atraído hacia tu calor

Te propagas en mi interior y cuando abro los ojos

Solo quedan restos de cenizas

Al día siguiente, al despertar podía sentir su mente más despejada, su cuerpo ahora era libre. Ese horrible sueño se veía muy lejano.

Su padre había entrado a su habitación con una cara seria, Shintaro lo sabía, que cruzo la línea.

-Te traje ropa limpia, y el desayuno te lo traerán en unos momentos-. No puedo creer que hayas llegado hasta estos extremos.

-Lo siento, estas últimas semanas han sido un poco estresantes, los maestros...

-Shin, deja de mentirte, sabes que no estas así por la escuela.

Shintaro abrió sus ojos como platos y aparto la mirada.

-Tu cuerpo sufre como un adicto a quien le han quitado su droga...-

-No sé de qué estás hablando...

...

-Espero que cuando te des cuenta no sea demasiado tarde.- camino hacia la ventana-. Deberías de darle las gracias a tu sempai.

-Que?

-Miyaji, él estaba en el edificio cuando la ambulancia te recogió, se tomó la molestia de acompañarte e incluso paso la noche aquí.

El peli verde pensaba que todo aquello había sido un sueño, la voz susurrante era solo producto de su imaginación, pero y si no...

-Donde está él?

-Se fue, dijo que tenía un compromiso importante y no podía quedarse más tiempo, algo sobre una boda...

La reacción fue demasiado rápida qué estuvo a punto de caer al suelo.

Su padre fue corriendo para ayudarlo a sostenerse.

-Siéntate, aun no estás en condiciones de ...

-NO, tengo que impedir que.

Demonios no tenía ni idea de adonde pero tenía que apresurarse y llegar, se obligó a recordar que era lo que había escuchado.

-Mi celular, donde está?

-Shintaro, que sucede?

Fue tambaleándose hacia el pequeño sillón donde tenía colgado el saco que había usado el día de ayer pero su celular estaba muerto y no tenía tiempo que perder. Se quitó la bata y empezó a cambiarse. No sintió el dolor punzante del suero al ser arrancado sin la más mínima delicadez.

-Midorima Shintaro por todos los cielos que crees que estás haciendo.

-Me dijiste que me diera cuenta no es verdad? Eso estoy haciendo...

Al querer tomar sus zapatos del suelo pudo percatarse de la pequeña tarjetita que estaba tirada, la levantó y quito un poco de polvo, al parecer alguien la había pisado.

Esta decía así:

Al término de la ceremonia

Se llevara a cabo el banquete en punto de las 13:00 pm

En los alrededores del mismo templo.

Shiramizu Amidadō.

Ni en sus más locos sueños se hubiera imaginado tal disparate, miro su reloj eran pasadas de las 10 am, si se apresuraba podría llegar antes de decir acepto.

-Shintaro?

-Papa, préstame tu carro-

-Que? Que estás diciendo?, vuelve a la cama, aun no te he dado de..

-Papá, así sea arrastrándome iré por él.

-Pero de qué...

Shintaro no tenía tiempo, fue hacia él y con rudeza le quito las llaves.

-Mamá, donde está?-

Al ver que su hijo no sedería y sin saber cómo retenerlo pensó que talvez si escucharía las palabras de su madre.

-En la cafetería...

Y como alma que lleva el diablo, abandono la habitación.

Salió del elevador y corrió hacia la pequeña cafetería del personal.

-Mamá, Mamá- grito.

Mira y la pequeña niña se encontraban desayunando en una mesa del fondo.

Al visualizarlas apuro el paso sin importarle las miradas curiosas o los saludos pretenciosos de los doctores.

-Hermano- dijo feliz-. Qué bueno que ya estés mejor.

-Mama, necesito tu anillo.

-Cómo?- totalmente confundida Mira lo miró-. no deberías estar en cama?.

-Mamá, perdón pero no tengo tiempo.

Tomo su mano y con delicadeza quito el anillo.

-Te contare más tarde, ahora debo ir por él.

-Te refieres a ...

-Takao-onichan?

-Si

Las dos le desearon la mejor de las suertes.


Mi insignificante vida se basa en el hecho

De que no estás aquí

La torre de mi futuro que llene de esperanza,

Se derrumbó en un segundo.

Sábado 24, 11:45 am

Shiramizu Amidadō

Parecía como si el clima frió hubiera desaparecido, dando un lindo día soleado. No podía ser más perfecto.

El pequeño templo se encontraba casi rodeado totalmente por el lago, detrás de el grandes árboles y montañas se alzaban, dando un aire totalmente diferente a la ciudad.

El puente que cruzaba el lago estaba adornado con listones de ceda blanco indicando la ceremonia. En su mayoría los invitados se encontraban en el salón. Y como si de otro adorno más se tratara el pelinegro se encontraba en medio del puente admirando a la nada.

-Hermano, estas bien?

Takao permanecía contemplando la profundidad a tal punto que se sentía sumergirse en ella.

-Tan solo ha pasado un mes, los días siguen siendo los mismos y al igual que aquel día sigue doliendo.

-Quisiera decirte que todo estará bien, pero aún sigo tratando de imaginar cómo te sientes.

-No deberías estar aquí, la ceremonia está a punto de comenzar. Hoy es un día para celebrar.

Los dos hermanos crecieron en una familia amorosa, sin importar las carencias o privaciones mientras se tuvieran el uno al otro nada importaba. Al mirar al pasado todo se veía más fácil, como quiso volver a esa época. En donde su madre con tan solo con un beso en la frente podía desplazar el dolor, en donde su hermana temerosa de los relámpagos corría a su habitación para dormir a su lado, ella no se mudaría lejos, pero aun así sentía que un pedazo de su corazón se iría con ella.

En punto de las doce la campana empezó a sonar al igual que una dulce melodía, haciendo notar al pueblo que una boda estaba por comenzar.

Sé que te quieres enamorar de mí.

Llorando por amor

Frente a Buddha, todo se encontraba decorado con flores y velas, las novias, las familias y los invitados. Empezaron a recitar el Tisarana, Pancasila y el Vandana en Pali.

Si pudiéramos madurar tanto como

Las lágrimas que derramamos

Encienden las velas e inciensos. Ofrecen flores.

Nadaríamos en el océano azul

Seriamos las luces de cada uno

Mientras nos fundimos en un cálido abrazo.

Recitan votos.

I'm in love.

"Frente a mi mujer que acojo, acepto amarla y respetarla, ser amable, ser fiel, delegar las tareas domésticas y proveerle obsequios para satisfacerla."

"Frente a mi esposa que acojo, acepto realizar las tareas domésticas eficazmente, ser hospitalaria con sus familiares y amigos, ser fiel, proteger nuestras ganancias, efectuar mis responsabilidades con amor y conciencia"

Al final de la ceremonia, solo sus padres citan el Mangala Sutta y el Jayamangala Gatha ofreciendo su bendición a las novias.

Un gran estrépito proveniente de la calle hizo detener los abrazos y palabras afectivas hacia las recién casadas. Las puertas del templo aún permanecían cerradas, todos se miraron uno al otro.

I'll take you high

So we can fly

Podían sentir que algo se aproximaba.

Ya ni me acuerdo de los días que pase solo sin ti,

Todos los días aprendo que es el amor

Me siento embriagado de dulzura.

Las puertas se abrieron de par en par. Dejando ver a un hombre totalmente agitado en desesperación, que atrajo las miradas de los presentes.

A Midorima le había tomado más tiempo de lo planeado llegar. Temiendo por lo peor, rezaba a Dios no haber llegado tarde.

Dame tu dulce amor

El amor es tan dulce

-Alto- grito-. Detengan la ceremonia, yo me opongo.

Todos los presentes voltearon a ver a las novias con una gran cara de asombro. Y los susurros no tardaron en comenzar.

Midorima no podía creerlo, se había equivocado de lugar? Estaba a punto de volverse loco cuando una voz que parecía siglos que no escuchaba sonó.

-Shin-chan?- Takao quien se encontraba detrás de su hermana camino hacia él-. Pero, qué haces aquí?

Midorima tardo unos segundos en darse cuenta de lo que estaba pasando.

-Yo- dudo un momento.

Que debería de decir, durante las tres horas de camino, venía hablando consigo mismo, practicando y buscando como transmitir sus sentimientos. Pero cada palabra sonaba insuficiente. Pero primero debía ofrecer disculpas por la escena melodramática que acabada de protagonizar.

Con las miradas de todos sobre él, empezó a sentir calor y como sus mejillas se tornaban rojas. Fue cuando recordó que el anillo se encontraba en su bolsillo.

-Yo- volvió a repetir-. Vine aquí creyendo que te estabas casando.

Con cuidado sacó el anillo y se lo mostró.

-En este tiempo que estuvimos separados, me di cuenta de muchas cosas- con una mirada llena de arrepentimiento y angustia lo miro-. Te necesito para poder vivir.

El pelinegro permanecía serio y expectante, atento en cada palabra y gesto del peliverde.

-Es gracioso como solo pude darme cuanta al terminar en el hospital por haber colapsado. Para serte sincero aun ciento pesado mi cuerpo y la adrenalina que corría por él está empezando a desaparecer- tomo una gran bocanada de aire -. Así que no le daré más rodeos.

Su vista empezaba a tornarse borrosa.

-Te suplico que seas mío.

Este de verdad era Midorima Shintaro, el hombre que por nada del mundo perdía la compostura, su respiración era pausada, sus ojos rojos y pelo desordenado, parecía que la vida se le iría con solo un soplido.

Su mente iba a mil por hora, él era capaz de convertir a Shintaro en eso.

Sus lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, agacho la cabeza al piso y suspiro.

-Solo si serás capaz de amarme por el resto de tu vida- susurro levantando su mirada.

Te necesito todas las noches cuando quedo dormido

El tiempo pasa muy despacio cuando estoy solo.

Viernes 30, por la noche

Departamento Reo-Hana

Tu abrazo, que acogía hasta mi desesperación,

Ahora esta vacío.

Esa mirada y ese tacto tuyo que no conocía,

Tus mentiras, todo se ha acabado.

-Que acaso ustedes no tienen casa?- hablo un sarcástico Hanamiya-.

Como era habitual la pandilla de rechazados se encontraba cenando en la pequeña pero acogedora sala con la tv en el programa con más audiencia de esta temporada.

-Te pedimos sushi para cenar- contesto Kiyoshi-.

Éste se encontraba en la cocina sirviendo bebidas. Con una gran sonrisa le entrego su cena y le dio un beso fugas en la mejilla como bienvenida.

Estaba a punto de protestar cuando Kise llamo su atención.

-Hanacchi que bueno que llegaste, tengo un anuncio importante que hacer-. levantándose de su asiento hablo. Bueno más bien Shogo y yo.

Y la bomba cayó.

Dejando su comida en la pequeña mesita Haisaki se levantó y se colocó a un lado de Ryouta. Se miraron a los ojos y Kise declaro.

-Shogo y yo estamos comprometidos.

Eres como el fuego

Si me acerco a ti, destrozaras mi corazón

Porque te extenderás y lo quemarás todo

Ahora solo queda humo casi invisible.

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