Capítulo 4
Mía.
El móvil sonaba con el despertador a las seis y media de la mañana. Abrí los ojos con dificultad y lo primero que hice fue soltar un gruñido cagándome en todo, pero no fui la única Anna repitió unas ocho veces cuanto odiaba a su madre por haberla convencido de haber entrado en bachillerato. Decidí no hacerme más la remolona porque solo teníamos una hora para ducharnos y bajar a desayunar antes de empezar el primer día de clases oficialmente. Tuvimos un pequeño lío para coordinarnos todas para ducharnos, la primera fue Angie que tardó diez minutos, después yo y después Chloe y Anna que eran las dos que más tardaban.
Me enfundé unos vaqueros negros y una camiseta blanca lisa que me llevaba por encima del ombligo, no estaba muy convencida de usarla porque dejaba a la vista gran parte de mi estómago y no me sentía agusto con mi cuerpo. Pero aún así, lo usé, porque si esta era una nueva etapa en mi vida también debía de empezar por quererme a mí misma.
Cogí mi móvil y mandé un mensaje a mi madre.
Buenos días, mami. Te quiero. ❤
Sé que no estaba despierta, estar despierto a esta hora es insalubre, pero era la primera mañana en mucho tiempo que iba a pasar separada de ella.
—ya estoy, vamos a por los chicos. —dijo Anna.
Me cogió de la mano y salimos hacía fuera. No pude evitar mirar hacia la habitación de Jay que justo se abrió la puerta cuando miraba, para mi suerte no era mi exnovio quien salía de ella sino Adrik. Menos mal.
—Buenos días. —Nos dijo sonriente a Anna y a mí. Llevaba una sudadera gris y unos pantalones de chándal grises, su pelo rubio estaba alborotado y sus ojos azules tenían matices rojos por el madrugón.
—Buenos días. —respondí yo.
Tuve una relación de amistad muy profunda con Adrik, lo conocí rodeado de sus amigos cuando Jay y yo quedábamos con ellos. Por lo que yo que soy una persona bastante tímida al principio, sujetaba la mano de Jay y me aferraba a ella como si la vida se me fuese en ello. Entonces Adrik, fue el único que se dio cuenta que en esos encuentros me sentía incómoda y no encajaba, así que comenzó a conversar más conmigo y nos fuimos conociendo mejor, llegó a ser muy importante para mí cuando estuve sola. Luego rompí con Jay y no quise tener nada más con él ni su mundo, por lo que dejé de hablar con Adrik.
—¿Tenéis alguna idea de dónde hay que ir? —nos preguntó. Este chico no sabía que estábamos igual de perdidas que él.
—Ad, estamos igual de perdidas que tú. Venimos de otro instituto. —le dije.
—Cierto, tú estabas en ese blanco. Bueno iré a buscar a alguien que conozca bien el centro. Nos vemos. —dijo sonriendo y se marchó.
Anna y yo continuamos nuestro camino hacia la habitación de los chicos para buscarlos, ellos tampoco tenían idea de donde estaban las cosas en este instituto, pero era mejor perdernos todos juntos, que sólo Anna y yo, que podemos acabar quién sabe a donde.
—Parecías conocer mucho a ese chico. —preguntó mi amiga mirándome mientras caminábamos.
—Le conozco. —respondí.
—¿de qué? O sea, nunca me has hablado de él ni nada. ¿Un ex? Porque si es así parecías llevarte muy bien con él y no es que tú te lleves de maravilla con todos tus ex. —dijo, la miré y no pude evitar reírme.
—Es el mejor amigo de Jay, Anna. —dije.
—Oye, ¿me vas a contar que te pasó ayer con él? —me preguntó.
--Nada con importancia. –dije agachando la cabeza cuando mi amiga mencionó ese momento fatal que pasé ayer con él. Siempre que Jay aparecía, mi estabilidad emocional caía en picado y no estaba dispuesta a permitirlo.
--Llegaste llorando, te abracé y no probaste bocado en toda la cena. Es que ni siquiera le dirigiste la palabra a Grayson en toda la comida, estabas ida. ¿me vas a seguir diciendo que no tiene importancia? –Paramos el camino en seco a mitad de las escaleras, miré a mi amiga y tragué un nudo demasiado grueso.
--Hablé con él, quiso explicarme que nada de lo que pasó con Mar fue lo que parecía, pero en medio de todo eso dejó como entrever que ella era la que siempre había estado para él, que yo nunca le he apoyado como ella. Puede que se explicara mal, pero me hizo mucho daño, fue como abrir una herida que no estuviera cerrada del todo. –se lo expliqué, hasta incluso le dije como me sentía. Ella me miró y me dio su mano.
--Jay no se merece que estés así por él. –me dijo haciéndome una caricia en la mano para reconfortarme. –No entiendo lo que tiene contigo, pero se ve que siente algo por ti todavía. –suspiré y seguimos bajando las escaleras hacia la planta de los chicos.
Sentía la tremenda necesidad de darle un abrazo a Gray, Anna tenía razón y anoche fui demasiado fría con él y no se lo merecía, siempre había sido tan bueno conmigo, tenía sus cosas como el por ejemplo no echarme cuenta, pero a pesar de eso le quería y llevábamos juntos casi ocho meses.
Vimos a los cuatro chicos salir de la habitación hablando de cosas de la videoconsola, son unos viciados a ese cacharro, Anna y yo rodamos los ojos, cansadas de que hablaran de lo mismo todo el rato, así que nos pusimos a hablar de uno de los cinco mil quinientos crushes que tenemos en común: Michele Morrone.
--Hola, bebé. –Escuché decir a mi novio al lado mío.
--¿Qué tal? –le dije sonriéndole.
--¿Estás mejor?
--Sí, anoche me dio un bajón por eso de no estar en casa, ya sabes. –le sonreí de lado.
Mi vista se dirigió a la entrada del comedor, donde justamente entró Jay con una camiseta blanca estampada con letras de colores y unos pantalones negros. Con esa camiseta nos conocimos, cómo olvidarme de ese 3x3=6.
Por un momento su mirada se posó encima de la mía, pero una chica de pelo negro rizado y de menor estatura que él, captó toda su atención. Era la chica que había visto ayer despidiéndose en la puerta. Reí irónica en mis adentros.
No eran nada me decía ayer el muy falso, como tampoco Mar era nada o no era lo que parecía. Estar al lado de Jay significaba estar rodeada de mentiras y yo ya no quiero ser víctima de ninguna de ellas.
--¿Qué miras tanto? –me dijo Grayson, para mi suerte cuando él miró a donde yo miraba, Jay y aquella chica ya no estaban.
--Nada, solo observaba.
El desayuno continuó normal, estábamos conversando animadamente como todos los días. Si algo me alegraba de estar con mis amigos era que siempre había risas de por medio.
--Alex, ¿Qué tal Leah en el nuevo instituto? –preguntó Shane por mi amiga a su novio.
--Bien, pues dice que está haciendo muchos amigos. –dijo haciendo énfasis en la O.
Algo característico de Alex era que era buen niño, pero muy celoso y eso lo hacia algo tóxico.
--No te preocupes Alex, conozco bien a Leah y te quiere a ti nada más. –respondió Anna.
--Por desgracia. –dije yo en tono burlón.
--JA JA JA. –respondió sarcástico.
El tiempo de desayuno se terminó así que cada alumno se dirigió a su casillero. Yo me fui al mío, por suerte Jay no iba al suyo, o mejor, ya había ido. Pero total que más daba si estaba en mi clase que soy un poco tonta. Cogí el libro de mi primera clase que era francés y me fui hacia el aula, Anna estaba esperándome en la puerta. Al entrar vi a Grayson hablando con Jay y un grupo de chicos más que todos tenían el pelo rubio casi blanco, deben de sufrir la crisis de los dieciocho o algo así. No me hizo mucha gracia eso de que Jay y Grayson se llevasen bien, pero no soy quién para decirle a mi novio con quien se tiene que llevar bien y quién no.
Los profesores llegaron y nos sentamos cada cual en su sitio. Tenía francés de iniciación así que los de mi clase nos fuimos a otra aula, por suerte Jay, era de continuación igual que Grayson, por lo que por ahora podría estar bastante tranquila porque no estarían ninguno de los dos para distraerme.
Al abrir el libro de francés encontré un papel doblado por la mitad que me dejó bastante extrañada, al abrirlo reconocí al instante la letra, era de Jay.
A veces en la vida hace falta perder algo para darte cuenta que es lo que necesitas. Me pasó contigo, me hizo falta perderte para saber que eras lo mejor que tenía en mi vida. Sé que te hice daño, pero por favor no vuelvas a poner en duda lo mucho que te quise, porque te quise, con toda mi alma y con todo lo que era, ojalá algún día puedas perdonarme y podamos ser amigos.
Jay.
Rompí la nota en dos y volví a prestar atención a la clase, Anna estaba a mi lado sentada y detrás estaba Angie, ninguna le había echado cuenta a la nota que me había escrito mi exnovio. Al finalizar la clase fui hacia mi casillero para dejar el libro y prepararme Para mi siguiente clase.
Tenia muy presente la nota de Jay. En verdad quisiera poder perdonarle, pero el hecho de que superase nuestra relación no quiere decir que le superase el daño que lo había hecho y cuanto había llorado cuando tuve que finalizar una relación de un año.
21 de julio 2019.
Eres tonta es lo único que me decía mi subconsciente ahora mismo. ¿Cómo pudo haberme hecho algo así? Yo lo único que había hecho ha sido quererle, le di todo y no bastó, Mar había ganado, había conseguido todo lo que quería. Que mi relación con Jay se terminara.
Estaba en mi cuarto encerrada, no es que hubiera nadie en casa tampoco, pero simplemente no podía dejar de abrazar ese peluche que él me regaló.
Solo respóndeme.
Él no se merece que estés así.
Valeria llevaba media hora intentando contactarme, pero no quise coger el móvil no quería ver su foto de fondo de pantalla y tampoco me sentía con fuerzas de quitarla.
Por mi mente lo único que pasaba por aquel momento eran los miles de recuerdos que tenía con él.
El timbre de casa sonó, haciendo así que me levantara a muy duras penas, sencillamente solo quería dormir para no llorar más.
Abrí la puerta e inmediatamente cuando descubrí a la persona que se encontraba tras ella, la quise cerrar.
--Espera, Mía. Por favor, déjame explicarte. –dijo con sus ojos llorosos.
No quería escuchar sus mentiras, no quería que me engañara ni un minuto más, habíamos terminado y esa era la única verdad.
-No, Jay. No quiero que me expliques nada. ¿Cómo has podido? –le dije, aguantándome las lágrimas. –Nuestro aniversario fue el día después de que estuvieses con ella en tu casa, y te lo pregunté, te pregunté si había algo que debieras de contarme y me miraste a los ojos y me mentiste Jay, me mentiste y te creí. Confié en ti como una maldita ilusa, como una tonta enamorada.
--No todo es como parece, Mía. –dijo una vez más.
--¿Y las fotos que vi, tampoco son lo que parecen, Jay?
--Esas fotos no prueban nada.
--Prueban que estuviste con ella, y con eso a mí me basta.
--¿De verdad vas a dejar que gane? ¿Vas a dejar que acabé con nosotros?
--¿nosotros? –interrumpí. –No hay un nosotros, Jay. Ya no existe el nosotros.
Cerré los ojos y los abrí casi al instante, me hice un nudo en el corazón.
--Nosotros se acabó, no existe. Olvídate de mí.
--Espera--Fue lo último que escuché decir antes de cerrar la puerta y marcharme a habitación de nuevo.
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