Capítulo 3
Mía.
No sé qué fue lo más extraño de todo lo que había sentido cuando vi su alianza decorar su dedo anular, pero si sé lo que recordé: el momento exacto en qué se la regalé.
4 junio 2019.
Miré la cajita negra con la tapadera plateada con brillantes y sonreí al ver los dos anillos de plata que simbolizaban una sola cosa: lealtad.
Sin dudarlo dos veces llamé al timbre de la casa de mi novio con una sonrisa de oreja a oreja, le había dicho que no podíamos vernos hoy porque tenía un examen muy importante mañana. Seguro que estaba triste porque hoy era su quince cumpleaños y quería invitarme a comer, pero como ya comenté le dije que no.
Enseguida escuché sus pasos hasta la puerta y como le decía algo a su hermano tras ella. Al abrirla, levantó una ceja y me miró sonriendo.
—Feliz cumpleaños, pequeño. —dije sonriendo.
Pequeño era el mote que le tenía puesto desde que empezamos a salir, se lo decía porque era seis meses menos que yo y porque a veces me daba tanta ternura como un niño pequeño.
—nena, ¿no tenías examen mañana? —me dijo cogiéndome de la mano para hacerme pasar. Su tono de voz se notaba animado y feliz, nada que ver como el que tenía por teléfono este mediodía.
—Sí, pero es tu cumpleaños. ¿Tan mala novia me ves como para no verte hoy? —le dije y dejé un pico. —toma.
Él miró la bolsita donde iba la caja y me dedicó una mirada cuestionada.
—Gordi, no hacía falta. —dijo sonriendo. Le coloqué el anillo en el dedo como si nos estuviéramos casando y él hizo lo mismo conmigo. Le sonreí y me sentí feliz, porque aunque peleáramos por tonterías, él me hacía feliz. —¿Sabes qué significa esto, no?
—No. no tengo ni idea. —mentí, claro que sabía que significaba. Era importante para ambos.
—Pues que ahora estamos aliados y no vas a poder librarte tan fácilmente de mí.
—Tampoco es que quisiera. —me cogió de la cintura y me besó.
20 de Septiembre 2020.
Regresé en sí en apenas unos minutos, terminé de guardar todo en mi casillero y traté de respirar hondo. ¿Por qué la tenía? Él y yo no éramos nada, ni siquiera amigos. Jay siempre que aparecía en mi vida de una forma u otra acababa siempre por desestabilizar mis emociones y no estaba dispuesta a seguir permitiéndoselo.
—Es uno más, uno más. Un alumno más de este instituto. —me dije para mí misma cerrando los ojos intentando concentrarme en lo que me decía.
Pero lo cierto era que Jay no era uno más. Jay, siempre será Jay. Será esa persona que me hizo tanto daño, pero que consiguió hacerme tan feliz durante aquel año. Él no iba a poder pasar desapercibido por mi vida jamás, pero he de intentarlo, porque cuando lo dejamos me costó tanto superarlo y me costó tanto entender que fue su culpa, que fue él quien falló y que no fui yo. Nunca quise ponerle barreras a su amistad con Mar, al fin y al cabo, yo me había llevado bien con ella mucho tiempo y por aquel entonces parecía entusiasmada porque estuviéramos juntos, lo que nunca me iba a imaginar yo o lo que nunca quise ver es que esa niña quiso meterse entre nosotros desde el primer segundo y haciéndose amiga de los dos era lo mejor. Se ganó mi confianza, se ganó la de él. Pero no toda la culpa es de ella, tiene su parte de culpa porque hubo un momento en que yo la consideré una buena amiga y demostró con creces que no era así, pero sobre todo tiene la culpa Jay, porque él era quien me debía un respeto al fin de todo y no lo cumplió. Lo que simbolizaba nuestra alianza no lo había cumplido.
Todavía recuerdo como se aceleraron mis pulsaciones cuando había comprobado las pruebas de su traición, de su infidelidad. Sentí un dolor en el pecho y sentí como el mundo se desmoronaba encima de mí, mis ojos iban a explotar en cualquier momento, pero no quise darle el gusto de que me viera llorar, no quise ni mirarle a la cara, me dolía. Comencé a atar cabos y relacioné todo, el haberlo visto juntos días antes cuando yo volvía del cine con Valeria.
Cuando volví en sí y dejé de recordar todo lo que Jay había hecho, pude ver como Grayson me estaba mirando con el ceño fruncido justo enfrente de mí.
--¿Estás bien? –preguntó, tocándome el brazo en señal de cariño. A día de hoy Jay ya no importaba. Mi novio era Gray y no iba a tirar por la borda siete meses de relación por un fantasma del pasado que ya he dejado más que enterrado.
—Sí. —dije dedicándole una sonrisa. Me acerqué a él y acaricié su tupé como si fuera un bebé. —He pensado que como no hacen registro de habitaciones hasta las once, podría pasarme por la tuya y ver una película ¿sí?
—jumm, es un buen plan pero... —dijo torciendo sus labios, sabía lo que se venía...—he quedado con los chicos para jugar a la consola por última vez en verano.
Y lo dijo, pronunció esas palabras. A veces siento que quiere más a ese maldito cacharro que a mí.
—No te importa, ¿no?
—No, claro que no. Ve y pásala bien. —le sonreí. Él me devolvió la sonrisa y me dio un beso en la mejilla.
—Eres la mejor novia del mundo. —sonrió una vez y después desapareció por los pasillos y entre la gente.
Suspiré. ¿A quién engañas, Mía? Claro que te importa, te importa que en un verano básicamente no te prestara atención, que fuerais caminando por la calle y él estuviera con sus amigos hablando de videojuegos mientras que tú estabas detrás caminando sola, que cuando no podíais salir a la calle suplicarás por su atención y te molestaba que pareciera quererte más cuando eras su amiga, que ahora que lleváis juntos siete meses de relación. Todavía recuerdo cómo te dolió que te dijera cuando estabas en la playa que si estás de vacaciones es para desconectar de aquí no hace falta hablar, Pero como le quieres y has estado tanto tiempo detrás de él nunca le recriminaste nada.
Dejé de hacerle caso a la pesada de mi subconsciente y volví a mi habitación, miré a la puerta de enfrente donde vi a Jay despedirse de una chica un tanto menor que él, pero no le doy mucho, un año solamente. Reí irónicamente cuando la chica se fue, tiene novia pero lleva mi alianza y mi reloj, este chico es idiota.
—No es lo que piensas, Mía. —me dijo justo antes de que yo pudiera entrar en mi habitación. De alguna forma, su voz seguía provocando en mí un efecto bastante extraño y lo odiaba.
—Yo no pienso nada, Jay. —le dije aún de espaldas.
—Te conozco lo suficiente y sé qué piensas que esa chica es mi novia. —volvió a decir y esta vez sí que me giré a él.
—Si tanto me conocieras, sabrías que me da igual lo que seáis. —le dije con una sonrisa irónica, la verdad que estaba mintiendo un poco, no diré que estaba celosa porque no lo estaba, pero sí algo fastidiada porque este chico nunca iba a dejar de jugar con personas.
—Sé que es lo que esperas de mí, que tenga una nueva novia. —dijo acercándose a mí. Volví a reír con sarcasmo.
—Te equivocas, porque yo ya no espero nada de ti, Jay. —le dije mirándole de arriba a abajo, demostrándole que ya no formaba parte de mí, que ya no causaba ningún efecto en mí, que se había acabado para siempre.
—¿algún día me dejarás explicarte qué pasó? —negué con la cabeza y vi como tragó un nudo en su garganta. Se lo merecía.
Me giré de nuevo a mi puerta y me adentré en la habitación. Anna estaba sobre su cama, Angie y Chloe estaban en la cafetería. Saludé a mí amiga y me senté sobre mi cama con el ordenador encendido, era casi la hora de cenar así que estaba por llamar a mamá a skype.
—Hola, nena. —dijo ella desde la otra pantalla.
—Hola, mami. —dije alegre. No quiero llorar, pero voy a echar de menos a mi familia.
—¿Qué tal esas primeras horas por el instituto?
—Bueno no dejé de hacer cosas, ya sabes. Instalándome. —le dije. —¿ustedes?
—Extrañándote.
—Jo, mami. Los voy a echar de menos. —Mis ojos se sentían húmedos y veía como Anna me miraba desde su cama frente a mí con una ceja arqueada.
—Todo bien con... ya sabes. —Sabía perfectamente a quién se refería mi madre, pero quise evitar hablar de ello y restarle importancia así que sólo contesté:
—Es uno más del instituto, Mamá.
Después de haber pasado un rato hablando con mi madre por skype, recibimos el aviso de que debíamos ir al comedor para cenar. Nos sentamos en la mesa Shane, Alex, Grayson, Anna, Jesús y yo. Justo en la que quedaba al frente estaba Jay con su grupo de amigos, por lo que solo cruzamos un par de miradas.
Luego de cenar cada cual se dirigió hacia su habitación. Adrik y Jay se fueron a la suya entre risas, aunque este último Antes de entrar me cogió la muñeca para hablarme.
¿Qué quiere? Tiene una maldito obsesión conmigo.
—¡Qué quieres! —grité en su cara ya que estaba muy cerca.
—No hice nada, solo la llamé porque necesitaba desahogarme con alguien porque estaba preocupado por ti. —me dijo. Sabía a lo que se refería, pero no contaba con algo. Que yo no le creía.
—Eso no es lo que mostraban las pruebas que vi, y tampoco es lo que decía Mar. —le dije quitando la muñeca de su agarre. Quise volverme hacia mi habitación pero entonces volvió a hablar.
—Mar puede decir misas, pero ya sabes cómo es, nunca nos quiso juntos y siempre se metía en medio de nosotros. —dijo tras mí, a lo que yo me giré para encararlo.
—Tiene razón, siempre se metió entre nosotros. Porque tú la dejaste.
—¿Qué querías que hiciera? Era la que siempre estaba. —dijo, pero automáticamente se arrepintió.
—Eso, yo nunca estuve contigo en tus malas, ¿verdad? —le dije sintiendo como el corazón se rompía de nuevo como aquel día.
—No quise decir eso...
—Ya, no quisiste decir eso, tampoco quisiste hacer nada con Mar...—me tragué las lágrimas que quería soltar, él no se las merecía. —Es curioso que nunca quieras hacer nada pero siempre lo haces todo.
Enarqué una ceja diciendo que me daba igual.
—Buenas noches, Jay. —me giré al fin y abrí la puerta.
—Mía... —fue lo último que alcancé a escuchar antes de cerrar la puerta.
Anna, Angie y Chloe me miraron, pues no me esperaban allí.
—pensé que estarías con Grayson. —dijo Anna.
—No, él, está... —me costaba hablar aún por lo sucedido con Jay.
—¿Qué te pasa? —dijo Anna viniendo a abrazarme.
—No quiero, Anna. No otra vez. —le dije abrazándola y llorando, no. Mierda. —no puedo perder mi estabilidad por Jay, otra vez no.
Y así era. Jay, están comenzando a desenterrarse del pasado e iba a volver. Pero no iba a permitírselo.
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