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ocho

West Village, New York.

Taylor bufó dejándose caer sobre el sofá de la sala de estar, pasó sus manos sobre la tela de sus pants y termino de suspirar.

Hace algunos minutos recibió un mensaje de Jamie, la cual le avisaba que estaban por llegar, que las disculpara por la tardanza pero que el trafico estaba hecho un lío en la ciudad.

¿Cómo había llegado a esa situación?

El día anterior se la había pasado limpiando, arreglando y decorando todo su apartamento, y aunque no necesitaba ninguna de esas tres cosas debido a que siempre estaba en unas perfectas condiciones, Taylor sentía que debía impresionar a esa chica.

No por que quisiera, por supuesto.

Era más como un tema de orgullo propio, si Alana Jones se quedaría en su apartamento no le iba a dar ni una razón para poder criticarlo.

Taylor se pasó una de las manos por el rostro y suspiró tomando el celular entre sus manos, justo un par de segundos después, su celular vibró llamando su atención.

"¡A cinco minutos!"

La rubia se puso de pie y caminó hacia la cocina, más para ocupar sus manos que por otra cosa, tomó un vaso de agua y dio un sorbo mientras intentaba convencerse de que la situación no sería tan terrible.

Solo serían unos días y ella estaba segura que podía ser la anfitriona perfecta, educada y servicial.

Pero pronto, el sonido del ascensor abriéndose a unos cuantos metros de distancia de su puerta principal la sacó de sus pensamientos.

Respira, Taylor.

Unos cuantos segundos después, el timbre sonó alertándola de que habían llegado. Se dirigió a la puerta y la abrió con una expresión neutral pero una leve sonrisa apareció en sus labios. Jamie fue la primera en entrar con una sonrisa amable en el rostro.

—¡Taylor, eres un ángel por hacer esto! En serio no tengo palabras para agradecerte.

Taylor sonrió con cortesía y la dejó pasar al interior. —No hay problema, Jamie.

Pero luego su mirada se deslizó de inmediato hacia la figura que entró detrás de Jamie; Alana envuelta en un abrigo largo y con una bolsa en una mano escaneó el apartamento con una mirada rápida, sus ojos claros recorrieron cada rincón como si estuviera evaluando si el lugar era bonito.

—Bonito lugar, Swift. —murmuró con una pequeña sonrisa burlona. —Muy tu.

Taylor sintió el impulso de arquear una ceja, pero se contuvo y ladeo la cabeza. —Me alegra que te guste —respondió con calma.

Alana dejó su maleta a un lado comenzó a adentrarse al lugar, hasta que giró para mirarla. —Me sorprende que hayas accedido a esto tan fácilmente.

Taylor se cruzó de brazos y encogió sus hombros. —No me diste muchas opciones.

—Yo no fui la que insistió. ¿Recuerdas?

Jamie quien se había detenido en el umbral de la puerta a chequear algunas cosas en su IPad alzó la vista y se acercó a las mujeres.

—Jones, tu equipo de peinado y maquillaje estará aquí mañana a las 6am, mientras que vestuario llegará a las 8. ¿Puedes recordar todo eso?

Taylor contuvo la carcajada que se desarrolló en ella. ¿Qué acaso era tan tonta para no poder recordarlo?

Alana puso los ojos en blanco, claramente ofendida. —Dios, Jamie, no soy una niña, puedo recordar un par de horarios.

Jamie le dirigió una mirada que gritaba "claro que no confío en eso" y suspiró claramente cansada.

—Por si acaso.

Taylor, que había estado observando la escena con diversión, finalmente habló.

—Si necesitas que te despierte a las cinco, avísame. Soy una persona de rutinas, y puedo levantarme a las 5 sin problemas.

Alana la miró con dulzura claramente fingida, ya que podía notar la forma en la que Taylor parecía estar burlándose de ella.

—Eso sería adorable, pero no quiero que seas la primera cara que vea al despertar.

Taylor puso una expresión pensativa, ya había identificado el tono de voz. —Tienes razón, no quiero traumarme tan temprano.

Alana sonrió con burla.

—Bueno... —intervino Jamie. —Voy a encargarme de unos asuntos del desfile. Descansa un poco, te llamaré más tarde. —se acercó y besó su mejilla. —Recuerda que tus maletas están por llegar.

—Si, mamá. —se burló haciendo que la otra chica rodara los ojos con diversión. —¡Taylor!

La mencionada alzó la vista hacia ella. —Muchas gracias, de verdad. Prometo que Alana se portará bien...

Taylor soltó una pequeña risa y cruzó los brazos con una sonrisa divertida.

—Eso espero, Jamie.

Alana puso los ojos en blanco y dejó caer su abrigo sobre el sofá como si ya estuviera en su casa.

—Aún puedo escucharlas...

Jamie negó con la cabeza y miró a Taylor con complicidad, como si ambas supieran algo. —Si se mete en problemas, no dudes en llamarme.

—Oh, no lo dudes, lo haré. —respondió Taylor con una sonrisa que Alana no supo si tomar en serio o como una broma.

Pronto, Jamie se despidió con un gesto y salió del apartamento dejando a las dos en un silencio repentino, que fue roto por Taylor, quien caminó rascándose la nuca hasta llegar al sofá donde Alana ya descansaba con la vista en el celular.

—Oye...

—Dame un segundo.

Taylor frunció levemente el ceño pero decidió no insistir. Se cruzó de brazos y esperó observando cómo Alana tecleaba algo en su celular con una expresión concentrada.

Unos segundos después, la castaña finalmente levantó la vista. —Listo. ¿Decías?

Taylor la miró con fingida paciencia.

—Ven.

La morena la siguió sin decir nada, observando cada detalle del apartamento con curiosidad.

—Aquí está la sala de estar, que ya viste —dijo Taylor, señalando el amplio espacio con sofás cómodos y una decoración impecable. —La cocina está aquí, puedes usar lo que quieras, pero si rompes algo, lo pagas.

Alana sonrió con diversión. —También tienes reglas sobre dónde puedo dejar mis cosas?

—Preferiría que no dejaras tacones en la mesa ni cigarrillos en cualquier lado —respondió Taylor con simpleza encogiéndose de hombros.

Alana soltó una carcajada, pero no dijo nada más mientras la rubia la guiaba por el pasillo.

—Aquí está el baño, y esa es la habitación de invitados —dijo Taylor, empujando una puerta y dejando que Alana echara un vistazo. —Hay toallas en el armario y si necesitas algo más, solo dímelo.

Alana asintió mientras entraba un poco en la habitación y miraba a su alrededor, tenía un gran y bonito ventanal que dejaba a la luz más concurridas calles bajo sus pies.

—No está mal.

Taylor apoyó un hombro contra el marco de la puerta y cruzó los brazos. —Si bueno, no esperaba que te desmayaras de emoción.

Alana sonrió de lado y se giró hacia ella, Taylor ya podía identificar su expresión cada vez que iba a decir algo para molestar.

—¿Dormirías conmigo?

Taylor rodó los ojos, pero antes de que pudiera responder, el sonido de su celular vibrando en su bolsillo la interrumpió.

—Ponte cómoda, Alana. —dijo simplemente antes de alejarse para contestar la llamada.

Jones solo sonrió y se quedó en la habitación, observando su alrededor con una pequeña sonrisa, era más de lo que esperaba, si podía ser sincera.

La habitación era bastante espaciosa, tenía una decoración tenue y era lo suficientemente acogedora. El baño también, tenía un gran espejo, tenía espacio para poder dejar todas sus cosas de uso personal y aunque no le encantaba el olor del aromatizante que había era algo que podía soportar.

Alana dejó escapar un suspiro mientras dejaba su bolsa sobre la cama y se estiraba un poco. Había sido un viaje largo y agotador, y aunque su primera opción nunca habría sido quedarse en casa de Taylor Swift, tenía que admitir que el lugar no estaba nada mal.

Se quitó sus zapatos con un gesto perezoso y caminó descalza sobre el suelo de madera, explorando la habitación con calma. Abrió un poco el armario, asomándose con curiosidad a ver su interior, espacioso, limpio, y sin rastro de que alguien más lo hubiera usado recientemente.

Al menos no tendría que compartirlo con nadie...

Justo cuando iba a sentarse en la cama, escuchó a Taylor hablar por teléfono en la sala, no podía entender del todo la conversación, pero su tono sonaba relajado, como si estuviera bromeando con alguien.

Le sorprendía lo fácil que le resultaba molestar a Taylor, aunque, para ser justa, la rubia también sabía cómo responderle sin perder la compostura, y a decir verdad, le agradaba ver la forma en la que Taylor por ratos parecía desesperarse un poco.

Se dejó caer de espaldas sobre la cama, mirando el techo mientras jugaba con un mechón de su cabello, serían solo un par de días, y ella tenía la paciencia necesaria para poder aguantar a Swift.

[>>>]

—Bonita pijama. —mencionó Jones cuando salió a la sala por la noche y observó a Taylor de pie buscando algo en la estantería de vinilos en su sala.

Taylor giró apenas el rostro, lanzándole una mirada rápida antes de volver la atención a los vinilos. Llevaba una camiseta vieja y unos shorts holgados, nada especial, pero aún así, Alana había encontrado la manera de hacer un comentario.

—Gracias. —respondió sin mucho entusiasmo mientras sacaba un disco y lo observaba. —La camisa era de Joe.

Alana alzó las cejas con sorpresa, no esperaba que Taylor mencionara a tal hombre, y aunque claro que el comentario y la forma en la que percibió el tono de voz de Taylor, la hicieron sentir algo nerviosa, no lo dejó ver.

Quizá Taylor ya sabía de la relación entre Joe y ella, ya que algunos días atrás se habían filtrado un par de fotos en donde se les veía riendo, pero por suerte no sabía de aquellas fotos en The Black Dog, en donde se les veía besándose.

Y no es por que le tuviera miedo a Swift, al contrario, solo se encontraba algo nerviosa de que Taylor se pusiera incómoda, ya que la realidad era que no buscaba absolutamente nada más con Joe que una amistad.

—¿Joe tú ex?

—Mjum. —murmuró Swift. —Se que se conocen.

Alana soltó un suspiro que intentó sonar natural, aunque en su mente las palabras de Taylor la habían dejado algo desconcertada. Taylor, por su parte, no pareció notar la ligera incomodidad de Alana. Se encogió de hombros mientras dejaba el disco en el tocadiscos y lo giraba con calma.

—Sí, nos conocemos —respondió con una leve sonrisa, aún sin saber si Taylor esperaba algún tipo de explicación o si simplemente lo mencionaba por curiosidad.

Taylor la miró por un momento, como si estuviera evaluando la situación, pero luego se encogió de hombros y se centró nuevamente en la música que había comenzado a sonar suavemente en el fondo.

—Voy a prepararme un té, ¿tú quieres algo? ¿café, té? —le preguntó antes de pasar frente a ella y dirigirse a la cocina.

—Un vodka tonic estaría perfecto, gracias.

Taylor rió suavemente sin mirarla, como si ya esperara una respuesta así por su parte.

—No voy a darte tequila antes de dormir, Alana.

—Qué aburrida.

—Qué borracha.

Jones la siguió hasta la cocina, en donde decidió de traerse en una de las butacas de la barra de desayuno, mientras observaba como Taylor se movía en silencio y con confianza por todo el lugar, desde la alacena hasta el refrigerador.

—¿Por qué terminaste con Jesse?

Alana alzó la vista y la miro a los ojos cuando la escucho terminar la oración. Jesse era un tema casi prohibido para ella, más que doloroso le enojaba tan solo recordar la situación.

—¿Te importa? —preguntó con un afilado tono de voz, como si ese tema de un momento para otro la pusiera a la defensiva.

—Solo quiero saber la verdad. Conozco la historia de los medios, y de personas que no son ni tú ni Jesse. —Swift se encogió de hombros mientras trataba de hablar con mera sinceridad.

Alana frunció el ceño al escuchar la respuesta de Taylor, aquella actitud tan directa de la rubia era desconcertante, y aunque no lo quisiera admitir, le tocaba una fibra sensible.

No sabía qué esperaba Taylor de ella, ni por qué se sentía tan cómoda indagando en algo que claramente era complicado.

—¿La verdad? —repitió Alana dejando que el sarcasmo se apoderada totalmente de su tono de voz. —La verdad es que no me importa lo que la gente diga, ni lo que los medios puedan inventar, estoy cansada de eso.

Taylor la miró fijamente, como si estuviera buscando una señal de sinceridad detrás de las palabras de Alana, sin embargo la morena, aunque consciente de la presión, no cedió rápidamente, se apoyó con los codos en la barra y la observó con una mezcla de cansancio y molestia.

—¿Qué crees que pasó? —preguntó Alana, con una ligera sonrisa burlona, como si estuviera invitando a Taylor a sacar sus propias conclusiones.

Taylor se quedó en silencio por un momento, como si intentara comprender la dinámica entre ellas en ese justo momento antes de responder.

—No lo sé. —admitió, con una ligera sacudida de cabeza.

Alana soltó una risa que no llegaba a sus ojos, miró con Taylor saco de una gaveta una botella de vodka y sirvió un poco en un vaso, mientras el agua para su té se calentaba a un costado en la cafetera.

—¿Qué fue lo que escuchaste o leíste, o lo que te dijeron de mí, Taylor?... —insistió una vez más.

Taylor deslizó el vaso de vodka hacia Alana sin apartar la mirada de ella, como si estuviera midiendo sus siguientes palabras con muchísimo cuidado.

—Escuché muchas cosas. —dijo apoyándose en la encimera justo frente a Jones. —Que lo engañaste, que él te engañó primero, que se iban a casar...

Alana chasqueó la lengua, tomando el vaso y dándole un pequeño giro entre sus dedos antes de llevarlo a sus labios con satisfacción, pronto la quemazón del alcohol fue bienvenida en su boca.

—Todo suena bastante dramático. —murmuró con una sonrisa ladina.

Taylor arqueó una ceja.

—¿Y qué es lo que realmente pasó?

Alana soltó una exhalación lenta, no porque estuviera considerando decir la verdad, sino porque se preguntaba si realmente tenía ganas de seguir con la conversación.

Se quedó en silencio unos segundos más, saboreando el vodka en su lengua antes de hablar. —Lo que siempre pasa. —respondió con simpleza. —Uno de los dos dejó de fingir.

Taylor entrecerró los ojos, como si intentara descifrar el significado exacto de sus palabras.

¿Fingir?

—¿Eso significa que tú fingías o que él lo hacía?

Alana soltó una risa, un poco más genuina esta vez.

—¿Por qué te interesa tanto? —desvió la pregunta con habilidad mientras limpiaba sus labios con su lengua y la observaba moverse para servirse su té.

Taylor apoyó una mano sobre la encimera, inclinándose apenas hacia adelante mientras que con la otra movía la cuchara dentro de la humeante taza entre ellas.

—Porque estoy tratando de entenderte.

Alana parpadeó, sintiendo un leve cosquilleo de incomodidad en su pecho, la sinceridad de Taylor era desconcertante, no había sarcasmo, no había doble intención, solo una frase directa que la dejó sin respuesta por un momento

Los tan intensos ojos azules de Taylor realmente parecían estar escaneándola, y más que asustarla, le gustó. La forma en la que la observaba con una intensidad tranquila, como si realmente estuviera analizando cada uno de sus gestos, cada matiz en su tono de voz.

No era una mirada acusadora ni condescendiente, era... genuina, emotiva, y algo más allá que no podía terminar de entender.

Y eso la ponía aún más nerviosa, aún cuando no lo dejaba ver.

Alana sostuvo la mirada de Taylor por un par de segundos, negándose a ser la primera en apartarla, hasta que decidió romper la tensión con una sonrisa despreocupada y un encogimiento de hombros.

—Tal vez no deberías. —dijo, dándole otro trago al vodka antes de apoyarse más cómodamente en la barra. —No soy tan interesante como parezco, y seguro te aburrirás con mi jodida historia de desamor.

Taylor inclinó la cabeza levemente, como si considerara esa respuesta. —No sé si estoy de acuerdo con eso. —replicó en voz baja, sin apartar los ojos de ella.

Alana sintió un pequeño escalofrío recorrerle la espalda, pero lo disimuló con una ligera risa y un giro perezoso de su vaso en la barra.

—Deberías enfocarte en tu té, Swift. Te vas a quemar. —bromeó notando que Taylor ni siquiera había probado su bebida aún.

Taylor bajó la mirada a la taza, como si apenas recordara su existencia, y sonrió levemente antes de llevarla a sus labios.

—Te contaré sobre Joe. —se adelantó a decir cuando vio a Alana mirar a otro lado que no fuera sus ojos. —Quizá sepas su versión, pero aún no sabes sobre la mía...

Alana giró su vaso entre los dedos, como si estuviera considerando si realmente quería escuchar lo que Taylor tenía que decir. No era como si no le interesara demasiado, pero tampoco estaba segura de cómo debí reaccionar.

—¿Y qué ganas con eso? —preguntó con un tono ligero fingiendo desinterés.

Taylor se encogió de hombros, apoyando la taza en la barra sin apartar la vista de ella. —Que confíes en mí.

Pero un par de segundos antes de que Alana pudiera decir algo, el celular de Taylor vibró sobre la barra, la pantalla iluminándose con un nombre bastante conocido para ambas.

Gracie Abrams

Taylor alzó la vista mirando rápidamente a la castaña, quien alzó las cejas, tomó su vaso y giró su cuerpo para luego ponerse de pie y salir del lugar rumbo a la sala de estar.

Taylor exhaló un suspiro bajo antes de tomar el teléfono y deslizar el dedo por la pantalla para contestar.

—Hey, Gracie.

Alana, que ya estaba recostada contra el sofá con su vaso en la mano, no pudo evitar prestar atención a la conversación, aunque fingía estar distraída con la música.

—No, no estoy ocupada. —respondió Taylor con una leve sonrisa en la voz. —¿Pasó algo?

Alana rodó los ojos antes de darle otro trago a su vodka.

Por supuesto que no estaba ocupada.

Giró un poco la cabeza solo para ver la expresión de Taylor mientras hablaba, y pudo notar el pequeño cambio en su rostro, la manera en que sus labios se curvaron suavemente y cómo su postura se relajó.

Rápidamente desvió la mirada hacia su vaso, sintiendo algo molesto en su pecho, no celos, no exactamente... Solo una ligera incomodidad que no tenía intención de analizar demasiado.

Quizá se arrepentía en ese momento.

Taylor murmuró algo más en el teléfono, su voz bajando en un tono más suave, y Alana decidió que ya había tenido suficiente. Se puso de pie y caminó de vuelta a la cocina, dejando su vaso sobre la barra con un leve clank, lo suficientemente fuerte como para que Taylor la mirara de reojo.

—Me serviré un poco más. —anunció sin dirigirse a nadie en particular, aunque claramente lo dijo para que Taylor la escuchara.

La rubia la observó por un segundo, como si estuviera debatiéndose si decir algo o no, pero finalmente apartó la vista y siguió hablando con Gracie.

Jones tomó la botella de vodka y sirvió más en su vaso, sintiendo cómo el ambiente había cambiado de repente, aunque no sabía exactamente por qué. O quizá sí.

Pero tampoco estaba dispuesta a admitirlo.

Parecía ser que la noche sería larga, cuando vio que Taylor caminaba hacia la entrada y abría la puerta aún con su celular en la mano y la otra en la cadera, una mirada fija en algo en el corredor y pronto una sonrisa algo nerviosa.

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N.A: holaa!!

cómo estás? yo muy bien extrañado mucho esto!! prometo actualizar más seguido, he estado teniendo algunos destellos de lo que podría ser esto entonces quizá me centre en acabar esta y luego teachers pet la cual por cierto estuvo recibiendo mucho apoyo últimamente:))

los quiero demasiado, ojalá puedan leer esto y les vuelva a gustar, por que honestamente yo releí todo y no me pude quedar de brazos cruzados al ver como una historia con tanto potencial se quedaba en el olvido, so... aquí estoy!!

voten, díganme porfa sus ideas, como les gustaría que se desarrollara y díganle a taylorsecretwife que la extraño:((

los quiero millones y millones, muaak!!

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