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diez

West Village, New York.

La sala de estar de Taylor era un caos absoluto, restos de maquillaje, cepillos para el cabello, fundas de ropa de diseñador colgadas de cualquier superficie disponible, y al menos tres personas más de las necesarias caminando de un lado a otro con expresiones de concentración extrema.

El motivo de aquel desastre estaba sentado en el centro del huracán, Alana Jones. Ella tenía la vista clavada en su celular mientras dos personas pasaban brochas por su rostro y otra rociaba algo en su cabello.

Dada la noche de ayer, Taylor apenas pudo abrir un ojo cuando escuchó el ruido de la puerta principal abrirse, daba gracias a dios que Alana fuera responsable. Miro a su reloj en la mesita de noche y noto la hora, eran las 5:20, bastante puntuales.

Taylor dejó caer su cabeza contra la almohada y suspiró dispuesta a continuar sus horas de sueño, sin embargo, el ruido de voces, pasos y una que otra risa, hizo que no pudiera seguir durmiendo. Aceptando su destino, se puso de pie y fue directo al baño, no podía solo salir así.

Pronto, y luego de que arreglara un poco su cabello y lavara su cara para poder despertar del todo, salió de su habitación dispuesta a ver que era lo que ocurría

Cuando Taylor llegó a la sala, la escena no la sorprendió en lo absoluto, su sala parecía ser el backstage de un desfile de moda.

Alana estaba sentada en el centro del desastre, con la espalda recta y la mirada fija en su celular mientras su equipo se movía a su alrededor como un grupo de cirujanos en plena operación. —Buenos días. —saludó Swift llamando la atención de todos los presentes en esa habitación.

Hubo un leve silencio, como si no esperaran la presencia de Taylor ahí, incluso una de las chicas que se encargaba de las uñas de Jones abrió la boca impresionada.

—Miren quien se dignó a salir de su cueva. —murmuró Alana al verla de pie en el umbral de la sala. —Chicos, ella es Taylor. El gentil ángel que pudo recibirme en su casa en mi momento de necesidad. —nótese el sarcasmo en su voz.

—Cuando quieras, Jones. —le sonrió falsamente mientras rodaba los ojos con diversión. —¿Cómo dormiste? —preguntó luego de un rato, pasando de alto que las personas a su alrededor dejaron de hablar.

—He dormido mejor antes, si te soy sincera. —mencionó.

Swift soltó una pequeña risa y rodeó el lugar bajo la atenta mirada de Jones, quien parecía estar analizando todo.
—¿Ya desayunaste?

Jones alzó las cejas y negó levemente. —Jamie se está encargando de eso, fue por algunos cafés y bocadillos. No tarda en llegar. —explicó.

Y antes de que Taylor pudiera decir algo más, la puerta principal se abrió y otro montón de gente llegó entre ellas, Jamie quien estaba al frente con su celular en la oreja dando algunas instrucciones.

—Si, de acuerdo. Estaremos ahí a las 10 de la mañana puntuales. Bien, hasta luego. —dijo antes de colgar y suspirar con resignación, como si llevar toda la logística del mundo sobre sus hombros.

Pero al alzar la vista y mirar a Taylor de pie frente a ella su sonrisa se ensanchó lo suficiente y se acercó a saludarla.
—¡Taylor, querida! —exclamó. —¿Cómo estás? ¿Cómo te trató este demonio ayer? Espero que bien. —ambas rieron mientras le daban una mirada rápida a Alana, quien recibía su café por parte de John, uno de sus guardaespaldas.

Taylor sonrió con diversión mientras Jamie la abrazaba con familiaridad. —Estoy bien, gracias. —su mirada se deslizó hacia Alana, quien ahora revolvía su café con aire distraído, ya no era una sorpresa para ella que Jamie y Swift se llevaran bien. —Digamos que sobreviví a mi primer día con ella en esta casa.

—Eso ya es un logro. —bromeó Jamie, dándole una palmada en el brazo antes de mirarla con curiosidad—. ¿Y qué haces aquí tan temprano? ¡No tenías que molestarte, prometo que no romperemos nada!

Alana, que hasta ahora había estado concentrada en endulzar su café, alzó la vista con una sonrisa ladeada y un tanto burlona.
—Salió a bendecirnos con su presencia esta mañana.

Taylor la miró con fingida indignación antes de devolverle la sonrisa. —Alguien tiene que vigilar que no incendies mi apartamento.

Alana alzó las cejas y se volteó a mirar al chico que estaba aplicando algunos cosméticos en su rostro. —¿Escuchaste eso, Theo? Ella cree que eres un peligro aquí.

Theo, un joven con un pincel en mano y una expresión concentrada, soltó una risa suave sin dejar de hacer su trabajo.

—Oh, cariño, si alguien va a incendiar este lugar, definitivamente no seré yo. —respondió con dramatismo, dando un paso atrás para evaluar su obra antes de seguir aplicando iluminador en los pómulos de Alana.

Taylor cruzó los brazos y observó la escena con una ceja arqueada. —Me siento mejor al saberlo, pero sigo sin confiar en Jones.

Alana puso los ojos en blanco mientras tomaba su café con una mano y con la otra sostenía su teléfono. —Jamie, por favor dile a Swift que deje de difamarme en mi propia casa temporal.

Jamie solo negó con la cabeza divertida antes de consultar su tablet. —Como sea, necesito que nos concentremos ya, y necesito que prestes mucha atención. —anunció, volviendo a su tono profesional. —Tienes entrevistas a las 10, una sesión de fotos a la 1 y la prueba de vestuario a las 3. El evento comenzará a las 8, así que deberás estar lista a las 6:30, el after party será luego y tu atuendo estará esperando por ti apenas salgas del lugar.

—¿Y cuándo se supone que almuerzo? —preguntó Alana con fingida desesperación.

—En el tiempo que te sobre entre cada cosa.

Alana suspiró dramáticamente y asintió.

Sería un día realmente largo.

[>>>]

—¿Por qué huele mucho a spray para el cabello? —preguntó Gigi apenas cruzó la puerta, eran las 7 de la noche y Taylor la había invitado a cenar y ver algunas películas en su apartamento

—Porque hasta hace unas horas esto parecía un backstage de desfile de moda. —respondió Taylor con una sonrisa cansada mientras cerraba la puerta detrás de ella.

Gigi arqueó una ceja mientras dejaba su bolso sobre la mesa de centro. —¿Entonces si aceptaste a Alana aquí?

—No tenía más opciones. —confirmó Taylor con un suspiro, dejándose caer en el sofá y pasando una mano por su cara algo agotada. —Jamie llegó temprano con todo su equipo. Hubo  maquilladores, estilistas, asistentes, de todo.

Gigi rió y se sentó a su lado. —¿Cómo sobreviviste?

Taylor sonrió con ironía. —Apenas.

Hubo un breve silencio antes de que Gigi la mirara con más interés. —Bueno, ¿y qué más pasó? Porque conociéndote, no estarías así solo por un poco de alboroto aquí.

Taylor hizo una pausa, mordiendo su labio inferior, analizando si debía decirle lo de la noche anterior. —Alana me contó sobre Jesse.

Gigi alzó las cejas, ella sabía un poco del tema pero no era la persona indicada para poder hablarlo, y sabía que a Alana no le gustaría eso.
—¿Y qué te dijo? —preguntó.

Taylor se dejó caer en el respaldo del sofá buscando las palabras correctas. —Me dijo que su relación con él había sido un desastre en los últimos meses, que estaba atrapada en un ciclo de infelicidad, pero... no sé, hay algo en su forma de hablar de todo esto que me hizo pensar que no está tan segura de lo que hizo.

Gigi suspiró dejando caer su cabeza sobre el respaldo del sofá. —No sé cómo lo hace, pero siempre termina complicándolo todo, aveces ni siquiera se da cuenta de las consecuencias de sus acciones hasta que es demasiado tarde y todo está poniéndose feo...

Taylor la miró, aún con la mente algo confundida. —¿Cómo puede alguien hacer algo así y no tener remordimientos al perderlo todo?

Gigi se giró hacia ella con sus ojos fijos en los de la rubia ojo azul. —Alana no es tan sencilla, ella tiene una manera de racionalizar las cosas, pero lo que no te dice es lo que está pasando por dentro. —suspiró. —Algunas veces actúa de esa manera porque no sabe lidiar con sus propios sentimientos y está atrapada entre lo que quiere y lo que realmente necesita.

Taylor asintió lentamente casi comprendiendo un poco más, pero aún con una sensación de inquietud se removió en su lugar. —No me extraña que sea tan... complicada, pero ¿crees que hay algo de verdad en lo que me dijo sobre Jesse?

Gigi se encogió de hombros sin estar muy segura de qué respuesta darle. —Con Alana nunca se sabe, pero si me preguntas a mí, creo que aún hay mucho que no está diciendo, como algo más profundo... probablemente por eso toma esas decisiones tan impulsivas.

Taylor no dijo más, se mantuvo en silencio un poco, en lo que veía a Gigi luchar contra sus propios pensamientos, hasta que la vio suspirar y mirarla con una pequeña sonrisa. —Te has ganado mi respeto por aguantarla todo el día... —ambas rieron en sintonía. —Pero si me pides consejo, te diría que no dejes que Alana te arrastre demasiado, realmente tú no necesitas ese tipo de caos en tu vida, Taylor...

Swift asintió algo más que convencida, Gigi tenía razón, ella no necesitaba ese tipo de caos, ni siquiera necesitaba que la relacionaran con ella. Por qué mientras que Taylor se esforzaba por darse a conocer de forma correcta y mantener su imagen intacta, Alana parecía moverse por la vida sin preocuparse demasiado por lo que la gente pensara de ella. ,o al menos eso era lo que dejaba ver.

—Lo sé —respondió Taylor con un suspiro. —Y créeme, no planeo involucrarme en nada de esto más de lo necesario. Es solo que... —hizo una pausa, dudando por un momento antes de continuar. —Hay algo en ella que me es difícil de ignorar...

—Quizá solo sea su bonita nariz y los ojos tan bonitos que tiene... —respondió Gigi con una pequeña sonrisa.

Taylor rodó los ojos pero no pudo evitar sonreír levemente ante tal mención, por qué la realidad era que ciega no era, y si, por supuesto que había algo más allá de la personalidad de Alana que llamaba la atención de cualquiera. —Sí, seguro es solo eso —respondió con sarcasmo, aunque en el fondo sabía que no era tan simple.

Gigi se acomodó mejor en el sofá, mirándola con un poco de curiosidad. —Entonces, ¿qué es? ¿por qué parece afectarte tanto, uh?

—N-no lo sé, G.

—Pues.... —se encogió de hombros. —Tienes que tener cuidado, por qué lo peligroso de Alana es que te hace creer que la tienes descifrada, pero justo cuando crees entenderla, te das cuenta de que apenas has visto la superficie...

Taylor asintió comprendiendo a lo que se refería.

Ella sabía que había algo en la forma en que Alana se expresaba, en cómo esquivaba ciertas preguntas o desviaba las conversaciones cuando se tornaban demasiado personales, era como un jodido patrón, uno que en realidad Taylor no podía dejar de notar.

—Supongo que simplemente tengo que mantenerme al margen —murmuró, aunque parte de ella no estaba completamente convencida de que fuera tan fácil.

Gigi sonrió divertida. —Eso díselo a ti misma cuando vuelva a aparecer de la nada con una historia aún más enredada.

Swift solo rodó los ojos con diversión.

Pronto, el dúo de amigas se encontraba absorto en una bonita "velada", bebían algo de vino tinto, comían algo de pizza de su restaurante favorito a algunas calles del apartamento de Taylor y platicaban de cualquier cosas interesante con algo de Bob Dylan reproduciéndose de fondo en el tocadiscos.

Su conversación se basaba principalmente en ellas, en sus vidas, en sus trabajos y por un momento en sus parejas, Gigi hablando de su familia perfecta con Zayn y Khai y Taylor simplemente mencionando un poco a Kelce, quien se encontraba constantemente detrás de ella.

La noche comenzó a avanzar rápidamente y cuando el reloj marcó casi las 2:58 de la madrugada, Gigi anunció que Zayn la esperaba abajo, por lo cual se despidió de su amiga y salió rumbo a su auto, dejando a Swift sola una vez más.

Bajó aún más melodías de Bob Dylan, Taylor recogió todo lo que habían dejado en la sala, lavo los platos que utilizaron y justo cuando estaba por apagar las luces de la sala y dirigirse a su habitación, la puerta principal se abrió.

Eran casi las 3:40 de la madrugada, quien más podía ser. Alana entró tambaleándose, con los tacones en una mano y el bolso resbalando de su hombro, sus brazos estaban perezosamente enredados alrededor del cuello de Kendall Jenner, quien la sostenía por la cintura con fuerza y jalaba su cuerpo contra el de ella, mientras que sus labios se tocaban, compartiendo un beso cada vez más intenso, completamente ajenas a la presencia de Taylor en la sala.

Taylor carraspeó por primera vez.

Nada.

Carraspeó de nuevo, más fuerte esta vez. —¿En serio, Jones?

La mencionada miró a ver hacia dónde venía el sonido, llevándose una mano al pecho, demostrando que la había asustado. La castaña tardó un poco en poder enfocar su mirada y entender quién las había interrumpido, pero cuando finalmente lo hizo, su sonrisa se ensanchó.

—¡Taylor! —exclamó, claramente el alcohol afectando su habilidad de poder hablar.

Taylor la miró sin rastro de diversión, con los brazos cruzados y una expresión que dejaba en claro lo poco impresionada que estaba con la escena. —¿Qué demonios estás haciendo?

Alana parpadeó lentamente, como si necesitara procesar la pregunta pero luego soltó una risa ligera y se apoyó más contra Kendall.

—Kenny me trajo aquí...

Kendall por su parte, solo sonrió con suficiencia, sin molestarse en soltar a Alana. —Relájate, Swift. Solo la traje sana y salva.

—Ah, sí, se nota —dijo Taylor rodando los ojos. —Seguro besarla hasta que olvide su propio nombre es parte de tu protocolo de seguridad.

Kendall arqueó una ceja con diversión, al parecer él se encontraba un poco más cuerda que Alana, aunque aún a una distancia prudente podías sentir el olor de su perfume combinarse con el de tequila. —No sabía que te importaba tanto lo que haga Alana...

—No me importa —replicó Taylor rápidamente. —Lo que me importa es que se está quedando en mi apartamento y es mi responsabilidad que se encuentre viva.

Alana algo ajena a la tensión entre ambas, se tambaleó fuera del agarre de Kendall y se dejó caer pesadamente en el sofá.
—Estoy bien, Taylor.

—Claro que sí —dijo Taylor sarcásticamente antes de volverse a Kendall. —Ya cumpliste con tu acto de caridad, ahora puedes irte.

Kendall le sostuvo la mirada por un momento, como si estuviera decidiendo si valía la pena seguir fastidiándola, pero finalmente suspiró con exasperación. —Llámame mañana, amor.

Alana asintió y se inclinó para darle un último y pequeño beso a Kendall, quien lo recibió de la mejor manera, Jenner le dio una última vista a Swift y finalmente salió de aquel apartamento sin decir nada más.

En cuanto la puerta se cerró, Taylor dejó caer la cabeza hacia atrás con un suspiro de frustración antes de mirar a Alana, quien intentaba desabrocharse el vestido por la parte de atrás pero con muy poco éxito.

—¿Qué crees que es esto, Jones? ¿Un motel?

Alana levantó la mirada con un puchero dramático, todavía forcejeando con el cierre de su vestido. —¡Ella me besó!

Swift negó mientras se posicionaba detrás de ella y movía su cabello hacia un lado, lista para bajar el cierre de su vestido.

—Ah, claro —respondió Taylor con sarcasmo mientras deslizaba el cierre con facilidad. —Y tú, pobrecita, no tuviste más opción que devolverle el beso... y luego otro... y luego traerla aquí.

Alana dejó caer el vestido hasta sus pies y se giró con una sonrisa perezosa. —¡Exacto! Me entiendes perfecto. —sin mucho que hacer, Jones dio un paso saltando su vestido tirando en el suelo y se abalanzó a Taylor pasando sus brazos por lo hombros de Swift y abrazándola con fuerza.

La rubia se quedó inmóvil, sintiendo como el cuerpo cálido de Alana se fundía en el suyo, que particularmente se encontraba frío, un contraste diferente a lo que eran en ese momento.

—¿Qué haces? —preguntó Taylor, su tono algo parecido a la confusión, sin embargo, no la alejó.

Alana hundió el rostro en su cuello y suspiró. —Hueles muy bien, ¿haz estado bebiendo?

Taylor puso los ojos en blanco pero sus manos por inercia se posaron en la cintura de Alana, sujetándola con delicadeza. —¿Cómo puedes saberlo?

—Porque ahora quiero morderte. —Alana se aferró más a ella, Taylor exhaló sintiendo la calidez de su aliento sobre su clavícula.

Pero pronto, cuando sintió los fríos labios de Alana rozar su piel más sensible, sintió un escalofrío recorrerle toda la extensión de la espalda. —Necesitas dormir.

Alana sonrió contra su piel y deslizó sus manos por la tela de su blusa. —Creo que necesito otra copa, y a ti junto a mi.

Swift rió, tal vez por qué no sabía qué responder o por el nerviosismo que le causaba tenerla tan cerca. —Creo que necesitas terapia.

—Eso también.

La rubia suspiro tratando de ignorar lo fácil que era sostenerla así, lo natural que se sentía, pero rápidamente sacudió su cabeza, Alana estaba borracha y ella estaba... ella estaba siendo una adulta responsable, estaba siendo amable, por que luego de esa noche y la mañana del día siguiente se aseguraría de nunca más tener que compartir siquiera el mismo aire.

—Me aseguraré de que Jamie consiga al mejor terapeuta de la ciudad para ti, pero ahora tienes que ir a la cama, Jones.

Alana negó con la cabeza moviéndola contra su cuello como si fuera una niña caprichosa. —Aquí estoy bien.

Taylor se quedó en silencio por un momento, sintiendo la suavidad de los brazos de Alana en sus hombros, su peso descansando completamente contra ella, y aunque era algo cansado, el aroma que desprendía el cabello de Alana y la mezcla de su perfume con el fuerte olor de tequila en su boca, la hacían no querer dejarla ir. 

—Eres imposible.

Alana sonrió contra su piel. —Y eso a ti te gusta.

—Definitivamente no.

Taylor finalmente la sujetó por los hombros y la separó con suavidad, dejando a Alana con un puchero, sin embargo ella no protestó cuando la rubia la guió hacia el sofá y la obligó a sentarse.

La escena hubiera sido bastante extraña para cualquiera que pudiese haberlas visto, Alana estaba en la ropa interior más diminuta que pudo conseguir en su armario, abrazada a una rubia en la pijama con el cabello rubio hecho un pequeño desastre, quien la sostenía por la cintura decidiendo si debí acercarla más o simplemente alejarla.

—Iré por agua en lo que tú despiertas un poco, estoy segura que no podré cargarte hasta tu habitación, así que debes despertar.

Alana soltó un quejido dramático y dejó caer la cabeza contra el respaldo del sofá con los ojos entrecerrados y una expresión de descontento. —¿Y si no quiero despertar?

Taylor suspiró cruzándose de brazos, la imagen que tenía frente a ella era algo divertida, Alana, apenas vestida, con su cabello desordenado y los labios aún hinchados por los besos de Kendall, mirándola con esos ojos un tanto desafiantes pero a la vez con el encanto que solo ella podía manejar incluso estando borracha.

—Entonces supongo que tendrás que dormir ahí en el sofá. —respondió con indiferencia señalando el mueble.

Alana parpadeó lentamente y frunció el ceño negando levemente. —Pero es incómodo.

Taylor alzó una ceja y bufó. —Ah, claro, seguro estás acostumbrada a que te lleven en brazos hasta una cama de pétalos de rosa después de cada noche de fiesta.

Alana sonrió con picardía, apoyando la barbilla en su mano mientras miraba fijamente a la rubia frente a ella. —Depende de quién esté conmigo.

Taylor rodó los ojos con diversión y giró sobre sus talones. —Voy por el agua antes de que digas algo peor.

Pero antes de que pudiera dar dos pasos, sintió los dedos de Alana rodear su muñeca, deteniéndola con suavidad. —Taylor...

La rubia se quedó quieta por un momento, sin girarse por completo, sintiendo el calor de la mano de Alana contra su piel. —¿Qué?

—Gracias por cuidarme.

Taylor cerró los ojos por un segundo y suspiró pero no respondió, simplemente soltó su mano con delicadeza y siguió caminando hacia la cocina, ignorando la patética forma en la que su corazón se aceleró.

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N.A: holaaa bebéssss

cómo están? yop muy feliz por este capítulo, algo medio bonito, y yo sé que a ustedes les va a gustar mucho:))

díganme si les gusta, como creen que les vaya a estás chicas a lo largo de los próximos capítulos y sobretodo a quien les gustaría ver más, o que les gustaría ver:) los leo, me rio de sus comentarios y me hacen querer escribir y escribir, pero bueno los tekueme

gracias por votar<3

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