-SEIS-
Abrí los ojos, sentía que había estado durmiendo por siglos, pero al ver la hora en el móvil me di cuenta que solo fueron unas pocas horas. Intenté volver a dormir, pero después de unas cuantas vueltas asumí que me era imposible.
Con mucho cuidado de no despertar a Saori (que dormía profundamente), me dirigí hacia el balcón situado detrás de el gran ventanal de su habitación.
Estaba totalmente en silencio, exceptuando el sonido leve y repetitivo de los aspersores que funcionaban a esas horas, el olor a tierra húmeda y a flores recién regadas se expandía por todo el recinto. Apoyé mis brazos en la piedra fría y dirigí mi mirada hacia el firmamento. Las estrellas no se veían tan bien, eran las cinco y la claridad del sol empezaba a hacer efecto.
Instantáneamente recordé el mensaje de Shaka "Encuentra Vega y verás la Lyra", saqué el móvil de mi bolsillo, fué una suerte que me decidiera por llevarlo encima. Busque el mensaje de Shaka y abrí la foto. Justo en el centro había una estrella muy brillante, que incluso la cámara de un teléfono pudo detectar.
Miré al cielo, justo en paralelo había una estrella muy parecida, llamaba la atención en particular por su luminosidad. Posicione el móvil alineandolo con la estrella. Encajaba. Esa era una foto de esa misma noche.
Seguía sin entender nada, así que hice lo más racional; preguntarle a Google. Entré al buscador y la luz blanca del móvil en medio de la oscuridad casi quema mi retina. Entorné un poco los ojos y intenté enfocar la vista.
Primero busqué "Vega", arrastre el dedo y leí los resultados. Una cantante, accidentes geográficos...nada que ver. Después de un rato decidí cambiar los criterios de búsqueda, esta vez busqué "Lira", de nuevo, solo aparecía el instrumento, explicaciones, historia, páginas de música que lo vendían de segunda mano; nada que me interesase.
Después de estar aproximadamente una hora sin encontrar nada, mis ojos ardían. Ya eran las seis de la mañana y el sol empezaba a asomarse por el horizonte. Guardé el móvil y me quedé admirando el amanecer. En ese momento me di cuenta de que nunca había visto realmente el amanecer, algo tan cotidiano, algo que se hizo tan normal, y que pasó tan desapercibido siempre para mi, pero que también era tan hermoso y tan magnético. Me pregunté por que nunca me había parado a observar las cosas pequeñas, y una sensación parecida a la de la noche anterior se apoderó de mí.
De repente sentí una mano en el hombro y me giré para ver de quien se trataba. Detrás de mí estaba Saori tallandose los ojos y reprimiendo un bostezo.
-¿Qué haces despierto tan temprano?
- No podía dormir
-¿Me dices que doscientos euros de colchón no son lo suficientemente cómodos?
-Auch, justo en la pobreza
Los dos reímos. Saori me dijo que bajásemos a por el desayuno, seguro que ya estaba listo. La acompañé escaleras abajo y nos plantamos delante de una una mesa gigantesca repleta de comida, con un manjar digno del monte Olimpo. Nada que ver con mis queridos Corn Flakes.
Me senté al lado de Saori para no sentirme solo y empecé a picotear un poco de fruta. Es decir, había de todo y no creo que nunca nos lo pudiésemos acabar (¿Quién demonios prepara pollo para desayunar?). Supuse que alguien más comería después de nosotros, porque esa cantidad ingente de comida no era ni medio normal.
Avisé a Saori que debería volver a casa y ella me llevó hasta él garaje, donde estaba mi bici al lado del lamborghini de Saori. Posicioné los pedales y empecé a pedalear hacia mi casa.
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En cuanto di un par de vueltas me percaté de que no tenía ni idea de donde estaba. Iba tan despistado que ni siquiera me había dado cuenta de que nunca había estado en esa zona de la ciudad.
Sin poder volver a la casa de Saori, decidí intentar encontrar el camino, total, a algún sitio debía llegar. Y mirar el Goole Maps no era una opción, mis datos en ese momento eran inexistentes.
Ya un poco cansado (y preocupado) empecé a pedalear más rápido, girando por diferentes calles múltiples veces. Y en una de esas me encontré a un niño que conocía. Me acerqué a él un poco desesperado, y frené la bici bruscamente llamando su atención.
-Hey Kiki, ¿qué haces aquí?- Kiki era mi vecino, un niño de apenas seis años, pero indiscutiblemente avispado.
-Yo iba a por pan, ¿que haces tu aquí Mu?
-Nada, solo pasaba, ¿quieres que te acompañe a casa?
-¿Acaso estás perdido?
-Pffft, claro que no
Entornó los ojos y se rió. Maldita sea, se estaba riendo en mi cara. Me hubiese marchado si no hubiera sido porque estaba muy cansado y no tenía ni la más mínima idea de donde me encontraba.
Salió de la tienda con una barra de pan y movió la cabeza dándome a entender que lo siguiese. Me bajé de la bici y caminé junto a él con la bici a un lado. Giramos un par de calles y el paisaje cambió a uno más conocido. De repente las casas me sonaban, y los árboles eran parecidos a los de mi calle.
En cuanto logré divisar mi casa (por una extraña razón) me entraron ganas incluso de llorar de felicidad. Me despedí de Kiki en su casa y saludé a su madre que justo se había asomado. Caminé el corto trecho que quedaba hasta mi casa y me planté delante de la puerta de madera tan conocida para mi.
Me invadió una especie de sentimiento de alivio. Aunque solo hubiese sido un dia, sentía como si hubiera estado fuera por años. Era una vuelta a la tranquilidad muy necesitada después de él día tan intenso que tuve.
Fuí a llamar, y al mínimo toque, la puerta se abrió instantáneamente abalanzándose sobre mí un Shion con una gran sonrisa. Se separó y simuló secarse lágrimas. Con una voz teatral dijo:
-¡Hay mi niño que se me hace mayor! ¡Gracias a los dioses ha conseguido amigos y se ha quedado en su casa a dormir! ¡Pensé que este día jamás llegaría! ¡Aleluya señores! ¡¡Aleluya!!
Un tanto avergonzado (más que nada porque los gritos de Shion fueron tan fuertes que alertaron a la mitad de los vecinos y ahora nos miraban con cara de confusión), arrastré a mi hermano dentro de casa y cerré la puerta.
-Ya, calma, se que es impresionante, pero cálmate
-Ay, llevo años esperando esto, déjame disfrutarlo
Pasé un poco de él y volví a dejar la bici debajo del hueco de la escalera. Me giré y me encontré a Shion de pié detrás mío con una gran sonrisa y una mirada que decía "voy a decir algo que te moleste y lo sabes". Yo resoplé y esperé a que hablase.
-Y...¿ya te echaste un novio?
-¡Un dia! ¡¡¡Un dia!!! ¡Y ya tienes que estar preguntando!
-Ayyyy, pero es que me hace ilusiooon
-Pues espera sentado
Hizo un puchero y cruzó los brazos. Yo pasé olímpicamente de él y subí las escaleras para tirarme en la cama de mi cuarto. Me quedé dormido al instante, al fin y al cabo casi no había dormido esa noche. Y en cuanto me desperté me di cuenta de que me habían añadido a un grupo de whatsapp. Allí estaban Saori y Aldebarán, así que supuse que el resto de números eran las otras personas del grupo.
En ese grupo se dijeron muchas cosas (de las cuales yo no me enteré ni de la mitad), lo único que capté fue que esa noche quedaríamos otra vez en el parque. El único mensaje que yo envié fué para confirmar mi asistencia.
Al no saber específicamente la dirección del parque, quedé con Saori en la piscina para no volver a repetir la situación de esa mañana.
Bajé para preparar mi bici, me quedé mirándola durante un buen rato. De repente se me ocurrió un idea maravillosa. Subí rápidamente a mi habitación y bajé con un montón de stickers que había estado coleccionando pero que jamás llegué a pegar.
Me puse a repartirlos todos por la bici, al ser simplemente de un rojo liso, no se superponían a ningún diseño anterior y no quedaban mal. Me senté en el suelo y admiré mi obra maestra. Sonreí y me subí sin pedalear. Ahora me sentía él niño más cool del barrio.
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Por la noche fuí a la piscina, y efectivamente ahí se encontraba Saori. Esta vez ya había aprendido la lección y me había puesto una chaqueta vaquera, un pantalón y una camiseta negras, no lo suficientemente abrigadas como para morirme de calor, pero tampoco lo suficientemente frescas como pasar frio.
La noche pasó sin pena ni gloria, esta vez no hubo ningún sobresalto, y aunque de vez en cuando aún me sentía incómodo cuando alguien que no conocía se me acercaba, casi todo el tiempo me lo pasé con Saori y Aldebarán, así que no tenía un gran problema. Esa noche Shaka no se presentó, y descubrí que en el fondo muy fondo había deseado que estuviera allí, sobretodo para preguntarle qué demonios significaba su mensaje.
El resto de semanas funcionaron así; quedábamos siempre por la noche, de vez en cuando también por las mañanas para ir a la piscina.
No socialicé mucho con nadie, más que nada me limité a estar con Saori y Aldebarán. Shaka se presentaba muy de vez en cuando, y las pocas veces que coincidimos no llegamos a interactuar.
Poco a poco me fuí aprendiendo los nombres de la gente (sobretodo gracias al grupo de WhatsApp), aunque de vez en cuando me costaba asociar los nombres a las caras, iba mejorando.
Eso sí, desarrollé una técnica definitiva cuando tenía que reconocer a Saga y a Kanon, al ser los dos gemelos, me lo tomé como un reto extremo. La técnica consistía en lo siguiente: al principio del día (o la primera vez que los viese), me fijaba en algo que llevasen diferente, una camiseta, unos pantalones..., luego esperaba a que alguien los llamase por su nombre y asociaba, camiseta naranja igual Kanon, camiseta negra igual Saga. Hasta el momento mi plan nunca había tenido ninguna falla. Aunque todo sea dicho, tampoco es que llamase nunca a nadie, pero mejor prevenir que curar.
Así pasaron las semanas sin muchos sobresaltos, salir con todos se había convertido prácticamente en una rutina. Todo marchaba bien hasta que llegó la noche del 30 de julio, allí mi verano volvió a cambiar drásticamente.
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