-OCHO-
Poco a poco el resto fueron llegando. No todos cabíamos en la sombra, así que jugamos a la regla de "quien llegue antes se lo queda". Regla que obviamente provocó más de un estirón de pelo, pero con la que al final (sorprendentemente) todos consiguieron organizarse.
Yo me había dedicado a mirar las peleas apoyado en el tronco comiendo unas papas, nadie me había dicho nada, creía que era porque aún no me tenían la suficiente confianza. Aldebarán había cedido su sitio porque ya estaba un poco harto de las peleas y solo quería que se callasen. Y Saori simplemente les había sobornado con comprarles algo si la dejaban quedarse.
Camus había repartido las bebidas que llevaba en su nevera portátil (porque era él único con una) y habíamos repartido los bocadillos y dejado los aperitivos en el centro, sobre una toalla extra. Me fijé en que no sobraba ningún bocadillo, sin embargo Shaka no había llegado aún.
-Oye Saori, ¿Shaka no viene? No hay ningún bocadillo para él.
-Ah, no, es que es vegetariano, todos los bocadillos llevan carne, pero él dijo que traería uno- Esto de no saber las cosas, me pasaba por no leer los mensajes del grupo de WhatsApp- Y respecto a que no llega, yo tampoco lo se, normalmente, lo poco que viene, es puntual.
Como si lo hubiésemos invocado, de pronto apareció Shaka delante de nosotros vestido con una camiseta blanca y vaqueros negros, sujetando una bolsa de plástico de un supermercado en su mano izquierda.
Tendió su toalla justo en el único sitio libre, vamos, delante mio. Sacó su bocadillo y empezó a comer ignorando a todo y todos. Por lo que el resto también lo ignoró a él, y yo, siguiendo su ejemplo, me puse a hablar casual con Saori. Cosa que provocó una pelea por una patata frita, y un golpe a distancia con una ramita por parte de Aldebarán.
Entre unas cosas y otras acabamos los bocadillos, cosa que dió paso a una batalla campal por los tentempiés. Yo la verdad es que ya había estado robando patatas desde él principio, así que no tenía por que participar, y podía disfrutar de ver cómo se sacaban un ojo por una gominola.
Pero de repente sentí una mano en mi hombro, sabía que no era Saori (porque estaba peleando por un trozo de bollo), y tampoco podía ser Aldebarán (estaba intentando, inútilmente, racionar la comida). Por lo que me tensé, no sabía quién podría ser.
-Oye Mu, quería preguntarte una cosa
Me hubiese gustado decir que lo reconocí por su voz. Pero, como que mis habilidades memorizando no eran muy buenas, por lo que me tuve que girar para ver quién era. Efectivamente, encontré a Shaka arrodillado detrás mío. Me giré y le planté cara.
-¿Que quieres?
-Me gustaría preguntarte si te gustaría venir a mi casa.
-¿Que?
En circunstancias normales, hubiese rechazando la oferta sin pensarlo dos veces. Pero justo ese día le debía unos Donetes a Saori, y además había descifrado su mensaje. Lo cual quiere decir que la curiosidad mató al borrego y vacilante, acepté su propuesta.
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Como ya se estaba acabando la comida, y empezaba a aburrirme, empecé a recoger mis cosas para ir a casa de Shaka. Me colgué la bolsa del hombro y vi que el ya estaba preparado.
Me despedí del resto diciéndoles que me iba a ir a casa de Shaka. Ante esto Aldebarán me miró sorprendido y Saori pícara, a lo que yo le respondí sacándole la lengua.
Seguí a Shaka a la salida en un silencio absoluto (un tanto incómodo, pero no demasiado). Fuí a montarme en la bici para irnos, pero me di cuenta de que Shaka simplemente se había quedado parado mirándome en silencio.
-Vivo cerca, no traigo la bici, pero si quieres la puedo llevar yo.
-No, no importa, venga, vamos.
Me bajé de la bici y la llevé a un lado mientras seguía a Shaka. De nuevo no hablamos en todo el camino, balanceándonos entre él silencio cómodo e incómodo.
De pronto llegamos a una casa, no excesivamente grande, pero tampoco pequeña. La puerta de madera daba paso a otra puerta, esta vez de cristal, y nada más entrar, un fuerte olor a incienso golpeó mis fosas nasales.
Me indicó dónde dejar mi bici y subimos hasta su habitación. No era una habitación muy grande, pero sí más grande que la mía. Tenía la cama al fondo, y un telescopio asomaba por la ventana. Tenía varios pósters, recorriendo temas desde el sistema solar hasta Buda. Y su escritorio se encontraba completamente desordenado, tanto que me extrañaba que no hubiese ropa de por medio. Justo encima del escritorio habían un par de estanterías llenas de libros con una fina capa de polvo.
Él se adelantó y se sentó en su cama, señalándome la silla del escritorio.
-Ponte cómodo.
Me senté y me quedé mirando a su escritorio. Varios papeles se superponían a otros, y algunas fotos estaban esparcidas. Todos esos parecían mapas, mapas estelares.
-Así que al fin descubriste lo que ponía en él mensaje, pensé que ya se te había olvidado.
Hablaba con una voz sumamente calma, tanto que hasta era anestesiante. Sonrió y agarró una foto del escritorio. Y con un boli que estaba encima de la cama, empezó a pintar sobre la fotografía.
Me la entregó y yo la observé con detenimiento. Las marcas estaban hechas con boli negro, así que tenía que mover la fotografía para verlas bien. Pero al final entendí que era la constelación de Lyra, la misma foto que me había mandado.
-Es la constelación de Lyra
-Es la primera constelación que aprendí a ver, justamente guiándome por Vega
-¿Y por qué me mandaste el mensaje?
-Vi que tenías cierto interés, y tengo que admitir que me emocioné.
-¿Yo?
-Cualquier otra persona se habría tirado del tobogán nada más sentarme.
-¿Que? ¿Por qué?
-No se, dicen que soy antipático.
Me hubiese gustado decir que no lo entendía, pero desgraciadamente si lo hacía. Siempre que aparecía en él grupo, estaba completamente distante y prácticamente pasaba de todos los demás, lo que creaba un sentimiento recíproco hacia él. Sinceramente, no sabía cómo alguien podía ser más asocial que yo (en mis principios en ese grupo), sin duda, él era un ser digno de admiración. De hecho, me sirvió para ver lo mucho que me había soltado gracias a Aldebarán y Saori.
No sabía que hacer, así que simplemente le di un par de palmaditas en él hombro. Él sonrió levemente y con paso relajado, se dirigió a su escritorio para dejar la foto.
-¿Te gustaría que te enseñase algunas más?
Hubiese rechazando la oferta, pero parecía realmente emocionado, y ya estaba en su casa, por lo que no me quedó otra que aceptar.
Sorprendentemente el tiempo pasó muy rápido, y en cuanto le dabas tiempo, Shaka se expresaba muy bien. Además, se notaba que le encantaba él tema, derrochaba pasión con cada palabra, pero esta se veía aplacada por su tono suave y relajado.
Ya se estaba haciendo tarde, y tenía que volver a casa para cenar. Esa tarde había aprendido mucho, y me lo había pasado mejor de lo que esperaba.
Me levanté de la silla, y por casualidad miré a la estantería. Allí había un libro Verde, con letras en dorado, las páginas eran amarillentas y se encontraba recubierto de una fina capa de polvo. En él dorsal recitaba "La Mitología Griega en las constelaciones", por lo que había observado, no me esperaba encontrar eso allí.
-Oye Shaka, ¿te gusta la mitología griega?
-Ah, no especialmente, pero cuando se enteraron se que me gustaba observar él cielo, me regalaron eso de cumpleaños. Jamás lo leí, y no creo que lo vaya a hacer. ¿Quieres quedartelo?
-¿Que? ¿Yo? ¿Estás seguro?
-Claro, de hecho me haces un favor.
Antes de poder recriminar, ya tenía él libro en la mano y estábamos bajando las escaleras. Me despedí de él, y junto a mi bici me encaminé hacia casa.
Hoy Shaka se había mostrado completamente diferente a cuando le había conocido por primera vez. Creía que si Shaka fuese un poema, sería un poema con muchos dobles sentidos e interpretaciones, llenos de figuras y recursos literarios, de los que te tenías que tomar mucho tiempo y esfuerzo para llegar a entender.-
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En casa, había abierto él libro de Shaka para leer antes de ir a dormir. Ya había leído varios capítulos cuando pude darme cuenta de que me había enganchado a un libro de historias de hace miles de años. Pero habría que atribuirle el mérito a los griegos de que serían de lo mejorcito haciendo telenovelas.
Ya bien entrada la madrugada, conseguí sacar la fuerza suficiente para cerrar él libro y dejarlo en la mesilla.
Miré por la ventana y me fijé en las estrellas. Era verdad, a esta hora se verían perfectamente. Me asomé y tuve que sacar un poco él torso para poder encontrar a Lyra, pero al final lo conseguí. Me quedé un rato mirando, o más que nada reflexionando. Hace unos cuantos miles de años, las mismas personas que me habían tenido enganchado toda la noche, habían estado mirando al mismo punto que yo, viendo las mismas estrellas, inventando formas y creando historias a partir de ellas.
Con esa sensación me guíe a dormir, nada más cerré los ojos caí en un profundo sueño.
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Esa noche el sueño volvió de nuevo, pero esta vez era diferente.
Me encontraba otra vez bajo él árbol. Ya no intentaba pelear cuando la fuerza me hacía salir de su sombra. De pronto una música, lenta y silenciosa, pero constante, empezó a sonar. Y entonces sentí una mano en mi hombro. Me giré de repente, pero esta vez estaba más cerca del árbol. No entendía nada, pero él árbol, convertido en piedra, se desmoronó sobre mí.
Me levanté entre los escombros, y vi a una persona mirándome desde fuera, nunca supe quién era.
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