-DIEZ-
¿Que ley del universo regía el hecho de que antes podría haber estado perfectamente tres años sin salir de casa, y ahora tres dias se me hacían una eternidad?
Ya había acabado los documentales de astronomía disponibles en Netflix(y en cuanto acabado, me refería a quedarme dormido en la mitad de ellos). Y aprovechando que ya no me dolía tanto la cabeza había releído varios libros. Era increíble lo mucho que se podía a llegar a hacer en tres días de fiebre. Sobretodo contando que mi nivel de productividad normal era nulo.
De vez en cuando revisaba los mensajes del móvil, encontrándome siempre con fotos de Aldebaran y Saori tomando cócteles en un hotel de lujo. Restregandome en la cara que había perdido la oportunidad de mi vida. A este paso se me acabaría el verano y yo seguiría en la cama, aunque siempre cabía la posibilidad de adelantar la tarea que nos mandaron para vacaciones. Evidentemente ni toqué el cuaderno.
Cerré mis ojos para notar el aroma a canela que provenía desde el piso de abajo. De repente noté como mi estómago se vaciaba y mi boca se sentía reseca. Rogaba internamente por comer una galleta con canela. Y como ángel caído del cielo apareció Shion abriendo la puerta. Casi podía sentir él sabor de la canela en mi lengua cuando me mostró la bandeja dejando ver la sopa.
Tenía que admitir que al principio la sopa estaba muy buena, pero cuando llevabas prácticamente los últimos tres días comiendo, cenando y desayunando sopa, perdía la magia.
Resignado, agarré la sopa y casi lo bebí a tragos para que se acabase más rápido. Había aprendido que no valía la pena discutir con Shion sobre la flexibilidad de la dieta, ya que él en modo sobreprotector era inamovible respecto a sus opiniones.
En cuanto acabé de comer le devolví el plato a Shion, y él, satisfecho, salió de la habitación cerrando la puerta con suavidad.
Decidí intentar dormir, lo que significaba que intentaría dormir pero no lo conseguiría,por lo que acabaría pensando sobre cualquier cosa. Ese día en la ruleta de mis pensamientos fué el turno de "encajar en los grupos".
Pensé en cómo había pasado mes y pico con un montón de gente con la cual todavía tenía problemas acordándome de sus nombres. Pensé que simplemente había entablado una conversación de verdad con tres personas, y de cómo me cerré en rotundo a hablar con el resto.
Como una especie de iluminación me di cuenta de que él motivo por el que no estaba integrado al cien por cien en el grupo no era por ellos, sino que yo mismo no había mostrado ningún interés desde un primer momento en conocerlos.
Probablemente debería darles una oportunidad, al fin y al cabo con Aldebaran y Saori salió bien. Pero por otra parte, estaba muy cómodo en mi situación actual. Ante esta encrucijada tenía dos opciones: intentar abrirme al resto aunque me suponga una dificultad, o quedarme tal cual como estaba y simplemente reforzar mis lazos actuales mientras disfrutaba de largos momentos de soledad.
Tenía que admitir que la segunda opción me tentaba. Pero decidí simplemente no decidirme aún.
Mientras trataba de disipar los pensamientos que yo mismo había invocado, oí él ringtone de mi teléfono. Como una perfecta excusa para distraerme, dirigí mi mano hacia la mesita y desbloquee el móvil.
Me fijé en quién había mandado un mensaje, era Shaka. "Hola Mu, hace un par de dias que no te veo por ninguna parte, ¿que te parece ir al parque como la otra vez? Llevaré higos" casi se me sale una lagrimita al pensar en que Shion no me dejaba ver la luz del sol, mucho menos me dejaría salir a comer higos.
Un tanto triste le contesté a Shaka "Me encantaría, pero estoy con fiebre y mi hermano no me deja salir". Aproximadamente al segundo de enviar eso, él chat se llenó de mensajes del estilo de "¿te encuentras bien?", "¿que pasó?", "¿te estás alimentando bien?", estaba un poco confuso, pero en cuanto leí la última pregunta estaba por contestarle "te aseguro que si sigo comiendo sopa, voy a pillar una fobia", pero luego decidí borrarlo, le veía capaz de preocuparse por eso. Porque si algo había aprendido de las pocas conversaciones que tuve con Shaka, era que no pillaba los dobles sentidos.
Antes de poder mandarle un mensaje diciéndole que todo estaba bien, recibí otro más; "mándame tu ubicación y así podré ir a tu casa, no te tendrás que mover y te llevaré higos". La verdad era que sonaba como un plan que Shion podría aceptar (claro, si omitía el detalle de los higos).
Le dejé en visto un momento solo para llamar a Shion. Claro, que podría haberlo llamado por él móvil, pero se me hacía mucho más fácil desgarrar mis cuerdas vocales hasta el punto en el que Shion me pudiese escuchar desde la otra punta de la casa.
Supe que mi técnica funcionó en cuanto escuché los pasos de Shion apresurados subiendo las escaleras. Y supe el nivel de dramatismo que llevaba encima cuando abrió la puerta tan fuerte que me hizo saltar del susto. Se acercó rápidamente hacia mí y me tocó la frente, revisando mis ojos y agarrándome por el mentón para analizar mi cara.
-¿Que pasó Mu? ¿¡Acaso el sol a esta hora te ha hecho daño!? Sabía que tendría que haber bajado las persianas...
-No te preocupes, estoy bien, sólo quería saber si un amigo podría venir a casa.
Shion pareció pensárselo durante un momento, haciendo la típica pose de poner la mano en su mentón (suponía que en su mente eso ayudaba).
-Vale, puede venir, pero nada de armar escándalo ni hacer ningún esfuerzo.
-¿Me recuerdas viendo los documentales de astronomía estos días? Bien, pues va a ser algo así.
-¿Te vas a quedar dormido?
-Espero que no
Sabía que no debería, pero la pregunta de Shion realmente plantó la semilla de la duda en mi. Si me había quedado dormido en los documentales, ¿por qué no me quedaba dormido cuando escuchaba a Shaka hablar de exactamente lo mismo?
Probablemente Shion ya se había cansado de estar en silencio simplemente observándome divagar. Así que simplemente se fué, cerrando de nuevo la puerta con suavidad.
En ese momento recordé que había dejado a Shaka en visto, y que él seguía en línea. Realmente era un ser horrible. Le contesté rápido diciendo que si podía venir, y con eso mi ubicación en Google Maps. No pasó ni un microsegundo hasta que Shaka contestó "ok" y a los dos segundos siguientes ya aparecía desconectado.
Realmente me causó gracia eso, la primera vez que lo vi (y todas las siguientes a esa), Shaka transmitía el aura de persona a la cual no le importaría lo más mínimo si te atropellara un camión. Pero en cuanto hablabas más de siete minutos con él, te dabas cuenta de que ese aura no era así porque no le importase nada, todo lo contrario, siempre estaba alerta de todo, él estaba constantemente analizado todo lo que sus cinco sentidos y su cerebro pudiesen percibir y procesar. Estaba tan alerta que provocaba que estuviese constantemente tenso, y eso retroalimentaba su aura de no importarle nada.
En ese momento me sentí muy orgulloso de mí mismo por mis dotes de análisis, y también sentí que había estado mucho tiempo sin hacer nada, tanto que había acabado haciendo eso. Definitivamente, me aburría demasiado.
El propio aburrimiento provocó esa sensación que se tiene cuando se es niño y se pregunta cada dos segundos "¿Cuando llegamos?". Para ese punto estaba aplicando esa misma estrategia con mi móvil, que estaba seguro de que ya se había cansado de que lo bloquease y lo desbloquease tantas veces seguidas.
Casi me caigo de la cama cuando escuché el timbre. Iba a ir a abrir cuando recordé las estrictas reglas de Shion y decidí mejor quedarme donde estaba y no poner en riesgo su decisión de que Shaka pudiese venir.
Escuché los pasos de dos personas subiendo por las escaleras. Me arreglé un poco el pelo y me quedé mirando hacia la puerta.
En cuanto esta se abrió, pude ver cómo Shaka sonreía incómodamente mientras que Shion le revolvía los cabellos riéndose. Estaba completamente seguro de que nada más llegar, Shion había bombardeado con preguntas a Shaka. Y él, abrumado, respondió lo mejor que pudo, lo que causó que a Shion le hiciese gracia, por lo que Shaka se incomodó aún más.
Viendo cómo si no sacaba a Shaka de esa situación se iba a morir de vergüenza, decidí intervenir. Miré fijamente a Shion haciendo que este levantase las manos y me miraste con un gesto de "vale, vale, ya me voy, disculpe señorito".
Por otro lado Shaka soltó el mayor suspiro de alivio que probablemente jamás hubiese soltado en su vida. Esto me causó un poco de gracia, así que le invité a pasar.
Shaka se sentó a mi lado, observando mi habitación, aunque no entendía que había para observar, simplemente eran cuatro cosas colocadas de manera estándar, nada fuera de lo normal.
-Tu habitación está muy vacía.
-¿Eso es malo?
-Bueno, no necesariamente.
-Pero que sepas que tu habitación estaba muy llena.
-¿Eso es malo?
-No realmente
Nos acabábamos de hacer un auto-touché.
En ese momento vi como Shaka sacaba una bolsa, y de esta unos higos. Poco me faltó para llorar de la felicidad que me producía ver que eso no era una sopa. Prácticamente le arrebaté el higo de la mano, y lo devoré en menos de dos segundos. Yo era partidario de disfrutar y saborear las cosas, pero tenía miedo de que Shion entrase de repente y viese que no estaba comiendo una sopa. Realmente me sentía un temerario.
Le conté a Shaka sobre mis intentos fallidos de ver documentales sobre astronomía. Y él me contó sus intentos fallidos de leer la Ilíada. Al final concluimos que si queríamos llegar a saber sobre esos campos, era mejor que cooperamásemos en las cosas sobre las que uno controlaba más.
Y así pasamos otra tarde, y otra más, y otra... y la semana se nos pasó volando, entre historias compartidas e higos de contrabando.
Gracias a esa semana de fiebre, concluí que el misterio no se encontraba en la materia sobre la que hablábamos en si, sino sobre quién la contaba. Y cómo la compartíamos.
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