-CINCO-
-Tu debes de ser Mu, ¿no?
-S-si, soy yo, e-encantado- Ya me costaba hablar para que de repente me pusieran en esta situación a contestar algo coherente.
El simplemente me miró altanero y volvió a caminar como si nada hubiese pasado, ni siquiera se molestó en decirme su nombre. ¿Que demonios le pasaba? Me quedé ahí parado con la sensación se ser un Sim al cual le hayan cancelado su acción. Y gracias a los dioses, Saori se acercó a mí para sacarme del trance.
-¡Anda Shaka, no le asustes!- gritó hacia ese chico, moviendo la mano furiosamente, como si fuese una vieja loca que ahuyenta unos gatos, mas el chico siguió su camino-Hey Mu, no te preocupes, lo hace con todos los nuevos
-¿Eh?
-Sí, ya sé que es un poco raro, pero no te preocupes, vamos con el resto.
Lección aprendida, no me volvería a separar de Saori. Así que agarrado a ella a más no poder llegamos al por fin al McDonald's. Supuse que cenaríamos allí, porque nada más ver la gigantesca M luminosa, todos giraron en su dirección.
Entramos y nos sentamos en una gran mesa central, que por suerte no era ocupada por ningún cumpleaños. Un par de gemelos nos fueron preguntando a todos que queríamos, yo simplemente le copié el pedido a Saori, ya que ni me acordaba lo que podía pedir gracias al "plan de vida saludable" impuesto por Shion.
Saori, Aldebarán y otros cuantos que no conocía acompañaron a los gemelos a hacer los pedidos, obligándome a ver quien se sentaba a mi izquierda. Y efectivamente, el mismo chico de antes estaba allí.
De repente él buen ambiente que había recuperado al estar con Saori, se convirtió en uno incomodo. Él estaba revisando su móvil, y su expresión era la misma que antes, inexpresiva y atemporal, pero de cierto modo serena. Independientemente de la tensión en la que me encontraba (en su mayor parte, por estar con un desconocido), él parecía sumido en su propia burbuja. Me preguntaba cómo alguien podía parecer misterioso incluso en un McDonald's, rodeado de niños chillones y envoltorios de hamburguesas.
Pretendiendo no parecer un rarito que mira a alguien que no conoce de reojo, busqué una excusa para entretenerme con algo. Saqué mi móvil y maldije mi existencia por haber gastado los datos que me quedaban en esa tarde, debí haberle pedido a Saori la clave del wifi. Así que sin nada que hacer, me dediqué a pasar una y otra vez la pantalla de inicio hasta caer en cuenta de que en la aplicación de notas tenía un par de poemas guardados. Por lo que deslicé mi dedo hasta encontrarlos.
Pero la magia que siempre ocurría cuando leía poemas nunca llegó. Esas palabras que antes me parecían tan llenas, ahora eran meras letras sin significado alguno. Lejos de relajarme, esos poemas me pedían que hiciese algo diferente. Desesperado, miré hacia la caja esperando a que Saori y Aldebarán volviesen, y en cuanto les vi venir hacia mí con una bandeja cada uno casi tuve ganas de llorar de felicidad.
Ella me sonrió y se sentó a mi lado, y enfrente suyo Aldebarán. Agradecí habernos puesto en una esquina de la mesa, así hacíamos una especie de triángulo que nos permitía hablar a nosotros tres sin interactuar con el resto. La verdad es que me lo pasé bastante bien, claro, siempre que ignorase la presencia del chico a mi izquierda; que (las pocas veces que le miré de reojo para comprobarlo), tampoco interactuó con nadie.
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En cuanto acabamos todos salimos de allí, serían aproximadamente las doce y media y la luna aún no se había elevado mucho en el cielo, concediéndole un tono rojizo. Estábamos bastante en las afueras, relativamente lejos de la casa de Saori, y aún más lejos de la mía. Nunca había estado en esa zona, pero a la sombra de la noche era un lugar sobrecogedor. Tan solo la M fluorescente y la tenue luz de una solitaria farola iluminaban él enorme y vacío parking del McDonald's. Los chicos ya se habían puesto en marcha y me habían dejado un poco atrás. La brisa un tanto fría de la noche chocaba contra mis brazos descubiertos y la gran bóveda celeste repleta de estrellas me hacía sentir completamente solo y plenamente acompañado de la nada y él todo. El sonido de los grillos rebotaba en mi cabeza, rompiendo el silencio sepulcral de aquel singular paraje.
Con esa extraña sensación seguí al resto, todavía sin sentirme allí por completo. Ellos se alejaban aún más de la pequeña ciudad y por consecuencia yo también. Enfoqué mi vista para vislumbrar el lugar hacia donde nos dirigíamos. Justo donde la vegetación emezaba a crecer, un parque iluminado por un par de farolas viejas se resguardaba bajo las copas de los árboles. Los columpios estaban oxidados y la madera de los balancines desgastada, parecía que ningún niño se atrevería a ir hasta allí él solo para jugar, cosa que me hacía preguntarme quien habría construido allí un parque. Sin embargo, también parecía un lugar idílico, alejado de él urbanismo y cerca de la naturaleza. Casi desgarrados de las paredes de los juegos habían diferentes carteles antiguos de los que la lluvia no se pudo deshacer, recitaban cosas como "Sean bienvenidos al maravilloso show del gran Junini".
Pasé junto con el resto y me adentre en el parque, pasando por el hueco de una valla que me llegaba por las rodillas y rodeaba el recinto. Iba a volver con Saori y Aldebarán, pero los dos estaban hablando con personas diferentes. Mentiría si dijese que eso me molestaba, había sido un largo día con demasiada interacción social, estaba realmente cansado, y el suave rumor de las hojas me adormilaba, así que agradecí tener una excusa para estar solo.
Me subí a lo alto del tobogán, esa plataforma era más grande de lo que parecía desde abajo, cabrían dos o tres personas. Me senté apoyando mi espalda en una de las paredes del tobogán y las puntas de los pies las apoyé en la otra, dejando mis rodillas lo suficientemente flexionadas para apoyar mis brazos.
Alcé la mirada y me encontré al cielo negro en una noche sin luna, repleto de estrellas. La casi inexistente contaminación lumínica permitía que la vía láctea se mostrase imponente atravesando el firmamento. Todas aquellas estrellas que antes estaban ocultas tras la luz de ciudades, ahora mostraban su valiosa luz, que fué emitida hace cientos de años, quizás más, y que en ese instante llegaba a mi retina después de haber recorrido el vasto universo.
Una estrella fugaz se desvaneció en el cielo y sentí una presencia sentarse a mi lado.
-Espero que hayas pedido un deseo
Sobresaltado me giré para ver de quien se trataba, era él mismo chico de antes. Si no fuese por la paz interior que había adquirido, me hubiese caído por el tobogán. Él simplemente rió de una forma sutil, casi imperceptible, parecía haber notado él susto que me había pegado y eso le hacía gracia.
-No te asustes, no tienes porque, soy Shaka, simplemente te vi aquí arriba y me llamaste la atención, eso es todo.
-¿Por qué?
-No lo se, simplemente fué así
Su voz era sutil, balsámica, y de cierto modo logró calmarme a la vez que ponerme nervioso. Señaló a las estrellas y me preguntó.
-¿Te gusta la astronomía?
-No exactamente, nunca me había fijado en las estrellas
-Antes parecías realmente interesado
-Más que eso simplemente estaba dejándome llevar
- ¿Haciéndote uno con el Tao?
-¿Con él que?- Soltó una pequeña carcajada y se puso un una posición similar a la mía, mirando a las estrellas.
-No, nada
Ninguno de los dos volvimos a hablar, simplemente mirábamos a las estrellas. Y aunque la situación aún era un poco confusa para mí, su presencia ya no me incomodaba como antes.
Y sin darme apenas cuenta, se había hecho muy tarde en la noche y Saori ya me llamaba para volver a casa. No todos se iban, pero antes de bajar Shaka me pidió mi número de teléfono. Sin entender muy bien yo accedí. Nos despedimos y él me miró por un instante.
-Me caes bien Mu
No llegue a contestarle, de hecho le oí de milagro, pues él hablaba muy bajo y yo prácticamente ya me había ido, no estaba ni siquiera seguro de que él quisiese que yo escuchase. Hice oídos sordos y me tiré del tobogán para acompañar a Saori que me esperaba abajo.
Nos despedimos de Aldebarán, pues él volvía a su casa. Y yo hice el camino de vuelta hasta casa de Saori hablando de trivialidades. Entramos en su mansión y volvimos a su cuarto. La única diferencia es que ahora un colchón reposaba al lado de la cama principal, supuse que ahí dormiría yo. A pesar de las múltiples habitaciones de la mansión Saori quería dormir en el mismo cuarto y hacer una pijamada.
Realmente no tendría problema, de no ser porque estaba tan cansado que sentía que mi alma se escapaba de mi cuerpo. Definitivamente fué él día más intenso de toda mi vida (socialmente hablando).
Pero a Saori parecía que le sobraban las fuerzas, y quería hablar un poco antes de ir a dormir. Sacando las fuerzas de donde no las había nos sentamos en nuestros respectivos colchones y seguimos hablando.
-Mu, deberías hablar con él resto
-Ay, déjame en paz estoy haciendo más progresos ahora que en toda mi vida, además, él único más allá de vosotros con él que hablé fue Shaka, y la experiencia ha sido un poco rara.
-Ah, pero Shaka no cuenta, solo hizo su "ritual de iniciación", dice que puede ver el alma de la gente.
-No se, antes el me dijo que le caía bien
-Espera, ¿cuando?
-¿No lo viste?, estaba con él en el tobogán
-¿Ah sí?, perdón estoy medio ciega y de noche no veo nada
-Jaja, no te preocupes, la verdad es que fué muy raro, estuvo en silencio prácticamente todo el rato y al final me pidió mi móvil
-Ah bueno es que nadie tiene su mo... ¡espera!
Puso su mano sobre su boca y inspiró dramáticamente, bajó a mi colchón y me agarró por los hombros.
-¡Eres él elegido! A ver, a ver, saca el móvil
La hice caso, y gracias al Wifi 5G de la mansión los mensajes me llegaban casi al instante. A todo esto, tenía un mensaje nuevo de un número desconocido, supuse que era Shaka. Lo abrí y era una foto de el cielo nocturno con una pequeña frase "Encuentra a Vega y verás la Lyra". No entendí, pero enseguida me reí de Saori al ver su tan exagerada cara de desilusión.
-Así casi mejor que no tengamos su número
Se tiró en su colchón y sin preguntar apagó la luz.
-Buenas noches Mu
-Buenas noches
Me tiré en la cama y me quedé pensando, ¿qué me quería decir con ese mensaje?
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Esa noche soñé.
Me encontraba bajo la sombra de un árbol, no hacía ni demasiado frío ni demasiado calor. Estaba totalmente en calma y una indescifrable pero armoniosa música sonaba desde el fondo como un rumor que me adormecía y relajaba. Cerré los ojos para disfrutar de esta agradable situación.
Pero unas risas lejanas me hicieron abrirlos. Un pequeño grupo de gente indistinguible se divertía entre juegos y charlas al fondo de un campo de flores que se extendía frente a mí, fuera de la sombra de mi árbol. No quería, pero no controlaba mis acciones cuando me levanté para dirigirme hacia ellos.
En el momento en el que pise fuera de la sombra dejé de estar atado a la fuerza que me había hecho levantarme. Sintiéndome libre volví mi vista hacia el árbol. Pero justo en ese momento, pude ver como sus hojas se convertían en piedra, pasando por sus ramas, tronco, hasta llegar a sus raíces.
En el momento en el que todo el árbol era de piedra empezó a desmoronarse. En ese instante él campo donde me encontraba pasó a ser un desierto, y el Sol, antes afable, ahora quemaba mi piel y me asaba en tan solo un segundo. Desesperado por volver a la paz anterior, intenté volver a mi árbol. Pero entre sus ruinas pude ver lo único que quedaba con vida; una persona, y por mucho que lo intentase, nunca recordé su rostro.
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