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6

Mientras conducía, imaginaba que debía estar regodeándose de que por fin había acabado con el metiche Ron Dickens, y que su asociación con Hanson estaba más que salvada ahora que el molesto ex agente ya no existía. Pensaba en aquello mientras conducía de regreso, y a cada minuto iba acumulando más y más ira. Una roja e incontrolable ira que descargaría con todo el placer del mundo encima de Perkins.

Al aproximarse a su casa luego de varios minutos de conducción, se dio cuenta que el coche de Perkins estaba detenido afuera, frente a la entrada. ¿Pensaría salir a algún sitio? Se preguntó. Sin embargo, daba igual. Ya no iría a ningún otro sitio. Dejó la Harley cerca de la acera de enfrente, apagó el motor y descendiendo, se acercó en cuclillas hacia el coche. Perkins no estaba dentro del mismo, pero utilizó el vehículo como cobertura para espiar hacia adentro de la casa sin ser visto. Las cortinas estaban echadas a un lado, lo que daba a entender que Perkins estaba dentro de la casa. Seguramente solo había salido como tapadera, para que Ron y Jason se confiaran e ingresaran a su casa.

Lo vio caminar dentro de la sala de estar, aparentemente hablaba por teléfono celular. Solo lo vio una fracción de segundo, y fue suficiente para actuar. Sacando la pistola de su cintura, salió de su escondite y corrió hacia la puerta de entrada. Le dio una potente patada, abriéndola de par en par al romper las bisagras, y Perkins, alertado ante la irrupción, se giró hacia la puerta. En una milésima de segundo, los ojos de ambos hombres se encontraron. Por un lado, Ron chispeaba furia y adrenalina. Por el otro, miedo y sorpresa al verlo con vida.

—¡¿Qué...?! —exclamó, mientras cortaba la llamada.

Ron no lo dejó terminar de hablar. Le disparó directamente en el tobillo, haciendo que diera un grito de dolor y se derrumbara al suelo. El teléfono se soltó de su mano y rodó por la alfombra del living hasta debajo de la mesa, mientras Perkins sangraba. Luego de guardar el arma, Ron se abalanzó encima de él para sujetarlo, y comenzó a golpearlo con toda la fuerza que sus brazos le permitían, alternando de a un puño a la vez. Sus lentes se rompieron y parte de sus cristales le lastimaron las mejillas a Perkins y los nudillos a Ron, pero no le importaba en lo más mínimo, continuó golpeando hasta que su rostro se convirtió en una gorda y sangrante masa hinchada y sin ningún rasgo humano reconocible.

—¡Donde está Hanson, hijo de puta! ¡Dímelo o te mataré a golpes aquí mismo!

—Nunca te lo diré... —murmuró, escupiendo a un lado. Dos dientes cayeron junto con la flema de sangre que soltó.

—¡Siempre fuiste un corrupto, siempre! ¡Sam y Blake murieron por tu culpa!

—¡No, murieron por ti! ¡Tú hiciste que murieran! —Perkins se rio, o al menos hizo el esfuerzo. —¿Crees que iba a permitir que captures a Hanson y te quedes con mi puesto? ¡Más de treinta años de servicio siendo director adjunto del FBI! ¡Más de treinta!

—Solo eres un puto ambicioso de mierda, nada más.

—Todos los detectives fracasaban en su investigación, yo me encargué de eso, oh sí —dijo, y tosió un poco de sangre, salpicando el rostro de Ron—. Pero tenía que llegar el más listo de todos, y alguien debía pararte los pies, chico.

—Nadie puede pararme. Voy a encontrar a Hanson, más tarde o más temprano, pero lo voy a hacer. ¿Me oyes? ¡Voy a matarlo!

—No necesitas buscarlo, él ya te encontró a ti.

Ron sacó su pistola de la cintura y le apoyó el caño directamente en la frente.

—¿De qué hablas? ¡Responde! —le gritó, tomándolo del cuello.

—El teléfono que encontraste tiene adentro un rastreador, yo mismo se lo instalé ayer. Hanson sabrá donde te escondes, e irá a por ti. Matará a todos tus amigos, quienes sean los que te hayan ayudado en esto, y te dejará para el final, para que veas como mueren uno a uno.

Sabía que no había sido casual el hecho de haber encontrado el teléfono en aquel cajón cerrado, pensó. Y entonces, un solo rostro asomó en su mente: Annie.

Sin dudarlo, jaló el gatillo y le disparó en la frente a quemarropa. La bala salió limpia por la nuca y se incrustó en el suelo de madera. Ron soltó el cuerpo inerte de Perkins, dejándolo caer al suelo, y se puso de pie para recoger el teléfono caído. Entonces salió corriendo como un loco hacia afuera, no tanto por prevenir que la policía no lo capturase, si es que era llamada por los vecinos que claramente habían oído el disparo, sino más bien para ganar terreno y alcanzar a Jason cuanto antes.

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