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—Sobrevivimos a un día más de trabajo, ¿qué tal, cómo te sientes?— preguntó Seokjin.

—No tan bien como me gustaría... hoy siento que no lo he dado todo de mí.—comenté con sinceridad.

Sentirse cansado e insatisfecho es un sentimiento muy desalentador, al menos para mí. Siempre me esfuerzo al máximo en todo lo que hago, especialmente en lo que me apasiona. Me considero realmente perfeccionista por naturaleza.

En la clínica, los minutos a menudo se convierten en horas, y cada día es una jornada tan agotadora que nunca hay tiempo para descansar o tomar aire siquiera. Casi pareciera que paso más tiempo allí que en mi propio apartamento.

—Si te refieres al dueño del paciente que se fue molesto solo porque tardaste en atenderlo, no te castigues tanto. Te trataste de desocupar lo más rápido que pudiste para poder atenderlo, que sea un viejo energúmeno no es tu culpa, amigo—me sonrió Seokjin mientras me daba palmaditas alentadoras en el hombro—Bueno, cambiando de tema, como ya es fin de semana... ¿te gustaría ir a comer algo? Si sigo comiendo a horas tan irregulares, pronto me verás ingresando de emergencia en una camilla por problemas digestivos.

Ambos nos reímos. Aunque sonara divertido, era cierto que debíamos cuidar nuestros horarios por el bien de nuestra salud y trabajo. Seokjin no se imaginaba un solo día sin trabajar, aunque en mi humilde opinión, el sí merece un descanso, me preocupa verlo hablando o renegando solo aveces, eso reafirma un poco mi teoría de que padece de esquizofrenia, pero supongo que es una manera de evitar volverse loco de tanto laburar.

Caminamos varias cuadras por una calle angosta hasta llegar al restaurante donde siempre solemos cenar, un lugar sencillo pero acogedor. Si en algo nos parecemos Seokjin y yo, es que no nos importa mucho el aspecto del lugar, sino lo más importante: la comida. Si el menú está delicioso, nos damos por bien servidos.

Las personas que trabajaban allí ya nos conocían y sabían que ibamos a pedir, pero solo para asegurarse, mandaban a un mesero a confirmar la orden. Después de unos breves momentos de espera, el mismo mesero regresó con nuestros platos, trayendo consigo el exquisito aroma de filete recién cocinado. Colocó cuidadosamente cada plato frente a nosotros con una sonrisa y se aseguró de que todo estuviera en orden antes de retirarse con un gesto de cortesía.

En otras circunstancias quizás hubiera devorado mi plato al instante, pero en este día en particular simplemente no tenía ánimos, hasta sentía que se me iba un poco el apetito de tan solo recordar el mal desempeño que tuve en el trabajo y de lo cansado que me sentía.

—No esperaba que hubiera tantos pacientes hoy, estoy realmente agotado...—me quejé mientras intentaba cortar con pocas ganas un trozo de carne de mi plato.

—Me siento igual que tú, últimamente vienen muchas mascotas acompañadas de sus dueños, la mayoría con casos de intoxicación —comentó preocupado Seokjin, mientras dejaba a un lado el kimchi que había pedido, a juzgar por su semblante, parece que también se le había quitado el apetito.

—Es extraño. Esa mascota, tenía como dueño al hombre más amargado de todo Corea, se comportaba de una manera extraña y parecía muy nervioso, creía que podía dejar al animal abandonado dentro de su transportín y marcharse como si nada.—dije con notoria frustación—. Y el animal... pobre. Luego de revisarlo, se lo notaba tan demacrado que parecía que dejaría de respirar en cualquier momento. De haberlo sabido, le habría dado prioridad y lo habría atendido en ese momento—mi rostro reflejaba suma indignación al recordar la escena—¿Qué tal si moría por mi culpa? 

—A ver, cálmate, yo entiendo perfectamente tu frustación e indignación con la gente que trae en ese estado a sus mascotas, pero ¿cómo ibas a darte cuenta del estado en que se encontraba el perro si estaba metido dentro del transportín? Simplemente no había manera de poder saberlo. —respondió tratando de consolarme— Además, sabes muy bien la gran cantidad de pacientes que ha estado llegando en estos últimos meses, algunos en peor estado que otros. No puedes culparte de algo que estuvo fuera de tu alcance desde un principio.

Sus palabras me hicieron reflexionar, no es como si hubiera evitado revisar a aquel perro solo porque quería, sino que tenía que atender a otras mascotas en peor estado, al borde de la vida y la muerte también. Me estaba castigando a mí mismo de algo que, como dice Seokjin, estaba completamente fuera de mi alcance.

—Sí... tienes mucha razón, Seokjin. Pero, ¿no te parece extraño su comportamiento? Ya sabes, nervioso... enojado porque no lo atendía rápido... ¿crees que él haya sido el culpable de traer en tal mal estado a su mascota? —miré a Seokjin, esperando una respuesta de su parte. De ser eso cierto, podríamos hasta demandarlo y ver si también tenía algo que ver con todos estos recientes casos de intoxicación.

—A mí también me resultó extraño su comportamiento, pero no nos podemos basar en suposiciones. Sería poco ético de nuestra parte—parecía más preocupado que antes—. Bueno, mejor comamos antes de que la comida se enfríe. Pero si ese hombre aparece nuevamente, no dudaré en hacerle un par de preguntas. ¿Más tranquilo?

Su comentario me relajó un poco, asentí con una sonrisa y continuamos cenando.

Después de esa conversación, hablamos sobre nuestros planes para el fin de semana. Aunque parecía breve, duró más de una hora. Perdimos la noción del tiempo hasta que nos dimos cuenta, al mirar por los grandes ventanales del restaurante, de que ya era tarde e incluso estaban a punto de cerrar.

—Uf, no sabía que hablar con alguien menor que uno resultara ser muy entretenido.—comentó muy sonriente.

Me sorprendió mucho su comentario, nunca me consideré una persona especialmente divertida, pero me alegró mucho que pudiera hacerle pasar un buen rato a alguien. Para amenizar el momento, decidí continuar con su juego.

—¿Seokjin elogiándome?— enarqué exageradamente una ceja— Dime, ¿quién eres tú y qué le hiciste a mi amigo?—amenacé con el tenedor que sostenía, cargado con un trozo de carne.

—Oh no, me descubrieron— dramatizó, llevándose las manos a la cabeza, fingiendo asombro—. ¿Es por ser muy guapo, verdad?

—Pero ¿qué tenía que ver eso...?— de repente, el trozo de carne que creía que estaba bien clavado al tenedor, se deslizó lentamente hasta caer y manchar el pantalón blanco de Seokjin.

Ambos nos quedamos mirando la escena, sorprendidos.

—Bueno, eso no era parte del guión...— comenté mientras le quitaba rápidamente el trozo de carne, sintiendo cómo mi amigo me fulminaba con la mirada.

Para no dejar evidencias, me comí rápidamente el trozo de carne bajo la atenta mirada de Seokjin. Pronto, su rostro pasó de asco a risa por lo que acababa de hacer.

—Jajaja. ¿pero qué estás haciendo? Eres un marrano.—su estruendosa risa resonó por todo el restaurante. No pude evitar reírme al escucharlo, como si de rajar un vidrio se tratase.

—Si no cae al suelo, es comestible.— respondí, reafirmando mi acción con un gesto de pulgar hacia arriba.

Se rió un poco más, mientras yo me sentía un tanto culpable luego de mancharle el pantalón por accidente. Se sujetó el abdomen, probablemente por el dolor de tanto reírse, y finalmente se calmó un poco.

—Ya, ¿pero qué hago con este pantalón sucio?— enarcó una ceja esperando que le dijera una solución al problema—. Sabes muy bien que será difícil sacar esta mancha.

Tenía razón, sacar manchas de comida de prendas blancas es todo un desafío. Recordé la vez que me manché de café una camisa y me tomó tres horas quitarla.

—Bueno, primero que nada, discúlpame, Seokjin. Y segundo... —pensé rápidamente en cómo compensarlo—. Nada que una cena gratis no pueda arreglar.

Se llevó una de sus manos a la barbilla, pensándolo por un momento.

—Voy a tomarlo, pero me ofende muchísimo.—sonreí ante su aprobación.

De pronto, el estruendoso gruñido de mi estómago pidiendo comida interrumpió nuestra conversación.

Miré mi plato y vi que aún no lo había terminado, y el restaurante estaba a punto de cerrar. No tuve más remedio que llamar al mesero para que ponga la comida sobrante para llevar.

Sentí un ligero rubor en las mejillas; pensé que podrían interpretar mal y creer que no me había gustado la comida, pero no fue así. El mesero simplemente regresó presuroso con una bolsa, agradeciéndonos por nuestra preferencia.

—Ya me tengo que ir—le dije a Seokjin, mientras me estiraba en la silla.

—Sí, ya es casi medianoche. Cuídate al volver a tu chiquero, marrano—me molestó un poco —Nos vemos el lunes.

—Puedo apostar a que mi apartamento está más ordenado que el tuyo—respondí con una sonrisa mientras nos abrazábamos para despedirnos—Hasta el lunes, amigo.

Unos minutos después, ya estaba a unas cuadras de mi apartamento, ansiando estar tumbado en mi cama.

Cuando ya estaba a punto de llegar, a dos cuadras de voltear por una esquina para tomar un atajo, escuché de pronto fuertes ladridos que provenían de alguna parte. Miré a lo lejos y vi a un gato con un gran pelaje blanco corriendo a toda velocidad. En un breve lapso de tiempo, pude observar que éste miraba a todos lados, como si buscara algo con desesperación. Luego, entró a una especie de callejón oscuro y lo perdí de vista.

Los ladridos se escuchaban cada vez más cerca. En cuestión de segundos, vi a seis perros, que ya estaban a unos metros de mí, reduciendo la velocidad. Me olfatearon brevemente y luego pasaron de largo, continuando su camino.

Pronto entendí las intenciones que tenían esos perros. Preocupado, me acerqué a aquel oscuro y angosto lugar. Al entrar, observé muchas cajas y botes de basura, y el hedor que emanaba era asqueroso. ¿Cómo pudo buscar refugio en medio de todo este lugar?

Busqué durante varios minutos hasta que escuché un maullido apenas audible. Seguí el sonido y lo vi dentro de una caja, enrollado, tratando de cubrirse lo más que podía del frío. Me acerqué con cuidado para no asustarlo, tratando de ver si estaba herido.

Debía haberse llevado un buen susto con tantos perros siguiéndolo.

—Pobrecito... ¿estás bien?—pregunté preocupado, acercando lentamente mis manos, con intención de revisar en qué estado estabaDejame revisarte, por favor.—dije, mientras por dentro, rogaba que no estuviera herido de gravedad.

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