KATNISS POV
Intento parecer tranquila pero luego de algunas llamadas que Peeta recibe de Chicago, antes de partir, siento que la calma me abandona. Oigo cuando le exige a Delly entre susurros que le diga la verdad pero parece que ella no lo hará hasta llegar allá. Algo malo pasa, lo siento en mis articulaciones, es algo que no puedo explicar.
Mientras estamos a miles de pies de altura empiezo una plegaria intentando atrapar la dulce sonrisa de Prim. Es tan joven, tiene tanto por vivir, no sería justo que le arrebaten sus sueños cuando recién estaba empezando a cumplirlos. Su vida ha sido dura, creció sin padres, sin conocer el calor de los brazos de una mamá.
—Algo sucede— me confiesa Peeta con el semblante abatido. Está empezando a desesperarse, él pocas veces pierde la calma, es como un lago tranquilo donde uno puede mirar su reflejo, verlo así agobiado, nervioso, me doblega.
—Todo está bien Peeta— me volteo a verlo, tomo su brazo, una de sus manos. Él reacciona a mi toque intentando sonreír. No es suficiente, me atrevo a poner la palma de mi mano en su mejilla. Está suave al toque, sus ojos de cielo se clavan en mí. Tengo toda su atención, lo sé. –Tranquilo, no podemos hacer nada por ellas en este momento— mi pulgar acaricia su pómulo. Una de sus manos cubre la mía, disfruta mi caricia, entrecierra los ojos. Lo encuentro tan indefenso que no puedo evitar acercarme y dejar un tierno beso en sus labios. Su aliento me envuelve, responde a mi beso impidiéndome alejarme.
—Te amo Katniss— susurra. Muerdo mi lengua que amenaza contestarle con un "como yo a ti". Acepto sus besos hasta que mi corazón empieza bombear desesperado. Me separo para buscar aire, ha sido ardiente de un modo muy discreto. Mis mejillas están coloradas mis manos me traicionan, tiemblan un poco. Cada parte de mi cuerpo ha despertado de su letargo.
Esto no está bien. Quería animarlo un poco, hacerle tener fe y que piense positivo con respecto a lo que pasa allá en Chicago, no encenderlo con vanas esperanzas. Porque cuando esto termine no habrá un "nosotros". Cada uno seguirá su camino como ha sido en esto últimos seis años.
—Ya casi llegamos— me sonríe acariciando mis manos, tiene una sonrisa genuina, se ha calmado mientras yo estoy hecha un manojo de nervios.
—Todo saldrá bien— le digo, correspondo la sonrisa. El tiempo pasa tan rápido mientras nos miramos que pronto nos mandan a abrocharnos los cinturones y aterrizamos de manera limpia en el aeropuerto Midway de Chicago, en medio de una copiosa lluvia.
—Acá siempre llueve— me dice Peeta sonriendo. Sé que él vivió varios años en esta ciudad, me lo dijo Prim, quizás por eso nunca nos cruzamos en Indiana.
Salimos velozmente, ya que no traemos equipaje no nos demoramos, llegamos a la calle a pedir un taxi, escucho que Peeta nombra al hospital Sinaí. Subo con él y nos encaminamos. Mientras recorremos las calles de la ciudad le vuelven a llamar, esta vez es el padre Plutarch, lo sé porque él es muy formal cuando le contesta y saluda como si le hablara su padre biológico. Me pregunto qué diría el sacerdote si nos viera juntos ahora. ¿Sonreiría o le aconsejaría que debemos mantener nuestras distancias? Él sabe lo que pasó, fue testigo de aquella promesa a mi padre, entonces creo que se alegrará de vernos nuevamente juntos. Aunque no estamos juntos, solo vinimos a...
—¿Qué? No eso no. ¡No!— Peeta rompe a llorar y se le cae el teléfono de las manos, sacándome de mis pensamientos de un modo violento. Lo recojo asustada, todavía está el nombre del padre Plutarch en la pantalla y me atrevo a hablar.
—¿Padre? ¿Qué ha pasado?— Peeta se ha hecho un ovillo en el asiento trasero junto a mí.
—¿Katniss? ¿Eres tú?— pregunta con voz afligida.
—Soy yo padre ¿qué le dijo a Peeta?
—Cuídalo por favor, llego más tarde. Rue falleció en el accidente, Delly no quería decirlo pero lo he confirmado con el sacristán del hospital— su voz se quebró. –Quería advertirle a Peeta, cuídalo hija no lo dejes solo— pide.
Me quedo helada al escuchar la noticia, cuelgo la llamada sin saber qué hacer. Siento la mirada triste del taxista a través del espejo retrovisor.
No me detengo a pensar que hacer sólo hago lo que debo. Atraigo a Peeta y lo abrazo hasta que se suelta porque está agarrotado con sus brazos cruzados en su pecho. Me abraza, su peso recae en mis hombros, está sollozando. Tampoco puedo creer la noticia, es tan cruel. Conocí a Rue en el orfanato, era una niña de tez morena, con ojos grandes y vivarachos. Peeta me contó que había sufrido mucho ¿Qué hizo para merecer una vida y una muerte así?
Siento que el taxi se detiene, me separo un poco de Peeta, rápidamente busco dinero en mi bolso y pago el importe, tomo de la mano a Peeta para descender, vuelvo a abrazarlo y a darle ánimo. Sé que está quebrado pero no lo dejaré caer, de uno u otra manera el destino me puso aquí para ayudarlo a pasar esta tragedia.
—Peeta— lo obligo a mirarme, tiene los ojos llenos de lágrimas. –Peeta, tenemos que entrar. Prim nos necesita y si lo que dijo el padre Plutarch es cierto, tenemos que estar aquí. Rue era tu hermana, tienes que despedirla de pie y fuerte— tomo sus mejillas para infundirle valor.
—No... no me dejes caer por favor— me pide secando sus lágrimas.
—Claro que no. Estaré contigo— me toma de una mano y entramos.
Lo primero que encontramos en emergencias es caos por todos lados. Nunca me han gustado los hospitales, me he pasado los últimos años en varios. Siempre vité la zona de emergencia porque me deprimía.
Me acerco a preguntar y luego de unos minutos nos dicen en que sala se encuentra Prim, caminamos de la mano hacia allí. Al llegar puedo ver la cabellera rubia de Delly, está sentada con las manos en la cabeza. Está llorando y mi corazón da un vuelco. Siento que los dedos de Peeta se desprenden de los míos y camina directamente hacia ella.
—¡Delly!— grita él mientras se le acerca. Ella voltea a verlo, su rostro está desencajado, parece haber llorado mucho, sus cabellos despeinados y su maquillaje corrido me confirman que está pasando una fuerte crisis.
—¡Pit!— correa abrazarlo pero él la detiene. Sin medir su fuerza la sostiene de la solapa de su blusa, ella se asusta ante la reacción de su hermano de crianza.
—¿Qué hiciste? ¿Dónde está Rue?— le reclama, corro para detenerlo, observo que uno de los guardias de seguridad se acera a ellos.
—Suéltatela Peeta— le pido interponiéndome entre ellos. –Cálmate, deja que nos explique— intento apaciguarlo.
—Yo no hice nada, lo juro— ella se suelta a llorar, vuelve a recargarse en su silla. –Ellas tomaron el auto solas y se fueron a almorzar con algunas amigas...— solloza.
—Eran tu responsabilidad ¡No las cuidaste!— reclama Peeta con vos enérgica. –Quiero ver a Rue— pide.
—Están operando a Prim— contesta Delly sin dejar de llorar.
—¿Dónde está Rue?— vuelve a gritar Peeta. Lo abrazo y pongo una mano en su pecho. No sé qué otra cosa hacer, confío en poder apaciguarlo, en ayudarlo de cualquier manera.
—¡Abajo!— grita Delly. –Ya lo sabes, sé que Plutarch te lo contó— responde alterada. – ¡La morgue queda abajo!— se quiebra cayendo al suelo.
Peeta no se conmueve al verla así, le da la espalda y camina hacia el elevador. Yo lo sigo, le he tomado de uno de sus bolsillos de su chaqueta para que no me deje atrás. Cuando se abren las puertas del elevador, me deja pasar primero. Lo veo recostarse en una de las paredes de acero.
Pregunto a una enfermera que sube después de nosotros y me indica que es en el segundo sótano. No sé qué encontraremos allá, la última vez que estuve en un lugar así... no quiero recordarlo. Fue hace años, en el accidente donde fallecieron los padres de Finnick.
Al abrirse la puerta siento el repulsivo olor a formol, me tapo la nariz con la manga de mi suéter. No tenemos que estar aquí, quizás debimos esperar a que llegue el padre Plutarch. Peeta avanza despacio, mira en ambas direcciones hasta ver a alguien en un escritorio ordenando papeles. Nos acercamos, me tiemblan las piernas, me siento mareada por el olor.
—Estoy buscando a alguien— dice Peeta aclarándose la voz. –Mi hermana, falleció hoy— su voz se quiebra, le tomo de la mano y enredo mis dedos a los suyos.
—Nombre por favor— le pide el empleado.
—Rue. Rue Stenberg— pronuncia con un hilo de voz. El encargado busca en su registro y luego nos mira apenado.
—Ingresó fallecida a las cinco y treinta. Accidente de coche, murió en el acto. Ya fue identificada por... Delly Cartwright. Podrá retirar su cuerpo cuando la policía me dé el reporte final, enviamos el análisis de sangre de la occisa, tenía un nivel no permitido de alcoholemia.
—Podría... ¿verla?— pregunta Peeta. No sé qué hacer, tengo miedo de lo que pueda encontrar si le permiten ver el cuerpo de Rue. Cuando Finnick tuvo que reconocer a sus padres fue terrible. Se enfermó varios días y las pesadillas continuaron por meses.
—No es recomendable— nos aconseja el empleado. –El cadáver presenta fracturas múltiples expuestas y...
—Peeta— susurro para que me preste atención. –No hagas esto por favor. Recuérdala como era, no la veas así. Por favor— le ruego. Él me mira unos segundos y asiente.
—Esperaré al padre Plutarch— me dice con tristeza. –Gracias— se dirige al empleado y luego de echar una mirada hacia la puerta que imagino da a las cámaras frigoríficas, nos marchamos.
Cuando llegamos con Delly, Peeta está más tranquilo. Pide ver a Prim.
—La están operando, solo tiene una pierna rota y algunas costillas, ella llevaba puesto el cinturón...
—¿No pudiste evitar que salieran solas?— pregunta Peeta entre dientes, sigue molesto con Delly.
—Es que no me dijeron nada... yo dormía...
—¡Rue estaba ebria! ¿A las cinco y media de la tarde? ¿Es ese el ejemplo que le diste?— no grita pero la fuerza de sus palabras hace que Delly llore desconsoladamente.
—Peeta, no es el lugar, vamos a preguntar por Prim— lo tomo de la mano y lo llevo hacia la puerta de cristal que separa la unidad de cuidados intensivos.
PEETA POV
Recuerdo cuando me dijeron que mamá murió, fue un día por la tarde, así como hoy. El padre Plutarch me llamó a su oficina y luego de contarme un cuento me dio la noticia. Apenas tenía 9 años pero recuerdo claramente el dolor en el estómago que sentí. Como si me hubieran golpeado muy fuerte. Luego empecé a sentir que me faltaba el aire y me daba vueltas todo. Es lo que estoy sintiendo en este momento, mis manos han empezado a temblar. ¡No! ¡No puede ser! Rue no puede estar muerta, es tan joven, tan pequeña todavía.
Siento nauseas, un dolor que no puedo encontrar donde inicia pero me traspasa el pecho.
Todo lo que sigue pasa como en cámara lenta, parece que lo veo, lo vivo pero se me escapa de control, lo único que tengo claro y me ata a la realidad es Katniss, que me mantiene a salvo.
El tiempo pasa sin que pueda entender qué es lo que sucede ¿Por qué ocurren tragedias así? ¿Cómo es posible que de un momento a otro alguien que amas ya no esté? Mis dudas son apaciguadas por tiernas caricias que ella me ofrece. Juguetea con mis manos, se recuesta en mi hombro. Cuando siento que estallaré, me abraza o me acaricia el cabello. Eso es lo único que me mantiene tranquilo, por dentro quiero gritar, pedirle al cielo explicaciones. ¿Qué hicimos los huérfanos para lograr tal castigo? ¿Estamos pagando algo?
Mis pensamientos desordenados se esfuman cuando él llega. Lo primero que hace es venir hacia mí con los brazos levantados y yo le correspondo. Es mi padre, Plutarch. Lloro cuando me abraza, no sé en qué momento Delly se une a nosotros, ya no estoy enojado con ella, acepto que fue un accidente, quizás ella lo esté pasando peor que yo porque se siente culpable pero nada pasa en la tierra que el cielo no apruebe. Así que de algún modo debemos aceptar lo que el padre celestial nos envíe. Es difícil, duele tanto, recuperarnos nos costará mucho tiempo pero lo lograremos. Sé que así será aunque en este momento la tristeza se haya instalado en nuestros corazones.
—Ya está fuera de peligro— lo escucho murmurar. –Todo salió bien para Prim, aún no sabe nada, no se lo digan hasta que esté bien instalada— nos advierte.
—¡Lo siento!— Delly no puede contener su llanto.
—Las cosas pasan por algo hija, debemos aprender de ellas y seguir adelante. Y si sientes culpa, es momento de empezar a corregir los errores y a expiar nuestras faltas. Siempre hay otra oportunidad pequeña— le sonríe.
—Yo debí ser más cuidadosa, debí aconsejar bien a Rue. Es mi culpa...— se lamenta. El padre Plutarch se sienta con ella, le habla para que se tranquilice, sé que con el tiempo lo va a aceptar, que lo sucedido será una experiencia que Delly no va a olvidar jamás.
Siento en mi mano la de Katniss, instintivamente me volteo y la abrazo.
—Gracias— susurro en su oído. –Gracias por estar, mi amor— me atrevo a decirle. No siento rechazo de su parte, sé que lo hace para darme apoyo, incluso el beso que compartimos en el avión fue para calmarme, para bloquear mis emociones negativas. Le estoy agradecido por su apoyo, sin Katniss me habría desmoronado.
—Hola hija, gracias por estar aquí— le dice el padre Plutarch cuando nos separamos. –Voy a encargarme de todos los arreglos. Vamos a despedir a Rue como es debido, nos la llevaremos a Indiana, no va a ser fácil, tomará un par de días en lo que se arregla la investigación policial. Espero que Prim pueda viajar para acompañarnos.
Nos deja a los tres. Con un peso menos sobe los hombros.
—Así que volvieron— dice Delly mirándonos, se está limpiado el rastro de sus lágrimas y respira profundamente. No respondo, sólo miro a Katniss porque es ella quien tiene la última palabra, yo estoy dispuesto a hacer lo que me diga. –Está bien supongo, Pit nunca te olvidó después de todo. Disculpen tengo que ir a los servicios— se excusa y se va de la sala de espera.
—Tienes que descansar Peeta, ya van a dar las dos— me dice Katniss. No me había dado cuenta de la hora, veo mi celular para comprobarlo. Son las dos menos diez.
—Estoy bien— le digo.
—Prim está dormida, no va a despertar hasta mañana, debes dormir al menos unas horas. He reservado una habitación a dos calles de aquí, una de las enfermeras me dio el número, sólo tenemos que ir.
—¿Para los dos?— pregunto sin saber que esperar. Luego echo esas ideas tontas de mi cabeza, claro que necesitamos descansar, mañana será un día largo y pesado. Katniss debe volver a su casa.
—Podemos compartir, es habitación doble, no tenían nada más— me dice apenada.
—Está bien. Vamos, le llamaré al Padre desde allá, no tenemos mucho que hacer por ahora.
Salimos al frio de Chicago, los autos circulan como si fuese de día, hay tráfico, quizás porque el hospital es concurrido a cualquier hora del día. El estacionamiento está a la mitad. Caminamos en silencio aun tomados de las manos, veo que Katniss tiene frío, el clima aquí siempre es más helado en esta época del año que Indiana y no hemos traído ropa adecuada. Tomo la mochila de sus manos y con el otro brazo la cobijo hasta que damos con la dirección. Es un lugar que parece confortable, nos registramos y nos dan nuestra llave.
—Debo usar los servicios— me dice al entrar y desaparece tras la puerta del baño. Me siento en la cama más próxima, respiro hondo intentando apartar esta tristeza. Rápidamente le escribo un mensaje de texto al padre Plutarch explicándole que estoy bien y voy a descansar unas horas. Katniss no tarda mucho, entro a lavarme las manos y regreso para encontrarla en una de las camas hecha un ovillo. No olvido que siempre tenía frío. En las noches de invierno se acurrucaba en mi pecho y sus pies helados descansaban sobre mis piernas.
—¿Subo la calefacción?— pregunto.
—No hay— dice haciendo castañear sus dientes. Me siento a su lado.
—Déjame darte calor— ofrezco. –Tus pies deben estar helados.
No se hace de rogar, está cansada y tiene frío sé que no podrá conciliar el sueño si está entumecida. Rápidamente me acuesto a su lado, no me molesto en cambiar mis ropas, no traje recambio tampoco. La rodeo con mi brazo y la atraigo hacia mi costado para cobijarla. En pocos minutos ya está dormida, yo tardo un poco más pero también caigo rendido con un sueño que no tiene pesadillas.
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Sé que querrán matarme por volver con un capítulo tan triste pero prometo que será lo último que les haré sufrir. Gracias por leer.
PATITO
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