HIJOS DE LA NOCHE
HIJO DE LA LUNA
CAPÍTULO 30: ROJOS CARMÍN
YoungSoo y Hikaru eran un par muy distinto al de Scorpius y James.
El primero era un joven de rasgos coreanos, ojos oscuros, tez morena, cabello teñido de rojo cereza y un atuendo conformado por marcas más caras de lo que pude imaginar; mientras que el otro era un japonés que parecía medir casi lo mismo que Víctor, de piel aperlada, ojos finos como los de una serpiente y una sonrisa amable.
Sus estilos los hacían parecer como un ricachón presumido junto a alguien más sencillo con buen gusto para la ropa. De hecho, con lo poco que oí de ellos aquella última noche del año me pareció suficiente para haberme hecho una idea muy parecida a la que veía.
Un relámpago recorrió el cielo nocturno apenas cerramos la puerta. No hubo un trueno, tampoco se avecinaba lluvia; era Aylan, quien mandó una señal al resto de la familia para avisar que los Sallow llegaron sanos y salvos.
La escena me recordó a nuestro primer beso y me pregunté si todo el asunto de la electricidad fue causado por él o si yo fui quien lo alteró lo suficiente para que ese detalle sucediera.
Obtuvimos un aullido como respuesta.
—Otro humano —YoungSoo dijo y miró a mi hermano con detenimiento.
Fueron sus primeras palabras y me parecieron un poco hostiles, como las de un príncipe cruel viendo a un simple pueblerino o una víbora inyectando su veneno mortal a su víctima; sin embargo, apenas me encaminé hacia el lugar en donde estuve sentado antes, lo descubrí con un intento de semblante serio y tranquilo.
—Hablaré con los muchachos mientras tú haces lo tuyo, lucecita —nadie se inmutó al apodo.
—¿Qué me harán? —Donovan preguntó, desconfiado.
Su corazón pegó un brinco apenas el japonés dio un paso hacia él.
Yo no cuestioné nada porque confiaba en mi líder, en Iris.
—Sé pelear —amenazó, aunque, hasta cierto punto, también mintió.
Hikaru sonrió (lo que formó pequeñas arrugas alrededor de sus ojos) y se sentó en un lugar cercano a mi hermano para tomarle de las manos.
Le pidió que tuviera confianza en él y le explicó con mucha calma que cada criatura tenía un poder especial y que el suyo era la curación (algo un tanto inútil, ya que tanto vampiros como demonios cicatrizaban rápido).
Don me miró unos segundos y al percatarse de mi calma, accedió.
—Todos estamos listos —murmuró Young una vez Aylan y yo lo acompañamos al recibidor. El frío se colaba por las pequeñitas rendijas de la puerta de madera vieja—. O, por lo menos, lo intentamos...
Pareció decirlo más por sí mismo que por el resto.
En su voz se notó un indicio de pena y dolor, por lo que creí que él fue muy cercano a cualquiera de los implicados esa noche (Iris, Crystal o Ethan).
—Apenas cruzamos el portal se sintió un aura tan... Pesada —confesó—. La zona parece una muy distinta a la que nos describió Iris cuando recién se mudaron.
—Tétrica y sin luz —le dio la razón mi novio. Sujetó mi mano con fuerza, pese a que sudaran, porque comenzó a temblar—. Apenas salimos a buscar a Don, pareció como si el espíritu del bosque se hubiera apagado... Ya sabes, los colores no eran los mismos de siempre... Tío YoungSoo, yo...
—¿Por qué me dices "tío"?
El Sallow rio y trató de romper la tensión apenas comprendió a lo que se refería Aylan. Fue una risa vacía que se extinguió casi tan rápido como comenzó.
—Tengo la edad de Scorps, así que es imposible que lo sea. ¿Por cuántos años te gano? ¿Tres? Ni siquiera entiendo por qué nos dicen así. Es decir, soy más joven que James por mínimo tres siglos —él igual era "puro"—. ¿Por qué al insufrible de Chase no le dicen así? Es como, si al casarme, me hubiera hecho muchísimo más viejo o algo así...
—Chase es... Chase.
—Y yo soy yo. Pediré que todos aquellos que tienen menos de 30 años humanos no sean llamados de esa manera.
Yo le di la razón porque era extraño tratar a un muchacho de casi mi edad como un familiar mayor; Iris, Ethan, James y Crystal, en cambio, me superaban por más de cinco años.
—Oh, no. No llores... —La única razón por la cual mi novio se apartó de mí fue para refugiarse en los brazos del demonio, el cual lo atrapó con dificultad—. No llores. No sé qué hacer con la gente que llora... Yo... Ay, yo también quiero llorar.
Y es que una parte de todos moriría esa noche.
Fuese Iris (con Ethan) o Crystal, todos estarían un poco incompletos hasta que se toparan en sus nuevas vidas, lo cual sería un tiempo indescifrable.
Me acerqué a abrazarlos porque era lo único que podía hacer para transmitirles mi apoyo. Yo tan llevaba unos meses en la familia Ainsworth y, a pesar de ser parte casi-oficial del clan, no era lo mismo para aquellos que pasaron incluso más de cien años junto a ellos.
Deseé poder abrazar también a Ryuu y Víctor, a Scorpius y James, a Karlav y al misterioso Chase. A todos.
Lloraron tanto que recordé a mamá y papá llorando a escondidas cuando me diagnosticaron leucemia. También lagrimeé con ellos, por miedo y por el recuerdo, más que nada.
Apenas comprendía el mundo de demonios y vampiros, no sabía qué pasaría si Iris e Ethan no llegaban a la casa junto al resto de la familia; así que sí, estaba aterrado.
—Oímos los gritos —Young rompió el silencio.
Se le escuchó gangoso y con una lentitud mayor con la que aparentaba hablar con normalidad. Tenía la nariz hundida en el cabello de Aylan y las orejas rojas.
—Y olimos el humo cuando llegamos... Ganará el más fuerte y el que tiene mejor conocimiento de sus habilidades.
—Creí que era a partir de los de ojos anaranjados cuando tenían habilidades especiales. Todos los Lawson, a excepción de Crystal, son de un rango bajo...
—Si ella fue capaz de mantenerlos al margen la mayoría del tiempo y le hicieron caso ante la orden de detenerse con tu hermano, Hayden, no sabemos si pudieron evolucionar rápido, como cualquier miembro nuevo bajo la mirada de un líder de ojos carmín.
Jamás imaginé que podría ser tan rápido.
Por fortuna, la única que manifestó su poder nuevo fue Dania.
Tenía un poder parecido al de Ethan con el cual podía adentrarse a los sueños de la gente con la que alguna vez mantuvo contacto físico, con la diferencia que producía más pesadillas que lindos momentos. Eran agonizantes, las heridas adquiridas en ellos parecían reales y la sensación de hundirse más y más perduraba incluso minutos después de despertar.
En resumidas cuentas, algo muy alejado a lo que era ella, una muchacha jovial, dulce, intrépida y divertida.
Se debió a la fuerza existente en el lazo con Crystal, el ser almas gemelas le ayudó mucho; aun así, era algo que le costaba demasiado trabajo al tener aún ojos amarillos que le hacían ceder a los impulsos bestiales de sangre y destrucción, violencia y muerte, dolor y desesperación.
Dentro de la batalla, el control de los sueños era algo inútil.
Ambos lo sabían. La diferencia era que Ethan tenía el balance requerido; ella, no.
Él, tenía a su espíritu protector; ella, a la bestia que cargaba dentro con remordimiento y pesadumbre.
Ni siquiera parecía dispuesta a pelear, no por sí misma.
Lo hacía por Crystal, por su "pareja destinada" y la tía de su amiga.
Gerardo fue el primero en morir cuando el lobo de Víctor lo lanzó sin piedad contra el tronco de un roble, el cual acabó soltando una de sus más grandes ramas, chamuscada por una ráfaga de fuego que Crystal hizo minutos atrás al defenderse de una de las cinco Ryuu que atacaban sin compasión a su persona.
Balto desgarró su garganta por protección extra y manchó su hocico de sangre.
Existían poderes que no estaban hechos para la guerra.
Eran reflejo de sus dueños, de sus vidas pasadas o experiencias que se quedaron tatuadas en sus cabezas. Ethan, Dania e Iris eran ejemplo de ello, incluso Víctor confió más en su espíritu protector que en su don porque era mucho más fácil atacar.
El fénix y el búho se echaron contra Aira, quien era la miembro que más agilidad tenía por parte de los Lawson. Volaba de rama en rama, esquivaba los ataques con precisión, saltaba como una gacela y pudo darle un buen arañazo cerca del ojo a Víc.
Las aves arremataron con las garras a su cara de porcelana, rasguñándola y tirando de su cabello con gran fuerza.
—Estás perdiendo el tiempo, Crystal —Iris provocó.
Se encontraba justo en medio del claro, esquivando las bolas de fuego que su adversaria le lanzaba desde una distancia considerable.
Ryuu y sus dobles tuvieron que centrarse en Dania, mientras que los tres espíritus de los Ainsworth retomaban la pelea contra la ex patinadora.
—¿Piensas que atinarás desde ahí? ¿Dejarás que tus miembros mueran en vano?
La líder de los Lawson atacó con una ola de fuego que casi provoca un enorme círculo alrededor de su indetenible contrincante.
Sabía lo que estaba haciendo, quería agotarla lo suficiente para poder enfrentarla cara a cara y no se dejaría tan fácil. Era complicado prender en llamas algo y luego tener que desaparecerlas para que la gente de Colombres no notara el combate.
—Vamos. Las dos sabemos que puedes hacer que todo a nuestro alrededor arda, ¿te da miedo asesinarme?
Un golpe bajo para alguien que todavía estaba en proceso de olvidar a su amor de tantos años.
En esos momentos, era lo que mejor podía hacer al tener un poder inútil con ella.
—Dejas que el resto muera por ti, ¿eso es lo que quieres? —bramó—. Acabaremos con Aira, luego con Dania y te dejaremos al final. ¿Quieres sus muertes en vano?
—Carajo —maldijo en ese preciso momento la Maine en su idioma natal.
Balto le había propiciado una buena mordida a su chamorro, dejándola en tierra firme el resto del combate hasta que pudiera sanar y atacar desde las copas de los árboles de nuevo.
Con rabia, alzó al lobo con facilidad. Lo agarró con fuerza del lomo y lo hizo chocar con Víctor. Tanto el animal como el vampiro gimieron de dolor al impactar contra el suelo.
Aira se tentó en ahorcarlo, en tenerlo contra el suelo y apretar con fuerza su cuello hasta que rogara piedad. No lo hizo al ver a la Ryuu real girarse al instante en el que oyó a su prometido quejarse.
La japonesa se echó de cabeza, demostrando que aquellas réplicas que sujetaban por la espalda y atacaban a Dania no eran más que eso, copias.
La vampira se soltó como pudo y atacó por la espalda a Ryuu.
—¿Crees tanto en tu gente? —Crystal preguntó con una sonrisa.
Apartó su cabello y lo ató en una coleta. El frío chocó con el sudor de su cuello y las cicatrices de sus clavículas fueron visibles.
—¿Tú no?
Se mordió la lengua, negándose a responder ante la provocación de su amiga.
Entre quererlos y confiarles su vida existía un paso muy grande. El lazo con Dania era eso: un lazo que ninguna pidió ni aceptó y que se usó para la evolución de la chica; Aira y Gerardo, por otro lado, eran los más probables de morir.
—Deberías. Ellos confían en ti.
Si bien no era falso, la que siempre confió en ella fue la guapa patinadora extranjera.
—Estoy harta de tu supuesta perfección, Lilium —gruñó.
Uno tras otro, lanzó proyectiles de fuego y fueron esquivados con gracia.
—Lo tuviste todo, lo tienes todo. Yo la única cosa que quería era tenerte a ti y ni eso pude conseguir —la acorraló contra un árbol—. Actuaste como si te importara.
—Me importas y lo sabes —interrumpió—, pero una saldrá con vida de esto; la otra, no.
Aún en esa situación, las dos sabían muy bien que el coraje de Crystal era el que hablaba por ella.
Debido a eso, Iris no temió.
No le aterraba morir en manos de su mejor amiga.
La empujó y logró generar distancia entre ellas para alargar el tiempo de tortura y huir hacia donde estaba Ethan. Los más jóvenes corrieron en su protección.
Ryuu logró zafarse de Dania al tomarla de los brazos y tirar con fuerza de ella por sobre su cabeza, lanzándola contra el suelo, y el lobo de Víctor logró morder otra vez a Aira, en esa ocasión en el abdomen.
—Esto es una estupidez —dijo el vampiro más joven con el corazón acelerado—. Pudiste matarla en ese momento con la daga.
Su lobo huyó a esconderse entre los árboles para esperar el siguiente ataque ordenado por él o Iris. Las mujeres Lawson también se agruparon alrededor de la líder con cicatrices a medio sanar y la respiración irregular.
—¿Daga? —Los ojos de Crystal centellaron de ira—. ¿Karlav te dio su daga para asesinarme?
En su última visita, el rey confió en ella aquel hermoso objeto de plata infectado con su sangre porque, independiente a no ser el ritual común para la muerte de un fundador, consideraba que sería menos lenta y dolorosa la muerte.
—Esto es increíble... —Pronunció con ironía—. ¡Y tuviste el descaro de acusarme con que yo era su favorita!
Un tirón ajeno a los clanes le hizo callar, pues el rey se molestó ante semejante señalamiento, una vez más. Él estaba del lado correcto, sin importar quién fuese la representante de éste.
Arremetió contra los Ainsworth con una ola de fuego y aire caliente, tomándolos desprevenidos y haciéndoles toser por el olor a quemado. A su alrededor, un círculo irregular de fuego se extendió hacia ellos y atacó en especial a Ryuunosuke.
No fue físico, sino mental.
Sus ojos brillaron anaranjados y un grito desgarrador se escapó de sus labios, aterrada al ver la fuente de calor crecer más y más en su dirección. Tenía a Makoto a su lado, a Víc; no obstante, el recuerdo era poderoso, el del fallecimiento de sus padres y ex (y actual) prometido y de su casi muerte.
—¡Crystal! —Iris alzó la voz al comprender lo que hizo: provocar el miedo de uno de sus miembros más fuertes.
Alejandro atrajo a su chica hacia él, aunque ambos acabaron cayendo de rodillas ante su ataque de desesperación y pánico. Lloraba e hiperventilaba.
—¡Ella no...! Mierda. Ethan, hazte cargo de ellos dos.
—¡Iris, no...!
Llamó a los espíritus y fijó su furia en la mujer a la que llamó confidente en tantas ocasiones e ignoró a su esposo.
Las aves se encargaron de separar al clan.
El fénix atacó a Dania y el búho a Aira.
Iris esquivó el fuego, saltó, corrió y zigzagueó para ir directo a Crystal.
Víctor nombró con fuerza a Balto, quien acudió de entre un arbusto para proteger a la molesta líder.
—No te metas de esa manera con mi clan, Lawson —se aferró del lomo del lobo para mantenerse firme a unos metros suyos.
El calor del fuego chocaba con su espalda y el cabello le revoloteaba alrededor de la cara.
Sus ojos ardieron aún más que la última vez.
—Estoy aquí para darte el capricho. Lo mínimo que puedes hacer es venir a por mí.
Fue cuestión de segundos.
Iris soltó el pelaje de Balto.
Ninguna se inmutó.
El fénix cantó con fuerza antes de ser estrellado en la rama de un árbol.
El lobo corrió con sus grandes garras raspando el suelo y con un gruñido heló a la lechuza de Ryuu. Sus colmillos surgieron y los ojos azules del lobo se fijaron en la fundadora contraria.
La mordida a Crystal nunca llegó. Dania saltó en su protección para recibir el ataque.
El fuego se detuvo.
La japonesa acabó medio inconsciente y con el sudor decorando su cuerpo. Lo único que la mantuvo con ojos abiertos fueron los gritos de Montoya y ambas líderes, retumbando con fuerza dentro del pequeño bosque y llegando incluso hasta la casa de los Ainsworth.
El lobo destruyó sin piedad a la joven vampira y dejó a Iris congelada por la sorpresa. Su mirada viajó del cadáver a Crystal, quien se sujetó con fuerza a las hierbas del suelo.
—Oh —susurró YoungSoo.
Los cinco estábamos en la sala, acurrucados para mantener el calor y evitar que el impacto fuese tan fuerte para Aylan y los Sallow.
—¿Todo bien? —Preguntó Don.
Incluso Hikaru y Lars se alzaron un poco, como perros alertas al mínimo ruido.
—Murió.
Supimos que no fue ninguna de las fundadoras por su reacción.
La líder novata tembló bajo la fría noche y gritó de dolor ante la pérdida.
No la aceptó como alma gemela, pero lo fueron. La sensación de vacío repentino fue parecida a la de cuando Iris le dijo que Ethan era su pareja destinada.
Parecida, no igual.
El impacto la dejó sin fuerza por un momento y la hizo llorar por el peso en su pecho.
—¿Cómo...?
James les había contado que el fallecimiento de un compañero significaba la muerte espiritual y emocional del otro, por lo que Iris se sorprendió al verla ponerse de pie con dificultad.
Aira corrió en su protección y lanzó al búho por sus plumas contra un árbol.
—¿Por qué estás de pie? ¿Cómo has...? — Con imaginar a Ethan en esa situación se le revolvió el estómago y le surgieron ganas de vomitar.
La bilis quemó su garganta.
—Siempre fue más fácil amarte a ti —le recordó.
Víctor le ordenó al lobo que dejara al cuerpo de Dania tal y como estaba, por lo que el animal trotó hasta enroscarse en él y la frágil muchacha.
—No la acepté, ella tampoco me aceptó... Aun así, se siente de la mierda —tuvo que apoyarse en Aira, su único miembro.
Al menos esa noche descubrieron que existía la posibilidad de negarse a lo que pedían las estrellas, siempre y cuando ambas personas estuvieran de acuerdo.
—No me mires así, Iris —sonrió con pesadez—. Tampoco es como si no la quisiera, te lo dije la última vez que te vi.
—La rechazaste.
—Y ella a mí.
—Lo hiciste por mí.
—Sí, Iris. Lo hice por ti.
Porque la amó tan mal que fue capaz de ignorar a quien dio la vida por ella, dejando de lado a su familia que acabaría devastada con la noticia.
—Tu rechazo duele incluso más que esto.
Se sintió culpable por eso.
Nunca imaginó que no aceptar sus sentimientos le provocaría tanto dolor a su mejor amiga, la misma con la que compartió años de su vida y a la que le entregó un montón de primeras experiencias cuando eran más jóvenes.
—Por eso todo esto también me afecta. Te amo, Iris. Te amo tanto que quema.
Lilium siempre fue débil estando frente a ella. La líder ejemplar se desvanecía a su lado.
Sus ojos se humedecieron.
Los más pequeños de los Ainsworth se miraron entre extrañados y aterrados cuando cayó sobre sus rodillas, afectada más ella emocional y espiritual de lo que Crystal lo estuvo.
Ethan no dudó en correr hacia ella para brindarle su apoyo mediante un cálido y protector abrazo e ignoró el horrible tirón que tuvo el lazo que los unía como destinados.
Si a su mujer le dolía algo, entonces a él también.
En esa ocasión, ambos agonizaban por la culpa y el arrepentimiento.
Lawson sabía lo que provocaba. Su mayor habilidad era generar inquietud y arrepentimiento por la forma en la que actuaba y hablaba.
El punto débil de las dos siempre fue la otra y pensaba explotarlo hasta que no quedara nada; sin embargo, por primera vez, se detuvo a contemplar el horizonte.
A lo lejos, se encontraban sus preciados sobrinos protegidos por Balto; sabía que, en la casa, estaría el resto de la familia que la acogió y, justo frente a ella, yacía la pareja que tanto la amó sin ser una de los suyos.
A unos metros, descansaban los cuerpos inertes de Gerardo y Dania; a centímetros, Aira.
La escena le impactó.
Cogió de la mano la patinadora, quien tembló entre sollozos por haber recapacitado también. Se percató que ya no podría ver de nuevo a su madre, a sus tíos o a su primo. El miedo en ese momento le hizo dudar y querer huir.
La mujer la miró con tristeza y el corazón cayéndosele de las manos al comprender lo que su amiga intentó decirle acerca de las muertes innecesarias y de la confianza en su propio clan.
Se convirtió en una pésima líder al haber arrastrado a sus muchachos a una venganza que pudo haberse evitado si iba con Karlav para contarle que halló a su gente y que no sabía cómo lo logró.
—Esto debe acabar —mencionó y ocultó un sollozo que se le escapó al limpiarse las lágrimas rebeldes.
Iris no pudo moverse incluso al sentir cómo una nueva llama de fuego surgía de entre las manos de la contraria. Ethan tampoco lo hizo porque, si algo le pasaba a su esposa, prefería que fuese a ambos.
—Lilium, levántate... ¡Lilium, mierda!
Ni siquiera tenía el coraje de matar al Sayre que ocupaba su antiguo lugar porque los amaba y, carajo, ¿cómo podría hacerles algo si ni siquiera se defendían?
—No quiero pelear contigo —susurró como respuesta—. No puedo, maldita sea. Tampoco quiero que mueran mis miembros intentando defenderme, como los tuyos, dejarles el peso del clan a Víc y Ryuu siendo tan jóvenes, no volver a ver a Scorpius y a James, arrastrar a esto a Ethan... ¡Mierda! —Ni siquiera tenía fuerzas.
Se aferró a la daga y sintió las flores de plata e incrustaciones de zafiro dejar marcas en su mano.
Balto se puso de pie cuando Aira comenzó a retroceder, no planeaba hacer nada más que apoyarse en un árbol; de cualquier forma, el lobo actuó bajo instinto y el intento de protección hacia su dueño y el resto de la familia se activó.
Caminó con lentitud y agilidad, pasó junto a la líder y gruñó muy apenas a Crystal. Víctor le llamó. El animal no le hizo caso y se puso a la defensiva, como se encontraba el resto del clan en su interior.
El alma de Crystal cayó al suelo cuando comprendió que todo ese tiempo su lucha no tuvo que haber sido con Iris, sino con Víctor Alejandro, el único heredero al líder del clan, el único que mató o contribuyó a la muerte del resto de sus integrantes.
Ya era demasiado tarde.
Sus ojos resplandecieron de un brillante anaranjado y oyó al lobo aullar cuando Aira, dejando de lado la gracia y belleza que le caracterizó en gran parte del ataque, cayó, aún temblorosa, y se recostó contra el tronco de un árbol.
—No —gruñó a Balto la líder ajena al clan.
El animal arañó la tierra bajo sus patas, ignorando que la Maine apenas podía respirar debido al arrepentimiento por haber aceptado la mordida cegada de la furia, tristeza, decepción y celos.
—Balto, ¡no!
Ni siquiera Víctor pudo controlarlo.
El lobo se impulsó con sus patas traseras y saltó contra a la de ojos amarillos, quien gritó tan agudo que provocó la desaparición del búho y el ave fénix, aterrando al clan Ainsworth; no obstante, el impacto nunca le llegó, siendo en su lugar la salpicadura de sangre ajena lo único que percibió y el sonido sordo de algo cayendo justo cerca suyo.
No supo cuándo o cómo, pero su líder la defendió, recibiendo el ataque que, si bien fueron segundos, la dejaron tan malherida que apenas pudo moverse. El lobo desapareció como resultado de la molestia de Víctor por no poder controlar sus emociones ni su poder y, en su lugar, Iris se acercó a tientas a ella, dejando que Ethan se hiciera cargo de la estadounidense.
—Qué mierda —Crystal se quejó al notar el pánico en los ojos de Iris y, atrás suyo, la silueta atemorizada de Aira y el resto del clan Ainsworth—. Se supone que acabaría así contigo, no por un animal pulgoso que nunca quiso al mío.
Ambas líderes rieron entre lágrimas al tenerse de frente por última vez hasta dentro de una cantidad de años indescifrable.
Rozaron sus mejillas, Lilium apretó su frente contra la contraria y deseó que el acurrucarse en ella fuese como la noche en la que se vieron en la residencia Lawson. Se aferró a ella y Crystal de su cabello para que no se alejara, para que fuese lo último que sintiera.
—Deberías matarme pronto o te seguiré apenas me recupere.
—Cállate, por todos los astros. Ya lo sé... Ya lo sé.
Iris se apartó al comprender que debía de cumplir con su parte del trato antes de hacer sufrir a alguien más y que la lucha continuara, incluso al descubrir que eran mejores juntas que separadas.
Besó su frente y le sonrió.
—Te amo —murmuró una.
—Yo también te amo —siguió la otra, prometiendo verse de nuevo.
El regresarle la sonrisa fue lo último que hizo Crystal antes de que la daga se hundiera en su pecho y la falta de aire se hiciera presente en sus pulmones. El dolor se extinguió tan pronto como comenzó, dejando a su paso un quejido que huyó con el viento.
Las lágrimas recorrieron las mejillas de Iris y, con tristeza y todo el dolor de su alma, vio cómo el semblante de su amiga se fue apagando hasta que la luz de sus ojos se desvaneció con un par de parpadeos.
Cerrados.
Abiertos. Anaranjados y fijos en su gran amor.
Cerrados.
Abiertos. Verdes y viendo a su única integrante con vida desmayarse entre los brazos de Ethan.
Cerrados.
Abiertos. Rojos carmín y volviendo a ver a su mejor amiga.
Cerrados.
Lilium gimoteó, incrédula e inconsciente de haber heredado el poder de la mujer, la cual, incluso muerta, la protegió, brindándole una habilidad con la cual podría defender a capa y a espada a todos los Ainsworth y a sí misma.
Gritó, lloriqueó, incluso golpeó la tierra debajo de ella al comprobar que fue la única testigo del detalle de sus ojos.
Ya no vería a Crystal al día siguiente, así que no podría decirle que, lo único necesario para recuperar a sus preciados ojos, era dejar de lado la venganza, aprender a confiar en sus integrantes y permitirse amar una vez más.
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