Capítulo 61
Todos menos Mushi se abalanzaron sobre la puerta. El pequeño lepiota se encontraba nervioso ¿Cómo reaccionaría su hermano al enterarse de la muerte de Shimu? ¿lo culparía? ¿lo odiaría?
― ¡Fusca! ― los gritos de Rivularis y sus hermanas no tardaron en llegar.
―Hol..aug..au...
― Rivularis no te lances sobre Fusca...
El cuarte que hace unos segundos se encontraba lleno de tensión hará parecía brillar con nueva vida. Los gritos y las risas pronoto atrajeron a Mushi.
El pequeño lepiota asomo su cabeza con cuidado. En ese instante pudo ver como sus hermanos rodeaban a Fusca, quien se encontraba recostado en su cama. Su padre estaba sentado en un sillón cercano y aunque noto la indecisión en su hijo más joven prefirió no tomar acción.
Mushi comenzó a caminar de la forma más lenta que pudo. Su mente le decía que no pero su cuerpo se movía por sí solo. Sus pequeñas manos se entrelazaban y apretaban intentando disminuir sus nervios.
Y en el momento en que menos lo pensaba, habiendo dado tan solo uno cuatro pasos, Fusca volteo su mirada.
―Mushi― dijo Fusca con una sonrisa.
En ese momento las cadenas del pequeño lepiota cayeron. Mushi corrió hasta donde su hermano y salto hacia su pecho.
― ¡Fusca! ― gritó abrazando con todas sus fuerzas a su hermano.
Durante todo este tiempo no solo había estado preocupado por la reacción de su hermano ante la muerte de Shimu; por dentro lo carcomía la posibilidad de que Fusca también desapareciera. El llanto de Mushi pronto provoco una reacción en cadena entre sus hermanos y en medio de los sollozos Helvella sonrió. Esta buena noticia podría aliviar el pequeño corazoncito de Mushi.
Mientras tanto en Nueva Tensis, Darthañan encontró a Theodor sentado bajo la sombra de un árbol, a su alrededor correteaban pequeños bisontes.
―Tod, no era mi intención golpearte ¿me perdonas? ― se disculpó Darthañan agachándose frente a su hijo.
Theodor se secó los ojos y se limpió la nariz con su ante brazo.
―Si... si te perdono― respondió el pequeño conteniendo su llanto.
Viendo los ojos rojos de su hijo, Darthañan sintió como si estrujaran su corazón.
― Sabes, en las islas altas existen bisontes prime. Son como los bisontes aquí, pero tienen un exoesqueleto que los hace ver como si tuvieran armaduras doradas― dijo Darthañan intentando amenizar la situación.
―Jajaja...
El pequeño solo le devolvió una carcajada.
― ¿Qué te parece tan chistoso? ― preguntó Darthañan a punto de ser contagiado por la risa de su hijo.
―Es que me imagine a un montón de vacas con armadura ― contesto Theodor sin poder parar de reír.
Darthañan imagino las vacas con armaduras y no le pareció muy gracioso, pero la risa de su hijo resultó tan contagiosa que en cuestión de segundos los dos se encontraban tirados en el pasto riendo.
Yonka el capitán del cuartel los encontró y no supo que cara poner <Los bisontes son mucho más fuertes, leales y nobles que las vacas> pensó indignado el neandertal.
En medio de las risas Darthañan vio a Yonka y acordándose que se encontraban dentro del cuartel policial se levantó de inmediato lleno de vergüenza.
―Lo siento mucho, ya nos vamos― dijo Darthañan agarrando a Theodor y colocándolo sobre su hombro.
Y antes de que Yonka pudiera decir cualquier cosa los dos humanos habían desaparecido del cuartel.
Los demás soldados que habían visto lo sucedido desde una de las colinas se sintieron orgullosos al ver como su capitán había sacado corriendo al humano de segunda magnitud. Yonka por su parte no se molestó en explicarles, después de todo lo sucedido necesitaba una cerveza bien fría.
En la noche cuando los pequeños se encontraban dormidos bajo el cuidado de alguno de sus sirvientes Darthañan y Frigglene se reunieron en la cafetería.
―Tenemos que definir que vamos a hacer. Ya no contamos con el dinero ni para viajar ni para mantener a tantas personas― dijo Darthañan preocupado.
La opción más fácil podría ser la de separarse de sus nuevos sirvientes, pero a causa del pacto de sangre ninguna de estas personas podría retomar una vida normal. Sus vidas ahora estaban ligadas a esta familia.
―Si el problema es de dinero, entonces lo solucionaremos con dinero― respondió Frigglene con tranquilidad.
<Si pudiéramos solucionarlo con dinero no estaríamos en este problema> pensó Darthañan asumiendo que su esposa mantenía la mentalidad de una mujer noble. Si fuera tan fácil conseguir dinero no habría tantos plebeyos pobres.
La sonrisa en el rostro de Frigglene pronto desapareció.
―Darth sé lo que estás pensando. Y no, no me refería a eso.
La cara de Darthañan se puso roja.
―No sé qué quieres decir. Yo no estaba pensando en nada.
¿Podría ser su esposo más descarado?
Frigglene decidió ignorarlo y explicarle a lo que se estaba refiriendo.
― Si lo que necesitamos es dinero pues trabajemos y consigámoslo.
― ¡No voy a lavar platos! ― dijo Darthañan en voz alta.
Su súbito alarido pronto hizo que todos en la cafetería se callaran y voltearan a verlos. El lugar estaba especialmente lleno debido al cierre de la arena, muchos de los gladiadores estaban "desayunando" pensando en cómo iban a ganar dinero mientras el coliseo era reparado o en cómo utilizar su tiempo libre.
Todos los miraban como si fueran unos fenómenos y en especial la señora que estaba atendiendo el buffet. Ella y su madre manejaban la cocina, Darthañan literalmente había denigrado su trabajo con el tono en que dijo esas palabras.
― ¡No me refería a eso! ― Darthañan intento defenderse apenas vio la cara de la mujer.
―hay muchos trabajos y todos son honorables, solo me refería a que...
―Darth cariño... cállate. ― dijo Frigglene frunciendo el ceño.
―Si señora― respondió Darthañan.
La vampira habría conseguido el mismo resultado sin decir nada. Tan solo su mirada había logrado que su marido se tragara su elaborada y enredada explicación de cómo no había hecho nada malo.
Cuando los dos retomaron su conversación, algunos de los comensales aún continuaban viendo a la pareja. Sus caras ya no tenían muecas de molestia, ni siquiera parecían recordar lo que estaban haciendo. En sus rostros empezaban a aparecer sonrisas, la mujer que acompañaba al payaso era increíblemente bella. Algunos incluso se preguntaban cómo habían podido no notarla.
Los dos primeros en despejar su mente, del trance en que la hermosa mujer los había capturado, decidieron actuar antes que los otros. Se levantaron y se dirigieron a su mesa.
―Hola bebe ¿te gustaría compartir unas copas conmigo? ― pregunto el primero.
Se trataba de un elfo. Sus rasgos tenían una extraña mezcla entre masculinos y femeninos, vestía prendas de lino azul y una armadura de cuero. Y por el laúd que llevaba en su espalda y la flauta en su cinturón era fácil ver que era un bardo. Una de las profesiones que se dedicaba al combate por medio de la música.
―Jajaja ¿Quién va a querer salir con un flacucho como tú? ― se burló el segundo.
Era un mestizo, mitad orco mitad neandertal, sus enormes músculos de piel verdosa y su gran hacha dejaban muy claro que era un bárbaro. A diferencia de un guerrero que pelea empleando técnicas refinadas con arduo trabajo, el termino bárbaro se usa para describir a aquellos que pelean puramente con fuerza bruta y en muchos casos sin ningún entrenamiento.
―Mujer, ven conmigo y mañana no podrás caminar. Te mostrare el cielo y...
― ¡Boom!
Los dos hombres salieron volando y atravesaron las paredes de la cafetería. Frigglene soltó un poco de su aura de segunda magnitud para repeler a los demás.
Los gladiadores que empezaban a levantarse y aquellos que apenas salían de su trance al darse cuenta de su poder pronto se levantaron y dejando el dinero de sus comidas pronto dejaron el establecimiento.
Cualquiera pensaría que Frigglene se había enfadado con las palabras de esos dos y los había atacado furiosa, pero la realidad era diferente. Frigglene les acababa de salvar la vida.
Darthañan parecía un hombre amigable y conversador, incluso en algunos casos podría parecer hasta tonto; pero cuando se trata de temas relacionados con su familia su lado oscuro fácilmente salía a la luz. Era un hombre dispuesto a todo para proteger a su familia y su dignidad.
― Perdón, pagaremos los daños ― se disculpó Frigglene agarrando la mano de su marido y sacándolo del hostal.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro