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Capítulo 6


―No quien, sino quienes― respondió Darthañan.

La sonrisa de Helvella desapareció.

―Creo que por lo menos tres ducados estuvieron involucrados.

―Y solo son cinco― agrego Helvella frunciendo el ceño.

― ¿Hace cuánto fueron atacados?

Darthañan cerró los ojos por un momento, con toda la urgencia con la que habían estado sobreviviendo no había puesto atención al tiempo que llevaban perdidos en el bosque.

―Alrededor de dos semanas.

Darthañan abrió los ojos y fijo su mirada en Helvella. La lepiota se llevó la mano a la quijada y pensó unos segundos antes de hablar.

―Si se trata de una simple pelea de poder en Marburkan no hay mayor problema, pero si uno de esos ducados pertenece a los guardianes podríamos estar tratando con traidores.

Mientras Helvella y Darthañan hablaban la visión de Frigglene empezó a tornarse borrosa, la adrenalina empezaba a disminuir, sus instintos le decían que las personas frente a ellos eran aliados. Fue entonces que la fatiga de haber cargado con las vidas de sus hijos y su esposo durante los últimos días estallo. Su visión se tornó negra y su cuerpo se desplomo.

La primera en reaccionar fue Albella, atrapando a Frigglene entre sus brazos.

― ¡Amor! ― grito Darthañan preocupado acercándose a su esposa de inmediato. Elizabeth al notar la reacción de su padre también empezó a llamar a Frigglene con sus tiernos balbuceos.

―Mama, mama, mama...

Y para finalizar Theodor empezó a llorar como nunca antes. Viendo lo que acababa de suceder Helvella decidió dejar el tema para cuando regresaran a Vorpiax.

―Fusca, Albella organícenlos en una tienda.

―Sí, señor― respondieron ambos al unísono.

Enseguida Helvella se acercó a Darthañan y colocando una mano sobre su hombro lo tranquilizo.

―Deben de estar exhaustos. Descansen y cuando lleguemos a Vorpiax continuaremos nuestra charla. Ahora concéntrate en tu mujer y tus retoños.

Darthañan asintió apurado, estaba tan preocupado que apenas escucho a Helvella. Se levantó de inmediato y siguió a Fusca y Albella hasta llegar a una tienda de color verde. El diseño era simple, el exterior estaba hecho de fibra de plantas y el interior tenia algunas pieles de animales en el suelo. Albella recostó a Frigglene con cuidado, luego le ofrecieron a Darthañan cuidar a sus retoños mientras el descansaba con su esposa.

Darthañan dejo que Fusca y Albella cargaran a sus hijos con pocas ganas, aun no confiaba del todo en estas personas. Pero mentalmente se recordó que ellos también pertenecían a una familia de guardianes, por lo que su resistencia a separarse de sus hijos menguo.

En el momento en que los dos jóvenes lepiotas salieron cargando a los bebes, Darthañan sintió el cansancio de su cuerpo y sin darse cuenta se quedó dormido al lado de su esposa.

El campamento en el que se encontraban era diferente a lo que cualquier otra raza humanoide llamaría de la misma manera. Los Ents simplemente habían insertado sus raíces en el suelo; los endur, la versión humanoide de los arbustos con una altura aproximada de un metro, se reunieron en grupos, como si estuvieran abrazados; mientras que los Ubax, la versión humanoide de las flores que no pasan de los 30 centímetros, y los lepiotas, la versión humanoide de los hongos que pueden llegar a medir hasta dos metros, se encontraban en las finas tiendas de fibra de plantas y en algunos casos se encontraban descansando sobre las ramas de los Ents.

Cuando Fusca y Albella llegaron a la tienda donde se quedaban con sus hermanos, con la forma de un hexágono, en cada lado una cama y en otro la puerta. Rivularis noto los dos pequeñines que cargaban.

― ¿Qué hacen con los retoños del humano y la vampira?

―Los estamos cuidando mientras sus padres descansan.

Escuchando a su hermano menor Latispora dejo el libro que estaba leyendo y dirigió su mirada a los recién llegados.

― ¿Saben que esos retoños son como estúpidos?

Sus otros tres humanos voltearon a verla.

―Según un libro que leí los retoños de los mamíferos humanoides deberían de estar caminando en el primer año y para los tres deberían ya de estar hablando con frases simples.

Al ver que ninguno de sus hermanos decía nada, tomo el silencio como interés, se levantó y camino hasta estar en frente de su hermana Albella, quien cargaba a Theodor.

―Por su fisiología podemos deducir que tienen alrededor de tres años. Al ver los músculos de sus piernas se nota que todavía no caminan. Y ninguno de los dos habla en frases simples.

Albella iba a refutar a su hermana, pero se detuvo al no saber cómo se llamaban los retoños. Se le había olvidado preguntar los nombres cuando decidió que los cuidaría con sus hermanos.

―Por lo menos la niña ya dice mamá, aunque mal, lo dice. Mientras que este se limita a balbucear.

Latispora acerco su rostro a Theodor y lo miro con desprecio.

―Son una desgracia para las familias guar....

― ¡Puf!

Una marca roja de una pequeña mano apareció en la mejilla de Latispora.

―Jajaja― Rivularis estallo en carcajadas, a diferencia de sus hermanos mayores que contuvieron la risa Rivularis intento hacer más alboroto para agregar sal a la herida en el ego de su hermana.

Theodor al ver la mirada condescendiente de Latispora, de manera natural reacciono pegándole una cachetada con todas sus fuerzas. Latispora se llevó la mano a la mejilla con indignación, sin saber, que el sello que Darthañan había colocado en ambos bebes le había salvado la vida. Sin el sello, el golpe le habría pulverizado un cuarto de la cabeza.

―Eso te pasa por pedante ―Rivularis siguió burlándose.

―Todavía no dominas "En Guardia" ― Dijo Albella pasando por el lado de su hermana.

La técnica que menciono Albella, era una de las tres técnicas secretas de su familia. Se trata de una combinación de ritmo de respiración y tensionamiento de los músculos para estar siempre preparados para un ataque sorpresa.

―Ya tranquila, ninguno de nosotros lo domino antes de los 15 años― dijo Fusca para eliminar la tensión en el ambiente.

Luego, se dirigió al centro de la tienda y bajo a la pequeña Elizabeth sobre algunas pieles de animales.

―Y con respecto a tu comentario Latispora.

―Siento que estos retoños son más complicados de lo que parecen.

Rivularis se acercó a Elizabeth, pues le cogió respeto al manotazo de Theodor, y la empezó a examinar con cuidado.

―No veo nada fuera de lo normal ¿Acaso es tu instinto? ― pregunto el más joven de ellos.

―El instinto es solo de animales― comento Latispora intentando desahogar un poco del enojo que estaba sintiendo.

―En una batalla el instinto es necesario cuando las decisiones tienen que ser tomadas más rápido de lo que tu cerebro puede racionalizar las cosas.

―Alguien con instinto solo puede ganar en una batalla si su oponente carece de técnica y experiencia.

―Cuando tu cuerpo se mueve por si solo después de muchos combates es la experiencia convertida en instinto.

― ¡No¡ eso sería memoria muscular, muy diferente al instinto. No sé cómo soy hermana de gente que se rebaja al nivel de los animales...

Mientras los cuatro hermanos discutían Elizabeth miraba con fascinación sus expresiones y escuchaba con interés la conversación. Cualquiera que la viera pensaría que estaba entendiendo todo. Por otro lado, Theodor se estaba metiendo en la boca una de las pieles en el suelo.

― ¡Ugh!

Al escuchar el sonido Elizabeth voltio su carita y pudo ver que su hermano se estaba atragantando con un pedazo que había mordido con su boca. Sus grandes ojos dorados se abrieron con temor, la pequeña entendió de inmediato que algo estaba mal con su hermano. Lo único que se le ocurrió en ese momento fue el nombre de su hermano: Theodor.

―Tododo― balbuceo intentando decir su nombre.

La cara de Theodor empezó a tornarse morada, sus manos desgarraban la piel de la que había arrancado el pedazo. Incluso la araña de diamante estaba moviéndose por su garganta de forma agitada.

La preocupación de Elizabeth llego a tal punto que solo grito por desesperación.

― ¡Tod!

Debido al grito que interrumpió su discusión los cuatro hermanos voltearon de inmediato a ver a los pequeños.

― ¡Ugh!

― ¡Ugh!

Theodor se encontraba con color morado pálido, los ojos llorosos y su cuerpo empezaba moverse como si estuviera convulsionando.

Fusca, el mayor, reacciono de inmediato y se abalanzo sobre el pequeño, lo agarró e hizo que dos de sus dedos se estiraran de forma que terminaran con el diámetro de agujas. Los inserto con cuidado en la boca del retoño y extrajo el material que había ingerido. Los gritos de Elizabeth aún se escuchaban.

― Tod, Tod, Tod

― Tranquila, tranquila ya está todo bien― dijo Albella cargando a Elizabeth y acercándola a su hermano.

Elizabeth estiro su mano y toco la cara de su hermano aun afanada. En ese momento Theodor se voltio y le sonrió, aunque tenía los ojos llorosos y la nariz mocosa su gesto se vio muy tierno.

―Eli― sonrió el pequeñín que se lanzó sobre ella y la abrazo.

―¡Wow! Les dejan los retoños por dos segundos y casi matan a uno― se burló la voz de una nueva persona que acababa de abrir la tienda.

―Cállate Brevi ― respondió de inmediato Albella

―Sí, cállate Brevi ―Rivularis le siguió.

―Eres el menos indicado para hablar de responsabilidades. ―Añadió Latispora.

Brevi solo adorno su cara con una mueca burlonay se dirigió hacia su cama.

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