Capítulo 58
Igun era el nombre de este goblin. Alguna vez fue un mercenario, viajo por las islas medias con sus compañeros arriesgando su vida por dinero. Pero en medio de una misión se encontró con aquello que jamás pensó llegaría a conocer: el amor de su vida.
Dejando su pasado como mercenario decidió formar un hogar con su primer y único amor. Llegando a Nueva Tensis se dio cuenta de que no tenía las habilidades para conseguir un trabajo común y corriente. Lo único que conocía era la guerra. Y mientras decidía si debía de dedicarse al crimen o a negocios oscuros conoció al dueño de una de las arenas.
A partir de ese momento tomo el seudónimo del Apestoso capa negra. Su trabajo era bastante simple y poco peligroso. Tres veces a la semana luchaba contra algún animal en las funciones gratuitas de las mañanas. Aunque no ganaba tanto dinero y fama como los gladiadores de la noche o siquiera de los de la tarde, eso no le importaba pues tampoco arriesgaba su vida y podía disfrutar de una vida simple y tranquila junto con su familia.
El día de hoy era un poco distinto a los demás. Un neandertal de bastante dinero estaba patrocinando los combates y gracias a su reputación como el guerrero favorito de los niños consiguió uno de los puestos.
Su oponente era un Laigard, una criatura venenosa que muy pocos conocían en Nueva Tensis. Por lo que nadie notaria que le faltaban los cuernos que se desarrollaban al madurar. Y no solo iba a ganar más dinero al quitarle la vida a la cría de Laigard, antes del combate había recibido el antídoto para garantizar su victoria.
Solo tenía que hacer que el combate se viera mucho más difícil de lo que en realidad era para satisfacer al patrocinador del combate. Lo que lamentablemente significaba que el animal frente a él tendría que sufrir bastante antes de poder morir.
Pero ni el sufrimiento del animal ni el de los combatientes les importaban a los niños y padres que venían a ver estos sangrientos espectáculos todos los días. Y esto no solo sucedía en Nueva Tensis, en casi todo Almawarth reinaba la cultura de la violencia.
Sin embargo, hoy, uno de los espectadores no pudo seguir viendo cuando el Laigard recibió una segunda herida en su costado.
―Eso no está bien, tengo que rescatar a los animales― murmuro Theodor deslizándose por las gradas de pasto.
El pequeño se escabullo entre los espectadores y sin que nadie se diera cuenta llego a uno de los túneles que servían como entradas.
Volteando y caminando por los rústicos pasillos encontró las escaleras que descendían a los niveles inferiores de la arena.
La entrada estaba sellada por rejas de metal y la puerta que hacía ver el lugar como una prisión se encontraba cerrada por un enorme candado. En la pared al lado derecho de las rejas había un signo rojo que le prohibía el paso a personal no autorizado.
Pero el niño de cuatro años no sabía leer, por lo que lo primero que hiso fue meter su cabeza por entre las rejas.
Una vez paso por las apretujadas barras de metal Theodor empezó a descender las escaleras y en poco tiempo llego al nivel inferior del coliseo.
Mirando hacia los lados Tod intento descifrar la dirección por la que llegaría a la puerta que le permitiría salir a la arena. Pero después de varios segundos no tenía ni idea del camino que debía de seguir. Fue entonces que escucho un gruñido que proveía por el pasillo izquierdo.
―Grrrr.
El pequeño Theodor supo hacia donde debía ir en ese instante y sin dudarlo ni un segundo empezó a caminar.
Al acercarse al animal que estaba gruñendo pronto pudo escuchar los ruidos que producían otros animales. Algunos parecían también gruñir, otros ladraban, otros aullaban y algunos lloraban.
Cuando Theodor llego pudo ver la gran bodega en donde decenas de animales se encontraban atrapados en distintas jaulas.
Si el joven encargado de vigilar este lugar no hubiera estado mirando el combate por una pequeña ventanilla se habría dado cuenta del niño que acababa de entrar a la bodega.
―Ya les ayudo― dijo Theodor acercándose a la primera jaula.
La criatura dentro de esta, al haber sido privada de alimento durante varios días para garantizar su agresividad, abrió sus cuatro ojos verdes al oler a la tierna presa que se le acercaba.
Alistando sus garras la criatura se preparó para atacar apenas se acercará su presa lo suficiente.
Las gradas en ese momento se encontraban eufóricas. El combate entre el goblin y el Laigard había llegado a su clímax, pero en el momento en que el Apestoso capa negra se dispuso a terminar con la vida de su oponente...
― ¡Boom!
Una gran explosión destruyo gran parte de la arena. Los cuerpos del goblin y el Laigard salieron volando.
―Maldición― Darthañan no pudo evitar maldecir en ese momento.
Uno de los sellos de protección que había colocado en sus hijos acababa de activarse. Después de lo sucedido en Lhimkio Darthañan y Frigglene habían invertido bastantes recursos para colocar estos sellos de un solo uso sobre los niños.
Pero no había tiempo para quejarse, el hecho de que se activara uno de los sellos significaba que uno de sus hijos había estado a punto de perder su vida.
Realizando varios movimientos con sus manos tanto él como Frigglene desaparecieron de las gradas.
―Cuiden a Elizabeth.
La voz de Frigglene llegó a sus seguidores en el momento en que desapareció junto a su esposo.
En el centro de la explosión se encontraba un sorprendido niño que todavía no entendía lo que había sucedido. Se estaba acercando a una de las jaulas cuando de pronto todo se tornó blanco. Y antes de que el humo de la explosión desapareciera varias figuras aparecieron a su alrededor.
―No van a salir de aquí vivos― dijo una voz joven enfurecida.
De no ser porque dos de los tres terroristas eran de la segunda magnitud habría atacado de inmediato.
Darthañan movió su mano y despejo el polvo del lugar. Y enseguida pudo ver quien los acababa de amenazar.
Lord Amgu, el patrocinador de los eventos de esta mañana. Su rostro estaba tan rojo que parecía a punto de estallar.
Darthañan no sabía que decir, pero tenía que aclarar este malentendido antes de que las cosas tomaran una ruta sin regreso.
―Esto es solo un malentendido― dijo Darthañan parándose frente a Theodor.
Frigglene agarro a Theodor entre sus brazos y con un pequeño hechizo lo hizo dormir.
― ¡Que malentendido ni que mierda! ― gritó Amgu con tanta rabia que las venas en su rostro parecían tumores.
El dueño de la arena que había llegado junto a dos de sus guardias y lord Amgu iba a empezar a discutir cuando vio detrás del hombre que había hablado a la mujer que cargaba a un niño. Por la forma en la que actuaban de parecían decir la verdad. Además, ¿Quién atacaría el evento de lord Amgu con un niño que los estorbaría de tener que pelear?
―Lord Amgu, creo que lo más prudente es esperar a los soldados del vizconde― dijo el dueño de la arena intentando apaciguar a su cliente.
De seguro los soldados del señor feudal habrían notado la explosión y se encontraban en camino.
Lord Amgu miro al dueño de la arena como si lo quisiera hacer explotar en pedazos. Y cuando se disponía a ordenar a sus hombres que atacaran la voz de uno de los espectadores que todavía no habían escapado lo interrumpió.
― ¡Mami, papi! ― gritó Elizabeth escapando de entre los brazos de Sigurd.
El poderoso Nerthus se encontraba tan asustado con lo que acababa de suceder que la escurridiza niña logro escaparse. En ese momento tanto él como los demás seguidores de la familia salieron detrás de ella intentando detenerla.
Elizabeth resulto ser más rápida que sus perseguidores por lo que salto a la arena pensando que era el lugar era menos alto de lo que pensaba. En ese momento el cuerpo de Sigurd reacciono por instinto al ver a la pequeña niña en peligro, y sin las limitaciones de su mente se movió como cuando se encontraba en sus mejores días.
Atrapando a Elizabeth en el aire Sigurd aterrizo en la arena.
La aparición de un nuevo personaje de la segunda magnitud hizo que Amgu se tragara las palabras que estaba por pronunciar.
Y no solo eso, un grupo de casi treinta personas se encontraba en las gradas mirando lo que ocurría.
― ¡Que está pasando aquí! ― gritó una voz ronca entrando al coliseo.
― ¡Saben que las batallas más peligrosas tienen que ser supervisadas por nosotros!
Lord Amgu sonrió al escuchar la voz del capitán de los soldados del sector tres. Viendo que no podía ganar en un combate de fuerza contra estos imbéciles que se habían atrevido a sabotear su evento, decidió utilizar toda su influencia y dinero para hacer que esta afrenta a su honor les costara caro a estos extranjeros.
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¡Hola!
Primero que todo quiero disculparme por no subir la semana pasada. Escribir los capítulos y luego traducirlos a inglés es más laborioso de lo que imagine en un principio. También estaba un tanto desilusionado al no conseguir los resultados que quería en patreon, pero yo escribo es porque me gusta por lo que me concentrare en entregarles los dos capítulos a la semana que he prometido, y dejare de ponerle atención al patreon. (Si en algún momento alguien tiene la oportunidad de apoyarme por favor envíenme un mensaje antes)
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