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Capítulo 55


Después de un viaje directo de varios meses la familia de cuatro estaba a punto de llegar a una de las islas más grandes de la zona baja: Nueva Tensis.

Los pequeños habían celebrado su cumpleaños número cuatro entre la considerable cantidad de seguidores que habían adquirido. Sigurd, un nerthus. Los 6 voidmaws, 5 enanos, 4 canogons y 3 yintrecks que se les unieron en Kinzoku. Además de los más recientes miembros: 6 quinoids, que también estaban en el vuelo directo hacia Nueva Tensis. 25 personas en total.

Darthañan y Frigglene ya no estaban sorprendidos cuando los quinoids pidieron servir a los pequeños. Lo que les causaba curiosidad era conocer la razón por la que los niños eran capaces de reunir con tanta facilidad seguidores. Pero nada de lo que teorizaban tenía sentido, ni siquiera el hecho de que poseían sangre de vampiros reales.

― ¡Mushi, Mushi mira él es Sigurd! ― gritó Theodor corriendo por la sala de estar de la embarcación.

Eran tantos los individuos en su grupo que pronto los demás pasajeros dejaron de visitar ese lugar.

―Sigurd, Sigurd mira él es Mushi― dijo Tod pegándole con su kidcom en la cara.

El rostro de Sigurd apareció distorsionado en la pantalla.

Al otro lado Mushi estaba siendo vestido por sus dos sirvientas en un traje militar.

―A mí me parece que se ve igual que la vez pasada― dijo Mushi intentando quedarse quieto para que lo vistieran sin problemas.

A diferencia que como había empezado a comportarse, el pequeño lepiota conservaba su actitud inocente y tímida frente a sus únicos tres amigos.

―No, no, sus cuernos crecieron. Estoy seguro― dijo Theodor apuntando el kidcom a la ornamenta de Sigurd.

―No lo sé― respondió Mushi.

― Hola Mushi ¿Cómo van las cosas por allá? ― saludo Sigurd.

Antes de dejar Kinzoku Theodor le había presentado a sus dos amigos que se encontraban en Lhimkio. Y por lo que había escuchado las tensiones entre la isla y otras baronías llegaron a tal punto que una guerra estallo.

En Jagulbud las guerras no estaban prohibidas. Sin embargo, el rango de los nobles determinaba sobre cuantas islas podían ejercer soberanía. Cada vez que comenzaban enfrentamientos como estos sin importar lo minúsculos que fueran cabía la posibilidad de que un Getuie apareciera.

Los Getuie eran criaturas bajo el servicio de la familia real de Jagulbud. Sus cuerpos estaban conformados por una mescla de energía, metal y carne. Seis alas emplumadas salían de sus espaldas. Parecían ángeles, pero en vez de cabeza tenían sobre sus hombros un halo que se asemejaba a una formación rúnica.

La gente del común los llamaba los testigos del rey, pues cuando aparecían se limitaban a sobrevolar el lugar donde se estuviera llevando acabo la batalla.

Pero los nobles sabían bien de que se trataba. Estas criaturas tanto de apariencia angelical como aterradora eran los representantes del rey y si el monarca lo veía necesario estos actuarían en la disputa para generar el resultado que la realeza considerara más provechoso.

En pocas palabras: el rey no dejaría que sus enemigos aumentaran en poder.

―Hola señor Sigurd― saludo Mushi.

―Todo sigue igual. Aunque mi papá me dijo que tenía que dirigir una batalla hoy.

― ¡Wow! Yo quiero dirigir una batalla― exclamó Theodor al escuchar las palabras de su amigo.

―No es divertido. Tienes que estar sentado todo el tiempo diciéndoles que hacer a los muñecos de madera. Y Latispora siempre aparece para regañarme.

En ese momento una nueva imagen apareció.

―Hola Mushi― saludo Elizabeth.

―Hola Eli ¿Cómo estás? ― respondió el pequeño lepiota.

―Muy bien. Mira―dijo la pequeña mostrando su nuevo peinado.

―Son trenzas. Nessa me dijo que me quedaban muy bonitas.

Nessa era una de los quinoids que decidieron servir a los pequeños. Tenía características de un perro cavalier y cada vez disfrutaba más ayudar a Frigglene arreglando a Elizabeth. La adorable niña sin saberlo se había convertido en la muñeca de esta mujer.

―Te queda muy bien.

―Sigurd ¿Por qué los hombres no tenemos el pelo largo? ― pregunto Theodor al ver que su amigo y su hermana decían que las trenzas se veían bien.

―Los hombres también pueden tener el pelo largo, solo que la costumbre por lo general es que tengamos el pelo corto― respondió Sigurd.

― ¿Pero con el pelo corto no puedo tener trenzas?

Sigurd se rio del comentario del niño.

―Hay muchos hombres que decoran sus barbas con trenzas― dijo Sigurd divirtiéndose con el tema.

―Pero yo soy calvo de barba― respondió Theodor tocándose los cachetes.

En ese momento, la puerta de la habitación de Mushi se abrió.

―Mushi despídete de tus amigos, ya es hora― dijo Latispora en su habitual tono monótono.

―Chao Eli, chao Tod. Ya me tengo que ir.

―Chao Mushi― respondieron los dos al tiempo.

Mushi apago el kidcom y colocándolo en el escritorio de su cuarto salió corriendo detrás de su hermana.

Al llegar a la sala de guerra Mushi se encontró con el familiar caos. Jóvenes, adolescentes y niños corrían por el lugar gritando órdenes y pidiendo ayuda.

Helvella le había encargado a Latispora y a los demás pequeños que se encargaran de la guerra mientras continuara siendo aérea. A diferencia de sus enemigos las fuerzas de Lhimkio podían utilizar embarcaciones tripuladas por marionetas technomágicas.

Esta forma de manejar los esfuerzos militares se debía a la gran cantidad de recursos que tenían a su disposición.

No eran los mejores creando artilugios tecnológicos ni technomágicos. Tampoco contaban con poderosos magos, pero sus peculiares artes que unían la tecnología y la magia con la naturaleza les otorgaba una ventaja que a seres de otra naturaleza les costaba entender.

Mushi se golpeó dos veces sus cachetes y la mirada fría por la que lo conocían volvió. El pequeño lepiota se dirigió a su cubículo y colocando su mano en el dispositivo de reconocimiento emitió una pequeña carga de energía. Al comienzo de la guerra sus hermanos le habían enseñado los primeros pasos para manejar su energía interna.

―Mushi, si completas esta misión papá te comprara un nuevo juego que salió en la isla imperial. Brevi dice que es muy divertido y se puede jugar desde distintos lugares.

― ¿Puedo jugarlo con Lutza, Eli y Tod? ― pregunto el pequeño, las emociones que sentía se reflejaron brevemente en sus ojos.

―Si también lo compran, no habría ningún problema. ― respondió su hermana.

Determinación llenó el pequeño cuerpo del lepiota.

Un cubo holográfico apareció sobre su cubículo acompañado de una pequeña pantalla. Una de las jóvenes encargada de manejar la dirección macro de la guerra empezó a darle a Mushi los detalles de su misión.

― Naves de Jangalee se avistaron rodeando las zonas de combate por una ruta alterna. Creemos que su objetivo es aterrizar en Lhimkio en una de las partes más alejadas de Vorpiax. Necesitamos que las encuentres y las interceptes antes de que lleguen a 15 mil kilómetros de Lhimkio.

La zona de seguridad alrededor de Lhimkio formaba una circunferencia alrededor de la isla con 15 mil kilómetros en todas las direcciones. Esta delimitación imaginaria era el rango de acción de los adultos. Cada vez que uno tenía que actuar se restaban puntos a la evaluación general de todos los participantes.

Los premios eran tanto grupales como individuales, pero los castigos y penalizaciones eran solo grupales. En una guerra el error de uno podía condenarlos a todos.

―Entendido― respondió Mushi.

―En el área que estimamos podrían estar llegando solo contamos con cuatro DDL's (Dientes de león). No creemos que ninguna de nuestras embarcaciones más rápidas llegue a tiempo por lo que debes actuar como si no fueran a llegar refuerzos.

―Entendido― volvió a decir Mushi.

En el cubo holográfico aparecieron cuatro esferas flotando. Estos eran las representaciones de los famosos DDL's. Su nombre provenía las flores comúnmente conocidas como dientes de león por la forma en que se veían y funcionaban.

Estas enormes naves flotaban en el aire funcionando como punto de anclaje para unos 150 a 200 aerodeslizadores conocidos como sus semillas. Ni la nave principal ni las semillas requerían de combustible. Funcionaban con cargas de energía. El DDL era cargado con gran cantidad de energía antes de despegar y podía permanecer en el aire por hasta seis meses si sus semillas no eran utilizadas. Los aerodeslizadores dentro del DDL se recargan con su energía y pueden realizar vuelos de 5 horas con cada carga.

Las semillas podían moverse bastante rápido, pero los DDL's se movían a la velocidad de una persona caminando.

―Ya voy a comenzar― dijo Mushi para avisarle a su hermana.

―Confió en ti― respondió Latispora antes de alejarse.

Mushi se colocó los audífonos que había ganado la semana pasada y coloco la música que Rivularis le había dicho le gustaba a Fusca.

Era hora de cazar a sus enemigos.

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Hola, espero que les haya gustado el capítulo!

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