Capítulo 53
En una plataforma que quedaba equidistante a las islas de Lhimkio, Kinzoku, Jangalee y Enplua la embarcación de uno de los barones empezaba a acoplarse.
Esta plataforma había sido construida con el único propósito de ser el punto de encuentro para la reunión que iba a tener lugar.
Un gran domo con aberturas en las cuatro direcciones de los puntos cardinales era la única estructura sobre la plataforma.
Los barones Jinshu, Beura y Musset se encontraban adentro, sentados sobre cómodos sofás, esperando a que llegara el ultimo participante de la importante reunión que tendría lugar.
El barón Jinshu era un voidmaw de color plateado. Su cuerpo se encontraba repleto de imágenes y marcas de color dorado. Detrás de él se encontraban otros dos voidmaws, uno de color rojizo y el otro de color verdoso; acompañados de dos canogons, el primero parecía hecho de mármol y el segundo de obsidiana, por eso uno era de color blanco y el otro negro. Estos cuatro hombres eran su guardaespaldas.
El barón Beura era un quinoid con características de cabra. Su pelaje era en su mayoría de un café oscuro, casi negro, con algunas manchas blancas en donde la más llamativa era una que salía de sus hombros formando una X en su pecho. Dos pequeñas cornamentas se formaban por arriba de su frente apuntando hacia atrás. Su pelaje estaba adornado con distintos tipos de trenzas y de sus orejas y cuernos colgaban decoraciones de metales preciosos. Detrás del barón se encontraba una quinoid con características de gato, un quinoid con características de geco, y otros dos quinoids con características de aves: el primero de halcón pigmeo y el segundo de aguilucho de pantano.
El barón Musset era un multrow diferente a muchos de los de su especie. Era un caracol cono con solo la parte superior de su cuerpo con forma humanoide. Su enorme y hermoso caparazón cubría toda la parte trasera de su cuerpo generando tanto peso sobre su cuerpo que le hacía estar siempre jorobado. Sus dos brazos eran grandes y fuertes, casi del mismo tamaño de la mitad de su cuerpo, con los cuales se ayudaba para andar más rápido. Los cuatro multrows que lo acompañaban como guardaespaldas parecían todos babosas humanoides con armaduras de concha y uno que otro tentáculo en sus cuerpos.
La compuerta de la última nave en llegar pronto se abrió. Helvella descendió caminando de forma casual. El lepiota traía puesto un traje típico de Lhimkio que le llegaba hasta la cintura en frente y hasta las rodillas por la espalda. Un extraño pantalón en forma de campana complementaba el vestido.
―Bienvenido barón Helvella― saludo Beura de forma amigable, pero sin levantarse de su asiento.
―Jinshu, Beura, Musset es un placer poder volver a verlos― dijo Helvella omitiendo sus títulos apropósito.
―No puedo decir lo mismo― respondió el barón Musset.
Jinshu permaneció callado, parecía un animal que miraba a su presa, preparado para a tacar en cualquier momento.
― ¿A qué se debe esta repentina invitación? ― pregunto Helvella mientras se sentaba en el único sofá disponible.
Expresiones de duda pronto aparecieron en los rostros de los otros barones ¿acaso no se había enterado de lo que había sucedido?
De la embarcación en la que llego nadie más había descendido, lo que significaba que se encontraba solo ante los tres barones y sus doce guardaespaldas.
Esta era una muy buena oportunidad para asesinarlo, pero el barón Beura recordando lo astuto que era Helvella decidió no actuar. Cosa que no hicieron los otros dos grupos. El barón Musset ataco con uno de sus tentáculos con la intención de matar al lepiota con su veneno. Yaiban el voidmaw de color rojizo se abalanzo sobre Helvella gritando:
― ¡Vengare a mi hermano!
Helvella recibió el ataque de Yaiban con solo uno de sus delicados brazos y con un leve movimiento hizo que el cuerpo del voidmaw terminara en la trayectoria del tentáculo del barón Musset.
― ¡Tss! ―
Un solo golpe y uno de los guerreros más fuertes de Kinzoku había muerto.
― ¿Te atreves? ― gritó Jinshu.
―Ups― dijo Helvella viendo el cuerpo del voidmaw en el piso
―Veo que te has hecho mucho más fuerte― comento el barón Beura.
Jinshu al escuchar esto freno su ataque y paro a sus tres guardias.
―No es nada del otro mundo, no tienes que armar alboroto― respondió Helvella sonriendo.
―Escuche que hondas de energía de tercera magnitud aparecieron en Lhimkio― dijo Beura tratando de hacer caer en cuenta a los otros dos barones que su enemigo se había hecho con el preciado objeto.
―Eso me dijeron a mí también― contesto Helvella.
De hecho, su incremento de poder se debía en cierta forma a los sucesos en las cavernas de los picos craneales. Recogiendo información de los sobrevivientes sobre todo lo que había sucedido Helvella pronto ubicó la extraña laguna de gotas de cristal. Por lo que dijeron Darthañan y Frigglene el demonio utilizo este lugar para sanar sus heridas y recuperar sus fuerzas.
Luego de varias pruebas entre Anaya, Kolia y Latispora lograron entender las propiedades del líquido de este lago. Cualquier individuo sin importar su nivel de poder tenía que circular la gran cantidad de energía que invadiría su cuerpo al tocar el líquido morado. Como pudieron evidenciar con algunos reclusos, el fracaso en circular la energía desencadenaría una reacción química en el cuerpo del individuo, convirtiéndolo en un cuerpo inerte de cristal.
Los beneficios que podía traer este lago se evidenciaron cuando un soldado se ofreció a probar uno de los métodos de circulación que se teorizaban podrían funcionar. El éxito del método pronto lo llevo a estar en la cúspide de la segunda magnitud.
Desafortunadamente no todos los que lo intentaron salieron con vida. Hasta el momento de los más de trecientos individuos solo ese soldado, Veigar y Helvella habían logrado utilizar el método de circulación con éxito.
Los experimentos se suspendieron mientras se resolvía la posible guerra. No podían seguir probando esto con criminales y provocar una catástrofe al regalarle a reclusos tanto poder. Y por otro lado con la cantidad de soldados voluntarios que habían muerto en el intento de adquirir el poder no podían de darse el lujo de disminuir sus fuerzas apostando.
Sin embargo, una idea rondaba las mentes de todos los que conocían de los experimentos. El líquido de este lago podría llegar a producir seres de la tercera magnitud de no estar en Almawarth.
― ¿No habrás visto a los hombres que mandamos para ayudarles con la extracción del objeto? ― pregunto el barón Beura.
Para este momento era obvia la insinuación. Los tres barones veían a los hombres de Lhimkio como los asesinos de sus hombres.
― Desafortunadamente no los pude conocer. Estaba llevando a uno de mis hijos a la academia imperial y para cuando regrese ya no se encontraban con nosotros― respondió Helvella actuando como si estuviera arrepentido de no haber podido conocer a sus hombres.
Los tres barones se reacomodaron en sus asientos tratando de esconder la incomodidad que les provoco saber que uno de los hijos de Helvella había sido aceptado en la academia imperial.
― ¿Pero saben algo que escuche sobre ellos? ― comento Helvella en voz baja como si estuviera a punto de contarles un secreto.
El lepiota se inclinó y con sus manos señaló para que los otros barones se acercaran.
Beura el multrow que parecía un caracol cono utilizo sus dos poderosos brazos para arrastrase hasta estar cerca del hongo. Jinshu y Musset lo dudaron, no se sentían cómodos con la forma en que Helvella se había apropiado de la conversación.
Esta reunión debía de tratar las demandas que iban a realizar para respetar las vidas de la gente de Vorpiax. no para contarse secretos con Helvella.
Sin embargo, gracias a la insistencia del lepiota pronto los dos barones se resignaron y decidieron acercarse para escuchar que le habían dicho a Helvella sobre sus hombres.
Cualquiera de ellos estaría mintiendo si negara que no tenía curiosidad.
Helvella sonrió al ver a los tres barones actuar tan juiciosos. Esto era lo que generalmente sucedía cuando no contaban con sus consejeros o las verdaderas personas que trataban de mover los hilos en sus respectivas islas.
Colocando las manos alrededor de su boca Helvella dijo con lentitud:
―Amenazaron a mi hija―
Su voz le causo escalofríos a los tres barones.
De no conocer las consecuencias Helvella los habría matado ahí mismo.
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