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Capítulo 43

Al momento en que Sigurd llego a la habitación de dónde provino la poderosa energía la puerta se encontraba cerrada. El Nerthus reconoció la voz de la madre de Theodor al otro lado de esta, pero prefirió no entrometerse en sus asuntos por lo que decidió sentarse en el pasillo sin espiar en la conversación dentro de la habitación.

Mientras tanto adentro: Darthañan se había vestido y junto a Frigglene se encontraban sentados junto a sus hijos.

― Explícame de nuevo como abriste el candado― dijo Darthañan de una forma obsesiva que asusto a Elizabeth.

Frigglene golpeo a su marido e intentando calmar a su pequeña hija cuyos ojos empezaban a aguarse, dijo:

―No te preocupes cariño. No estamos molestos. Tu papá está muy emocionado porque lograste algo increíble.

―Yo ya sabía que Eli es increíble. Y, y yo también soy increíble. ― interrumpió Theodor haciendo los gestos y las poses que un anciano haría al explicarles cosas a sus discípulos.

―Sí, son los mejores hijos que podríamos pedir― respondió Frigglene dándole un beso a su hijo.

― ¡Agg! ― gritó el niño saliendo a correr hacia el otro lado del cuarto. Theodor seguía considerando los besos como una forma de debilidad.

―Por favor Eli, necesito saber― dijo Darthañan mirando fijamente a su hija.

La obsesión del humano por entender los misterios de la magia era tal que parecía fanatismo.

Elizabeth al escuchar a su madre, aunque seguía asustada con la reacción de su padre decidió contarles lo que hizo.

― Cuando tomé el rompecabezas lo moví de esta manera y luego haciendo fuerza lo volteé hacia este lado.

― ¿Solo eso? ― pregunto Darthañan extrañado.

―Si― respondió Elizabeth un poco nerviosa.

Darthañan agarró el candado casi rapándoselo a su hija, y observándolo empezó a mover las piezas de la misma forma en que Elizabeth le indico. Mientras tanto Frigglene observaba el libro que su hija cargaba sobre sus piernas. No era muy grueso, a lo mejor solo tenía 50 paginas. La portada estaba decorada con runas de gemas preciosas y materiales que no supo reconocer. Un aura mística emanaba a su alrededor.

― ¡Que ingenioso! ― exclamo Darthañan luego de haber jugado con el candado por varios minutos.

Había hecho que Elizabeth le mostrara el proceso y lo había repetido varias veces hasta que por fin entendió como funcionaba.

―El candado no solo requiere que se resuelva el rompecabezas, se necesita ejercer fuerza para activar el mecanismo final. Una vez activado solo se abre al detectar que el usuario es menor de quince años― dijo Darthañan casi riendo de la emoción ―Con razón nadie podía abrirlo, ninguno de nosotros cumplía con el último requisito.

― ¿Por qué alguien colocaría una condición como esa en el candado? ― pregunto Frigglene dejando de ver el libro mágico.

―Sabes lo excéntricos que son los magos. Y en cierta forma es una buena idea. Nadie que robara la caja pensaría en darle el preciado objeto a un niño para que lo abra.

<No te incluiste entre los magos excéntricos> pensó Frigglene guardándose esas palabras.

― ¿Ya viste el libro? ― preguntó Frigglene al conocer a su esposo.

― ¿Cuál libro? ― respondió Darthañan siguiendo la mirada de Frigglene.

Los ojos de Darthañan se abrieron de sobremanera.

―Pu puedo verlo― tartamudeo Darthañan hablando con la timidez de un niño pequeño intentando hablar con la niña que le gusta.

Elizabeth le ofreció el libro a su papá. De todas formas, ni sabía leer y lo que había esperado encontrar eran dulces o juguetes. Pero el momento que el libro dejo sus manos, este desapareció y volvió a aparecer sobre las piernas de la niña.

―Un objeto que se liga al alma de su dueño― murmuró Darthañan con fascinación.

―Esto es peligroso― comentó Frigglene.

―Eli ¿puedes imaginar que el libro desaparece? ― preguntó Darthañan más calmado al escuchar las palabras de su esposa.

Una niña caminando con un libro lleno de joyas y una poderosa, aunque contenida aura mágica traería mucha atención. El principal problema siendo que para eliminar la unión entre el objeto y el alma de su dueño solo había dos opciones: matar al dueño o ingerir una rara y costosa planta que le permitiría al dueño eliminar la unión de forma voluntaria.

El momento en el que Elizabeth hizo lo que su padre le pidió el libro se esfumo como si nunca hubiera existido.

― ¡Wow! ― Theodor exclamó saltando de la cama de arriba del camarote a donde estaban sentados sus padres y su hermana.

Elizabeth se sorprendió tanto como su hermano al ver el libro desparecer.

―Perfecto― dijo Darthañan.

Frigglene soltó un suspiro de alivio al ver que el llamativo libro podía ser escondido.

―Ahora imagina que aparecer.

Siguiendo las instrucciones de su papá Elizabeth materializo el libro entre sus manos.

― ¡Wow! ― Theodor volvió a exclamar tocando el libro con sus manos, confirmando que si era de verdad.

―Escúchame bien, no puedes mostrarle este libro a nadie― dijo Darthañan temiendo lo que podría pasar si alguien con malas intenciones supiera lo que poseía su hija.

―Tienes que sellarlo de alguna manera― dijo Frigglene.

Después de haber cuidado a los dos pequeños por los últimos meses entendía que en algún momento Eli no resistiría mostrar el libro. Los pequeños eran propensos a hacer cosas sin medir las consecuencias, hablar con extraños, imitar todo lo que veían y creer casi todo lo que escuchaban.

A Darthañan le costó un poco entender la razón por la que su esposa quería que buscara una forma de sellar el libro. Pero luego de un regaño encontró la manera perfecta para proteger a Elizabeth y poder investigar el libro al mismo tiempo.

Sacando un pequeño frasco de vidrio con cobre en polvo, le pidió a Frigglene que le ayudara con un poco de agua. Y aunque la vampira podía crear un poco con su energía mágica, Theodor los interrumpió ofreciéndose a llenar un pequeño embace con agua del lavamanos.

Mojando uno de sus dedos y utilizando el cobre en polvo Darthañan dibujo una runa que parecía una carita feliz en la palma de su mano izquierda. Repitiendo el mismo dibujo en la mano derecha de Eli, activo las marcas utilizando su energía interna haciéndolas desaparecer en el aire.

Enseguida el libro que estaba sosteniendo Elizabeth se desvaneció.

―No te preocupes― sonrió Darthañan ―Dame tu mano― dijo ofreciéndole su mano izquierda.

En el momento en que Elizabeth coloco su mano derecha sobre la mano de su padre el libro volvió a aparecer.

―Es como una clave secreta― dijo Darthañan para que su hija entendiera con mayor facilidad lo que acababa de suceder.

Ahora que Frigglene y Darthañan podían estar tranquilos de que el libro no le traería problema a su hija decidieron revisarlo.

La pareja se sentó en la cama, cada uno cargando a uno de sus hijos. Frigglene tenía a Theodor sobre sus piernas y Darthañan cargaba a Elizabeth mientras sujetaba su manita.

Tomando el libro junto con Eli, Darthañan abrió la portada.

'Leyendas de héroes'

Una reliquia perdida antes del cataclismo. Considerada por algunos el segundo objeto más poderoso que jamás existió. Dependiendo de la definición de poder de la persona. Este libro considerado una leyenda más se encontraba ahora frente a ellos.

Su habilidad: guardar entre sus páginas todas las acciones heroicas de cada uno de los elegidos de las distintas especies de Tellurus.

Su contraparte más poderosa era un libro cuyo nombre había sido olvidado, pero que se creía que guardaba al pie de la letra todo lo que ha sucedido y está sucediendo, ahora parecía que podía existir.

Saliendo del trance que le provoco leer el titulo detrás de la portada Darthañan miro a su hija y utilizando todo su poder de voluntad pronunció las difíciles palabras que pensaba eran merecidas por Elizabeth.

― Como premio por abrir el candado puedes elegir qué historia leeremos primero―

La pequeña niña se emocionó con las palabras de su padre y empezó a mover las hojas que a medida que pasaban parecían desaparecer mientras que las que se encontraban más adelante parecían nunca acabar. Las letras y símbolos en el libro se movían entrando y saliendo de las hojas; era un hermoso caos.

Haciendo que su papá le leyera el nombre de todos los elegidos pronto encontró el que le llamo más la atención: Laxus.

―Este, este― la pequeña dijo golpeando la página cuyo título su padre acababa de leer.

―Listo miremos que grandes cosas realizo Laxus― respondió Darthañan limpiándose la garganta antes de empezar a leer en voz alta para que toda la familia escuchara.

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Hola, creo que ya saben quien aparecerá en el siguiente capítulo.

Quiero escuchar todas sus teorías de que pasara...

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