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Capítulo 39


― ¿Papá? ― Exclamó Albella sorprendida al ver a Helvella aparecer en la caverna.

― ¡Fush! ― Ungar aprovecho ese descuido para atacarla.

― ¡Cuidado! ― gritó Arum empujando a Albella y tomando su posición.

― ¡Splat! ―

El golpe de Ungar fue tan rápido que ninguno de los presentes reacciono a tiempo, y tan poderoso que no quedo nada del cuerpo de Arum.

― ¡Inmovilícenlo! ― ordeno Helvella tan rápido como pudo.

De inmediato los hombres de Helvella empezaron a lanzar distintos tipos de habilidades y hechizos. Algunos enterraban sus raíces para lanzarlas desde el suelo contra el demonio; mientras que otros utilizaban magias de hielo o tierra para encerrarlo.

―Tenía más energía de la que esperaba― dijo sorprendido Ungar mirando la mano con la que termino con la vida de Arum.

Frigglene, Albella, Unullk y Gush aprovechando que Ungar estaba perdido en sus pensamientos, se alejaron tanto como pudieron de él. Al mismo tiempo los ataques de los soldados que Helvella había traído tomaron efecto.

Ungar fue envuelto en raíces y atrapado en una prisión de hielo y roca.

―Tenemos que escapar. Ese demonio es demasiado poderoso. ― advirtió Helvella al usar su percepción en el extraño ser.

― ¡Boom! ― los objetos restringiendo los movimientos de Ungar explotaron.

―Me tome la molestia de esperar para que se pudieran reunir y ¿creen que los voy a dejar escapar? ― Ungar volteo a mirar a Helvella tomando su forma.

― ¡Por fin, alguien digno de mi despertar! ― celebro Ungar al ver que Helvella tenía un poder distinto a los demás.

―Aunque tu energía es tan pequeña como la de todos estos insectos el fuego que controlas es especial. Dame una gota de tu sangre y te concederé lo que deseas.

Helvella sonrió.

― ¿Y si deseo que te suicides?

― ¡Impertinente! ― gritó enfurecido el demonio lanzándose contra Helvella.

Escudos de roca y hielo empezaron a aparecer en su camino intentando disminuir su poder y velocidad.

― ¡Boom! ― un enorme cráter apareció donde Helvella se encontraba.

Silencio ocupo la caverna.

Unos metros más adelante, donde se encontraba Albella una llamarada de fuego negro materializo a Helvella.

―No voy a poder esquivar sus ataques por mucho tiempo. tienes que encontrar la forma de escapar.

―No te preocupes padre. Si resistimos lo suficiente podemos ganarle.

Escuchando la conversación de padre e hija Ungar frunció el ceño. Y volteando su mirada hacia la torre se lanzó contra ella.

― ¡Mierda, no lo dejen atacar la torre! ― gritó Albella al darse cuenta que sus palabras habían delatado su plan.

Utilizando su ataque más poderoso Albella lanzó seis enormes pétalos de fuego contra el demonio, de los cuales 5 fallaron. Pero el ultimo al golpear fue capaz de cambiar el curso del salto de Ungar haciéndolo chocar contra un enorme pilar de cristal.

―Ya la escucharon ― dijo Helvella prendiendo su cuerpo en llamas negras.

Todos empezaron a utilizar sus ataques más fuertes que, aunque no herían de gravedad a Ungar, lograban impedir que atacara con éxito la torre.

Adentro del edificio, Darthañan se encontraba con la cara llena de sudor. De las sesentaisiete runas le faltaban cinco. Y aunque pronto terminaría de extraer las runas, las explosiones afuera lo preocupaban.

Limpiándose la frente, continuo con la ardua tarea. Ya había consumido tres de las cinco pócimas energizantes que había traído. El costoso liquido azul llenaba su cuerpo con energía sintética. Y aunque los efectos secundarios eran problemáticos este no era el momento para pensar en eso.

Aunque podía utilizar las dos pócimas restantes para extraer las runas con mayor velocidad. Requería de esa energía para poder activarlas y sellar al demonio de cristal.

― ¡Malditas pestes! ― rugió con furia Ungar. En ese momento tenía la apariencia de un ubax.

―Siempre entrometiéndose en lo que no les incumbe. Todo lo que buscan proteger desaparece con el tiempo. Todos ustedes son tan fastidiosos que me desesperan― gritó rasgándose la cara.

Sangre azul empezó a emanar de sus heridas. Hasta el momento, de las decenas de ataques solo sus propios rasguños habían dañado su resistente piel de cristal violeta. En los dos minutos desde que comenzó el combate más de veinte hombres de Helvella habían perecido. La caverna se encontraba llena de cráteres y lo que alguna vez fue un intrincado terreno ahora se encontraba aplanado.

― ¿Porque piensan que torturarme en soledad es justo? ― Se lamentó Ungar empezando a perder el control sobre su respiración.

El hecho de que el fastidioso mago no estuviera entre los mortales, significaba que había encontrado alguna forma de utilizar las runas para volver a sellarlo. Tenía que matarlo. No estaba dispuesto a soportar esa tortura de nuevo.

―Solo está bien cuando ustedes terminan con una vida, pero cuando los de mi clase lo hacemos somos repudiados.

De las gotas de sangre que caían en el suelo pequeños diablillos de cristal empezaban a formarse. Apenas ganaron conciencia las pequeñas criaturas empezaron a lanzar poderosos ataques mágicos llenando la caverna de caos.

Ungar aprovecho ese momento para lanzarse de nuevo contra la torre. Pero de nuevo alguien lo golpeo y desvió su trayectoria. Frigglene era la única que había ignorado por completo a los diablillos. Se encontraba plenamente concentrada en impedir que Ungar interrumpiera a Darthañan.

La batalla pronto se tornó en un duelo de: Ungar contra Frigglene, Albella y Helvella. Mientras que todos los demás se encargaban de los diablillos que continuaban apareciendo de cada gota de sangre que caía del rostro del demonio de cristal.

―Ustedes que no pueden ver más allá de doscientos años no son más que polvo.

Helvella le habría respondido de alguna forma irónica, pero se encontraba casi en su límite. Cada vez que se distraía uno de sus hombres moría. Por lo que a la mitad de la batalla se había enfocado plenamente en obstruir el camino de Ungar.

El demonio de cristal volvió a atacar, apareciendo entre las tres pestes, que lo esquivaron de nuevo. Frigglene contratacando con su mano derecha fue salpicada por una gota de sangre de Ungar. El líquido azul se empezó a esparcir por sus uñas y cuando la vampira ataco un fuerte lamento hizo sangrar los oídos de los presentes, eliminando a varios diablillos en el proceso.

― ¡Aaaaarg! ―

El ataque de Frigglene le había rasgado la cara al demonio. Sin embargo, la vampira tuvo que quitar la transformación de sus manos. La sangre del demonio había intentado adentrarse en su cuerpo.

Aprovechando que su grito había incapacitado a todas las pestes Ungar decidió matar a los que habían estado estorbándolo todo este tiempo. Y con su cara recuperándose a gran velocidad ataco a Helvella, él más poderoso de los tres.

Justo en el momento en que su puño iba a golpear el costado de Helvella su cuerpo se congelo en el espacio. La sola onda de choque lanzó a Helvella por los aires rompiéndole varios huesos y dañando gran cantidad de sus órganos.

―No, no, no, no, no....

El cuerpo de Ungar empezó a levitar. Los diablillos nacidos de su sangre empezaron a explotar. Darthañan se había asomado por la ventana más cercana que encontró y sin prestar atención a dolor en sus oídos, activo las runas.

Los sesentaisiete pedazos de roca empezaron a volar hacia el demonio. Formando una especie de ataúd a su alrededor.

En estos momentos el cuerpo de Ungar no producía ningún sonido por más que intentaba gritar o resistirse.

Darthañan movió sus manos como si estuviera activando un artilugio technomágico. Las sesentaisiete runas empezaron a brillar de tal forma que enceguecieron a todos por un momento.

Cuando la iluminación desapareció el cuerpo de Darthañan cayó inconsciente de la ventana. Frigglene reacciono tan rápido como pudo atrapándolo en el aire y golpeándose contra la torre.

Un ataúd eléctrico flotaba a la vista de todos. El poderoso Ungar se encontraba inmóvil dentro de este. Sus pupilas se movían suplicando que lo sacaran de ahí, pero nadie le presto atención. El estrés al que se sometieron durante la batalla pronto mostro sus repercusiones. Varios de los hombres de Helvella cayeron inconscientes al dejar relajar sus cuerpos. Pero a diferencia de hace unos minutos el ambiente dentro de la caverna no era de terror sino de felicidad.

Habían sobrevivido una batalla contra un ser de tercera magnitud. Esto era un hecho histórico.

Mientras tanto, en los niveles superiores del sistema de cavernas, uno de los hombres que Veigar había seleccionado se encontró con los cuerpos de los cinco pequeños, había unos inconscientes y otros durmiendo.

―Señor, encontré a los niños― dijo por medio de su comunicador, pero la barrera blanca evito que la transmisión saliera.

Determinando que la condición de los pequeños no era simple tomo a Shimu y Mushi entre sus brazos y salió corriendo. Por lo que veía, Shimu necesitaba asistencia médica urgente. Al salir alerto a los demás de la ubicación donde había encontrado a los niños, generando gran alivio entre todos.

Pronto, fueron rescatados los pequeños y llevados hasta el campamento. Destructor, el animal que los había acompañado dejo de respirar mientras lo cargaban hacia el campamento. El veneno de hazasayi lo había vencido.

Viendo lo que había pasado con el panda rojo y notando la herida de Shimu los rescatistas pronto entraron en una carrera contrarreloj para salvar al hijo de Helvella del veneno.

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