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Capítulo 38

El plan para derrotar a tan poderoso enemigo podía parecer bastante simple, pues lo único que tenían que hacer era utilizar las runas inscritas en la tumba que habían aprisionado al demonio antes.

La brillante mente de Darthañan le había permitido descifrar cómo funcionaban estas inscripciones antiguas. Por lo que activar las runas en la forma y orden adecuados no presentaría problema. Aquí entraba la primera prioridad para los demás sobrevivientes: proteger la vida de Darthañan por sobre todo lo demás. De morir el humano, todos los presentes estarían condenados. Lo que le tomo a este genio en temas mágicos una o dos horas, fácilmente le tomaría varios años entender a otros.

Pero no solo debían de proteger a Darthañan. Para sellar al demonio de cristal no necesitaban el ataúd en su totalidad. Les bastaba con extraer los pedazos donde estaban inscritas las runas mágicas. El problema recaía en la destrucción de las runas. Pues, aunque Darthañan entendía cómo funcionaban e interactuaban entre ellas, le era imposible replicarlas con las herramientas que contaba y en el lugar donde estaban. El humano estimo que de contar con la última tecnología technomágica tardaría una semana trabajando a tiempo completo para crear una sola runa. Y el set para sellar al demonio consistía de 67 runas.

En resumen, si Darthañan moría o una de las sesenta y siete runas era destruía toda esperanza de vencer estaría perdida.

Apenas Frigglene termino la explicación decidieron como se repartirían las tareas. Al ser Darthañan el único erudito en temas mágicos, la extracción de las runas recayó sobre él. Pues algunas runas tenían circuitos mágicos que no eran evidentes a simple vista y destruir una de las piezas clave para su supervivencia en la fase de preparación sería una tragedia irónica.

Por lo tanto, mientras Darthañan se encontraba trabajando en la extracción de las runas los demás empezaron a modificar el terreno de la caverna. Las modificaciones que realizaron en exterior no eran muy complicadas (trampas simples y diferentes tipos de barreras para poder proteger y escapar mientras se enfrentaban al poderoso demonio), pero resultaban vitales para su supervivencia.

Habiendo terminado con las preparaciones en el exterior: Frigglene, Albella, Arum, Unullk y Gush se sentaron para estabilizar sus energías internas y tratar las heridas que en su momento debieron ignorar dados los predicamentos en que se encontraban. Frigglene pensó por un momento en mostrarle a Albella la extraña caja con forma de libro que estaba cerrada con un candado mágico, pero al levantar su mirada y ver a los dos multrow decidió no hacerlo. No podía comprometer información que podría resultar valiosa con gente que no era de confiar.

―Vaya, vaya, vaya, pero que tenemos aquí― dijo una voz que comenzó sonando como un niño, pero que termino pareciéndose a la de una niña.

Los cinco individuos que se encontraban sentados, afuera de la torre, sintieron escalofríos recorrer sus cuerpos al escuchar la siniestra voz. Controlando la tensión en sus cuerpos se levantaron y prepararon sus armas.

Albella desenfundo su espada preparada para cubrirla en fuego en cualquier momento. Arum al contrario cuando desenfundo su espada, que a comparación de la de Albella parecía un cuchillo, la cubrió en llamas. Al haber hablado con Frigglene determinaron que él era el más ágil de todos los presentes por lo que llamar la atención del demonio era su tarea principal. Unullk y Gush sacaron sus armas forjadas de los restos de sus ancestros que parecían una combinación entre un machete y un hacha llena de protuberancias cortopunzantes. Este diseño de sus armas, que frente a una armadura solida era poco efectivo, estaba diseñado para acabar con seres viscosos y gelatinosos. Y aunque no era lo mejor en esta situación, era lo único que tenían, pues las armas de fuego que a lo mejor habrían sido de mayor utilidad habían desaparecido con los cuerpos de sus dueños cuando las flores sanc los atacaron.

Frigglene a diferencia de ellos no utilizaba armas, pues su cuerpo resultaba mucho ma eficiente. Sus ojos se tornaron rojos, sus manos empezaron a ser cubiertas por sangre formando largas y filosas uñas en cada uno de sus dedos. Una pequeña capa de humo sombrío de color rojizo cubrió su cuerpo.

Adentro de la torre Darthañan se alarmo ya que solo había extraído 32 runas. Su esposa y los demás tenían que sobrevivir mientras distraían al terrorífico ser, sin dejarlo saber lo que planeaban. <Frig sobrevive por favor> imploro Darthañan aumentando la velocidad con la que extraía las runas.

―No veo al mago. ― La voz sonaba ahora como una mujer adulta que paso a ser la de un hombre de edad media.

―Ese pequeño truco me trajo malos recuerdos― agrego el ser con la voz de un anciano que a medida que pronunciaba las palabras se tornaba en la de una anciana.

El primer comentario del demonio los alarmo como los alivio. Por un lado, los estaba observando sin que ninguno de ellos lo pudiera detectar; por el otro, les informo sin querer que algún material o alguna barrera en la torre inhibía su percepción. Esto significaba que Darthañan se encontraba seguro mientras ningún ataque golpeara la torre.

― ¿Quién eres? ― preguntó Albella escaneando sus alrededores con su percepción. La luz de su casco no servía de nada en esta situación.

―Que bajo he caído. Si alguno de mi clase supiera que me he rebajado a hablar con sacrificios debido la insoportable solitud que me obligaron a experimentar durante tantos siglos.

Los demonios a pesar de lo que se cree son una especie bastante sociable, exceptuando algunas razas, la gran mayoría de estos gusta de entablar largas conversaciones en las que implantan sus puntos de vista y su sistema moral en aquellos que los escuchan.

Habrían hecho parte de las razas inteligentes de no ser porque sus principios y valores diferían en casi su totalidad con los valores y principios de los Telluriam, denominación con la que se conocían las especies consideradas como personas.

La explicación más acertada a la que se llegó en la edad de oro de Tellurus, antes del cataclismo, fue que sus cuerpos y mentes reaccionan de forma distinta ante los diferentes estímulos del mundo. Sufrimiento y alegría siendo un gran ejemplo de esto. Y teniendo en cuenta que son inmortales y casi indestructibles pues sus almas vuelven al plano de los muertos con sus memorias intactas cada vez que sus cuerpos son destruidos para renacer de nuevo y volver al plano de los vivos sin mayor repercusión. Su percepción de la muerte es distinta a la de los Telluriam.

―Pero nadie se va a enterar de que hable con criaturas inferiores― dijo en voz alta para sí mismo.

―Se me conoce como Ungar hijo de Olddoom.

― ¿Qué haces aquí? ― volvió a preguntar Albella. Tenía que alargar la conversación tanto como pudiera.

―Lo mismo que ustedes― respondió Ungar apareciendo frente a ellos con la apariencia de Frigglene ―Buscando incrementar mi poder caí en una trampa del destino y por poco pierdo mi vida.

El demonio volteo a mirar a Albella tomando su forma.

―Y si te refieres a estos momentos necesito que me ayuden a recuperar mis fuerzas para salvar el mundo.

― ¿A qué te refieres?

Viendo el interés de Albella Ungar sonrió.

― Otorgarles vida eterna a los mortales― el demonio dirigió su vista a Gush al sentir que este fue el más impactado por sus palabras.

Tomando la forma del multrow continuo con sus palabras.

― Desde tiempos inmemoriales los de mi clase hemos intentado compartir el regalo de los cielos con los demás. Pero el sacrificio para conseguir este regalo es algo que asusta a los mortales. ¿Desde cuándo los seres más poderosos han temido sufrir para trascender sus límites?

Una mirada de tristeza apareció en el rostro de Ungar.

―Por esto es que he aprendido que hablar con basura débil es una pérdida de tiempo ― su mirada volvió a Albella tomando su forma.

―Pero no todo está perdido― sonrió el demonio.

―Al fondo de ese túnel― Ungar señalo hacia el lado contrario por donde habían ingresado los sobrevivientes.

―Hay dos criaturitas con el poder para romper las cadenas que atan a los mortales.

Esas palabras le dieron un mal presentimiento a Frigglene.

―Y al igual que todos los seres más poderosos alguien inferior los sello.

Los ojos de Frigglene se abrieron. Era imposible que sus hijos se encontrasen tan lejos de Vorpiax.

― ¿Hay alguna forma de que podamos evitar una confrontación? ― pregunto Albella al notar la reacciones de Gush y Frigglene ante las palabras del demonio.

Los dos ya no se encontraban en óptimas condiciones para el combate.

Ungar realizo una mueca de duda. Ninguno de los presentes, ni siquiera el mago valía la cantidad de energía necesaria para volverlos sus discípulos. Pero los siglos de solitud en ese ataúd le hicieron reconsiderar que un poco de compañía tendría sus beneficios.

―Muy sencillo mi niña. Entrégame una gota de tu sangre de forma voluntaria.

Albella frunció el ceño. No había nada tan simple en el mundo. Entregar una gota de sangre de forma voluntaria era un tema bastante delicado. Hechizos, formaciones, ritos, sellos, contratos, invocaciones y miles de formas mágicas de utilizar esa gota de sangre podían poner en peligro o incluso esclavitud al dueño.

Al notar la reacción de Albella, Ungar determino que no había necesidad de hablar más.

―Ya dejé que quemaras el suficiente tiempo para que llegaran tus refuerzos. Ahora es momento de que se sacrifiquen por un bien mayor.

En ese momento, por otro túnel Helvella y sus hombres ingresaron a la enorme caverna.


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