Capítulo 3
Los ojos de Frigglene se tornaron rojos de inmediato, y su cuerpo se transformó en humo avanzando los seis metros que había entre ella y el oso moissanite. La criatura se percató, levantándose en sus patas traseras, cubriendo a los dos bebes en su sombra.
Todo fue muy rápido. En el tiempo en que Darthañan parpadeo, Frigglene llego hasta donde Elizabeth, quien se encontraba más cerca, pero el oso en ese mismo tiempo golpeo con todo el peso de su cuerpo contra Theodor. Este comportamiento en contra de los instintos naturales del animal, pues en vez de buscar alimentarse buscaba asesinar, fue causado por la energía mágica que absorbió en el lugar donde llegaron Darthañan y Frigglene.
Frigglene soltó un suspiro ahogado, llevándose a Elizabeth hacia su pecho, por instinto no la quería dejar ver lo que iba a suceder. Por su parte, Darthañan lanzó una ráfaga de viento pues este era el único conjuro mágico que podía manejar sin herir a Theodor al golpear al oso.
La ráfaga de aire llego a donde el oso en un instante, pero el peso de este género mucha más fuerza de lo que le ocasiono el golpe. De su herida estalló un chorro de sangre, pero aun así el animal golpeo contra el indefenso bebe.
― ¡Noooo! ― Frigglene gritó lastimando su garganta.
Dejo a Elizabeth a un lado con cuidado, y alargando sus uñas se abalanzo contra el oso. Fuerzas que en esa situación jamás habría tenido surgieron de entre lo más profundo de su ser, golpeando al oso y mandándolo a volar contra un árbol a dos metros del lugar.
Con una frenada brusca, se detuvo en frente de donde se había encontrado Theodor antes del ataque del oso moissanite. Y para sorpresa de ella y de Darthañan que desde donde estaba vio lo mismo; Theodor se había transformado en un material parecido al diamante, se encontraba totalmente inerte, como si fuera una escultura.
Ambos quedaros anonadados, esto no tenía explicación alguna, pero antes de que pudieran pensar las risas del niño llegaron a sus oídos. Ambos padres soltaron un suspiro de alivio, pero antes de poder celebrar el rugido del oso moissanite los devolvió a la realidad, antes de averiguar que sucedió tenían que encargarse de la bestia.
Ahora con Theodor fuera de peligro Darthañan lanzó una bola de fuego del tamaño de la cabeza de un humano, mientras que Frigglene realizo varios movimientos con sus brazos para luego empezar a controlar la sangre del oso por entre la herida que su marido le ocasiono en el ataque anterior.
La bestia no pudo reaccionar a tiempo, el control de sangre de Frigglene le ocasionó heridas internas, mientras que la bola de fuego le estallo en el hocico. El oso moissanite se desplomo hacia atrás tumbando el árbol adyacente.
Frigglene no busco verificar la situación, agarro al pequeño bebe entre sus brazos, volvió a donde estaba sentada Elizabeth, quien vio todo lo sucedido sin exaltarse en ningún momento, y la cargo con su otra mano. Luego, los llevo hasta donde estaba Darthañan y los coloco a su lado con cuidado.
―No les quites la mirada de encima.
El hombre afirmo con su cabeza y vio cómo su esposa desaparecía de nuevo. Solo tres veces la había visto de esa manera, todas en la ultima semana. En ese momento supo que para la cena podrían comer carne de oso y dejo que su mujer se encargara del animal afuera de la caverna.
Por otro lado, lo que más le interesaba ahora era saber lo que le acababa de suceder al pequeño Theodor. Esa transformación no tenía nada que ver que su sangre de vampiro y mucho menos con la de humano. No podría haber sido nada relacionado con el oso y también descarto alguna reacción química entre la piel del niño y el moissanite del oso. Fue cuando Frigglene empezaba a arrastrar la carcasa del animal hacia donde se encontraban que noto un pequeño movimiento en uno de los brazos de Theodor.
Con suavidad y con cuidado agarro la mano del niño, para ver sobre su codo un insecto de ocho patas. La hermosa criatura de cristal de color entre transparente y plata era una araña de diamante. Este extraño insecto no era precisamente de diamante, pero su habilidad especial de volverse a sí misma y a lo que mordiera en un material casi tan resistente como el diamante le dio su nombre.
Este pequeño insecto no era venenoso, más bien era un tesoro andante, el costo que esta criatura alcanzaría en una casa de subastas podría ser astronómico, ya que sus apariciones en todo el imperio eran contadas. A través de la historia solo se registraron dos especímenes capturados con vida, pues al morir estas arañas pierden todo valor.
Darthañan empezó a ver como Theodor reía por las cosquillas que le ocasionaba el caminar de la simpática araña, parecía como si por instinto entendiese que esta fue la que le salvo la vida hace unos segundos.
Cuando Frigglene llego y le iba a preguntar qué estaba pasando el solo se llevó un dedo a los labios para indicarle que hiciera silencio y le hizo señas para que observara a Theodor.
― ¡Tud!
Frigglene dejó caer el cuerpo del oso, ver a Theodor jugando con una criatura tan esquiva le pareció mentira. Al pasar unos cuantos minutos y notar que Elizabeth empezaba a inquietarse de nuevo ambos salieron del trance en el que acaban de caer.
―Creo que no vamos a poder vender la araña.
Frigglene sonrió, estos intentos de chistes eran característicos de Darthañan.
―Cuídalos, voy a hacerles unas cobijas con la piel del oso. Ahora que no tienen la protección del cristal pueden coger un resfriado cuando llegue el anochecer.
En ese momento ninguno de los dos le puso verdadera atención a la araña, si se encontraran en una situación diferente a lo mejor pensarían en como capitalizar en esta oportunidad, pero al estar perdidos en quién sabe dónde, con posibles enemigos tras de ellos y depredadores en la zona sus prioridades eran otras.
Frigglene agarro un pedazo de cristal sangriento y se lo llevo a la boca, el combate con el oso la dreno de las pocas energías que había logrado recuperar. Y mientras masticaba, alargó una de sus uñas y empezó a quitarle la piel al cuerpo del oso.
Darthañan por su lado se llevó con cuidado a ambos niños hasta el fondo de la cueva. Proceso que le resulto más difícil de lo que debería de ser, pues cualquiera de los dos podría romperle los brazos solo jugueteando. Pensar en eso hizo que gotas de sudor aparecieran en su frente.
―Bueno, ahora deben quedarse quieticos. Mamá está haciéndoles cobijas y no podemos salir porque otros animales pueden vernos como su cena.
En ese momento Elizabeth, la menos inquieta de los dos alzó su cabeza. Sus delicados ojos dorados casi lo hipnotizan.
―Ma
Darthañan se descontrolo apenas escucho eso.
―Frigglene ven.
― ¿Qué pasa?
―Ven y miras, no te vas a querer perder esto.
Frigglene se levantó y camino hasta donde se encontraban Darthañan y sus hijos.
―Vamos, dilo de nuevo. Mamá, mamá ― Darthañan empezó a realizar muecas para que Elizabeth volviera hablar. A lo que la pequeñita le respondió.
―Ma, ma, ma, ma
Los ojos de Frigglene se abrieron de inmediato, y con una sonrisa que derritió a Darthañan alzo a la pequeña niña de pelo castaño, dándole un enorme beso en la mejilla. Elizabeth entendió que esas palabras le ganaron la atención de sus padres y no paro hasta que se cansó.
Frigglene se la devolvió a Darthañan para que la acomodara con cuidado al lado de su hermano, quien durante todo el tiempo estuvo mirándolos casi sin parpadear con sus enormes ojos.
―No te preocupes, nada de eso es una competencia― le dijo Darthañan sonriéndole. Él bebe le devolvió la sonrisa y pronto estallo en carcajadas, la araña de diamante había empezado a moverse de nuevo por todo su cuerpo.
Para el almuerzo y de cena comieron carne de oso moissanite. Frigglene desmantelo el cuerpo y lo acomodo para que se preservara de la mejor manera, aunque su principal fuente de energía eran los cristales sangrientos, su esposo e hijos necesitaban de la carne del animal para alimentarse.
Sin darse cuenta dos días pasaron y Frigglene logro reunir la energía necesaria para curar los brazos de Darthañan. Aunque su conocimiento de la magia de sanación era muy limitado, tras repetir barias veces la magia básica de sanación de agua logró hacer que los brazos de su marido dejaran de verse carbonizados.
Enseguida Darthañan organizo unos pedazos de moissanite que pulverizó Frigglene y se preparó para sellar la energía innata de los bebes.
― ¿Estas segura de esto? El proceso de sellado es mucho más fácil que el de liberar su energía de nuevo.
―Sí, primero debemos enseñarles control. Para cuando sepamos que estén listos para manejar tanto poder tendremos los recursos para liberar su energía de nuevo.
Darthañan asintió y de inmediato empezó a trabajar. Frigglene le pincho la punta del dedo índice con una de sus uñas, luego, Darthañan dibujo con su sangre en las espaldas de ambos niños justo detrás del corazón un circulo con cuatro puntos y una línea vertical en el centro. Después recogió el moissanite en polvo y lo aplico sobre la sangre para luego transmitir parte de su energía sobre ambas marcas. De inmediato ambos niños se sintieron incomodos y empezaron a llorar.
Los corazones de ambos padres casi de desquebrajan al verlos por primera vez llorar. De inmediato cada uno agarro uno y empezaron a mecerlos y besarlos mientras les seguían repitiendo que todo estaría bien. Al cabo de cinco minutos ambos mellizos se durmieron. Al dejarlos sobre las cobijas de piel de oso ambos padres salieron de la caverna.
―Tenemos que averiguar cómo salir de aquí ― dijo Frigglene mirando al horizonte.
―Tengo una idea de donde podríamos estar, pero necesito salir unos días para confirmarlo― le respondió Darthañan mientras revisaba las trampas de detección en el perímetro.
―Todavía no estás en condición para salir solo.
―Lo sé, pero estas no son condiciones para tener a los niños...
―Ni se te ocurra decir que deberíamos de llevarlos con nosotros para averiguar dónde nos encontramos― lo interrumpió Frigglene.
―Tarde o temprano, tendremos que abandonar esta cueva. No sabemos qué tan peligroso sea este bosque, estaremos tomando el riesgo de cargarlos queramos o no.
Darthañan se levantó y abrazo a su esposa, colocando su frente contra la suya.
―Pero no te voy a obligar a nada que no quieras. Dame una semana y tendré la suficiente energía para dar unas cuantas vueltas y confirmar donde nos encontramos.
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