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Capítulo 29


Cuando los niños terminaron de llenar de pedazos de cristales la cesta que Lutza cargaba en su espalda, se dieron cuenta que estaban en una enorme caverna. Ya habían recorrido gran parte de esta sin ninguna complicación. Lo que ignoraban los pequeños es que en el centro de esta gran caverna se encontraba el cadáver de una poderosa criatura. Frigglene la habría reconocido de haber estado presente. Era igual al monstruo que estaba rodeando con Darthañan.

Caveking es el nombre con el que los nativos lo conocen. Se trata de un moho parasitario que formaba una especie de golem asimilando cadáveres. No representa mayor amenaza en sus etapas de infancia y maduración. El problema llega cuando este moho logra formar un golem siendo un adulto. Su capacidad de utilizar esporas alucinógenas que nadie por debajo de la tercera magnitud puede resistir lo vuelve un temible enemigo.

El cuerpo del golem en la caverna, donde se encontraban los pequeños, estaba empalado por más de una docena de cristales. De haberse acercado alguno de los niños habría podido ver los fluidos, que el moho había generado dentro del golem cuando lo controlaba, saliendo por las heridas ocasionadas por los cristales.

La criatura había muerto hace pocos días, y no de forma natural.

― ¡Miren! ―gritó Shimu al ver un cristal con forma de espada en la entrada del túnel por el que no habían entrado.

― ¡Wow! ― los niños se acercaron y empezaron a admirar el cristal.

― ¿Lutza pues cogerla? ― pregunto Shimu emocionado. Sus ojos parecían brillar al ver que, aunque la espada salía de la roca desde una parte muy alta para él, Lutza si podría alcanzarla.

Lutza se estiro y agarrando la espada que salía de la pared, por lo que sería el filo de un arma real, empezó a jalarla con fuerza para ver si podía sacarla de la tierra. Realizando esta fuerza perdió el equilibrio y se resbalo de para atrás.

El cristal no era filoso pero la fricción, entre las manos de Lutza y el cristal, ocasionada por el peso de la gran pikmi ocasionó que se cortara las palmas de las manos.

― ¡Sangre! ―gritó Mushi con los ojos súper abiertos.

Apenas escucho a Mushi, Lutza se miró las manos. No le había dolido mucho pues su cuerpo era muy resistente, pero el pánico, al ver el alboroto que sus amigos empezaban a formar, hizo que estallara en lágrimas.

― ¡Guuwaaaa! ― Lutza empezó a llorar con las manos abiertas.

Los demás pequeños, con excepción de Mushi quien estaba anonadado, empezaron a consolarla de la forma en que mejor podían.

―No te preocupes, tus papas son médicos de seguro ellos te curan― dijo Elizabeth entrada un poco en pánico pues consideraba esto su culpa al haber traído a los demás a esta aventura.

Lutza pareció calmarse por un momento; pero al recordar, que se habían escapado de casa y que sus papas no se encontraban cerca, volvió a llorar.

― ¡Guuwaaaa!

― ¡Guuwaaaa!

― ¡Silencio Lutza! ― Gritó Shimu.

― ¡Slurp! ―la gorila sorbió sus mocos.

―Tengo una solución ancestral que me enseño mi hermana cuando me raspe la rodilla ― indico Shimu con elocuencia moviendo su dedo índice en círculos.

― ¡Snif! ¡snif! ¿Cuál es? ― pregunto Lutza intentando calmar sus lágrimas.

―Muéstrame tus manos.

―Pero me duele.

―Confía en mi ¿Cuándo me he equivocado?

Lutza bajos sus manos despacio aun dudando las palabras de Shimu. Shimu se movió y viendo que la gorila era más grande que el frunció el ceño.

―Mas, necesito ver la herida para que funcione― indico el pequeño lepiota.

Lutza bajo sus manos hasta que quedaron frente a Shimu.

―Exactamente como pensaba― Shimu murmuro en voz alta para que todos lo escucharan.

― ¡Mua!

― ¡Mua!

Shimu beso ambas heridas de Lutza.

― ¡Listo! Ahora todo estará bien― confirmo Shimu ante las incrédulas miradas de sus amigos.

En esos momentos Mushi, el único de los 5 que no estaba concentrado en lo que estaba haciendo su hermano noto algo extraño con Destructor.

―Oigan― dijo con timidez.

Pero como nadie lo escucho tuvo que subir la voz ― ¡Oigan chicos! ―

De inmediato todos voltearon a verlo.

―Miren a destructor― dijo señalando al panda rojo.

Destructor se encontraba con los pelos de punta, mirando hacia el túnel que se tornaba oscuro a medida que descendía, gruñendo y mostrando sus dientes.

― ¡Grrrr!

― ¡Grrrr!

― ¡Pufff! ― de pronto su cuerpo se prendió en fuego y sus ojos se tornaron rojos.

De la oscuridad del túnel salto un insecto aterrador. Parecía la combinación entre un cien pies y una mosca. Con un cuerpo de treinta centímetros de altura y un metro de largo. El Hazasayi, como se le conocía, atraído por el olor a sangre había encontrado a los niños.

Gritos y llantos de sorpresa y temor se escucharon en la caverna. Mushi y Elisabeth se orinaron del miedo. Shimu, Theodor y Lutza quedaron paralizados del terror que sintieron. La apariencia del insecto era asquerosa, nada parecido a los adorables animales que estaban acostumbrados a ver en el castillo.

Destructor se lanzó sobre el hazasayi para morderlo, el cual se enrollo alrededor del panda rojo para estrangularlo. El movimiento le salió costoso, pues Destructor se encontraba envuelto en llamas. Los dos animales se empezaron a morder y arañar como podían, moviéndose alrededor de los niños. El insecto intentaba acercarse a los pequeños pero cada vez que lo intentaba Destructor se lo impedía.

Después de varios segundos de pelea, cuando el hazasayi recibió demasiadas heridas, los dos animales se separaron realizando sonidos amenazantes el uno al otro. Acto seguido, el insecto dio media vuelta y escapo hacia el túnel por donde los niños habían llegado.

Cuando el hazasayi desapareció de la vista de todos, el fuego alrededor de Destructor desapareció y sus ojos volvieron a la normalidad. Luego, debido a las heridas recibidas se desplomo en el suelo.

― ¡Destructor! ― gritó Theodor siendo el primero reaccionar a lo que acababa de suceder.

El pequeño mitad humano mitad vampiro corrió hasta donde su mascota y la abrazo con cuidado. Las lágrimas empezaban a llenar su cara a medida que entendía el estado en que se encontraba Destructor.

Después de Theodor, Shimu, Lutza y Mushi reaccionaron y se acercaron para abrazar y agradecer a Destructor mientras lloraban. Elizabeth fue la única que no se acercó, era consciente de que se había orinado y le daba pena que los demás se dieran cuenta.

Viendo que el lugar por donde habían llegado era por donde el aterrador insecto había huido, volteo su mirada al túnel que se encontraba frente a ellos. La oscuridad dentro de este parecía moverse, parecía con vida, parecía llena de más insectos.

Elizabeth sintió un escalofrió recorrer su cuerpo al entender por primera vez que el lugar donde se encontraban no era seguro. Las historias del señor Crispa no eran ciertas. En las aventuras había: sangre, dolor, miedo, monstruos, olores feos, momentos incomodos y llantos, muchos llantos.

Lo que más le pesaba a la pequeña Elizabeth era el hecho de haber traído a sus amigos a este peligroso lugar.

Tenía que pensar en cómo los iba a sacar de esta peligrosa situación. Tenía que asegurarse de que no le pasara nada malo a Theodor. Tenía que salvar a Lutza y a Destructor. Tenía que hacer muchas cosas.

Fue tanto lo que empezó a pensar la pequeña niña de tres años que su cerebro empezó a requerir energía para optimizar su capacidad de procesamiento, generando una gran carga en su cuerpo. Infortunadamente el sello que le habían colocado sus padres se activó cortando el suministro de energía. El sello estaba diseñado para que los mellizos solo pudieran sacar un poco más energía que la del promedio para niños de su edad. Y en este caso tres años no era mucho ni para humanos ni para vampiros.

El súbito estrés al que se vio sometido el cerebro de Elizabeth termino provocando que la niña perdiera el conocimiento como medida de auto preservación.

― ¡Plop! ― el cuerpo de Elizabeth se desplomo.

― ¡Eli! ― gritó Theodor sintiendo de alguna manera que su hermana se había desmayado.

― ¡Eli! ―

― ¡Eli! ―

― ¡Eli! ―

Theodor grito con todas sus fuerzas, incluso se levantó cargando a Destructor y se acercó al cuerpo de su hermana.

― ¡Eli! ―

― ¡Eli! ―

La movió desesperado. Pero su hermana no respondía.

― Eli no te mueras por favor ― imploró Theodor sin diferenciar entre un desmayo y la muerte.

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