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Capítulo 16


―Jajaja― Enok soltó una risa incomoda, tocando su cuello con su mano derecha.

El multrow había revivido los traumas de su infancia. Su obeso cuerpo empezó a producir grandes cantidades de mucosidad a tal punto que uno de sus asistentes tuvo que pararse para ayudarlo a limpiarse con unos pañuelos especiales.

Darthañan clasifico a sus oponentes. Madame Dembe era la más inteligente de los tres, y por lo visto tenía un rango un tanto más elevado que los demás; Zihan por otro lado era un hombre terco y emocional, de no ser tratado con cuidado podría reaccionar con violencia; y, por último, Enok, la presa más fácil, era un cretino ricacho y el punto más débil de estos tres.

―No estamos buscando ser hostiles con mi señor― aclaro madame Dembe.

La quinoid tortuga cuido sus palabras para enfatizar de que podrían llegar a un acuerdo con él, pero dejo afuera a Albella mostrando que su hostilidad era solo hacia ella.

―Jajaja, pero son plebeyos amenazando a una noble. ¿Qué creen que dirían mis amigos en las islas altas cuando escuchen que tres plebeyos se atrevieron a amenazar a la hija de un barón? ― Darthañan agarro su tasa de té y tomó un sobre sin quitarle la mirada a la Quinoid.

― ¡Ai! ― Enok soltó un chillido agudo y se desmayó en su silla.

Darthañan casi escupe lo que acababa de tomar, su plan era utilizar al multrow para obtener la ventaja en la negociación, pero en ningún momento espero que mencionar las islas altas le daría un golpe critico a los traumas del baboso ser.

Cuando uno de los ayudantes de Enok, el que le había ayudado a limpiarse, se dispuso a ayudar a su amo. Madame Dembe lo detuvo con su mano, despertar a Enok solo los haría seguir quedando mal. La quinoid tortuga jamás imagino que la debilidad de este astuto mercader eran los nobles de las islas altas, información que se guardó para el futuro.

―Nosotros no estamos realizando estas amenazas, solo somos los humildes mensajeros de nuestros amos.

La respuesta de madame Dembe fue exactamente lo que Darthañan no quería escuchar. Tomó un sorbo de su bebida para ganar tiempo en como retomar el ritmo de la conversación y apenas termino el tiro contra el piso.

La taza de cerámica se partió en cientos de pedazos haciendo un gran sonido. Enok se despertó con el alboroto y se congelo al ver a Darthañan con la cara roja.

― ¿Crees que soy un imbécil? ― pregunto Darthañan levantándose.

Zihan se levantó también, de comenzar una pelea no le temblaría la mano y mataría al noble. Las consecuencias serían para después.

― ¡Mi señor! ― Frigglene interrumpió y corto la tensión en la atmosfera.

Darthañan jamás se dejaba llevar por sus emociones en una negociación y mucho menos era violento. Esta era solo una estrategia que compartía con su esposa para pedirle que lo interrumpiera para mantenerse al mando de la conversación.

―Sí, si ya se. Nada de matar plebeyos por tres meses.

De los tres líderes Zihan fue el único que no se asustó con el comentario. Los voidmaw se regían por fuerza, los temas de nobleza y política no les interesaban. Su raza se encontraba en las islas inferiores atraída por los peligros que ofrecía Morgrum, no por ser inferiores a los demás. Aunque eran pocos en número cada uno de ellos incluido los niños eran fuertes como guerreros de elite.

Darthañan aprovecho que nadie le respondió y continuo.

―Les voy a ser sincero, también estoy interesado en lo que está produciendo esa energía. Por lo que para mostrar mi benevolencia y demostrar que soy digno de heredar lo que legítimamente es mío les daré una oportunidad a los cuatro.

Albella abrió los ojos no esperando ese comentario.

―En tres días saldremos de Vorpiax y buscaremos el objeto. El primero que lo tome en su posesión se lo puede quedar.

Los cuatro al escuchar la propuesta de Darthañan lo pensaron por un momento. Zihan confiaba en su fuerza y la de sus hombres por lo que este trato le beneficiaria. Enok se había abastecido de varios artilugios para manejar la gran cantidad de energía del objeto que le interesaba a su amo por lo que también le llamo la atención la propuesta de Darthañan.

Por otro lado, madame Dembe, aunque segura de las habilidades de su grupo no pudo evitar preguntar.

― ¿Cómo podemos garantizar que todos cumplamos nuestra palabra? No estoy dudando de un noble de alto rango, pero ¿cómo podemos estar seguros de que nadie intentara robar el objeto?

Darthañan sonrió, acababa de cumplir con su objetivo.

―Nada más seguro que un pacto de muerte― respondió Darthañan haciendo que todos, incluida Frigglene, se sorprendieran.

Al otro lado del castillo los niños se encontraban realizando ejercicios de gimnasia. Dar botes, saltos, escalar ramas y escabullirse entre los arbustos era bastante divertido. Crispa había diseñado este lugar para estimular sus habilidades motoras. Aunque los 5 eran todavía muy pequeños para comenzar entrenamientos más avanzados, la estimulación que estaban recibiendo en este entorno seguro era mucho más de lo que aparentaba a simple vista.

Pronto llego la hora del almuerzo y seguido a esto la siesta. Después de realizar bastante ejercicio y comer todos los pequeños cayeron rendidos. Y como les había prometido el día anterior, cuando despertaron, salieron hacia los establos del castillo.

Una ubax, con rasgos de orquídea, de color morado los recibió en la entrada de los establos.

―Como están pequeñines, ¿están listos para ver los animales? ― pregunto la flor humanoide.

― ¡Si! ― Respondieron todos menos uno.

―Yo no soy un pequeñín, soy más grande que tu― respondió Shimu al notar que la ubax le llegaba hasta la cintura.

―Lutza más grande― dijo el gorila de casi dos metros.

― Jajaja me refiero a la edad joven amo― sonrió la flor.

―Tengo tres años y medio― afirmo Shimu con orgullo colocando sus manos sobre su cadera.

― Yo también― le siguió Mushi.

―Nosotros tenemos tres― dijeron Tod y Eli.

―Lutza dos y medio.

La ubax se siguió riendo.

―Pues yo tengo siete y medio― respondió con la cabeza en alto.

El ego de Shimu se desinflo en ese momento. Crispa a sus cuarenta y siete años guardo silencio. Esta no era una conversación en la que quería meterse.

― ¿A los 7 años podemos trabajar en los establos? ― pregunto Tod fascinado.

― Cada especie tiene su propio ritmo de crecimiento, y en este caso las ubax viven hasta los 15 años, alcanzan la madures a los seis meses de germinar. Si las ubax tuvieran la longevidad estándar, nuestra amiga aquí tendría 170 años aproximadamente.

― ¡Wow! ― varios de los niños realizaron sonidos de fascinación al escuchar el número 170.

―Señor Crispa, por favor― dijo la ubax molesta al ver que en cierta forma la habían llamado anciana.

― ¿Qué es longebibad? ― pregunto Elizabeth al escuchar un término que no conocía.

Crispa sonrió con la pregunta y rascándose uno de sus seis ojos respondió.

― La longevidad es la duración de la vida de una especie.

― ¿Cuánta es mi longevidad? ― pregunto Theodor con curiosidad.

―Yo también ¿Cuánta es mi longevidad? ―le siguió Shimu.

―Jajaja ― la ubax no pudo reír con las preguntas de los niños.

― Déjenme ver, los humanos tienen una longevidad de casi 200 años. Los vampiros son inmortales si logran cumplir con todas sus necesidades, por lo que Tod y Eli al ser de raza mixta tendrían una vida de alrededor de 500 a 800 años.

― ¡Wow! ― otra ronda de sonidos de fascinación.

― Las lepiotas tienen una longevidad de 250 años, mientras que los pikmi tienen una longevidad de 300 años.

― ¡Wow! ― los niños volvieron a exclamar.

―Voy a ser re grande cuando crezca hasta los doscientos― dijo Shimu emocionado.

―Lutza pequeña y bonita mejor― dijo la pikmi esperando volverse más pequeña con los años.

Crispa no continúo explicando más pues ya con eso era suficiente información para los niños, otro día les explicaría sobre cómo funcionaba el crecimiento en cada uno de sus cuerpos.

―Niños, las reglas en el establo son simples. Pueden pasear por todo el lugar, pero no pueden meterse en ninguno de los corrales. Tampoco pueden meter las manos...

― ¿Y los pies? ― Shimu pregunto interrumpiéndola.

―No pueden meter ninguna parte de sus cuerpos en los corrales― afirmo la ubax.

― ¡Listo! ― respondió Theodor comenzando a correr.

Los demás niños al verlo arrancaron también a toda prisa.

― ¡Esperen! ― grito la flor ― todavía no he terminado con las reglas― siguió entristeciéndose.

―Tranquila― le sonrió Crispa.

El tutor de los niños se sentó en sus cuatro patas traseras y haciendo unos movimientos entre sus manos y patas delanteras, cinco esferas de energía salieron disparadas hacia los niños.

―Con esos escudos ninguno de los animales que tienen permiso para ingresar al castillo podrán hacerles daño.

―Pero, pero, es que también tenemos visitas y los niños pueden meterse en problemas― dijo la orquídea titubeando.

―No te preocupes, no creo que nada malo les pueda pasar― sonrió crispa empezando a caminar.

La Ubax se espabilo y pronto lo siguió, ninguno de los dos jamás pudo haber pensado lo que este descuido desencadenaría.


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