Capítulo 1
En medio de un antiguo y olvidado bosque una atronadora explosión irrumpió con la milenaria calma. Alrededor del epicentro del estallido todos los árboles fueron destrozados en cientos de astillas, y varios anillos de fuego eléctrico se formaron con el paso de la onda eléctrica que provocó la detonación mágica. Apenas el humo se disipó, la tenue luz del fuego iluminó dos figuras acurrucadas llenas de heridas y con sus ropajes llenos de rasgaduras.
― ¡Arg! ¿Estás bien cariño?
Pregunto el hombre de voz gruesa, se encontraba con una mujer entre sus brazos. La agarraba como si por un descuido esta fuera a desaparecer para siempre.
―Amor, tus brazos.
Exclamo ella. La voz de la mujer estaba llena de amor infinito, el sonido de sus palabras era para los oídos de este hombre el equivalente de lo que el polen vale para las abejas. Los ojos rojizos de la mujer apuntaban con tristeza a los brazos calcinados de su esposo. La poderosa magia que utilizo para escapar estaba por encima de su nivel y peor aún, no era apta para humanos.
―De no haberme quedado sin poder― empezó a llorar la mujer.
―Calma, calma, gracias a ti fue que todos sobrevivimos ― el hombre la abrazo con más fuerza e intento levantarse.
Pero no pudo, estornudó sangre y casi se cayó de frente. Solo se mantuvo de pie por pura voluntad. Sus rodillas le temblaban, los efectos secundarios de haber forzado magia de teletransportación no solo se manifestaron en sus brazos quemados hasta por arriba de los codos, sus órganos internos también fueron afectados por la reacción adversa.
―Tenemos que movernos, no sabemos dónde estamos. La radiación mágica puede atraer criaturas indeseadas.
El hombre volvió a intentar levantarse, pero fallo de nuevo. En ese momento cuando sus rodillas tocaron la tierra, sonó un gruñido metálico a la derecha de donde se encontraban. Ambos voltearon y se quedaron sin aliento al ver lo que la emisión mágica de la explosión atrajo.
―Un oso moissanite― la hermosa mujer no pudo evitar agarrar con más fuerza el cuello de su marido.
El enorme oso medía 2 metros en sus cuatro patas, su pelaje de color gris se encontraba lleno manchas negras y de su cuerpo protruían pedazos de moissanite negro verdoso. Estos pedazos de roca metálica eran casi tan fuertes como el diamante.
―Darth, suéltame. Yo me encargo ― dijo la mujer, pero esta vez con una voz que helaría el alma del más valiente.
―No, ya has gastado demasiada energía.
La mujer se enojó.
―Darthañan, no te puedes ni levantar. Si no me sueltas en este instante dejare que nos devore a ambos. De todos modos, siempre soñé morir junto a ti―pestañeo la mujer de forma seductora.
A Darthañan se le esfumo el color de la cara, no se encontraban en una situación como para decir esa clase de cosas «No dejare que te pase nada» pensó con resolución.
―Conozco cuando haces esa cara― la mujer se desenredo de los brazos de su esposo y lo empujó hacia el lado opuesto del oso.
Darthañan cayó de cola, su esposa solo lo miro para sacarle la lengua y se dispuso a enfrentar al animal que empezaba a atravesar el primer anillo de fuego eléctrico.
Para empeorar las cosas algo que nadie esperaba sucedió, el moissanite empezó a absorber el fuego eléctrico con el que entraba en contacto. El pelaje del animal se empezó a oscurecer y sus ojos se tornaron azules zafiro, vapor empezaba a salir de su hocico. La estimulación mágica y la gran cantidad de energía absorbida excitaron al oso volviéndolo mucho más agresivo de lo normal.
«Tengo que matarlo o incapacitarlo en un ataque»
El esbelto cuerpo de la vampira se tensó a causa de su concentración. Inhalo cerrando los ojos para calmarse y circular correctamente la poca energía restante en su cuerpo, y exhalo abriéndolos sin ninguna emoción reflejada en sus hermosos ojos rojizos.
El enorme oso, que de pararse en dos patas mediría entre tres metros y medio o cuatro metros, comenzó a respirar de forma entrecortada. La energía mágica del fuego eléctrico al contrario de lo que se esperaría, al ser absorbida empezó a acelerar su metabolismo, abriéndole el apetito de forma instantánea.
Sus pesados pasos dejaban huellas del tamaño de un humano adulto, las protuberancias metálicas de su cuerpo empezaron a quemar levemente todo a su alrededor, incluidos sus órganos internos y su pelaje. Las dolorosas heridas desencadenaron la agresividad de la bestia. El animal se lanzó en una envestida que cubrió los varios metros del cráter de la explosión en pocos segundos, cada vez que pasaba por uno de los anillos de fuego eléctrico su agresividad incrementaba.
― ¡Frigglene! ― gritó angustiado Darthañan cuando vio al oso abalanzarse sobre su esposa.
― ¡Grrrr...!
Frigglene formó garras de sangre en sus manos y convirtiéndose parcialmente en humo contrarresto la embestida de la bestia.
― ¡Pum!
Una pequeña nube de polvo se levantó, el oso salió volando hasta el penúltimo anillo de fuego eléctrico, formando una depresión en el suelo con su costado. Frigglene por su lado al ser lanzada hacia el lado contrario del oso, fue atrapa por su esposo, quien ignorando todo el dolor y limitaciones de su cuerpo se lanzó abriendo sus brazos sin dudarlo.
Darthañan la agarro y desviando toda la energía restante de su cuerpo en su pie derecho se impulsó para salir de la zona donde aparecieron. La fuerza que ejerció para dar ese salto desesperado, aunque limitada por consumir la gran mayoría de su energía en la magia de teletransportación, fue lo suficientemente grande para romperle los huesos de la pierna. Su cuerpo al ser de un humano, era mucho más delicado que el de su esposa.
Ambos salieron disparados del cráter que había dejado la explosión mágica. Darthañan abrazo a su mujer intentando protegerla de las llamas eléctricas que atravesaban. Luego, inclino su cuerpo para forzar el aterrizaje sobre sí mismo.
― ¡Paf!
― ¡Ahhhg!
La espalda de Darthañan golpeo contra el tronco de un enorme árbol haciéndole perder el aire y escupir sangre. No obstante, lo primero que hizo fue ver el estado de Frigglene.
― Frigg, Frigg ¿Cómo te encuentras?
El golpe entre el oso y su esposa le puso los nervios de punta. De llegar a perderla su vida perdería todo significado. En ese momento una suave mano le acaricio su mejilla.
―Nunca pensé que nuestra luna de miel de aniversario sería tan exótica.
―Jajaja todo lo mejor para ti.
La enamorada pareja se ayudó a levantar, en los ojos de ambos se reflejaba el dolor y la angustia que sentían en esta desesperada situación, pero ninguno de los dos dijo nada. Solo con el hecho de que la persona a quien más amaban se encontrara aún con vida era suficiente. Y de forma súbita, de forma natural, como si se tratase de imanes, sus labios se unieron.
Ese beso, que duro pocos segundos que parecieron horas, les permitió relajar sus cuerpos. Frigglene coloco con esfuerzo una de sus lastimadas manos sobre el pecho de su marido.
―Tenemos que movernos.
Darthañan respiro con profundidad y asintió.
―Basado en mi experiencia, y como todo se ve igual. Deberíamos de seguir derecho, alejándonos del cráter tanto como podamos.
―No me digas― sonrió Frigglene con el chiste tan malo que solo se le ocurriría a Darthañan.
La pareja se apoyó entre sí para empezar a caminar, sus cuerpos se encontraban al límite, su energía estaba depleta y se encontraban en un lugar desconocido. Que por lo que acababan de presenciar, estaba lleno de peligros.
Luego de caminar por alrededor de dos horas, con el miedo constante de que el oso de antes o una criatura nueva apareciera, llegaron a una zona llena de cristales que emergían del suelo como si de árboles se tratara.
Gracias a este cambio, el follaje por encima de ellos dejo de ser tan denso por lo que pudieron ver en la distancia una enorme cadena de montañas. La pareja solo necesito de una mirada para confirmar que seguirían caminando hasta llegar a una de las montañas.
Gracias al riguroso entrenamiento que recibieron ambos en sus respectivas familias, sus cuerpos continuaban funcionando a pesar de las heridas. Sin embargo, los limites mortales de ambos empezaban a aflorar. Darthañan se empezaba a sentir hambriento por la falta de energía y la dispersión de la adrenalina que lo había mantenido a flote le hacía exponencialmente, con el paso de los segundos, mucho más difícil resistir el dolor de sus heridas.
Frigglene, por su parte, a pesar de gozar de inmortalidad al ser una vampira, al haber consumido toda su energía y al recibir tantas heridas, necesitaba consumir sangre para reponerse. Pues la inmortalidad no es igual a invencibilidad, de no cuidar su cuerpo fácilmente podría morir de inanición.
Fue luego de otra hora, cuando sus mentes ya se encontraban igual de desgastadas a sus cuerpos y la voluntad ya no era suficiente para continuar, que llegaron al pie de la montaña. Enormes columnas de cristal de diversos colores se erguían hacia el cielo, decoradas de varias plantas que sobrevivían de parasitar los minerales de los cristales. En ese mismo momento, sus oídos escucharon el sonido de agua en movimiento.
Como si se tratase de animales, por instinto se abalanzaron hacia el lugar por donde venía el sonido. Y en menos de cinco segundos encontraron un pequeño riachuelo que bajaba de la montaña zigzagueando entre los cristales. La pareja cayó al suelo y se agacharon para beber desesperadamente de la tierra, y como si fuera acordado ambos cuerpos cedieron al cansancio y se desplomaron.
Ninguno de los dos se dio cuenta de por cuanto tiempo durmieron, afortunadamente ninguna criatura del bosque que pudiera amenazar sus vidas los encontró. Ambos se despertaron aproximadamente al mismo tiempo e intentaron sonreírse, pero no pudieron. El cansancio físico y mental era tal que ya no podían sacar fuerzas ni para motivarse entre ellos.
― ¡Ahhh! ¡Fuuu!
Darthañan respiro profundamente y con gran esfuerzo se sentó.
―Frigg, amor. Bebe de mi sangre, si recuperas energía es más probable que te salves.
Cada palabra que salía de su garganta parecía un cuchillo rasgándolo por dentro. Sin embargo, Frigglene sabía muy bien el estado de su marido, de llegar a alimentarse de el en la condición en que se encontraban lo estaría condenando a morir.
―Si encontramos algo para que comas lo haré, de lo contrario moriré contigo.
Las palabras de su esposa conmovieron y entristecieron a Darthañan, en su estado actual no podrían atrapar ni un ratón herido.
― ¡Mira! ― Frigglene apunto hacia una espaciosa caverna unos pocos metros adelante ― si encontramos algún insecto que no nos envenene podrías recuperar suficiente energía para sobrevivir.
Darthañan miro la entrada de la caverna, luego hacia el cielo, aún era de noche o tal vez durmieron todo el día.
―Vamos― dijo sacando fuerzas sobre humanas para levantarse con su esposa.
Caminaron tambaleándose y con gran dificultad los pocos metros que hasta un niño pequeño recorrería sin problema alguno. Cuando llegaron, Frigglene gracias a que sus ojos eran más desarrollados para la oscuridad noto que la caverna se encontraba increíblemente vacía, incluso se podría decir que estaba hasta limpia; de no ser por la gran esfera ovoide en la mitad de esta. Parecía un huevo de cristal rojizo de más de un metro y medio de altura. Cuando Darthañan se acostumbró a la oscuridad de la caverna no pudo evitar sorprenderse.
― ¿Qué es eso?
Frigglene tampoco sabía de qué se trataba, pero en ese mismo momento le llego a la nariz un olor que reconocería en cualquier lugar.
―Sangre.
En un instante Frigglene se desvaneció de donde estaba, apareciendo junto al gran huevo de sangre cristalizada. Darthañan perdió el soporte de su esposa y cayó de frente. Y con las pocas fuerzas que le quedaron empezó a gatear hasta donde se encontraba su mujer.
Frigglene partió un pedazo del cristal con sus garras y empezó a alimentarse del nutritivo cristal de sangre. Luego, al recuperar las suficientes energías pudo respirar con tranquilidad, sus manos volvieron a su apariencia refinada y delicada, y volteo a ver a su marido.
Darthañan había perdido el conocimiento mientras esperaba al lado de su esposa. Frigglene se le acerco y lo levantó con cuidado, colocó una de sus manos sobre su frente y le compartió energía. La diferencia entre la transfusión de energía y alimentarse correctamente es como la diferencia entre el cielo y la tierra, pero para una situación de emergencia como esta, fue como una bendición para el pobre humano que estaba a punto de partir al mundo de los muertos.
Milagrosamente ambos pudieron sobrevivir gracias al huevo de sangre cristalizada. Frigglene consumió pedazos hasta quedar saciada y haber recompuesto a su marido. Ella a diferencia de Darthañan regenero sus heridas y al día siguiente se encontraba en un estado normal. El cuerpo de los humanos no es tan extravagante como el de los vampiros por lo que Darthañan parecía igual de mal a cuando llegaron, aunque ya estuviera con su energía interna estable.
Fue en su segunda noche dentro de la caverna, mientras que Frigglene se encontraba alimentándose del huevo de sangre cristalizada que pudieron ver que adentro había dos infantes. Ambos se sorprendieron bastante, Frigglene no dudo en transformar una de sus manos y romper con cuidado el huevo, liberando los dos pequeños cuerpos. Un niño y una niña, mellizos que sorprendentemente eran de raza mixta: humanos y vampiros. Parecía que tenían alguna otra mezcla, pero por el momento ni Frigglene ni Darthañan pudieron reconocer de cual se trataba.
«¿Qué hacen en medio de la nada estos dos niños?» se preguntaron ambos, la sorpresa fue tal que ninguno de los dos hizo sonido alguno durante varios minutos.
El silencio de la caverna fue roto por los llantos de los bebes que se acababan de despertar.
***
Hola espero les haya gustado el inicio de esta nueva aventura.
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