
Capitulo 13
Narra Kira
Le sonrío a la camarera cuando deja en la mesa los cafés que mis hermanos y yo hemos pedido. Cuando se marcha, miro a Fran y a Nacho, esperando que me cuenten lo que me querían decir.
Nacho: ¿De verdad estás bien aquí?
Kira: Que si, tranquilos. Me traje algo de dinero que tenía en casa y por ahora voy tirando, al menos hasta que pueda encontrar trabajo.
Fran: En realidad no tienes que preocuparte por el dinero.
Los miro extrañada y el más mayor de mis hermanos saca de un bolsillo de su chaqueta una tarjeta que me da. Niego con la cabeza rechazándola, no quiero que me mantenga.
Kira: Es vuestro dinero, no puedo aceptarlo.
Fran: Te equivocas hermanita, este dinero y esta cuenta son tuyos.
Nacho: Es tu parte de la herencia de la abuela. No se fiaba de mamá y papá y nos dejó a nosotros como responsables de todo. Solo nosotros sabemos el banco en el que está la cuenta y solo nosotros podemos acceder a ella, además de ti quiero decir.
Fran: Espero que no te moleste, pero invertimos una parte del dinero para asegurar que pudieras tener suficiente para lo que quisieras.
Nacho: Hemos podido triplicar la cantidad que te dejó la abuela, que ya era una cantidad considerable. Y es justo que tengas tu dinero para lo que necesites.
Cojo la tarjeta dudosa y la guardo en la cartera que tengo en la mochila, luego comprobaré si lo que dicen es verdad.
Kira: Si ha salido tan bien la inversión, tú sigue haciéndolo. Cuando empiece a sacarme el carnet de conducir, me vendrá bien todo el dinero posible porque viendo el historial familiar, necesitaré bastantes clases y bastantes intentos.
Reímos los tres sin poder evitarlo. A los dos estuvo a punto de caducarles el teórico de lo que tardaron en sacarse el práctico, creo que ya le dieron pena al examinador y aprobaron el examen. Mis padres muchas veces dicen que mi educación les salió cara, pero el carnet de mis hermanos tuvo que salir por un pico también.
Nacho: Y así también puedes buscarte un alquiler o algo, y vivir por tu cuenta.
Kira: Hasta que me termine de adaptar a la ciudad, creo que seguiré donde estoy.
Fran: Te gusta el chico, ¿Verdad?
Kira: ¿Cómo sabéis que es un chico?
Fran: Por favor hermanita, no nos chupamos el dedo.
Nacho: Nos contaste que Yellu te había empezado a llevar a las reuniones del equipo la última vez que te visitamos en casa de nuestros padres. Y justo al acabar la temporada te vas, solo hay que sumar 2 y 2.
Que mis hermanos hayan deducido eso la verdad es que me provoca cierto miedo, porque si ellos han podido, mis padres también.
Nacho: Te has puesto seria de repente.
Kira: No quiero que mamá y papá me encuentren, y si vosotros lo habéis adivinado, ellos también.
Fran: Mamá y papá no saben que te fuiste voluntariamente, y están más pendientes de solucionar el acuerdo con la familia de quien era tu pareja que otra cosa, porque ha dejado claro que no va a esperar a que aparezcas y creo que está con otra persona ya. Asi que tranquila.
Nacho: Nosotros nos encargaremos de controlar que no descubren de más, no te preocupes.
Kira: Lo que sea me lo vais contando por teléfono, porfa.
Fran: ¿Tienes número nuevo?
Asiento y les doy el número, ambos lo guardan con nombres diferentes para evitar que nuestros padres lo descubran. Para Fran soy Patricia y para Nacho me llamo Laura, no puedo evitar reírme con lo poco parecidos que son los nombres.
Kira: Anda que os habéis currado los nombres.
Nacho: Cuanto más raro sea, mas llama la atención.
Fran: Y mejor que no se parezca en nada a Erika o Kira.
La verdad es que ahí llevan razón.
Nacho: Y no cambies de tema, que se nota mucho.
Fran: Te gusta el chico y lo sabes.
¿Qué si me gusta José? No lo voy a negar, por algo me lancé a besarle hace unos meses (aunque fuera él quien completó el movimiento). Pero no hemos vuelto a tocar el tema ni tampoco ha pasado nada más.
El problema es que cada día me gusta más y la convivencia solo hace que los sentimientos crezcan.
Kira: Puede que me guste un poco, pero con todo lo que ha pasado necesito tiempo para mí antes de siquiera plantearme empezar algo. Si hay algo ya os contaré en su momento.
Los dos asienten, pero sin terminar de creérselo. Y es normal, porque ni yo misma me creo lo que he dicho.
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