moon junhui
"we're running in the moonlight
could you show me the way again?"
-moonlight
Seungkwan estaba un poco perdido cuando Jun lo encontró. Las luces de los faroles comenzaban a morir y la nieve bajo el calor de su piel se seguía derritiendo con lentitud. Y luego estaba Jun. Ah, Jun. Seungkwan realmente amaba a Junhui.
—¿Puedo saber por qué estás aquí? —le preguntó Jun, con su voz suave y una mano extendida hacia él.
Seungkwan rechazó la ayuda para levantarse de la acera helada. Estaba demasiado cómodo. La luna se cernía sobre él y las estrellas pintaban cuadros abstractos en sus pupilas.
—Estoy tratando de encontrar una idea —respondió—. Ven, es relajante.
Jun alzó una ceja y Seungkwan pensó que parecía confundido. Y se veía tan lindo así. Seungkwan no pudo evitar sonreír hasta que sus mejillas empujaron sus párpados y sus ojos se cerraron.
—No te pasará nada —le aseguró a Junhui, quien no se veía demasiado convencido.
—Me va a dar hipotermia y, a diferencia de ti, yo si valoro lo suficiente mi vida.
—Si no fueras doctor no sabrías lo que es la hipotermia.
Jun sonrió y el claro de luna lo iluminó.
—No me subestimes así —se quejó.
—Es lo único que puedo hacer para que dejes de gustarme —dijo Seungkwan sin pensarlo.
—¿Te gusto?
Seungkwan se permitió respirar profundo, sintiendo al aire helado abrirse paso en sus vías respiratorias. Quizá Jun tenía razón y acabaría con hipotermia.
—Un poco —admitió, de cualquier manera sus mejillas no podían delatarlo. Estaban suficientemente rojas desde que salió a la calle mientras nevaba, tratando de mantener su rostro caliente.
Jun ladeó su cabeza un poco. Seungkwan solo podía ver sombras obscuras marcando sus definidos rasgos desde ese ángulo. Trató de imaginar la expresión que Jun estaría haciendo después de su declaración. ¿Estaría molesto?, ¿irritado?, ¿contento?
—Levántate y vamos a mi casa, necesitas quitarte esa ropa mojada.
Seungkwan parpadeó un poco incrédulo. No era la respuesta que esperaba, pero tampoco iba a quejarse. Amaba la casa de Jun casi tanto como lo amaba a él. Tenía una chimenea que parecía que siempre mantenía el fuego encendido, pisos de mármol fino y alfombras costosas regadas por todos lados.
—¿Es tu manera de coquetearme? —Se levantó con cuidado mientras hablaba, evitando resbalarse con la nieve y el hielo bajo sus pies. Jun tomó su mano de inmediato cuando se incorporó, estaba un poco morada y Seungkwan se arrepintió de no haber salido con guantes de su apartamento.
—Quizá.
Ah. Seungkwan no había esperado esa respuesta. ¿Entonces Jun no lo había rechazado o algo así? Su corazón martilleó en su pecho tan fuerte como olas arrasando en la orilla del mar.
Mantuvo su boca cerrada en el camino, sintiendo a la luna siguiéndolos en cada paso que daban. Vivían en el mismo vecindario, así que no era complicado encontrarse de vez en cuando. Decidió que era mejor no recordarle a Jun que, de hecho, su casa quedaba un poco más lejos que su apartamento.
Jun era un médico reconocido. Seungkwan era un escritor que lo encontró por casualidad y que, inevitablemente, había caído enamorado de él como todos sus pacientes.
—Quítate esa ropa y date una ducha caliente —medio le ordenó Jun cuando llegaron—. Te dejaré ropa en el baño.
Seungkwan no reprochó mucho. Miró los ojos de Jun, reflejando las llamas de la chimenea tras ellos, y sonrió sin poder evitarlo cuando Jun también le sonrió.
El agua hirviendo en realidad ayudó a calentarlo. Seungkwan no había notado lo frío que estaba hasta ese momento. No había sido una idea particularmente buena tirarse en la nieve bajo la luna para inspirarse, pero definitivamente lo había ayudado. ¿De qué otra manera habría vuelto a encontrar a Junhui?
Se tomó su tiempo en la ducha, disfrutando la sensación del oxígeno extinguiéndose en la habitación. Se secó rápidamente y usó los bóxers y la camisa que Jun le había dejado. ¿Había olvidado los pantalones? No importaba demasiado, de cualquier modo Seungkwan no quería molestar de más a Jun con su amabilidad.
Jun ya lo esperaba en la sala, en el sillón de piel que de un momento a otro estaba cubierto de cobijas.
—¿Voy a dormir aquí? —bromeó Seungkwan, ignorando la forma en la que la piel de sus piernas pareció arder ante la mirada fija de Jun.
—Te preparé chocolate —dijo en cambio Junhui, ofreciéndole una taza humeante a Seungkwan en cuanto se sentó a su costado.
Un minuto entero tuvo que pasar para que Seungkwan probara el chocolate. Alcanzó a ver por el rabillo de su ojo el reloj de pared marcando las 4 de la madrugada y después dejó la taza en la mesita frente al sillón.
—¿No deberías estar dormido? —preguntó— ¿O mañana no trabajas?
Jun se alzó de hombros, como si las preguntas de Seungkwan no fueran lo suficientemente interesantes para responder.
—Salí a buscarte porque no respondías el teléfono.
Seungkwan abrió la boca para responder, pero la cerró al no poder formular ninguna oración. ¿Jun lo había llamado en la madrugada? El pensamiento lo inquietó un poco, él siempre era quien se molestaba en llamar a Jun, en contactarlo por mensajes y en visitarlo algunas veces con una botella de vino para felicitarlo por alguno de sus recientes logros.
—¿Por qué me llamaste tan tarde?
Jun desvió su mirada hasta la leña que se quemaba con parsimonia, acrecentando las llamas de vez en cuando. Seungkwan relamió sus labios por el chocolate en el momento en el que Jun volvió a mirarlo.
—Siento que últimamente siempre te estoy buscando.
—¿Lo haces? —indagó Seungkwan confundido.
Los orbes obscuros de Jun encontraron su camino hasta sus labios, y Seungkwan tragó en seco, un poco nervioso.
—Creo que tú también me gustas.
Seungkwan sintió el aliento cálido de Jun chocando contra el suyo de un momento a otro. Su boca siguió el movimiento con anticipación, esperando encontrarse a la brevedad con los bonitos labios de Jun.
—¿Un poco?
Jun sonrió, sus bocas ya se habían comenzado a encontrar, así que Seungkwan sintió el movimiento como una brisa de invierno entre las llamas de un fuego creciente.
—Mucho, Seungkwan.
Seungkwan se mantuvo en su lugar antes de que Jun lo besara, fue ahí cuando pasó sus brazos por su nuca, acariciando el nacimiento del cabello de Jun mientras sentía sus labios devorando los suyos.
Jun deslizó una de sus manos hasta el muslo de Seungkwan, la otra se dirigió a su mandíbula, sosteniendo la piel que, a pesar de todo, aún se mantenía fría. Seungkwan abrió la boca por instinto cuando el dedo pulgar de Jun acarició su labio inferior, no dudando en aprovechar la oportunidad para morderlo y después lamerlo, liberándolo al final con un sonido obsceno.
—No puedes hacer algo así y salir impune, Boo Seungkwan —lo regañó Jun mientras observaba su pulgar ahora húmedo y con los dientes de Seungkwan marcados con fuerza.
Seungkwan sintió un escalofrío. Las mantas debajo de él se habían desacomodado, y a Jun no parecía importarle ni un poco que su casa se desordenara en ese momento.
—No hice nada.
Jun alzó una ceja y apretó el muslo bajo la palma de su mano. Seungkwan arqueó la espalda ante la sensación.
—¿No?
—Aún no.
Seungkwan suspiró cuando la boca de Jun se dirigió hasta su cuello. La camisa que le había dado era lo suficientemente holgada como para que exhibiera sus pálidas clavículas, así que Jun dirigió un camino de besos húmedos hasta los huesos prominentes, mordisqueando de vez en cuando y asegurándose de dejar marcas. La mano de Jun que no sostenía su muslo se perdió dentro de su camisa, acariciando el torso frío de Seungkwan.
Jun sonrió cuando escuchó a Seungkwan gemir su nombre al estrujar uno de sus pezones con fuerza.
Seungkwan se permitió separarse ligeramente, deshaciéndose de la camisa que Jun le había dado previamente. No necesitaba que lo desvistieran, él ya estaba lo suficientemente cerca del borde de la desesperación. De cualquier modo Jun no tardó en apartar las manos de Seungkwan, deshaciéndose él mismo del bóxer que le había dado con anterioridad.
Se movió hacia atrás, dejando que Seungkwan se acomodara sobre el sillón, con su cabeza cómodamente en el descansa brazos, y después volvió a moverse un poco hacia delante. Se abrió paso entró los muslos de Seungkwan sin prisa, disfrutando la vista y paseando sus manos sobre la piel tersa de su abdomen.
—Deja de mirarme así —protestó Seungkwan en un puchero. Sus mejillas ardían en carmín, y su piel parecía pintada en durazno gracias al fuego que ardía en la chimenea, contrastando con la luz de luna que entraba por la ventana.
—¿Así cómo?
Seungkwan se mordió el labio, con el abdomen tenso y la respiración atorada en su garganta.
—Como si no supieras qué hacer.
Jun sonrió de lado y sus ojos se entrecerraron un poco.
—Cariño, un doctor siempre sabe qué hacer.
Jun tomó ambas piernas frente a él y las pasó sobre sus hombros, logrando abrir más a Seungkwan bajo él. Se mantuvo firme en su tarea a pesar de los sonidos que soltaba
Seungkwan, quien no podía dejar de jadear, observando a Jun inclinarse sobre él y lamer y morder el interior de sus muslos.
Seungkwan chilló un poco cuando los dientes de Jun se enterraron con más fuerza en él, y Jun se detuvo un segundo antes de continuar su camino violeta y rojo. Realmente no le importaba tanto a Seungkwan, el solo pensamiento de tener a Jun marcándolo lo calentaba casi tanto como las llamas de una fogata.
Sintió la lengua húmeda de Jun encontrar su punto más sensible y su espalda se arqueó por reflejo de inmediato. Trazos suaves y constantes lograron que su abdomen se tensara aún más con cada respiración. Seungkwan incluso sintió la sombra de la sonrisa de Jun asomándose ante sus repentinos temblores, y deseó que Jun jamás se alejara de él.
Jun aprovechó el momento para enterrar sus dedos aún más en la sensible piel que cubría los huesos de la cadera de Seungkwan, buscando un punto para apoyarse y mantener el equilibrio mientras continúa lamiendo lento y probando el sabor de Seungkwan debajo de él. Tardó unos momentos más en lograrlo, pero pronto tuvo a Seungkwan retorciéndose con gemidos, enterrándose en el sillón, cuando la punta de su lengua entró en su interior.
Jun no pudo evitar separarse un poco, deleitándose con la vista frente a él. Seungkwan se mantenía temblando un poco, con la respiración agitada y su pecho subiendo y bajando con fuerza, su flequillo estaba empapado de sudor y tenía el amago de un hilillo de saliva sobre su labio. Jun se acercó a su rostro, acercado dos de sus dedos a la boca contraria y sonriendo satisfecho cuando Seungkwan los lamió un par de veces.
Dejó que sus dedos abrieran a Seungkwan mientras tragaba sus gemidos en un beso con la boca abierta.
—Tienes que relajarte para mi —jugueteó Jun.
Seungkwan palideció un poco cuando la lengua húmeda y caliente de Jun volvió a encontrar su agujero con facilidad, entrando a la par de sus dedos entre sus paredes. Cerró sus puños en las mantas debajo de él y trató de contener su respiración en el momento en el que sintió los dedos largos y finos de Jun encontrar el punto más sensible de su cuerpo.
—Jun —balbuceó con las pocas fuerzas que le quedaba—. Jun, por favor.
Duplicando sus esfuerzos, Junhui se presionó con más fuerza entre los muslos de Seungkwan, directo en su calidez, lamiendo insistentemente dentro de él. Sus dedos continuaron masajeando la hinchada glándula prostática a pesar de los lloriqueos incesantes que escapan de entre los labios de Seungkwan.
Se separó lo suficiente como para utilizar su mano libre en el pene desatendido y erecto de Seungkwan. Pasó su dedo sobre el glande y esparció el líquido preseminal sobre la piel incluso mientras mantenía un ritmo constante en sus embestidas dentro de Seungkwan.
Seungkwan no tardó demasiado en liberar su semen a chorros ante la estimulación de Jun, manchando con hileras blanquecinas su propio abdomen y la piel de Jun. Se mantuvo recostado en el sillón, tratando de respirar y dejar de temblar como un perro chihuahua.
—¿Cómo se supone que voy a hacer algo ahora si me dejaste así? —dijo, tratando de mantener su voz firme y estable, algo que le resultó imposible después de las primeras dos palabras.
Jun sonrió con todos sus dientes sin poder evitarlo.
—Eres tan lindo —aseguró antes de inclinarse sobre Seungkwan y besarlo en los labios hinchados y magullados.
—Al menos déjame hacer que te corras —pidió Seungkwan.
—Pero estás tan cansado...
—¡No es verdad! —trató de asegurar Seungkwan, ignorando cómo su piel aún ardía.
—Estás temblando —le dijo Jun en burla, sosteniendo una de las manos de Seungkwan y alzándola frente a su rostro para probar su punto—. No te estreses, te saldrán arrugas.
Seungkwan resopló, alejando el cabello pegado a su frente.
—Entonces te la deberé.
Jun asintió entonces, acercándose para volver a apresar los labios de Seungkwan, dejándole el beso más suave que había dado en su vida.
—Entonces te esperaré para siempre.
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