lee chan
"you got me down on my knees
it's getting harder to breathe out"
-meddle about
Seungkwan estaba harto, cansado y realmente molesto; y podía agradecerle todos esos sentimientos negativos a Lee Chan, el fastidioso hermano menor de su mejor amigo Seokmin.
Cada que veía la oportunidad, por más pequeño que el hueco fuera, Chan aprovechaba para armar peleas con él; podían ser tan insignificantes como alegar si el ramen picante era mejor que el de queso; o incluso podían consistir en Chan quejándose de la molesta voz de Seungkwan, y de Seungkwan asegurando que no había peor bailarín que Chan.
De cualquier forma Seokmin siempre solía estar ahí, impidiendo que se mataran el uno al otro; y Seungkwan realmente le agradecía por aquello.
A veces pensaba que quizá Seokmin le gustaba. Otras veces pensaba que solo le gustaba quitarle el hermano mayor a Chan; porque después de tanto tiempo Seungkwan también había comenzado a armar las peleas con el menor él mismo.
Pero la paciencia de Seungkwan tenía un límite, y llegó al borde cuando una noche, mientras veía la televisión, Lee Chan tocó el timbre de su departamento para decirle la cosa más estúpida que existía.
—Ya no quiero que te acerques a mi hermano.
Seungkwan ni siquiera recordaba haberlo dejado entrar, pero Chan ya estaba ahí, dentro de la sala del departamento y apagando la televisión.
—Es mi mejor amigo —dijo, y Chan rodó los ojos como el malcriado que era.
—Le voy a decir que te gusta —amenazó Chan.
Seungkwan soltó una risa de incredulidad. Ni siquiera estaba seguro de que Seokmin le gustara.
—Hazlo —lo retó entonces, y por un momento vio a Chan vacilar—. Veamos a quién de los dos prefiere.
Y era patético, porque Seokmin jamás podría elegir entre su hermano y su mejor amigo, y Seungkwan lo sabía, pero algo en ver los ojos de Chan arder en ira lo complacía.
—Eres un idiota.
Seungkwan se mordió la lengua, tentado a regresarle el insulto, en herirlo de verdad. Lo conocía desde hace tanto que incluso podría excavar en dónde más le dolía, restregarle en la cara como Soonyoung siempre sería mejor bailarín que él o como lo habían rechazado de su academia de baile favorita.
—¿Por qué siempre haces esto? —preguntó en su lugar, porque Seungkwan era mayor, y debía comportarse si esta vez Seokmin no estaba para detenerlos.
—¿Hacer qué? —preguntó Chan.
—Empezar peleas entre los dos. ¿Por qué me odias tanto como para querer separarme de mi mejor amigo?
Chan juntó sus cejas y cruzó los brazos, una posición que pretendía intimidar. Incluso a través de su chaqueta de cuero, Seungkwan podía percibir la duda creciendo en el pecho de Chan.
—No te odio —dijo bajo, pero Seungkwan lo escuchó—. Pero Seokmin es mi hermano, no el tuyo. Me harta que siempre se la pasen pegados el uno al otro. Nunca me dejan respirar.
Seungkwan alzó una ceja en confusión. Las palabras de Chan no tenían sentido.
—Eso no es una excusa. Me tratas como basura cada vez que me ves.
—¡Tú me haces lo mismo! —se quejó Chan, y era en momentos así cuando Seungkwan recordaba que el menor aún tenía 19 años.
—¿Cómo esperabas que reaccionara entonces? ¿Pensabas que me iba a dejar molestar por ti y no iba a defenderme?
Chan se quedó callado. El reloj de pared sonaba tan intenso en el silencio que Seungkwan lo sentía martillando en sus tímpanos.
—¿Qué es lo que quieres realmente? ¿Hacerme la vida imposible? ¿Que Seokmin se siga molestando contigo por ser tan molesto conmigo? ¿O que...?
—Lo siento.
La interrupción fue tan abrupta que dejó a Seungkwan sin palabras, incrédulo.
La cabeza de Chan estaba gacha, pero Seungkwan deseaba verlo. Quería que se disculpara en serio.
—Dilo de verdad. Al menos finge que si lo sientes.
Chan alzó la cabeza, Seungkwan ya había esperado encontrarlo enfadado, sus dientes rechinaban y sus puños estaban apretados.
—Lo siento, Seungkwan —repitió—. ¿Es suficiente?
Seungkwan sintió su corazón martillear, su pulso acelerándose. No era suficiente, no aún. No después de tanto tiempo.
—Arrodíllate.
El cuerpo de Chan se tensó más y rodó los ojos de nuevo sin creerlo.
—¿Qué?
—Arrodíllate y pídeme perdón.
—No voy a hacer eso. ¿Tienes cinco años o qué? —se quejó Chan.
Seungkwan comprendía un poco, su petición era casi absurda. No valía la pena reducir a Chan a eso, pero algo en él no quería detenerse.
—Tengo más años que tú, así que espero que me respetes como tu mayor de una vez por todas —aseguró serio.
Para su sorpresa Chan realmente se dejó caer de rodillas frente a él. Cuando lo miró a los ojos Chan se soltó a reír, y era una risa rencorosa, despectiva.
—¿Qué? ¿Realmente pensaste que te rogaría perdón o algo así?
Seungkwan desvió la mirada. Quizá lo había considerado, quizá quería escucharlo rogarle.
—¿Entonces qué estás haciendo? ¿Qué necesito hacer para que me respetes un poco... —Seungkwan era un sentimental, y lo recordó cuando tuvo que morderse el labio inferior tratando de no hacer un puchero y soltarse a llorar por la humillación que de pronto sentía—... para que me trates con decencia?
Un sonido extraño salió de Chan, como un suspiro entrecortado.
—Yo... —comenzó Chan, pero sus palabras se desvanecieron en el aire.
—¡¿Qué es lo que quieres?! —gritó Seungkwan desesperado. Se limpió la única lágrima que escapó de sus ojos y miró a Chan directo a sus ojos.
—Quiero que me pongas atención.
Seungkwan casi olvida su sentimentalismo para echarse a reír. Pero Chan lo seguía mirando, con los ojos brillosos y su garganta seca. Fue ahí cuando su respiración se cortó por un segundo que le pareció eterno.
—¿Qué? —preguntó incrédulo.
—Siempre estás con mi hermano, y sé que te gusta y que son mejores amigos. Pero yo... a mi nunca me pones atención.
La voz de Chan sonaba sincera, tan sincera que Seungkwan pensó que quizá no mentía.
—¿Por eso me provocas siempre? ¿Para discutir y tener mi atención?
Chan vaciló. Sus rodillas le comenzaban a doler y Seungkwan podía ver el nerviosismo apoderándose de él.
—Es la única manera en la que me miras.
Seungkwan no alcanzó a cerrar la boca antes de que las palabras se le escaparan de los labios, ni siquiera podía pensar con claridad en un momento así.
—¿Es un fetiche o algo así? —Chan no respondió, y aquel silencio fue la respuesta que Seungkwan buscaba. —Realmente eres un niño mal portado —sus dedos apresaron el cabello de Chan mientras hablaba, jalando la cabeza contraria hacia atrás y exponiendo la pálida piel de su garganta para él.
—No soy un niño —reprochó Chan.
—No te dije que hablaras.
Algo en la sutil manera en la que Chan se estremeció bajo él resonó impacientemente en el estómago de Seungkwan. Los ojos llorosos del menor viajando constantemente hasta sus labios lo hacían sentirse agitado y sin oxígeno.
—¿Por qué me miras así? ¿Quieres que te bese?
—Si —pidió Chan, sonando tan desesperado como si fuera a morir si no probaba a Seungkwan pronto.
—¿Y por qué debería hacerlo? —jugueteó, apretando el agarre en los mechones de cabello que aún sostenía.
—Por favor. Seungkwan, por favor —rogó Chan necesitado.
Y en ese momento Seungkwan inevitablemente cedió. Apresó la garganta de Chan con su mano libre y lo besó. Definitivamente no era el ángulo correcto: Seungkwan inclinado hasta abajo, apenas alcanzando la altura de Chan arrodillado; pero tampoco era el peor. Solo tuvo que pasar un segundo para que los labios de Chan se entreabrieran; y resultaba tan fácil para Seungkwan apresar a Chan bajo él que no podía evitar querer más.
Se separaron por un segundo que fue suficiente para que Chan jalara a Seungkwan por su camisa, inclinándolo aún más hacia él si era posible. Seungkwan sintió su piel erizarse al sentir el cálido aliento, agitado y necesitado, sobre su oreja.
—Definitivamente es un fetiche —le susurró Chan.
—Levántate —ordenó Seungkwan después de la declaración.
Chan obedeció, su pecho subiendo y bajando en un ritmo que evidenciaba su excitación.
Seungkwan se acercó un paso más a él, rodeó su cintura y lo guió hasta el sofá que se encontraba cerca. Chan dejó caer su peso y Seungkwan se sentó a horcajadas sobre él.
Dejó que sus manos recorrieran el pecho del menor, sus bíceps y al final las sumergió dentro de su chaqueta de cuero y su camisa, sintiendo la piel dura y caliente de su estómago contraerse ante su toque.
—¿Qué es lo que estás pensando? —preguntó.
—En lo bien que te ves encima de mi —admitió Chan con un ligero rubor subiendo hasta sus mejillas.
Seungkwan desvió sus dedos hasta los pezones de Chan, estrujó ambos al mismo tiempo y sonrió de lado cuando Chan soltó un gemido.
Lo besó una vez más, sus labios chocaban de forma desesperada y brusca. Las manos de Chan sostuvieron las mejillas de Seungkwan, como si en cualquier momento el mayor fuera a romper el contacto. Seungkwan deslizó su lengua contra la de Chan, esperando poder escuchar un gemido nuevo, un suspiro, cualquier sonido que Chan hiciera sería perfecto para él.
Sus dedos dejaron de molestar a Chan por un segundo antes de que sacara sus manos de la camiseta ajena. Rompió el beso y exhaló sobre Chan, deleitándose con el sonido de su respiración jadeante, como si le faltara el oxígeno y se estuviera ahogando en Seungkwan.
Recorrió la mandíbula de Chan lento con sus labios, sus dientes pronto encontraron la frágil piel del cuello ajeno y Seungkwan succionó hasta que dejó una marca húmeda, y otra y otra.
Tenía a Chan a su merced, completamente embelesado. Aún así tembló sobre el cuello de Chan cuando sintió las manos contrarias deslizarse cuidadosamente en sus pantalones, llegando hasta la cremallera.
Chan miró a Seungkwan, una pregunta implícita. Seungkwan asintió contra la piel de Chan, con sus mejillas ardiendo y su corazón martilleando en su pecho con fuerza.
Entonces Seungkwan sintió a Chan con sus manos frías colándose entre él hasta sacar su erección al aire.
—Lame —le dijo a Seungkwan, extendiendo su mano frente a él.
Seungkwan alzó una ceja.
—Creí que yo daba las órdenes.
La mano de Chan que no estaba alzada tomó su erección, rozando rápidamente la punta y haciéndolo callarse y llorar. Seungkwan dejó de cuestionar a Chan. Llevó la mano a su boca y chupó cada uno de los dedos, succionando la piel fría y pasando su lengua por la palma.
Gimió cuando sintió su erección ser apresada. Chan movió su mano de arriba hacia abajo, y con cada toque Seungkwan se tensaba aún más. Dejó caer su cabeza hacia atrás por el placer cuando el menor volvió a presionar la punta de su pene, esta vez con más fuerza y tomando más tiempo.
Cuando la mano de Chan volvió a envolverlo Seungkwan no pudo resistirse, se sujetó de los hombros del menor y movió sus caderas, su pene entrando y saliendo del hueco que Chan había formado para él con su mano, sintiendo electricidad recorrer su espina dorsal debido a la fricción de sus pieles y el obsceno sonido de chapoteo que surgió.
Observó la cara de Chan, su piel enrojecida y sus pupilas dilatas en sus ojos cristalinos por el placer. Trató de imaginar lo que estaría pensando, ¿se sentiría tan bien como él lo hacía? ¿Desearía ser él quién estuviera en su posición, embistiendo sin control buscando la manera más complaciente de llegar a su orgasmo?
Fue humillante para Seungkwan correrse tan rápido con aquellos pensamientos. Su semen cayó entre el estómago de Chan y el suyo, caliente y espeso; y cuando Chan tomó unas gotas entre sus dedos y los lamió, Seungkwan ahogó un jadeo.
Sin poder contenerse volvió a envolver el cuello de Chan entre sus manos, tan fuerte que quizá dejaría marcas rojas después, y lo besó mientras movía lentamente sus caderas. Su lengua húmeda contra la de Chan, como una de sus peleas absurdas.
Podía sentir el duro bulto palpitando debajo de él y de pronto tenía a Chan siendo un manojo de lloriqueos y temblores. El líquido espeso no podía atravesar el pantalón de Chan, pero aún así Seungkwan podía sentir el esperma bajo él.
—No te dije que te podías correr.
Chan gimió. Seungkwan aprovechó para morder el labio inferior de Chan porque se veía demasiado apetecible, dejándolo rojo e hinchado.
—No necesito tu permiso para correrme —debatió Chan.
Seungkwan se acercó al oído de Chan, lamió el lóbulo antes de hablar.
—¿En verdad?
Chan tembló y un espasmo lo atravesó.
—Lo siento.
Seungkwan sonrió satisfecho.
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