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kim mingyu

"uh, slide, i can see the pain in your eyes
i don't wanna say that i'm good, but
i'll take you to heaven if you die"
-slide

Mingyu era probablemente el amor de su vida. Seungkwan lo supo desde la primera vez que lo vio, arriba de una Harley deportiva, ganado una de las tantas carreras que su hermano organizaba de vez en cuando.

No fue difícil para Seungkwan admitirle a Mingyu lo mucho que le gustaba y obtener a cambio un par de sesiones de sexo duro, besos suaves y apodos cariñosos, lo difícil había sido poder salir con él sin que su hermano se enterara. No era un secreto que Seungcheol repudiaba a Mingyu y a su reputación de chico malo.

Pero Seungkwan conocía a Mingyu y él sabía que jamás había sido así y la reputación que lo perseguía no estaba más que construida a partir de rumores tontos y cuchicheos. De hecho, para Seungkwan, Mingyu era alguien fácil de tratar: le daba lo quería cuando se lo pedía, sin excusas ni rodeos; no se dejaba coquetear por nadie más que él y, sobre todo, Seungkwan estaba seguro de que Mingyu también estaba enamorado de él.

—¿A dónde vas? —preguntó Seungcheol en cuanto Seungkwan se levantó de su lado y abandonó el sofá.

—Tengo sed, voy por un vaso de agua —mintió Seungkwan, pero su hermano pareció creerlo porque pronto regresó su vista a la película que ambos estaban viendo en la televisión.

Caminó directo a la cocina y encendió su celular para mirar sus notificaciones, sonriendo al encontrar los mensajes de Mingyu en su bandeja.

mangyu :
Heeeey (:
¿Estás libre esta noche?
05:34 pm

apenas pude ver tu mensaje
lo sientoooo
técnicamente es noche de películas con cheol, pero si alguien me ayudara podría escabullirme un rato... (•̀-)
09:25 pm

mangyu :
Eres un mal hermano, ¿sabías?
Pasaré por ti en 10
09:26 pm

Seungkwan soltó una risita tonta a la vez que Seungcheol entraba a la cocina. Apagó la pantalla de su celular de inmediato y fingió que su risa había sido una tos.

—¿Estás bien? —le preguntó Seungcheol con una ceja alzada.

—Si, claro. ¿Por qué no lo estaría?

Su hermano suspiró. —Diría que estás actuando extraño, pero la verdad es que tú siempre actúas extraño.

Seungkwan resintió el comentario, cruzando sus brazos y haciendo un puchero en sus labios.

—¿De qué hablas?

Seungcheol se permitió reír y Seungkwan no pudo evitar sentirse un poco mal por lo que iba a hacer. Sabía que Seungcheol se preocupaba por él, pero la verdad era que Seungkwan era lo suficientemente grande como para tomar sus propias decisiones sobre con quienes debía salir o no.

—De nada, olvídalo —le dijo Seungcheol—. Apúrate, ya va a comenzar la mejor parte. También prepara unas palomitas, ¿está bien?

Seungkwan vaciló. Tomó la muñeca de su hermano antes de que saliera de la cocina y lo obligó a encararlo. Estaba a punto de decirle que en realidad salía con Mingyu, de decirle que no había motivo por el que debía preocuparse, de...

Su celular vibró en el bolsillo de su pantalón. Seungkwan soltó a Seungcheol y negó con lentitud.

—¿Mantequilla o naturales? —terminó por preguntar, perdiendo todo el valor que había adquirido.

—Mantequilla.

Cuando se quedó solo volvió a mirar sus mensajes.

mangyu :
Estoy afuera cariño <3
¿Quieres que vaya a recogerte a la puerta?, ¿o crees que tu hermano me golpearía la cara si me ve?
09:37 pm

Volvió a guardar su celular en su bolsillo antes de meter una bolsa de palomitas al microondas. Aprovechó el ruido de la cocina para colarse hasta su habitación, tomar el casco que guardaba bajo su cama y salir por la ventana; no era una tarea complicada en realidad, como su casa era de un único nivel siempre le resultaba insúltateme fácil a Seungkwan escaparse por ahí.

Caminó un poco, lo suficiente como para llegar al jardín trasero y cruzar la calle que estaba desierta.

Mingyu ya lo esperaba sentado en el asiento de su motocicleta, descansando su casco en una de las manijas, y sonriéndole con sus grandes caninos. Seungkwan no pudo evitar abalanzarse contra él, añorando el aroma de su loción y el latido de su corazón.

—Deja de ser así de lindo, me matarás de ternura —le advirtió Mingyu mientras lo apresaba entre sus brazos, sosteniendo su cabeza con su mano y dejando pequeños besitos en su coronilla.

Seungkwan se apartó del abrazo con toda la fuerza de voluntad que tenía. Miró los ojos de Mingyu antes de volver a caer y besarlo en los labios. Oh, Seungkwan jamás se cansaría de besar a Mingyu.

—Tenemos que irnos rápido o mi hermano comenzará a sospechar —murmuró sobre los labios del contrario.

—Nos habríamos ido hace mucho si no dejaras de tentarme así con esa boquita tuya —lo culpó Mingyu, pasando su pulgar sobre el labio inferior y rojizo de Seungkwan, aún partido y cicatrizando por el último beso que se habían dado.

—Déjame conducir —pidió entonces y no tuvo que esperar una respuesta para quitarle el lugar a Mingyu y sentarse al frente; de cualquier forma Mingyu jamás le decía que no. —¿A dónde vamos a ir? —se aseguró de preguntar antes de ponerse el casco, siendo imitado por Mingyu enseguida.

—A donde quieras.

Seungkwan sonrió. Encendió la motocicleta y aceleró un poco, lo suficiente como para escuchar al motor rugir con fuerza. Sintió el agarre de Mingyu afianzarse sobre su cintura y miró las luces de su casa encenderse.

—Tu hermano me va a matar.

Comenzó a reír de manera inevitable. Seungcheol salió corriendo y Seungkwan supo que se enfadaría con él.

—¡Lo siento! —gritó al arrancar, mientras se alejaba junto a Mingyu—. ¡No te enojes demasiado!

...

—Si tuvieras tres deseos, ¿qué pedirías? —preguntó Seungkwan.

Estaban sobre la cama del motel, la televisión estaba encendida aunque realmente no la estuvieran mirando. Sus cascos reposaban juntos sobre una de las mesas de la pequeña habitación y la chaqueta de Mingyu había desaparecido por algún lugar hace mucho.

—Primero que tu hermano no supiera dónde vivo —se rió Mingyu.

Seungkwan se sintió un poco culpable pero también terminó riendo. Probablemente, si no hubiera hecho un escándalo para que Seungcheol los descubriera, ahora estarían en casa de Mingyu y no de un motel en medio de la carretera.

—De alguna forma quería que lo supiera —admitió Seungkwan, dando una calada a su cigarro y suspirando el humo.

—¿Saber qué?

—Que ni siquiera él va a evitar que te ame.

Mingyu se derritió contra el colchón. Debía ser imposible la manera en la que amaba a Seungkwan y daría todo por estar a su lado cinco minutos.

—Te besaría en este momento si no estuvieras fumando —Seungkwan rió entre el humo negro—; de hecho, ese sería mi segundo deseo, que de una vez por todas dejaras de fumar.

—Es adictivo —reprochó Seungkwan.

Mingyu se acercó a él para quitarle el cigarro de entre sus labios y estamparlo contra el cenicero.

—Tú eres adictivo.

Seungkwan rodó los ojos y trató de contener la sonrisa que amenazaba con escapársele, mordió su labio, lastimando su herida, tratando de contenerla.

—Tú eres un cursi —respondió, usando una de sus manos para empujar el pecho de Mingyu, quien sin resistencia se dejó caer sobre el colchón boca arriba.

Seungkwan aprovechó para subirse en las caderas de Mingyu. Se detuvo a contemplarlo, el pecho del contrario subía y bajaba con fuerza, y podía sentir el pulso martillando con dureza bajo él.

—¿Cuál sería tu último deseo?

Mingyu ladeó la cabeza y sonrió de lado al hablar.

—Tener tu boca caliente en mi... —dijo desvergonzado a pesar de ser interrumpido de inmediato.

—No voy a hacer eso.

Seungkwan sintió el calor subir por su cuello hasta llegar a la punta de sus orejas. Sus mejillas se tiñeron de rojo y negó frenéticamente a pesar de que la idea lo tentara.

El más alto río con descaro, deleitándose con el puchero que Seungkwan había formado en sus labios. No le tomó demasiado esfuerzo invertir las posiciones, dejando a Seungkwan debajo de él, apresando sus muñecas contra el colchón con más fuerza de la necesaria.

—¿Por qué? No te lo estaba pidiendo exactamente, Seungkwan.

Seungkwan vaciló y desvió su mirada, sintiendo cómo su corazón se aceleraba y su pulso golpeaba salvajemente en su piel.

Mingyu lamió uno de sus colmillos, usó su mano libre para apresar las mejillas de Seungkwan, apretándolas con fuerza y abultándolas antes de empujar la cara del menor contra el colchón.

—Verde, amarillo, rojo* —murmuró Mingyu.

Seungkwan sintió el deseo arder en su estómago al escuchar las palabras y su erección apretó contra sus pantalones. Suspiró con dificultad mientras contestaba.

—Verde.

Mingyu soltó un ruido semejante a un jadeo ahogado en una sonrisa. Seungkwan se preguntó si la mano de Mingyu quedaría marcada en su mejilla cuando sintió una bofetada; aunque no había sido demasiado fuerte, Seungkwan deseaba que en realidad si dejara una marca roja y latente.

Observó a Mingyu alejarse de él y bajar de la cama antes de quitarse toda la ropa y aventarla debajo de la cama. Mingyu se acercó a él y lo jaló del cuello de su camisa, con tanta fuerza que Seungkwan terminó incorporado. Tragó con dificultad cuando Mingyu acercó su pene a su cara y golpeó un par de veces su mejilla con el.

—Abre la boca —le exigió Mingyu.

Seungkwan tragó con dificultad toda la saliva que se había juntado en su boca.

—No —dijo, contradiciendo su expresión necesitada y hambrienta. Sus ojos se fijaron en la gota de líquido preseminal sobre la punta del pene de Mingyu.

Gimió inevitablemente cuando Mingyu lo obligó a dirigir su boca húmeda a su pene caliente y palpitante. Mingyu jaló su cabeza hasta que sus labios encontraron el salado sabor del líquido blanquecino. Seungkwan terminó por abrir la boca, engullendo la longitud y sintiendo como sus jadeos morían ahogados en su garganta.

Mingyu no fue amable, mucho menos considerado. A Seungkwan le gustó aquella actitud desde el primer momento, tan dura y dominante que no podía pensar en nada más que someterse por completo.

Seungkwan inhalo todo el oxígeno que pudo cuando el pene de Mingyu abandonó su boca un segundo, miró hacia arriba a través de sus ojos llorosos y encontró al mayor apretando los dientes y tensando la mandíbula. A pesar de que Mingyu respiraba con dificultad, no hubo impedimento para que tomara bruscamente el cabello de Seungkwan y volviera a guiar su boca hasta su pene.

Seungkwan gimió suave, incapaz de distinguir el dolor del placer cuando Mingyu embistió contra su garganta, llenando el ambiente de sonidos obscenos y húmedos, y abriendo la herida de su labio.

No tuvo que pasar demasiado tiempo para que Mingyu se corriera en su lengua, ahogando a Seungkwan con su semen caliente y la sangre de su labio abierto. Jaló su cabeza hacia atrás para asegurarse de que ni una gota escapara de su boca.

—Trágatelo.

Seungkwan obedeció casi sin opción. Su propia erección tembló dentro de sus pantalones al escuchar a Mingyu gemir su nombre.

Sus labios hinchados, enrojecidos y ardiendo en su herida no parecían nada en comparación con el dolor de su mandíbula. Admiró la figura de Mingyu antes de que desabrochara sus pantalones y por fin le permitiera a su erección liberarse.

—No dije que hicieras eso —lo regaño Mingyu, su voz sonando áspera y demandante, casi como si deseara que Seungkwan rezongara.

—No me importa.

Mingyu sonrió de lado, no necesitaba un descanso para castigar a Seungkwan.

—Tampoco te dije que podías hablar —gruñó.

A Seungkwan realmente no le importó, demasiado necesitado y abrumado como para pensar en algo que no fuera la creciente sensación del comienzo de un orgasmo formándose en su abdomen. Escupió en su palma antes de llevarla hasta su erección y comenzar a masajearse; fue detenido por Mingyu casi al instante. El mayor tomó su cuello, asfixiándolo tanto que Seungkwan soltó su pene por inercia para llevar sus manos sobre la de Mingyu en su cuello.

Mingyu aflojó el agarre, lo suficiente como para que Seungkwan dijera una palabra si así lo necesitaba, pero lo necesario como para mantenerlo caliente y excitado.

Llevó su mano al pene de Seungkwan, estaba duro y goteaba líquido preseminal. Apretó la punta con fuerza y sintió a Seungkwan ronronear, después estrujó un poco sus testículos y escuchó como el menor chillaba. Apenas estaba por comenzar a mover su mano sobre la erección cuando Seungkwan se corrió repentinamente, sus ojos estaban cerrados con fuerza y su cara ardía en carmín.

Mingyu lo soltó casi de inmediato, dejando que respirara agitado y su cuerpo temblara sensible bajo él.

Le tomó un par de minutos a Seungkwan recuperarse de las fuertes sensaciones. Miró a su lado para encontrar a Mingyu acostado con su cabello enmarañado y su vista fija en él.

Observó la mano de Mingyu acercarse a su rostro y pestañeó lento cuando la piel acarició su mejilla que ardió al tacto. Mingyu también acarició su labio y limpió los retos de sangre que conservaba.

—Tu hermano definitivamente me va a matar.

Seungkwan rió antes de acurrucarse en su pecho. Oh, Seungcheol no solo mataría a Mingyu, Seungkwan estaba seguro de eso.

...

*palabras de seguridad para el bdsm

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