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hong jisoo

"baptise in your thighs 'til it hurts
'cause i'm about to take you back to church"
-church

Exhaló exasperado el aire que contenía en sus pulmones. ¿Por qué les resultaba tan difícil a sus amigos creerle?

—¡Es verdad! —aseguró una vez más mientras cargaba sus libros en sus manos y caminaba a la par de sus amigos fuera de la facultad, siguiendo el camino de luz de las farolas en la obscuridad de la noche.

—Ajá —se rió Soonyoung—. ¿Cómo se llama?

Seungkwan vaciló un segundo.

—¿Lo ves? Ni siquiera puedes inventarle un nombre a tu supuesto novio con el que supuestamente saldrás  —se quejó Seokmin.

—¡Es que tiene dos nombres! —chilló Seungkwan.

Soonyoung rodó los ojos. —Si realmente no tienes ganas de salir no tienes por qué inventar excusas, puedes decirnos y ya.

Seokmin asintió a la par mientras Soonyoung hablaba. Seungkwan no pudo contener la mueca que se formó en su rostro.

—No es una excusa.

—¿Entonces por qué nunca nos lo has presentado? —alegó Seokmin—. ¿Ves cómo no tiene sentido? Somos tus mejores amigos, Kwan.

—Él siempre está muy ocupado —trató de excusarse Seungkwan.

—En serio no deberías...

Seungkwan dejó de escuchar a Soonyoung cuando un auto demasiado caro y con los vidrios negros estacionó frente a ellos. Sonrió por inercia cuando la puerta del piloto se abrió.

Las manos de Soonyoung y Seokmin se apretaron sobre sus muñecas cuando por fin el aparente dueño del auto dio la cara.

—Hola, cariño. Déjame ayudarte con eso —le dijo a Seungkwan el hombre para después tomar los libros que antes sostenía—. Lamento haber llegado tarde.

Seokmin y Soonyoung se miraron entre ellos cuando soltaron a su amigo. ¿Entonces Seungkwan no había estado mintiendo?

—Llegas justo a tiempo —le dijo Seungkwan al hombre antes de acercársele y plantarle un beso corto en los labios—. Ellos son Seokmin y Soonyoung, mis amigos. Chicos, él es mi novio, el que por cierto siempre ha existido —medio gruñó con una ceja alzada.

—Mucho gusto, mi nombre es Joshua Hong, o Jisoo, como prefieran llamarme —se presentó con una amable sonrisa.

—¿Hong como el CEO de Pledis? —preguntó Soonyoung ingenuo.

Joshua soltó una ligera risa y pasó su mano libre por la cintura de Seungkwan.

—El mismo.

Seokmin por fin cerró su mandíbula. Se acercó al oído de Seungkwan y le susurró: —La próxima vez que salgamos tú vas a pagar la cena.

Seungkwan hizo un puchero.

—El dinero de Joshua no es mío —le dijo—. Yo sigo siendo un universitario en bancarrota.

Joshua volvió a reír cuando las orejas de Seokmin enrojecieron con violencia. Seungkwan algún día moriría por escuchar esa risa tan encantadora.

—Todo lo que yo tengo es tuyo, amor —le aseguró Joshua a Seungkwan—. Deberías invitar a tus amigos después a donde ellos quieran.

Presumido, eso era lo que Joshua estaba siendo frente a Seokmin y Soonyoung. Seungkwan rodó los ojos con diversión; pero la verdad era que para Joshua, Seungkwan era lo único que valiera la pena presumir, así que no dudó en apretar el agarre sobre su cintura de manera posesiva.

—Será mejor que nos vayamos ahora antes de que anochezca más. Fue un gusto... uh —Joshua vaciló un segundo, ¿cómo era que se llamaban los amigos de su novio?

—Seokmin.

—Y Soonyoung.

Seungkwan se despidió con un gesto antes de seguir a su novio dentro del auto. Abrochó su cinturón y le quitó de las manos sus libros a Joshua para meterlos debajo de su asiento.

—Bonito auto —halagó cuando Joshua aceleró y se alejaron de la facultad.

El mayor sonrió de lado, sostuvo el volante con una mano y permitió a la otra viajar hasta el muslo de Seungkwan y dar un apretón.

—Lo compré esta mañana pensando en ti, amor.

Seungkwan sintió un cosquilleo en el estómago ante el apodo. Mordió el dorso de su mano para contener la sonrisa que se estaba formando en las comisuras de sus labios.

—¿En mi?

Joshua ignoró la pregunta y mantuvo su vista fija en el camino.

—¿Sabes? Estoy celoso —se quejó después de un rato.

—¿Celoso de qué?

Joshua soltó el aire que había estado reteniendo y detuvo el auto a la orilla de la calle en la que se encontraban. Al menos era lo suficientemente tarde como para que no hubiera tráfico al rededor.

—De que nadie sepa qué eres mío. ¿Por qué nunca le cuentas a nadie que estamos saliendo? —preguntó mirando al menor directo a los ojos, tomando su mandíbula entre sus dedos y obligándolo a mantenerle la mirada.

Seungkwan juntó sus cejas y formó un puchero involuntario en sus labios.

—Nadie me creería de todos modos.

Esta vez fue Joshua quien arrugó su entrecejo. —¿Por qué no?

Seungkwan se alejó del agarre de Joshua, desviando su mirada y sintiendo sus mejillas enrojecer un poco ante la repentina vergüenza.

—Bueno, ya sabes... tú eres Jisoo Hong y yo solo soy yo.

Joshua suavizó su expresión.

—Cariño, tú eres la única persona que no entiende todo lo que vale. ¿Sabes cuántos matarían por tener una centésima parte del talento, la belleza o la inteligencia que tú tienes?

Seungkwan mordió su labio. No, no lo sabía; quizá realmente nunca entendería como alguien como Joshua se había interesado en él.

—Boo Seungkwan —lo llamó Joshua cuando no respondió—, mírame cuando te hablo.

Seungkwan no pudo evitar acatar la orden. Joshua examinó su rostro, deleitándose con las bonitas mejillas rojas y la mirada apenada.

—Lo siento.

—¿Por qué te disculpas?

El menor se alzó de hombros. ¿Qué caso tenía responder, si de cualquier manera Joshua conocía todas sus inseguridades?

Joshua suspiró suavemente, pasó un mechón de cabello de Seungkwan detrás de su oreja y acarició la piel porcelana de su mejilla, pasando su pulgar sobre el lindo lunar bajo su ojo. Desabrochó su cinturón y se acercó al rostro contrario lo suficiente como para respirar el aliento de Seungkwan y poder besarlo.

Cuando el beso subió de nivel y Seungkwan jadeaba contra la lengua de Joshua, succionándola en un ritmo firme, el mayor se apartó repentinamente para poder hablar.

—¿Quieres probar los asientos de atrás?

Seungkwan asintió embobado. Él no salió del auto y entró por la puerta trasera como Joshua, no; él solo se lanzó hacia atrás, encantado por la tentadora oferta que su novio le ofrecía.

Joshua soltó una risa corta al observar a Seungkwan, impaciente y tan adorable como siempre. Se inclinó, dejando el cuerpo del menor bajo él y comenzó a dejar besos húmedos y mordidas en el cuello de Seungkwan, sonriendo de vez en cuando al escuchar los gemidos ahogados y jadeos. Deslizó su mano hasta el pecho de Seungkwan y lo ayudó a deshacerse de la camisa que llevaba, después desabrochó los botones de sus jeans para encontrarse con la agradable sorpresa de fina lencería cubriendo su piel.

—¿Lo tenías planeado, acaso? —jugueteó el mayor.

Seungkwan humedeció sus labios con ayuda de su lengua.

—Yo no fui quien compró un auto nuevo.

Joshua aprovechó el momento y tomó un poco de lubricante que guardaba estratégicamente en el compartimiento de la puerta trasera.  Seungkwan jadeo.

—En algún momento este auto debía ser bautizado, ¿no es así?

Seungkwan cerró sus ojos, apretando sus párpados al sentir los dedos de Joshua deslizarse tortuosamente lento sobre la lencería que lo cubría.

— No digas esas cosas —pidió.

—Me gusta decirlas, amor —se excusó Joshua—. Y no puedo evitarlo viéndote así. Realmente va a ser una pena tener que romper esto —dijo, tomando entre sus dedos un lazo rosado de la lencería.

Seungkwan tragó duro. —No la rompas. La acabo de comprar.

Una ceja de Joshua se alzó en su rostro con gracia, casi como si fuera a soltarse a reír en ese momento.

—Por más hermoso que te veas, cariño, tu bonita ropa se interpone en mi camino. Sabes que puedo comprarte todo lo que quieras. ¿Una pieza de lencería nos va a detener ahora?

No, Seungkwan sabía que en ese punto nada los iba a detener. Mucho menos ahora que sentía su entrepierna húmeda endurecer ante las sutiles caricias del mayor. Seungkwan terminó por negar y Joshua respiró con fuerzo en ese momento.

—Supongo entonces que no te importara que me deshaga de esto, ¿no es si? —indagó su novio, rompiendo los lindos lazos atados de los lados y bajando el resto de la lencería que no destrozó por toda la extensión de los muslos ardiendo de Seungkwan—. Así está mejor.

Seungkwan gimió cuando la mano de Joshua envolvió su longitud, acariciando las venas saltantes y esparciendo sobre su piel sensible las gotas de líquido preseminal. Para su mala suerte, las caricias no duraron demasiado, porque pronto tenía los dedos de Joshua, lubricados y calientes, acariciando la parte interna de sus muslos y subiendo de a poco hasta su trasero.

—Tan bonito. Ojalá pudieras mirarte como yo lo hago. Eres tan precioso, Seungkwan.

Seungkwan gimió involuntariamente ante las palabras. Cómo amaba a ese hombre, lo amaba tanto que daría todo por él sin siquiera dudar. Se retorció cuando los dedos de Joshua encontraron su entrada y entraron en él. Su espalda se arqueó de inmediato y jadeo ante la intromisión repentina.

Joshua arqueó ligeramente sus dedos, sonriendo ante el cuerpo que se deshacía en gemidos bajo él y sintiendo a su erección crecer desesperada dentro de sus pantalones. Empujó su palma libre contra la boca de Seungkwan, ahogando sus gemidos en su mano.

—No querrás ser muy ruidoso, amor —le advirtió con voz suave—. Alguien podría escucharnos.

La manzana de adán de Seungkwan subió y bajo con lentitud. Sus ojos lloraron un poco cuando Joshua enterró sus dedos más profundo dentro de él y trató de no lloriquear ahí mismo.

—Eso es. Lo estás haciendo muy bien, cariño —dijo Joshua con su voz dulce, contrastando con sus acciones. Alejó su mano de la cara de Seungkwan y lo besó una vez más, anhelando su lengua caliente contra la suya y mordiendo sus labios de vez en cuando.

En la distracción del menor, salió de Seungkwan (ganando a cambio un jadeo que ahogó contra su garganta) y tomó sus piernas para llevarlas cerca de su pecho, exponiendo el agujero húmedo y palpitante de Seungkwan rogando por ser llenado. Joshua se apresuró a quitarse sus prendas y besó a Seungkwan de nuevo antes de guiar por fin su erección hasta el interior de su bonito novio.

—Joshua...

—¿Si, amor? —indagó con la voz definitivamente más estable que la de Seungkwan; aún así gotas de sudor escurrían de su rostro y su piel ardía como el infierno.

Seungkwan pasó sus brazos detrás de Joshua, enterrando sus cortas y cuidadas uñas en la espalda del contrario con fuerza sin poder evitarlo ante las estocadas.

—Más —fue lo único que pudo pedir Seungkwan, demasiado atontado y abrumado como para pensar sus palabras.

Joshua no dudó en darle a su novio lo que pedía. Tomó su espalda y de un impulso se sentó en el asiento, llevando a Seungkwan con él y colocándolo sobre su regazo. El menor gimió fuerte al sentirse más lleno por su novio, en esa posición fue capaz de ver los cristales empañados del auto. Trató de balbucear algo que no salió de su boca y terminó por apoyarse en los hombros enrojecidos de Joshua para poder saltar sobre él.

Joshua sostuvo las caderas de Seungkwan con delicadeza, ayudándolo a incrustarse más en su erección. Su boca se permitió acercarse al pecho de Seungkwan. Deslizó su lengua sobre las clavículas contrarias y chupó y mordisqueó los pezones duros del menor, deleitándose con el sonido de los gemidos armoniosos de Seungkwan que seguían el ritmo de las estocadas.

—Eres tan bonito cuando gimes para mi —le dijo Joshua—. Desearía escucharte decir mi nombre en jadeos todos los días. Pronto estarás tan lleno de mi, amor.

Seungkwan sintió su abdomen burbujear. Sus uñas volvieron a enterrarse en la piel de Joshua cuando el agarre sobre los huesos de su cadera se intensificó. Su cabeza cayó hacia atrás y sus ojos inevitablemente se volvieron blancos ante las palabras que salían de los labios de Joshua. No se permitió pensar en nada más que tener el semen caliente de su novio dentro de él y gimió una vez más el nombre de Joshua.

No tuvo que esperar demasiado para sentir su interior calentarse con la corrida de Joshua, el semen resbaló entre sus muslos y Seungkwan soltó lágrimas cuando Joshua lo penetró un par de veces más, empujando más profundo su semilla dentro de él. Seungkwan terminó por correrse a los pocos segundos, extasiado y temblando ante el esfuerzo y el cansancio. Llevó su cabeza hasta la curvatura del cuello de su novio y respiró con dificultad, importándole poco ensuciarse más de su propio esperma que había caído entre su abdomen y el de Joshua.

—Lo hiciste muy bien, cariño —lo halago Joshua mientras acariciaba sus mejillas ruborizadas—, ¿estás muy cansado? ¿Te lastimé?

—Estoy bien —susurró Seungkwan—. Tú me haces sentir bien.

Joshua sonrió y sus ojos desaparecieron por un segundo gracias a sus mejillas. Besó la frente de Seungkwan y lo abrazó contra su pecho, ignorando la manera en que su erección ablandecía dentro del cuerpo del menor.

—Será mejor que limpie esto para que vayamos a casa —susurró Joshua dibujando círculos en la espalda desnuda de su novio.

Seungkwan solo asintió. Él también deseaba llegar a casa y acurrucarse entre las sábanas y el cuerpo cálido de Joshua.

—Te amo.

Joshua lo miró un segundo eterno antes de sonreír.

—Yo también te amo.

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